1/06/2013

Preguntas


Hay momentos en la vida en que habrás de quedar vulnerable. Y quizás sea en ese preciso momento en que el enemigo te arroje certeros dardos que algo de daño te producirán. Y también será en ese tiempo donde una serie de preguntas partirán raudas en búsqueda de respuestas. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mateo 4:2-3). En el momento en que Jesús era físicamente vulnerable, el diablo trajo su primera tentación. No había pecado en tener hambre. Así que, ¿cuál era el asunto aquí? Satanás estaba desafiando a Jesús: “Si eres completamente Dios, entonces tienes el poder de Dios en ti. Y ahora mismo, estás en una situación muy dura. ¿Por qué no usas el poder que Dios te ha dado para librarte a ti mismo? ¿No te dio Él dicho poder para ver si lo usarías correctamente?”. Acá tenemos una de las tentaciones más insidiosas que enfrenta el verdadero pueblo de Dios. Como Jesús, el ejemplo, tú tienes una pasión por Dios. Has decidido rendirte a Él con todo tu corazón. Luego el Señor te lleva a experimentar el desierto y, luego, surgen preguntas. Tú comienzas a desorientarte y dudas sobre el propósito eterno de Dios en tu vida. Y mientras tratas de orar y obtener la victoria, las tentaciones de Satanás parecieran ser más feroces que nunca. El enemigo quiere que tú vivas independientemente del Padre. El diablo dice: “Tu sufrimiento no es de Dios. No tienes que pasar por esto. Tienes el poder de Dios en ti, por el Espíritu Santo. Di la palabra, libérate a ti mismo. Satisface tu propia hambre”. La primera artimaña de Satanás fue crear un fracaso del poder. Esperaba que Dios no honrase el clamor de Jesús por pan, si lo hubiera pedido. Si el poder del cielo fallara, entonces Cristo dudaría de su divinidad y se alejaría de su propósito eterno en la Tierra. Segundo, Satanás sabía que Jesús fue enviado para hacer sólo lo que el Padre le dijo. De modo que se propuso convencer a Cristo a que desobedezca por su propio bienestar. De esa forma, si Jesús usaba su poder ahora, para evitar el sufrimiento, podría hacer lo mismo luego, para evitar la cruz. Así que, ¿cómo respondió Jesús a la tentación del diablo? Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). Cristo dijo, en esencia: “Mi venida a la Tierra no tiene que ver con mis necesidades, dolores, heridas o comodidad física. He venido a dar a la humanidad, no a salvarme a mí mismo”. Aun en ese nivel de sufrimiento, Jesús no perdió de vista su propósito eterno. Y si nuestro Señor aprendió dependencia y compasión a través de una experiencia en el desierto, nosotros también. Porque, en definitiva, pregunto: ¿A qué crees que has venido a esta tierra? Fíjate bien, que en tu respuesta está tu objetivo.

 

1/04/2013

¡Avanza!


No sé cómo será en tu lugar de residencia, pero aquí, en el nuestro, cuando dos cristianos se encuentran y se preguntan mutuamente cómo están, la respuesta dista mucho de ser victoriosa. ¿Hay un  ataque? ¿Hay desidia? ¿Hay incredulidad? ¿Hay falta de compromiso?
Dietrich Bonhoeffer, el teólogo alemán, esbozó al cristiano como alguien tratando de cruzar un mar con pedazos de hielo flotando. El cristiano no puede quedarse en ningún lugar mientras cruza, excepto en su fe, que Dios lo hará. No puede detenerse mucho tiempo en ningún lugar, de lo contrario se hunde. Después de dar un paso, debe estar atento del siguiente. Debajo de él está el abismo y delante de él, la incertidumbre, pero siempre más adelante, está el Señor, ¡firme y seguro! 
Él no ve la tierra aun, pero ahí está: una promesa en su corazón. ¡Así que el viajero cristiano mantiene sus ojos fijos en su meta! Prefiero pensar en la vida como un viaje por el desierto, como el de los hijos de Israel. Y la batalla del rey Josafat, junto con todos los hijos de Judá, es también nuestra batalla (ver 2 Crónicas 20). De hecho, se trata de un desierto; sí, hay serpientes, pozos secos, valles de lágrimas, ejércitos enemigos, arenas calientes, sequía, montañas intransitables. 
Pero cuando los hijos del Señor se pararon firmes para ver Su salvación, Él les puso una mesa en medio de dicho desierto, llovió maná del cielo, destruyó ejércitos enemigos con su solo poder, sacó agua de las rocas, quitó el veneno de las mordidas de serpientes, los guió con la columna y la nube, les dio leche y miel, y los trajo a la Tierra Prometida con mano fuerte y poderosa. Y Dios les mandó que le dijeran a todas las generaciones venideras: 
No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos (Zacarías 4:6). 
Cesa de buscar ayuda en la dirección incorrecta. Apártate con Jesús en un lugar secreto; cuéntale todo acerca de tu confusión. Dile que no tienes otro lugar a dónde ir. Dile que confías que Él te llevará al otro lado. Serás tentado a tomar el asunto en tus propias manos. Querrás descifrar las cosas a tu manera. Te preguntarás incluso si Dios está obrando. No hay nada que perder. Pedro lo resumió todo: 
¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6:68). - Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy
Dios, y no hay más (Isaías 45:22). - Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá (Miqueas 7:7).





1/02/2013

Espejos


Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios (Hechos 7:55-56). 
Esteban representa lo que un verdadero cristiano se supone que sea: uno que es lleno del Espíritu Santo con los ojos fijos en el Hombre en la gloria. Uno que refleja esa gloria de tal manera que todos los que la vean se asombren y sean maravillados. Uno que está con la mirada continuamente fijada en Cristo, siempre admirándolo, completamente ocupado con el Salvador glorificado. 
Mira tú a la situación sin esperanza en la que se encontraba Esteban, rodeado por la locura religiosa, por la superstición, el prejuicio, y los celos. La multitud enardecida se abalanzó contra él con ojos desorbitados y sedientos de sangre, y la muerte se le avecinaba. ¡Qué circunstancias imposibles! 
Pero mirando hacia el cielo, él contempló a su Señor en la gloria, y súbitamente, el rechazo del gentío aquí en la tierra significó nada para él. Ahora él estaba por encima de todo, mirando a aquel que era invisible. Una mirada fugaz de la gloria del Señor, una visión de su preciosa santidad, y Esteban ya no podía ser herido. 
Las piedras y los insultos furiosos eran todos sin efecto por el gozo puesto delante de él. Una mirada fugaz de la gloria de Cristo te colocará a ti por encima de todas las circunstancias. Manteniendo tus ojos en Cristo, conscientemente buscándolo cada hora que estés despierto, Él te provee paz y serenidad como nada ni nadie más puede hacerlo. 
Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). 
Esteban capturó los rayos que emanaban del Hombre glorificado en el cielo y los reflejó a una sociedad que rechazaba a Cristo. Cuán cierto es que nosotros llegamos a ser igual a lo que contemplamos. La correcta traducción debería leerse, “¡Nosotros todos, con el rostro descubierto reflejando la gloria, somos cambiados!” 
La idea es que el cristiano refleje, como un espejo, la gloria de lo que él mira continuamente. Somos nosotros los que somos “un espejo” mirando a Cristo, el objeto de nuestro afecto y llegando a ser como él en el proceso de contemplarlo. 
Cuando el enemigo viene como un río y las circunstancias preocupantes nos abaten, necesitamos asombrar y condenar al mundo a nuestro alrededor con nuestro dulce reposo en Cristo. Ya que podemos ver en nuestra mente espiritual, esto podemos lograrlo al mantener nuestra mente permaneciendo en Cristo. 

