Es indudable: tenemos
tan arraigados los conceptos vertidos por las babilonias religiosas en nuestra
mente que, en algunos casos, nos cuesta entender que Dios se mueve de un modo
diferente al que se mueve el mundo. Aun así, no son pocos los cristianos que tratan
infructuosamente de incorporar a la iglesia los rudimentos del mundo. Y hasta
se quejan y lamentan cuando no pueden lograrlo. La salvación sigue siendo por
gracia, gloria a Dios, pero ¿Y el Reino? El Reino tiene otras características. ¿No
saben que para entrar al Reino hay que pagar un precio? ¿Y qué precio, por
ejemplo? Varios muy importantes para nuestro hombre exterior, pero el que más
duele, es el de la notoria pérdida de reputación secular, la misma que perdió
Jesús durante su ministerio terrenal. Y no es el único; hubo un tiempo en que a
Moisés se lo tenía en alta estima, era respetado en los lugares importantes del
gobierno, teniendo gran reputación y prestigio. Él se movía en el círculo de
los influyentes y ricos y era uno de los hombres más conocidos de ese tiempo.
Pero cuando Dios le habló desde la zarza ardiente, Moisés había disminuido a
cero puntos. Dios no podía usarlo hasta haberlo arrancado y llevado lejos de
sus lazos mundanos. ¿Quién conocía ahora a Moisés? Escondido, alejado –
silenciado y sin influencia. Él no tenía ninguna válvula de escape para su gran
energía. ¡Pero en el momento que Moisés alcanzó el punto cero – cuando perdió totalmente
su reputación y no quedaba nada del Moisés viejo y confiado en sí mismo – él
estaba en tierra santa! ¿Cuánto tiempo esperó Dios en esa zarza, listo para
revelarse de una manera gloriosa y nueva? Sólo hasta aquél momento clave cuando
a Moisés verdaderamente ya no le importaba su trabajo ni su reputación. Cuando
él entregó las últimas migajas de confianza en sí mismo, él encontró
revelación. Jesús estuvo en esa misma tierra santa. Las Escrituras dicen, Sino
que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo… (Filipenses 2:7). Despojarse
de reputación y convertirse en siervo fue una elección voluntaria. Gracias a
Dios por aquellos que nuevamente están siendo llamados a esa tierra santa,
buscando disminuir para que él crezca, y preparados para ser siervos. Un gran
hombre de Dios escribió, “El hombre de
Dios que verdaderamente predica la Palabra finalmente abandonará la idea de ser
conocido. Si él predica a Cristo, su reputación disminuirá constantemente y
Cristo aumentará. Los verdaderos profetas mueren sin ser conocidos. Dios les da
su galardón sólo después de haber muerto.” Yo creo que si buscamos una
reputación más grande, más conocida, a nuestro mensaje le faltará algo. Nuestro
ego es demasiado prominente. Cristo debería de estar aumentando y nosotros
deberíamos estar perdiendo reconocimiento. Deberíamos ser menos conocidos con
el pasar de los años, hasta que, como Pablo, terminamos encerrados con Dios. ¡Que
podamos todos disminuir! ¡Que sólo Él aumente! Que Dios nos ayude a volver a
esta tierra santa.

1 comentario:
Don Nestor salud!
Muchas gracias...en ello estoy completamente de acuerdo con usted...el abajamiento...total.
Gracias por estas publicaciones de estos días, han sido de una gran ayuda para mi...han sido faro se lo aseguro...le doy muchas gracias a Dios hasta por la humildad que tiene de permitir en usted, una valiosa guía en mi maduración espiritual...infinitas Gracias...los audios son excelentísimos...ha sido una semana de muchísimo avance en mi vida...gracias...
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