Jesús
nos llama a una manera de vivir que no da lugar a preocupación por el mañana y
pone nuestro futuro completamente en sus manos: No os angustiéis, pues, diciendo:
¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?, porque los gentiles se
angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas ellas. Buscad primeramente el reino de
Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os
angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia
preocupación (Mateo 6:31-34) Jesús no quiere decir
que no debemos planear o hacer nada sobre nuestro futuro. En lugar de eso, está
diciendo: “No estés ansioso o perturbado
por tu futuro.” Si lo pensamos bien, la mayoría de nuestras ansiedades son
sobre lo que pudiera ocurrir mañana. Constantemente estamos acosados por dos
pequeñas palabras: ¿Y si? ¿Y si la economía falla,
y pierdo mi trabajo? ¿Cómo pagaré mi hipoteca? ¿Cómo sobrevivirá mi familia? ¿Y
si pierdo mi obra social médica? Si me enfermo y tengo que ir al hospital,
estaremos arruinados. ¿Y si mi fe falla durante las pruebas? Todos tenemos
miles de ansiedades “¿y si?”. Jesús interrumpe
nuestros ¿y si? Y nos dice, “Vuestro
Padre celestial sabe cómo cuidarlos” Y él añade, No necesitas preocuparte. Tu
Padre sabe que tienes necesidad de estas cosas y él nunca te abandonará. Él es
fiel para alimentarte, para vestirte y para suplir todas tus necesidades. Mirad
las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin
embargo, vuestro Padre celestial las alimenta…Considerad los lirios del campo,
cómo crecen: no trabajan ni hilan…ni aun Salomón con toda su gloria se vistió
como uno de ellos. Y si la hierba del campo, que
hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por
vosotros, hombres de poca fe? (Mateo 6:26, 28-30). Con
mucho gusto le damos al Señor todos nuestros ayeres, entregándole nuestros
pecados pasados. Confiamos en él para el perdón de todas nuestras fallas
pasadas, nuestras dudas y miedos. Así que, ¿Por qué no hacemos lo mismo con
nuestros mañanas? La verdad es que la mayoría de nosotros nos aferramos a
nuestro futuro, porque queremos el derecho a mantener nuestros sueños. Hacemos
nuestros planes independientemente de Dios, y después le pedimos que bendiga y
realice esas esperanzas y sueños. Ya lo hemos visto: no funciona así. ¿Será
este el día en que nos atreveremos a cambiar de manera de pensar, para así
definitivamente empezar a cambiar de manera de vivir?

1 comentario:
uffff, de veras al punto...a la llaga...como ha venido insistiendo usted, mucho de la Palabra, se opaca porque no sabemos leer, o se lee sin magia y atencion...gracias Don Nestor.
Publicar un comentario