 


12/31/2012

AÑO


Dice la Biblia que para Dios, mil años es como un día, y un día como mil años. Bajo esa perspectiva de eternidad, ¿Qué importancia puede tener un lapso medido por reglas humanas de trescientos sesenta y cinco días? Ninguna, absolutamente ninguna. Sin embargo, los creyentes estamos de embajadores en un planeta que mide sus tiempos en base a estas reglas, así que si deseamos convivir con excelencia con su marco social, deberemos incorporar algunas costumbres no propias, siempre y cuanto ninguna de ellas esté reñida con nuestra fe. 
Cada hermano tendrá absoluta libertad en Cristo, en estas celebraciones, de ser más o menos amable, más o menos legalista y más o menos amplio. Nadie va a decirnos que entre esta noche y mañana, por producirse un cambio de año, tenemos libertad para pecar. Los creyentes genuinos no necesitamos que nadie nos lo diga nunca más; ya lo sabemos y es nuestra absoluta responsabilidad cumplimentarlo. 
Pero tampoco nadie, en el nombre de un Dios que de ninguna manera es triste o melancólico, nos puede decir que se nos prohíba sentir alegría por todo lo vivido en este 2012 que concluye, donde pudimos servir con excelencia a nuestro Señor, o bien porque nos hayamos quedado con alguna asignaturas pendientes. Si alguien rotulara a ese balance como mundano, ese alguien no ama a Dios más que tú o yo; ese alguien simplemente está cautivado por la religión, con sus reglas, demandas, permisos y prohibiciones. 
No es eso de lo que hablaba Jesús. Es más que obvio que no va a producirse ningún cambio sustancial entre el último segundo del 2012 y el primero del 2013. De hecho, es algo que no se produce al unísono en todo el mundo, sino que va modificándose conforme al lugar geográfico que cada sitio ocupe. Quizás cuando tú estés leyendo esto en un lugar de la tierra, en otro ya estén recibiendo al año nuevo. Buen momento para recordar que, lo único que todo el planeta verá al unísono y vivirá al unísono, es el momento de la Segunda Venida del Hijo del Hombre. 
Eso en nuestro sentir espiritual. En lo estrictamente humano, voy a tomar algo que me enviaron. Entre toneladas de buenos deseos, pensamientos célebres inteligentes y no tan célebres ni tan inteligentes, extraje esto para compartirte y hacerlo de alguna manera eje de nuestra oración básica: Se trata de La Piedra y el Hombre.
“El distraído, tropezó con ella, el violento la utilizó como proyectil, el emprendedor, construyó con ella, el campesino, cansado, la usó como asiento, Drummond la poetizó, David la utilizó para derrotar a Goliat, y Michelángelo, le sacó la más bella de las esculturas. En todos los casos, la diferencia no estuvo en la piedra, sino en el hombre… El año que viene, será el mismo para todos, depende de nosotros lo que hagamos con él.” 
Si vas a vivir el 2013 mayoritariamente conforme a los rudimentos del mundo, ese año será bueno, regular o malo. Pero si vas a vivirlo conforme al Espíritu Santo de Dios morando en ti, que el 2013 haga lo que quiera; lo tuyo siempre será victoria. Si lo aceptas y lo crees, ¡Sólo si lo crees!, di “Amén” ahora, o calla para siempre. 
Los amo, hermanos; gracias por estar a diario allí, compartiendo lo que nuestro Padre nos regala y devolverlo con unción y excelencia. Para cada uno, el saludo individual: Te amo y te bendigo en el Señor; NESTOR.-

12/30/2012

Inexorable


Hoy, cuando ya casi se nos está escapando el 2012, quiero hablarte sobre la palabra inexorable. Significa no disminuido en intensidad o esfuerzo; que no cede, inalterable e incapaz de ser cambiado o persuadido por argumentos. Ser inexorable quiere decir mantener fijamente un curso determinado. ¡Qué descripción tan maravillosa del amor de Dios! El amor de nuestro Señor es absolutamente inexorable. 
Nada puede impedir o disminuir su búsqueda amorosa tanto de pecadores como de santos. David, el salmista, lo expresó de esta manera: Detrás y delante me rodeaste… ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás (Salmos 139:5, 7–8). 
David se está refiriendo a los grandes altibajos que enfrentamos en la vida. Está diciendo: "Hay momentos en los que estoy tan bendecido que me siento como flotando de gozo. En otros momentos, me siento como si estuviera viviendo un infierno, condenado e indigno. Pero no importa dónde estoy, Señor, no importa cuán bendecido me sienta, o cuán baja sea mi condición, Tú estás ahí. No puedo escapar de tu amor inexorable. Y tampoco puedo ahuyentarlo. Tú nunca aceptas mis argumentos de cuán indigno soy. Aun cuando soy desobediente, pecando contra tu verdad, tomando por sentada tu gracia, nunca dejas de amarme. ¡Tu amor por mí es inexorable!” 
Necesitamos considerar el testimonio del apóstol Pablo. Mientras leemos sobre la vida de Pablo, vemos a un hombre decidido a destruir lo que por entonces era la iglesia de Dios. Pablo era como un desquiciado en su odio hacia los cristianos. Respiraba amenazas de muerte contra todo aquél que siguiera a Jesús. Pedía la autorización del sumo sacerdote para perseguir creyentes, sacarlos de sus casas y arrastrarlos a la prisión. 
Después de convertirse, Pablo testificó que aun durante esos años llenos de odio, mientras él estaba lleno de prejuicios, matando ciegamente a los discípulos de Cristo, Dios lo amaba. El apóstol escribió: Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). Dijo, en esencia: "Aunque yo no era consciente de ello, Dios me estaba buscando. Él insistía en buscarme en amor, hasta aquél día en el que literalmente me derribó de mi gran caballo. Eso fue el inexorable amor de Dios". 
A través de los años, Pablo estaba cada vez más convencido de que Dios lo amaría fervientemente hasta el fin, a través de todos sus altibajos. Él declaró: Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38–39). 
Estaba declarando: "Ahora que soy de Dios, nada puede separarme de su amor. Ningún diablo, ni demonio, ni principado, ni hombre, ni ángel; nada puede impedir que Dios me ame". Somos creyentes y no creemos ni nos fundamentamos en absolutos o pontificados humanos. Sin embargo, cuando algo viene de Dios, y nosotros sabemos, que sabemos, que sabemos que Él es quien ha hablado, entonces podemos decir algo así como lo que diré en este cierre: Este escrito de hoy, es inexorable.

