Esta es una época de balance. Las cercanías del fin de año, lleva a mucha gente a prestar atención a los logros o fracasos vividos durante el año que concluye. Y allí está nuestro hipotético hombre, sentado en una silla con la cabeza entre sus manos.En el balance anual, se ha enterado que su empresa está quebrada, que ha perdido todo su capital, que ya no tiene más nada en lo concerniente a posesiones materiales. Que ya no hay margen siquiera para comenzar desde cero, porque no hay ni capital ni avales para hacerlo.
¿Que sucede, en la vida de esa persona, en el ámbito espiritual? Sucede algo que, pese a ser tan remanido y reiterativo, muchos no parecen entenderlo aún. Satanás aprovecha esa puerta abierta de la desesperanza y lanza allí su dardo preferido: el suicidio.
En la mente del hombre se dibujan claramente las clásicas palabras: Mi vida ya no vale la pena, lo he perdido todo. Sin dinero no puedo mantener a mi familia. Ellos van a estar mucho mejor sin mí. Es más; si yo muero, ellos van a cobrar mi seguro de vida y, con eso, vivir cómodamente durante mucho tiempo.
Si este hombre es un incrédulo, no hay nada que frene ese pensamiento y nada que lo suplante por algo mejor. Pero si este hombre es creyente, lo cual no es obstáculo para que le llegue este pensamiento, recibirá en ese momento un alerta del Espíritu Santo que le recordará, en primera instancia, algo que quizás leyó hace mucho tiempo.
(Deuteronomio 30: 19)= A los cielos y a la tierra llamo popr testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; (20) amando a Jehová tu Dios, atendiendo su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová tu Dios a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.
Ahora, este hombre tiene algo muy claro. Si elijo la muerte, -se dice a sí mismo-, estaré eligiendo la maldición. Y no quiero condenarme de esta forma. Entonces, es allí donde el Espíritu Santo lo guiará a otras palabras.
(Salmo 37: 25)= Joven fui, y he envejecido, y no he visto a justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.
(Filipenses 4: 19)= Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Es allí donde este hombre se dará una palmada en la frente y exclamará: ¡Es cierto! ¡Dios me va a ayudar a salir de esta tribulación! Voy a decidirme a confiar en Él. Él será mi proveedor. Voy a entregarme completamente a Él, y sé que Él tomará el control de mi vida y me mostrará como resolver mis problemas económicos.
Ocurre que, cuando Dios pone al hombre en el huerto del Edén, entre otras cosas, le da autoridad y derecho legítimo para señorear sobre toda la Creación. Pero, ¿De que manera? En Su nombre, guiado por Él.
Sin embargo, tal como sabemos, el hombre cae después por causa de su desobediencia. ¿Y que sucede, entonces? Que Dios se aparta de ese hombre y lo deja librado a su propia capacidad de discernir entre el bien y el mal, tal el árbol simbólico del cual ha comido.
Entonces el hombre se queda sin la compañía y la guía de Dios, pero no pierde en absoluto su sentido del control y la dominación, el señorío. Sólo que ahora intenta controlarlo todo fuera de Dios, sin consultarlo con Él. Así ha sido hasta nuestros días. Por eso ocurren casos como el hipotético relatado. ¿No será tiempo de que vuelvas a las fuentes originales?
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