5/11/2012

Pertenencia


Recuerdo que en la que fuera mi última congregación, perteneciente a una denominación bastante conservadora y ortodoxa, se hablaba muy poco de Satanás, sus demonios y de guerra espiritual. Más bien se lo ignoraba bajo la supuesta cobertura de una palabra que dice que Al que está en Cristo, el maligno no le toca, lo cual es muy cierto. Tan cierto como lo es el verdadero significado de estar en Cristo, que una gran mayoría ignora. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3). Pablo nos está diciendo: “Todos los que siguen a Jesús son bendecidos con bendiciones espirituales en los lugares celestiales, donde está Cristo”. ¡Qué increíble promesa para el pueblo de Dios! Esta promesa se convierte en meras palabras si no sabemos cuáles son estas bendiciones espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar de las bendiciones que Dios nos ha prometido, si no las comprendemos? Pablo escribió esta epístola a los fieles en Cristo Jesús (Efesios 1:1). Estos creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios habían sido bien enseñados en el evangelio de Jesucristo y en la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quiénes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en Él. Estos “fieles” entendieron completamente que Dios obró, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales (1:20). Ellos sabían que habían sido escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (1:4). Ellos no dudaban el haber sido “adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando oyeron la Palabra de Verdad, creyeron y confiaron en ella. Muchas personas, perdonadas, lavadas y redimidas viven en la miseria. Nunca tienen un sentido de estar llenos de Cristo. Por el contrario, pasan continuamente de cimas a valles, de alturas espirituales a llanuras depresivas. ¿Cómo puede ser esto posible? Es porque muchos nunca van más allá del Salvador crucificado para llegar al Señor resucitado que vive en gloria. Jesús les dijo a sus discípulos: Porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros (Juan 14:19-20). Ahora nos encontramos viviendo en “aquel día” del cual Jesús hablaba y debemos entender nuestra posición celestial en Cristo. ¿Qué implica la expresión: “nuestra posición en Cristo”? La posición es “donde uno se encuentra, donde uno está”. Dios nos ha puesto donde estamos, o sea, en Cristo. A cambio, Cristo está en el Padre, sentado a su diestra. Allí, si estamos en Cristo, entonces estamos literalmente sentados con Jesús en el aposento real, donde Él está. Eso quiere decir que estamos sentados en la presencia del Altísimo. A esto se refería Pablo cuando dice que nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2:6). Sí, Jesús estáá en el paraíso. Pero el Señor también mora en ti y en míÉl nos ha hecho su templo en la Tierra, su morada.


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