12/28/2012

Voces


En una ocasión, y luego de un estudio bastante fuerte para las estructuras eclesiásticas de aquellos años, alguien llamó por teléfono a la emisora de radio donde trabajaba y me dijo: "¿Quién te crees que eres tú para decir las cosas que dices?" Me tomó tan desprevenido que apenas balbuceé la primera respuesta que vino a mi mente. Recordando la definición de Juan el Bautista acerca de su ministerio, sólo dije: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto (Juan 1:23). 
A propósito de Juan, este siervo del Altísimo, del cual dicen las Escrituras que era el mayor "entre los que nacen de mujer," era el más bendecido de todos los profetas y un predicador de justicia reverenciado. Las multitudes se juntaban para escuchar los mensajes de fuego que daba Juan. Muchos fueron bautizados y se hicieron sus discípulos, y aún los de la realeza vinieron bajo su influencia. 
Algunos pensaron que él era Cristo; otros lo consideraban ser Elías resucitado de los muertos. Juan rehusó ser exaltado o promocionado. Él estaba carente de servirse a sí mismo, y continuamente se alejaba de ser el centro de atención. A sus propios ojos, el mayor de los profetas ni se consideraba digno de ser llamado un hombre de Dios – sino sólo una voz en el desierto, modesto, retraído, y sin interés en recibir honores o sentirse útil. 
A él no le importó tener un ministerio o ser "poderosamente usado por Dios." De hecho, él se consideraba indigno de aún tocar las sandalias de su Maestro. Su vida entera estaba consagrada al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Juan 1:20). Qué poderosa reprimenda para nosotros en esta época de preocupación del yo, de promover nuestras personalidades, de acaparar influencias, de enaltecer el ego, y de buscar honores.
 Juan pudo haberlo tenido todo, pero él clamó, Es necesario que él crezca, y que yo disminuya (Juan 3:30). Y para llegar a esa meta, Juan continuó recordándoles a todos los que lo escuchaban, "Soy sólo una voz." Yo solía decir lo mismo, porque lo que hacía era radio y no televisión. 
El secreto de la felicidad de Juan era que su gozo no estaba en su ministerio ni en su trabajo, ni en ser útil, ni en tener influencia. Su gozo puro era estar en la presencia del Novio, escuchar su voz, y regocijarse en ello. Su gozo estaba en ver a otros, incluyendo a sus discípulos, acudiendo a Jesús, el Cordero de Dios. La plenitud más grande que un hijo de Dios puede conocer es perder su "yo" y todo deseo de ser alguien, y simplemente regocijarse en ser un hijo o una hija que vive en la presencia del Señor Jesucristo. 
Estar totalmente ocupado con Cristo es lo que satisface el corazón. Juan podía pararse ahí en el río Jordán con sus ojos puestos en Jesús, y deleitarse con su presencia. Él alimentó su alma de Cristo – su corazón siempre estaba yendo hacia Él en adoración y admiración. En ese camino es que procuramos andar. Hay días que lo logramos, y hay otros que nuestros intentos colisionan contra nuestras vanidades. 
Pero para Dios, lo importante es lo que hay en tu corazón. Él es quien te conoce y te evalúa. ¿La gente? La gente hoy quizás te aplaude y mañana te agrede. Por lo cual, nuestros ministerios no son para beneficio y bendición de la gente, como solemos decir con cierta demagogia. Nuestros ministerios son, apenas, para ejercer obediencia a Dios en sus directivas. Nada más que eso. Y nada menos, claro…




12/26/2012

Probados


La lectura del siguiente texto, probablemente sacuda tu vida como ha estremecido la de tantos y tantos. Dios lo dejó, para probarle (2 Crónicas 32:31).  
Nos hemos preocupado tanto en probar a Dios que no hemos preparado nuestros corazones para las grandes pruebas de la vida en las que Dios prueba al hombre. ¿Puede ser que la gran prueba que tú estás ahora afrontando, la carga que estás llevando, es, en realidad, Dios obrando en ti, probándote? Probó Dios a Abraham, y le dijo: Toma ahora tu hijo… y ofrécelo allí en holocausto (Génesis 22:1-2). 
Dios probó una nación entera para saber lo que en realidad había en su corazón. Te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos (Deuteronomio 8:2). 
Vemos algo asombroso en 2 Crónicas 32:31: Dios dejó a un gran rey por una temporada, para probarlo. Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón. A menudo, mientras el siervo del Señor se encuentra en una búsqueda correcta de la obra de Dios, éste se halla a sí mismo, aparentemente abandonado, probado hasta los límites de su resistencia y dejado solo en la batalla contra las fuerzas del infierno. 
Todo hombre que haya sido bendecido, ha sido probado de la misma manera. ¿Te encuentras tú en circunstancias extrañas? ¿Te sientes solo y abandonado? ¿Peleas una batalla perdida contra un enemigo impredecible? Éstas son señales de un proceso de prueba. La victoria siempre es deseada, pero en caso de fallar, recuerda: Es aquello que queda en tu corazón en lo que Dios está interesado, tu actitud después de haber ganado o perdido la batalla solitaria. 
Tu devoción hacia Él a pesar del fracaso, es el deseo de Dios. Jesús ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos, pero el registro de la Escritura revela que hay momentos en los que el Padre abstiene su presencia para probarnos. Aun Cristo experimentó ese momento solitario en la cruz. Es en esos momentos, en los que nuestro bendito Salvador es más sensible a nuestras debilidades, y susurra: "Yo oro por ti, que tu fe no falte". 
Jesús dice que debemos tomar nuestra cruz y seguirle (ver Mateo 16:24). ¿Qué es la cruz? Es la carne con su fragilidad y debilidad. Tómala, muévete en fe, y la fuerza de Dios se perfeccionará en ti. La cruz del "yo" y el pecado, que tú llevas, ¿Es muy pesada? Entonces, amigo mío, toma tu cruz y sigue. ¡Él entiende y está ahí, a tu lado, para levantar la pesada carga! 
¿Sabes? Son muchos los cristianos que se resisten a creer que Dios pueda obrar así. Están tan apegados al amor de Dios y a ese Jesús de las manos juntas con rostro lastimado y sufriente que no pueden ver al otro, al real y verdadero que nos muestra Juan en Apocalipsis. Yo mismo en otros tiempos tenía mi propia “teoría” respecto al comportamiento de Dios. 
Sin embargo, eso duró hasta que el Padre, en su divino amor y misericordia, me hizo saber una vez más que lo que Él es, lo dejó escrito en la Biblia, y que nosotros en lugar de analizarlo conforme a rudimentos humanos, lo que tenemos que hacer es creer y obedecer. Sólo eso funciona. 
Si estás haciendo lo correcto y algo negativo llega a tu vida, tómalo como prueba y véncelo. Pero si una noche se te ocurre irte de copas y parranda, no digas que es una prueba de Dios, reconoce que sólo eres un pecador y promiscuo que necesita conversión y redención.



12/24/2012

¿Navidad?


