12/01/2009

Ordenando la Cabeza

Es indudable que, a lo largo de nuestra militancia cristiana, hemos llegado a aceptar determinadas cosas en nosotros, en nuestras vidas, que siempre creímos que eran bíblicas porque sonaban como bíblicas.
Son cosas que, en la medida que empezamos a leer la Biblia con detenimiento y sin prisas, tal como se entiende el "escudriñar" demandado, y no como quien lee el periódico, descubrimos que no eran tan bíblicas como suponíamos.
Yo siempre hago esta salvedad cuando estudio la Palabra de Dios: Hay una gran diferencia entre ser un creyente escritural y ser un creyente bíblico. Los dos son creyentes, a eso nadie lo discute, pero sus ópticas respecto al evangelio, son diferentes. ¿Sabes en que son distintos?
Tú puedes ser escritural sin ser bíblico. ¿Que significa esto? Que hay personas que toman un versículo de la Biblia, y dicen: "¿Ves que está escrito? ¡Mira! ¡Ahí está! ¿Lo ves?" Pero cuando tú desparramas esa escritura en toda la Biblia, resulta que no cierra ni encaja.
Y a nosotros, el Señor nos ha llamado a ser bíblicos. Esto significa que nuestras verdades tienen que estar, inexorablemente, en el contexto básico de la Biblia. De ninguna manera eso se entiende como una escritura suelta y perdida en un marco distinto.
Entonces nos vamos dando cuenta que, a medida que Dios nos va revelando su Palabra, nos va demostrando lo contrario a muchas cosas que durante años habíamos creído, pero que en realidad no eran así.
Muchas de las cosas que más hemos defendido en la vida son, exactamente, las que Dios quería que nosotros cambiáramos. No nos manda de cabeza al infierno por eso, no; muy por el contrario, nos tiene infinita paciencia. Pero es bueno que Dios nos de la habilidad de ordenar cosas en nuestras cabezas para centrarnos.
Dios te está confrontando en este tiempo. No enfrentando, confrontando. Porque Dios no tiene ningún interés ni necesidad de estar en guerra contigo. Nos confronta con Su Palabra y nos permite ver como por un espejo a esa Palabra en nuestras vidas.
Y no es fácil soltar, en nuestras vidas, todo aquellos que por años hemos mantenido fuertemente asido. La primera palabra que aprende un bebé, más allá de sonidos guturales y luego de mamá y papá, es MIO.
Eso te demuestra que, todo lo que asimos con fuerza en nuestros primeros años, luego nos costará muchísimo soltarlo. Pero debemos entender que, si no nos decidimos a soltar definitivamente nuestro YO, para sentar en nuestro trono interior a Jesucristo, todavía ni siquiera hemos comenzado a caminar por donde Dios quiere que caminemos.

1 comentario:

Christian dijo...

Que oportuno, es una gran verdad que HOY Dios nos confronta, a muchos de nosotros.

Pero si no estamos dispuestos a humillarnos ante Dios y aceptar nuestros errores, y si no estamos dispuestos a negarnos a nosotros mismos, entonce no podemos acerarnos a Dios, y Dios no se podra acercar a nosotros. (Sant. 4:8-10)

Dios los bendiga.