Mientras
Pablo tenía que enfrentarse a su juicio en Roma, él estaba detenido bajo
condiciones horribles. Él estaba controlado todo el tiempo por guardias de la
Guardia Pretoriana, sus pies encadenados a un soldado a cada lado de él. Estos
hombres eran groseros, duros, maldiciendo frecuentemente. Ellos habían visto de
todo, y en su línea de trabajo, cada persona encarcelada era un criminal
culpable, incluyendo Pablo. Imagínate las indignidades que
Pablo sufrió en esta situación. Él no tenía tiempo para sí, ni un momento de
libertad. Cada visita de sus amigos era monitoreada de cerca, con los guardias
tal vez ridiculizando las conversaciones de Pablo. Hubiera sido muy fácil para
que la dignidad de ese hombre de Dios sea completamente despojada bajo esa
clase de maltrato. Piensa en ello: Este era un hombre que había sido muy activo,
amaba viajar por los caminos abiertos y los mares altos para conocer y tener
comunión con el pueblo de Dios. La felicidad más grande de Pablo era visitar
las iglesias que él había establecido en toda esa región del mundo. Pero ahora
estaba encadenado, literalmente atado a los hombres más duros y profanos que
existían. Pablo tenía dos opciones en su situación. Él podía caer en un
estado mórbido, agrio, preguntándose la misma pregunta egoísta una y otra vez: “¿Por qué yo?” Él podría caer en un pozo
de desesperación, razonando con sí mismo hasta llegar a una depresión sin
esperanza, completamente consumido con el pensamiento, “Aquí estoy encadenado, con mi ministerio acabado mientras otros
disfrutan de una cosecha de almas. ¿Por qué?” En
lugar de eso, Pablo escogió preguntar, ¿Cómo puede mi situación presente traer
gloria a Cristo? ¿Cómo puede mi aflicción producir grandes
cosas buenas? Este siervo de Dios decidió: “No puedo cambiar mi situación. Yo puedo terminar muerto en esta
condición. Pero, sé que mis pasos están ordenados por el Señor. Así que yo voy
a magnificar a Cristo y a ser un testimonio para todo el mundo mientras estoy
en éstas cadenas.” Ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo,
o por vida o por muerte (Filipenses 1:20). La
actitud de Pablo demuestra la única manera en que podemos ser emancipados de
nuestro pozo oscuro de infelicidad y preocupación. Observa si te es posible
malgastar todos tus mañanas esperando ansiosamente ser liberado de tus
sufrimientos. Si ese llega a ser nuestro enfoque, perderemos completamente el
milagro y felicidad de ser emancipados en nuestra prueba. Considera
la declaración de Pablo: Quiero que sepáis hermanos, que las cosas
que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio
(Filipenses 1:12). Pablo está diciendo, “No sientan pena por mí ni piensen que estoy desanimado sobre mi
futuro. Y por favor no digan que mi trabajo se ha terminado. Sí, estoy en
cadenas y sufriendo, pero el evangelio se está predicando a través de todo.”
Hay algunas diferencias entre este concepto de iglesia al que normalmente vemos
a nuestro alrededor, ¿Verdad? Que no sirva para criticar lo presente, sino para tomar base en lo
pasado.

1 comentario:
Gracias Don Nestor...
Pablo...uno de mis preferidos...
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