Si me conoces algo luego de tanto tiempo compartiendo experiencias y conocimientos, creo que ya sabrás que hoy no iba a traerte un estudio pro-navideño o anti-navideño. No es mi estilo ofender la inteligencia de mis lectores con cuestiones que, -quiero creer- ya tienen más que claras en sus vidas personales. 
De hecho, si así fuera, todos sabemos que un cristiano genuino, esta noche no tiene absolutamente nada para celebrar. Porque al nacimiento de Jesús el niño dista bastante en toda su maravillosa expresión de lo que el hombre global en su conjunto, (Con muchos supuestos “cristianos” incluidos), ha bastardeado, transformándolo en una celebración de la carne en toda su expresión: comida, bebida…y todo lo demás. 
Aquí en Argentina esta celebración alcanza ribetes importantes, aunque el 80 por ciento de los que esta noche estarán celebrando no tiene en cuenta ni en lo más mínimo al que supuestamente tendría que ser el protagonista central de ella. Y resulta muy curioso, (Tanto que sabemos perfectamente que esto obedece a libretos escritos en las oficinas del infierno), que miles y miles de hombres y mujeres, diciendo estar celebrando “el nacimiento de Jesús”, se lanzan alegre y alocadamente a hacer todas aquellas cosas que el propio Jesús recomendó no hacer jamás a sus seguidores, discípulos y apóstoles. 
No sé cómo será esto en otros lugares. Sé que en la mayor parte de Europa, quizás por una cuestión climática, las cosas son distintas. Pero también sé que se insiste hasta el cansancio con rendir culto “al espíritu navideño”, que como todos sabemos no tiene nada que ver con el Espíritu Santo de Dios, ya que es un espíritu que viene acompañado de excesos en todas las expresiones. 
Suele decirse en Argentina que “la fiesta comienza en navidad, prosigue en Año Nuevo, se complementa con las vacaciones de nuestro Enero veraniego y concluye a toda orquesta con los carnavales y la Semana Santa. Si esto no es sincretismo mezclado con paganismo y hasta con ocultismo, no sé de qué te estoy hablando. 
Un viejo tango argentino, (Música de cierto prestigio por sus letras), dice que este mundo (Fue compuesto en la década del 40), es un pandemónium donde se ve, “herida por un sable sin remache, llorar a la Biblia junto a un calefón”. Un absurdo casi irreverente, pero que si observamos esta celebración navideña con ojos de misericordia y sin legalismos feroces, pero con la simple Palabra de Dios en nuestros corazones, no podemos menos que reconocer que tan lejos de lo cierto no está. 
¿Qué debemos hacer, entonces? Si nuestras familias, (Sobre todo la que aún no es creyente), desea reunirse y celebrar, pues vamos y los acompañamos, pero poniendo una alegría interior y serena, y sin caer en modo alguno en ninguno de sus excesos. No será un culto santo, pero sí un hermoso y simple testimonio de gente de Reino con amor, misericordia y personalidad irreductible.

12/23/2012

Creyentes


Jesús amó a Lázaro y a sus hermanas María y Marta con mucho cariño. La casa de ellos era un oasis para el Maestro. Sabemos que Lázaro y su familia amaron a Jesús, pero las Escrituras son más enfáticas en mostrar el amor que Cristo les tenía: el que amas está enfermo (Juan 11:3). Cuando Jesús escuchó eso, él les envió un mensaje: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella (v. 4). ¡Jesús sabía que su Padre tenía la intención de que este milagro fuese para darle a él gloria y darle a ellos confianza y fe! Pero qué experiencia de profundo sufrimiento llegó a ser esto para Jesús. Los discípulos dudaron de él, María y Marta dudaron de él, y también los amigos de Lázaro que lo lloraban. ¿Supo María cuán profundamente lo hirió cuando ella lo acusó de ser despreocupado y desinteresado con su problema? Señor, si hubieras llegado aquí a tiempo – pero ahora es tarde, el daño ha sido hecho (ver v. 21). ¿Supo Marta cuánto hirió a su Maestro cuando ella cuestionó su poder de resurrección? Él le había dicho plenamente, tu hermano resucitará, pero su palabra no fue suficiente. Ella respondió en esencia, Oh, sí, en el día de la resurrección él se levantará, pero eso no nos ayuda hoy día (ver v. 24). Cuán doloroso debe haber sido para Cristo que sus amigos más amados dudaren que él tuviera todo el poder que ellos necesitaran. "¿No saben todavía quién soy yo?" es lo que el Señor parece decir. Yo soy la resurrección y la vida. Crean en mí. Yo tengo el poder, la vida (ver v. 25). Yo no creo que sepamos cuán profundo su dolor era en ese momento. Sus propios discípulos no podían alcanzar a entender el concepto de quién era él. Era suficientemente doloroso que su propio pueblo no lo conociera, pero ¿podrían aquellos a los que amaba entrañablemente no reconocer su poder? ¿Pudo él haberse dicho a sí mismo, "Ni aún mis amados amigos creen – quién podrá entonces creer?" ¡Lo que le causa tanto dolor y pena a nuestro Señor es que dudemos de su poder! Si nosotros, sus amados amigos, no confiamos en su poder y fidelidad, entonces ¿quién lo hará? Lo llamamos amigo y Señor, pero no vivimos nuestras vidas como si él tuviera el poder necesario para mantenernos victoriosos y gozosos – en todos nuestros dolores y dificultades. Lo que verdaderamente satisface el corazón de nuestro Señor es aquél hijo suyo que descansa completamente en su amor y en su tierno cuidado. Ya está. Y ahora no hagas como yo hacía cuando oía la historia de Lázaro, pensar que era hermosa y tratar de imaginarme qué ocurriría con una similar en mi vida. ¿Sabes qué? Sentía vergüenza. Espero que hoy ya no la sientas.


12/21/2012

Mercadería


Jesús subió a Jerusalén durante la pascua y entró en el templo. Lo que vio lo horrorizó. ¡Los mercaderes se habían apoderado de lo que en ese entonces se estimaba como casa de Dios! Él había entrado buscando una casa de oración y lo que encontró fue una preocupación con la promoción, exhibición, y venta de mercadería religiosa. Los líderes religiosos estaban ya contando sus ganancias. ¡Cuánta ocupación! Hombres de Dios se habían convertido en vendedores ambulantes de mercadería religiosa, correteando por doquier promocionando sus productos. Mesas habían sido colocadas en todas partes de la casa de Dios para promocionar y vender ovejas, bueyes, palomas, dulces, inciensos, y otra mercadería para propósitos religiosos. El dinero cambiando de manos era el ruido más fuerte en la casa – dinero que hacían en el nombre de Dios y por respaldo de la religión. ¿Qué terrible dolor causó que el corazón compasivo de nuestro Señor hirviera con ira santa? Su gran sufrimiento causó que su espíritu manso ardiera con indignación de justicia. ¿Puedes tú imaginar ese momento? Con un azote en mano, Jesús irrumpió en el templo y comenzó a azotar en todas las direcciones, volcando las mesas llenas de mercadería. Él dispersó a los promotores, a los negociantes, y a los vendedores. “¡Fuera!” Dijo con voz estruendosa, “¡Fuera de la casa de mi Padre! ¡Ustedes han profanado este lugar santo, habiendo convertido esta casa de oración en un mercado de comercio!” Fue una de las experiencias más dolorosas de todo su ministerio pero él no podía quedarse impávido y permitir que la casa de su Padre se convirtiera en una cueva de ladrones religiosos. ¿Estamos dispuestos a compartir con Cristo en este aspecto de sus sufrimientos hoy día? ¿Compartimos su dolor al ver una vez más que lo que hoy muchos todavía consideran como la casa de Dios, ha sido entregada a los mercaderes? ¿Nos escandalizaremos por el comercialismo horrendo del evangelio? ¿Sentiremos su ira en contra de la venta de cosas espirituales lo suficiente como para retirarnos de esas actividades? ¿Sentimos su dolor lo suficiente como para renunciar a los ministerios que como molinos producen mercadería sólo con el propósito de hacer dinero? ¿Podemos compartir sus sufrimientos en este punto lo suficiente como para levantarnos en contra de aquéllos que convierten la casa de Dios en un teatro o en un centro de entretenimiento para promotores? ¿Podemos dolernos por todas las ganancias excesivas que se consiguen con el nombre de Jesús? ¿Podemos apartar nuestros ojos del dinero y ponerlos de vuelta en la cruz? Este mensaje parece excelente y te representa totalmente, ¿No es verdad? Estoy seguro que estás totalmente identificado con él y con sus términos. Y te preguntas por qué razón no se predica o se comunica más seguido y por mayor cantidad de ministros. ¿Quieres mi respuesta? Es simple y puedo dártela porque la avalo con mi propia vida: porque los ministros no tenemos un mensaje, somos el mensaje en testimonio de vida o no. Si lo que vas a predicar o a enseñar no es rhema en tu vida, mejor cállate.
 

12/19/2012

Liberados


Dentro de lo que suele ser mi correo, las cartas que más conmueven mi espíritu, son las que provienen de creyentes que aún siguen atados a hábitos pecaminosos. Multitudes de cristianos escriben: “No puedo dejar de apostar…Estoy en las garras de la adicción al alcohol…Estoy siendo infiel a mi pareja y no puedo cortar con ello…Soy un esclavo de la pornografía”. Correo tras correo estas personas están diciendo lo mismo: “Amo a Jesús y he rogado a Dios que me libere. He orado, llorado y buscado consejo de Dios. Pero simplemente no puedo desatarme. ¿Qué puedo hacer? He pasado mucho tiempo buscando al Señor, pidiéndole sabiduría para saber cómo responder a estos creyentes, porque los de alguna manera hemos madurado ya sabemos hace largo tiempo que el evangelio no es ese recurso mágico de solución de problemas hoy para retornar alegre y despreocupadamente al problema mañana. Mi oración es: “Señor, tú conoces la vida de tus hijos. Muchos son santos, llenos del Espíritu Santo, aun así, no obtienen tu victoria. No conocen la libertad. ¿Qué está sucediendo?” En cierto punto, estudiamos los pasajes bíblicos que contenían las promesas de Dios a su pueblo. Recordamos que el Señor nos ofrece librarnos de la caída, presentarnos sin faltas y justificarnos por fe, santificarnos por fe, guardarnos en santidad por fe. Su promesa es que nuestro viejo hombre sea crucificado por fe, y que seamos trasladados a su reino por fe. La única cosa en común a todas estas promesas es esta frase: “por fe”. De hecho, todos estos aspectos son asuntos de fe, según la palabra de Dios. Entonces, llegué a la única conclusión clara respecto a estos problemas de lucha de dichos cristianos: en algún lugar en lo más profundo de su atadura, hay incredulidad. Todo se simplifica a una sencilla falta de fe. ¿Estás tú luchando para obtener la victoria por tu fuerza de voluntad? ¿Estás tú peleando la batalla en tu vieja naturaleza? Pablo señala: Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; más al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia (Romanos 4:4-5). Tu victoria no debe venir a través de llorar o luchar, sino a través de la fe de que Jesucristo ha ganado la batalla por ti. Recuerda que Dios jamás se mueve por lástima; Dios siempre se mueve por fe. Pero sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). De hecho Pablo dice que sólo hay una condición unida a las promesas de Dios: … permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído (Colosenses 1:23). Cristo lo rindió todo a su Padre, para poder ser un Hijo totalmente obediente. Y nosotros también debemos ser así. Debemos ser completamente dependientes del Padre, tal como Cristo lo fue. Lo que sucede es que la palabra dependencia, si observamos lo que ocurre en muchas de nuestras congregaciones, es una palabra que nos repele y hasta repugna. Hemos visto demasiados abusos de supuestos ministros para con sus ministrados. Sin embargo, esto no me evita de decir cómo verdad de Dios absoluta, que vivir en total dependencia a Él, es lo único que Su Palabra reconoce, oh paradoja gramatical, como auténtica libertad.
 

12/17/2012

Llamados


A diario muchos hermanos me escriben comentándome que ellos quisieran que Dios les hable, pero que como eso  no sucede buscan en alguno de sus ministros una voz de guía y dirección. Siempre respondo lo mismo: Dios está hablando de manera permanente a aquellos que son sus hijos genuinos. No es responsabilidad suya si ellos están tan ocupados en sus cosas humanas que no pueden detenerse un minuto a oír su voz. La voz de Dios resuena potente y se constituye en llamado para todos los que le aman de verdad.  Vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob. Él nos enseñará sus caminos… (Isaías 2:3). - - - Yo los llevaré a mi santo monte y los recrearé en mi casa de oración… (Isaías 56:7). El mensaje del Espíritu Santo al pueblo de Dios es, “Vuelvan al monte – vuelvan a su santa presencia.” Muchos están ahora escuchando ese llamado y haciendo tiempo para orar y buscar a Dios. Otros, sin embargo, continúan sus caminos, demasiado ocupados con los detalles del reino para poder escalar la montaña santa. Isaías vio ambas cosas, tanto la gloria de un ministerio despertado, como la tragedia de guardianes ciegos, durmiendo. Mientras algunos guardianes se sacuden y vuelven al monte de Dios para escuchar una palabra fresca del cielo, otros se perderán en actividades sin fin y en promover sus logros personales. Sus guardianes son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos son perros mudos, que no pueden ladrar; soñolientos y perezosos, aman el dormir. Esos perros voraces son insaciables, y los pastores mismos no saben discernir: todos ellos siguen sus propios caminos, buscando cada uno su propio provecho, cada cual por su lado (Isaías 56:10-11). Isaías dice que ellos se volvieron así – centrados en sí mismos, y preocupados con el trabajo de sus propias manos , interesados sólo en lo que están haciendo, espiritualmente muertos – porque dejaron a Jehová, y se olvidaron de su santo monte (ver Isaías 65:11). Ministros de Dios, más vale que escuchemos la advertencia del profeta Isaías cuando dice, y a sus siervos llamará por otro nombre (Isaías 65:15). Él levantará buscadores desconocidos para despertar a su iglesia. El Espíritu está levantando un ejército de “hombres del monte de Dios” aquellos que pasarán tiempo a solas con Dios, encerrados en su santa presencia, escuchando su voz, recibiendo nueva visión, y retornando con gozo para librar a “aquellos que aúllan por el quebrantamiento del espíritu” (ver Isaías 65:13-14).
Ellos retornarán – pero con poder y dominio. Su fuego refinador va a despertar en nosotros principios nuevos y fieles. Por demasiado tiempo hemos estado muertos a los principios fieles que son necesarios para salvar a la iglesia del caos. Y cuando digo “iglesia”, tú ya sabes a qué me refiero; no estoy hablando de organizaciones, templos, credos ni estructuras. El Señor ya no estará satisfecho con que las cosas estén generalmente bien en su casa; él ahora busca el fuego de Cristo en el corazón. Sin embargo, en este tiempo ya ha comenzado el cumplimiento de Su promesa: comienza por Su casa.
 

12/16/2012

Fortaleza


Me pregunto a diario a dónde podemos encontrar cristianos completamente genuinos y fieles al Señor que tengan una vida fácil y sin problemas. Muéstrenme a un siervo ungido del Señor que sea guiado por el Espíritu, y lleno de Dios, y yo les mostraré a
una persona perseguida, castigada, muy a menudo perpleja, y familiarizada con las aguas profundas y los hornos de fuego. Aquellos que buscan evadir las dificultades, muy pocas veces consiguen la revelación de la plenitud de Dios. Ellos atentan usar la fe para estar exentos de crisis, sin darse cuenta que ellos mismos se roban la oportunidad de descubrir lo que verdaderamente está en ellos. Luego un día cuando el problema ya no puede ser evadido, se derrumban, sin tener ninguna fuente ya probada de fortaleza interior. Pablo escribió, Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu (Efesios 3:16). En estos días, el Señor necesita creyentes que no sean llevados por doquier de todo viento de doctrina; que no permitan que hagan mercadería de ellos; que tengan discernimiento y no sean engañados; que no necesiten un maestro especial con alguna nueva revelación; que no necesiten un pastor humano que guíe cada paso de ellos; que no tengan que depender de otros para ser felices o para tener fortaleza espiritual – pero que hayan sido probados y tratados y han comprobado que la propia vida de Dios está en ellos, proveyendo gracia y misericordia para ayudarlos en cada necesidad. Que Cristo haya sido revelado no sólo a ellos, sino también en ellos. Que están extrayendo de la fuerza de su hombre interior, de acuerdo a las riquezas de Su gloria. Podemos aprender lecciones valiosas de la experiencia del Rey David en Siclag. David se fortaleció en el Señor (1 Samuel 30:6). Es imperativo que aprendamos a fortalecernos en el Señor debido a los tiempos tumultuosos que se avecinan. Hermanos, hermanas en Cristo, Los exhorto en el nombre del Señor, que abran sus ojos al imponente poder de Dios que está trabajando en ustedes, y que se apropien de la llenura y de la plenitud del Señor Jesucristo. No importa en cuál horno de fuego seamos arrojados, nuestro supremo Señor caminará con nosotros hasta que salgamos. Luego, cuando el testimonio viviente esté claro, este es el sitio ideal para compartirlo. Pero como me he obligado yo mismo a hacerlo cada día, sin contaminaciones producto de antiguas doctrinas aprendidas en los distintos templos. Cada uno de nosotros nació al Señor en distinta cuna. Amén por eso; fue necesario que así ocurriera y sirvió, pero hoy lo que importa no es la cuna donde nacimos, sino el lecho donde dormimos de adultos y maduros cada día.

12/14/2012

Morada


En los días que por orden expresa del Señor nos retiramos del templo que albergaba a la que fuera nuestra última congregación, y orando para que nuestro Padre nos confirmara y respaldara la decisión, un hecho antiguo pero real llegó a nuestras memorias como bálsamo fresco. Recordamos que después que Jesús fue llevado al cielo, el apóstol Juan recibió una asombrosa visión de Su gloria. Él dijo: Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero…y el Cordero es su lumbrera (Apocalipsis 21:22-23). Ahora que el templo de Dios está en gloria y el Señor sentado a su diestra, ¿dónde mora el Señor en la Tierra? Tal como Dios mismo pregunta: “¿Qué casa me construirán? ¿Cuál es el lugar de mi reposo?” Sabemos que ninguna edificación puede contener a Dios. Él no está en la catedral de San Pedro en el Vaticano, tampoco en la catedral de San Patricio en la ciudad de Nueva York. Y Él no está en ninguna de las grandiosas catedrales europeas, como así tampoco lo está en los mejores templos evangélicos construidos en su homenaje. No, como lo declara Pablo en la colina de Marte en Atenas: El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas (Hechos 17:24). Dicho de una manera simple, si buscamos la morada de Dios en alguna construcción, no la hallaremos. El Señor ha fundado su habitación, Él vive y mora en los cuerpos de la raza humana que Él creó. Pablo declara que ahora, el templo de Dios está en cuerpos humanos: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1 Corintios 3:16). Una vez que ponemos nuestra fe en Jesús, nos convertimos en un templo, en la misma habitación de Dios. Esto fue demostrado de una manera más visible en el Aposento Alto. Allí, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, llenándolos de sí mismo. Y declaró dichos cuerpos santificados como templo de Dios, a donde el Padre puede venir y vivir. El Espíritu los ayudaría a hacer morir y a destruir las obras de su carne pecaminosa. Y les daría el poder para vivir en victoria. Sus cuerpos vinieron a ser el templo de Dios, un lugar de morada no hecho por manos humanas. Jesús dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él (Juan 14:23). Una morada es una residencia, un lugar para quedarse. Pablo dice: Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios (1 Corintios 6:20). En otras palabras, tú le perteneces a Dios y Él quiere que tú seas su lugar de reposo. Ahora, abre tu corazón a la verdad y dale gloria al recibirla.
 

12/12/2012

Desarreglos


Me pregunto, cuántos del pueblo de Dios pueden hoy día sinceramente clamar a
nuestro bendito Señor diciéndole "¡Glorifícame contigo!" Tráeme a una afinidad. Anhelo estar más cerca, más íntimo. Mi amo, tú eres lo que yo quiero. ¡Más que señales y milagros, yo tengo que tener tu presencia! Hoy leía un correo de alguien que se quejaba amargamente porque había pasado mucho tiempo orando “sin ver nada” de parte de Dios. ¿Sabrá este hermano que Dios conoce su corazón y ha estado viendo que él sólo oraba para poder “ver” algo de parte de Dios”, y no por plena fe y confianza? No lo creo. ¿Sabrá este hermano que eso es lo que se conoce como “tentar” al Señor? Tampoco. ¡Cuánto nos falta! Escucha el ruego eminente de Jesús: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo esté, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado, pues me has amado desde antes de la fundación del mundo (Juan 17:24). La gloria de la cual Jesús está hablando, tiene que ver con una clase de amor muy íntimo – un amor que no permite ninguna distancia ni separación del objeto de su afección. Un amor que desea una afinidad completa, una unión eterna. Este divino amor entre nuestro Señor y el Padre era todo lo más importante para él, y él esperaba con ansias aquél día en que todos sus hijos pudiesen contemplarlo con sus propios ojos. En realidad, nuestro Señor estaba orando, "Padre, ellos deben ver este glorioso amor que nos tenemos. Deben de ver por sí mismos cuán completamente tú te das a mí. Quiero que ellos conozcan cuán grandemente soy amado – desde antes que el mundo fuese creado" ¿No será asombroso cuando nosotros, los redimidos, seamos llevados a la sala del gran banquete de Dios, a la fiesta celestial, y se nos permita contemplar el amor del Padre para con su amado Hijo, nuestro bendito Salvador? Yo veo en aquél día glorioso la oración de nuestro Señor contestada, cuando él mire a sus hijos comprados por su sangre y gozoso proclame, "Vean hijos, ¿Acaso no es real? ¿No les dije la verdad? ¿No es verdad que él me ama tanto? ¿Han contemplado alguna vez un amor tan grande? ¿Acaso no es esto un amor perfecto? Ahora ustedes ven mi gloria, el amor de mi Padre por mí, y mi amor por él." ¿No ven ustedes santos de Dios, que contemplar la gloria de Cristo en aquel día, será la revelación para nosotros del amor de Dios por su Hijo? Qué gozo saber que servimos a un Salvador que es amado. ¿Y no es aterrador contemplar que Lucifer se desprendió de tal gloria? Él está sin amor, él no
tiene padre. Sin duda, esta fue su pérdida más grande. Es la gran pérdida de todos los hijos de Satanás, existir sin tener noción ni sentido del amor de un Padre celestial. En contraste, los hijos de Dios son abrazados en afinidad con Jesús mientras estamos en la tierra. Dios nos ama de la misma manera como ama a su propio Hijo. Esta verdad debería hacernos entrar en descanso. Y en el final te diré algo a modo de confesión personal. Hace muchos años, alguien habló exactamente esto mismo que yo he hablado hoy. Yo fui uno de los que lo oyó. Y en ese momento pensé: “Todo muy bonito, pero a mí eso no me alcanza ni me sirve. Yo necesito soluciones prácticas, no discursos sobre el amor”. Mucha agua corrió después bajo los puentes. Hoy sé que en ese tiempo, yo era uno de los que todavía procuraba acercarse a Dios por los peces y los panes. Pasaba necesidades y no tenía ni peces ni panes. Un día tuve ese encuentro personal con Cristo que todos necesitamos tener y algo cambió. Empecé a orar por lo que Él es y no por lo que pueda darme a mí. Y, ¡Oh casualidad! Desde ese día jamás faltaron a  mi mesa los peces y los panes. Me pregunto si esto no será para alguien muy específico, hoy y aquí, a quien Dios ama y desea cambiar para bendecir. Que así sea, para la gloria y honra de Su nombre.

12/10/2012

Gloria


No sé cómo será en tu caso, pero en el mío, yo debo haber escuchado no menos de cincuenta mensajes o predicaciones donde el predicador menciona de una u otra forma la gloria de Dios. También he asistido a cultos o reuniones donde sus directores de alabanza o conductores de culto hablan de que se siente la Presencia y la gloria de Dios en el lugar. Lo he aceptado y lo he creído porque así eran las cosas en cada tiempo. Sin embargo la pregunta íntima surge y debe ser compartida: ¿Sabemos los cristianos, verdaderamente, qué es la gloria de Dios? Glorifícame tú al lado tuyo… (Juan 17:5). Ningún hombre puede correctamente definir la gloria de Dios, al igual que no podría definir a Dios. La gloria es la plenitud de Dios y ese es un tema demasiado elevado para nuestras mentes finitas. Pero, conocemos en parte. Cuando Dios da su gloria, él se da a sí mismo. Aquel que recibe su amor también consigue su misericordia, su santidad y su fuerza. El que recibe su misericordia también recibe su amor y todo lo demás que es la plenitud de Dios. Aquellos que buscan la gloria de Dios deben de aprender que él verdaderamente desea darse a sí mismo para nosotros, lo cual significa que él quiere que gocemos la plenitud del descanso y confianza. Antes de dejar la tierra para retornar a su Padre celestial, Jesús oró, Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera (Juan 17:5). Jesús estaba en el regazo del Padre antes de que el mundo existiese. Él era uno con el Padre, y esa era la gloria. Unión con el Padre era su deleite y la gloria de su ser. Él tenía intimidad, unión, y afinidad. Conocemos tan poco de su gloria. Pensamos sólo en términos de poder cósmico y de esplendor. Somos tan extraños al verdadero significado de la gloria de Dios, que no entendemos lo que Jesús quiso decir cuando dijo, y he sido glorificado en ellos (v. 10). ¿No sabías tú que Jesucristo es glorificado en sus santos - ahora? Él permanece en nosotros en toda su divina plenitud. Estamos completos en él. Cuando él viene a permanecer, él viene en toda su gloria, poderío, majestad, santidad, gracia y amor. Hemos recibido la gloria de un Cristo pleno y completo. Tenemos un cielo abierto – vengamos pues confiadamente al trono de su gloria para hacer conocidas nuestras peticiones. Cuán maravilloso es poder salir de allí con confianza y esperanza. Hace muchos años yo leía comentarios como este, y pensaba: “Sí…está bien, pero… ¿No podía haber escrito sobre algo que yo necesitara más que ese conocimiento teológico en este tiempo?” Luego pasó el tiempo y aprendí: la gloria de Dios en nuestras vidas es el cenit de las necesidades. Si la tenemos, entonces ya no deberemos esperar que ningún hombre diga o escriba algo para ayudarnos; Dios lo estará haciendo de manera directa y personal.

12/09/2012

Posición


Yo creo fielmente que si todos los cristianos tuviéramos la vida que supuestamente deberíamos tener en nuestra estadía en esta tierra, muy difícilmente acudiríamos a estas fuentes del conocimiento o sabiduría, sencillamente nos dedicaríamos a disfrutar de esas bondades. Pero resulta ser que no, que no estamos viviendo como creemos que deberíamos vivir. Y eso nos hace sentir mal, culpables y hasta frustrados. Bien; tengo una buena noticia, que eso significa evangelio, no otra cosa. Y la buena noticia es que tienes una posición en Cristo que hoy mismo debes conocer para que no vuelvas a confundirte. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí (Gálatas 2:20).  -- De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17). Puede que tú digas, "Yo sé que estoy en Cristo por fe. Me doy cuenta que soy una nueva criatura, pero todavía sigo luchando terriblemente con un mal hábito. Me hace sentir tan descorazonado." A Satanás le gustaría convencerte que Dios se ha cansado de ti. Él quiere hacerte pensar que Dios te ve  como sucio, asqueroso con pecado. Pero todo es mentira. Lo que estás experimentando, es la carne batallando contra el Espíritu en ti. Esta batalla es común entre todos los creyentes. Y mientras tú estás en medio de la batalla, Satanás quiere convencerte que "el viejo hombre" está todavía en control. No importa cuál sea tu condición, Dios no flaquea en su amor por ti. El nunca dejó de amar a la raza de Adán, a pesar de todas las maldades, idolatrías y su actuar lujurioso. El los preservó a través de toda la historia y lo siguió haciendo hasta los últimos días, cuando él llegó con su plan de rescate. A través de la cruz, fue posible que toda la raza de Adán sea reconciliada. Tú debe de saber que tu posición con Dios se basa en una sola cosa: tú eres victorioso debido a la cruz. Esta victoria no viene a través de alguna cosa buena que tú haces. Como Pablo dice, Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios (Romanos 8:8). Nuestra victoria viene únicamente a través del arrepentimiento, fe, creencia, confianza en que Dios nos cuida. Y nuestra parte en esto es estar firmes en la posición que él gentilmente nos ha dado en Cristo. Su Palabra nos asegura, "Puede que falles algunas veces. Pero cuando te miro, yo sólo veo a mi Hijo, Jesús. Tú saldrás de esta batalla victorioso, sin culpa ni condenación."

12/07/2012

Aliento


Una de las reacciones humanas que más me asombró cuando se produjo nuestro retiro de las estructuras evangélicas tradicionales, fue la que tuvo como protagonistas a hermanos que habían sido alumnos de mis clases bíblicas. Pasaron de considerarme poco menos que un diccionario ilustrado casi irrebatible, a verme como un apóstata, hereje y blasfemo, sólo por incluir en la enseñanza verdades que estructuralmente se omiten, esconden o disimulan. Gracias al Señor que dentro de las historias que Él hizo poner en la Biblia, algunas coinciden con todo esto y nos sirven de refresco. Hay algunas citas con las que normalmente estamos familiarizados: David se angustió mucho (1 Samuel 30:6). Él había retornado de Gad, donde el rey Aquis le había dicho, Sé que has sido bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios(29:9). Con esas alabanzas resonando en sus oídos, David y sus hombres retornaron a Siclag, ansiosos de reunirse con sus esposas e hijos. Sin embargo, encontraron que la ciudad había sido quemada, sus casas destruidas, y sus hijos y esposas llevados prisioneros. Los Amalecitas habían invadido mientras ellos estaban en Afec y habían tomado cautivo todo lo que era precioso para David y sus hombres. ¡Qué horrible día de infamia en la vida de este hombre ungido de Dios! Entonces David y la gente que lo acompañaba lloraron a voz en cuello, hasta que le faltaron las fuerzas para llorar (1 Samuel 30:4). Sus hombres se levantaron contra él porque el alma de todo el pueblo estaba llena de amargura, y hablaban de apedrear a David. David mismo estaba angustiado en sobremanera, y ya no tenía lágrimas para llorar. David se angustió mucho (v. 6). Habían llegado todos al final de su aguante, y toda esperanza se había desvanecido y sólo había pena y desesperación. ¿Qué hace un hijo de Dios cuando se descorazona en gran manera y se siente inútil, como un fracaso completo, abandonado por Dios y rechazado por aquellos que antes lo apreciaban? Créalo o no, Dios estaba en esta aparente tragedia. Dios tenía una bendición increíble más adelante, pero David tenía que lanzarse completamente a las manos de Dios. Esta era una situación que ninguna cantidad de recursos humanos podía resolver. Pero David halló fortaleza en Jehová su Dios (v.6). David aprendió a pararse solo, dependiendo sólo de Dios y encontrando todo lo que necesitaba a través de una comunión personal y un afecto por el Señor. Qué cuadro victorioso – David parado en medio de las ruinas de su vida, regocijándose en la fidelidad de Dios y fortaleciéndose en la presencia del
Señor. Él llegó a ver que todo lo que en realidad cuenta cuando enfrentamos muerte y desesperación, es un conocimiento personal de Dios. Una vez que la lección fue aprendida, Dios abrió los cielos y le habló a David claramente. Las direcciones vinieron claras y fuertes. David preguntó y Dios respondió de cierto librarás a los cautivos (1 Samuel 30:8). No se perdió nada – David recuperó todo. No sé qué tendrás tú para decir en este día, luego de leer este comentario. Yo sí puedo decirte lo que yo dije cuando tomé conocimiento de él: dije simplemente: ¡Amén!

12/05/2012

Descanso


Hay momentos, durante el día, que cierto cansancio me invade. No tanto en lo físico, sino en lo mental. No es tarea sencilla estudiar, evaluar, considerar, orar y luego escribir o grabar. No me quejo porque es lo que el Señor y yo hemos elegido para este tiempo. Sin embargo, cuando me siento así, hago lo más sabio que podría hacer: me levanto de mi ordenador, salgo a caminar no menos de una hora, tomo oxígeno, miro la gente, las casas, los jardines, y normalmente vuelvo renovado. ¿Sabes qué? Eso es el equivalente humano a lo que Dios siempre llamó y sigue llamando: Reposo. Porque hay un reposo prometido y ordenado por Dios que tiene, obviamente, otras características.  Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios, porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas (Hebreos 4:9-10). Tú puedes preguntarte, “¿Qué significado tiene entrar en este reposo prometido? ¿Cómo debe de reflejarse en mi vida?” Yo oro para que Dios remueva las escamas de nuestros ojos y nos permita captar esto. Para ponerlo de una manera simple, entrar al descanso prometido por Dios significa confiar totalmente que Cristo ha hecho todo el trabajo de salvación para ti. Tú debes descansar en la gracia salvadora de él, sólo por fe. Esto es lo que Jesús quiere decir cuando él anima, Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar (Mateo 11:28). Esto significa el fin de todos los esfuerzos de su carne, de todos sus esfuerzos humanos para obtener paz. Y significa depender totalmente en el trabajo de Jesús por ti. Nuestra lucha no es contra sangre y carne. Toma lugar en el ámbito espiritual. El Antiguo Testamento lo pone esto tan claro como el cristal. Una y otra vez, Israel hizo promesas vacías e inútiles a Dios: “Queremos servirte, Señor. Haremos todo lo que nos ordenas.” Pero la historia prueba que no tenían ni el corazón ni la habilidad para llevar a cabo lo que habían prometido. Dios tenía que despojarlos de toda su fe en ellos mismos. Todo lo que necesitamos debería de venir de la preciosa presencia del Señor. Pablo declara, Porque en él vivimos, nos movemos y somos (Hechos 17:28). Esto habla de comunión sin interrupción. A través de la victoria de la cruz, nuestro Señor está disponible para nosotros a cada momento del día o de la noche. Tenemos que tomar una decisión: “Yo quiero a Cristo en mi vida. Quiero ser libre de toda mi carne. Así que voy a ir hacia delante, a su presencia y reclamaré mi posesión. Yo quiero que Jesús sea mi todo, mi única fuente de satisfacción.” Esto es algo que trato de hacer a diario, al igual que lo que te relaté al principio. ¿Sabes qué? Voy a permitirme tener una expresión ciento por ciento paulina: “Imítame, porque yo estoy imitando a Cristo”. ¿Verdad que lo intentarás?
 

12/03/2012

Reputación


Es indudable: tenemos tan arraigados los conceptos vertidos por las babilonias religiosas en nuestra mente que, en algunos casos, nos cuesta entender que Dios se mueve de un modo diferente al que se mueve el mundo. Aun así, no son pocos los cristianos que tratan infructuosamente de incorporar a la iglesia los rudimentos del mundo. Y hasta se quejan y lamentan cuando no pueden lograrlo. La salvación sigue siendo por gracia, gloria a Dios, pero ¿Y el Reino? El Reino tiene otras características. ¿No saben que para entrar al Reino hay que pagar un precio? ¿Y qué precio, por ejemplo? Varios muy importantes para nuestro hombre exterior, pero el que más duele, es el de la notoria pérdida de reputación secular, la misma que perdió Jesús durante su ministerio terrenal. Y no es el único; hubo un tiempo en que a Moisés se lo tenía en alta estima, era respetado en los lugares importantes del gobierno, teniendo gran reputación y prestigio. Él se movía en el círculo de los influyentes y ricos y era uno de los hombres más conocidos de ese tiempo. Pero cuando Dios le habló desde la zarza ardiente, Moisés había disminuido a cero puntos. Dios no podía usarlo hasta haberlo arrancado y llevado lejos de sus lazos mundanos. ¿Quién conocía ahora a Moisés? Escondido, alejado – silenciado y sin influencia. Él no tenía ninguna válvula de escape para su gran energía. ¡Pero en el momento que Moisés alcanzó el punto cero – cuando perdió totalmente su reputación y no quedaba nada del Moisés viejo y confiado en sí mismo – él estaba en tierra santa! ¿Cuánto tiempo esperó Dios en esa zarza, listo para revelarse de una manera gloriosa y nueva? Sólo hasta aquél momento clave cuando a Moisés verdaderamente ya no le importaba su trabajo ni su reputación. Cuando él entregó las últimas migajas de confianza en sí mismo, él encontró revelación. Jesús estuvo en esa misma tierra santa. Las Escrituras dicen, Sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo… (Filipenses 2:7). Despojarse de reputación y convertirse en siervo fue una elección voluntaria. Gracias a Dios por aquellos que nuevamente están siendo llamados a esa tierra santa, buscando disminuir para que él crezca, y preparados para ser siervos. Un gran hombre de Dios escribió, “El hombre de Dios que verdaderamente predica la Palabra finalmente abandonará la idea de ser conocido. Si él predica a Cristo, su reputación disminuirá constantemente y Cristo aumentará. Los verdaderos profetas mueren sin ser conocidos. Dios les da su galardón sólo después de haber muerto.” Yo creo que si buscamos una reputación más grande, más conocida, a nuestro mensaje le faltará algo. Nuestro ego es demasiado prominente. Cristo debería de estar aumentando y nosotros deberíamos estar perdiendo reconocimiento. Deberíamos ser menos conocidos con el pasar de los años, hasta que, como Pablo, terminamos encerrados con Dios. ¡Que podamos todos disminuir! ¡Que sólo Él aumente! Que Dios nos ayude a volver a esta tierra santa.