Dentro de lo que suele
ser mi correo, las cartas que más conmueven mi espíritu, son las que provienen
de creyentes que aún siguen atados a hábitos pecaminosos. Multitudes de cristianos
escriben: “No puedo dejar de apostar…Estoy en las garras de la adicción al
alcohol…Estoy siendo infiel a mi pareja y no puedo cortar con ello…Soy un esclavo
de la pornografía”. Correo tras correo estas personas están diciendo lo mismo: “Amo a Jesús y he rogado a Dios que me
libere. He orado, llorado y buscado consejo de Dios. Pero simplemente no puedo
desatarme. ¿Qué puedo hacer? He pasado mucho tiempo buscando al Señor, pidiéndole
sabiduría para saber cómo responder a estos creyentes, porque los de alguna
manera hemos madurado ya sabemos hace largo tiempo que el evangelio no es ese
recurso mágico de solución de problemas hoy para retornar alegre y
despreocupadamente al problema mañana. Mi oración es: “Señor, tú conoces la vida
de tus hijos. Muchos son santos, llenos del Espíritu Santo, aun así, no obtienen
tu victoria. No conocen la libertad. ¿Qué está sucediendo?” En cierto punto,
estudiamos los pasajes bíblicos que contenían las promesas de Dios a su pueblo.
Recordamos que el Señor nos ofrece librarnos de la caída, presentarnos sin
faltas y justificarnos por fe, santificarnos por fe, guardarnos en santidad por
fe. Su promesa es que nuestro viejo hombre sea crucificado por fe, y que seamos
trasladados a su reino por fe. La única cosa en común a todas estas promesas es
esta frase: “por fe”. De hecho,
todos estos aspectos son asuntos de fe, según la palabra de Dios. Entonces,
llegué a la única conclusión clara respecto a estos problemas de lucha de
dichos cristianos: en algún lugar en lo más profundo de su atadura, hay
incredulidad. Todo se simplifica a una sencilla falta de fe. ¿Estás tú luchando
para obtener la victoria por tu fuerza de voluntad? ¿Estás tú peleando la
batalla en tu vieja naturaleza? Pablo señala: Pero al que obra, no se le cuenta
el salario como gracia, sino como deuda; más al que no obra, sino cree en aquel
que justifica al impío, su fe le es contada por justicia (Romanos 4:4-5). Tu
victoria no debe venir a través de llorar o luchar, sino a través de la fe de
que Jesucristo ha ganado la batalla por ti. Recuerda que Dios jamás se mueve
por lástima; Dios siempre se mueve por fe. Pero sin fe es imposible agradar a Dios
(Hebreos 11:6). De hecho Pablo dice que sólo hay una condición unida a
las promesas de Dios: … permanecéis fundados y firmes en la fe, y
sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído (Colosenses 1:23). Cristo
lo rindió todo a su Padre, para poder ser un Hijo totalmente obediente. Y nosotros
también debemos ser así. Debemos ser completamente dependientes del Padre, tal
como Cristo lo fue. Lo que sucede es que la palabra dependencia, si observamos
lo que ocurre en muchas de nuestras congregaciones, es una palabra que nos
repele y hasta repugna. Hemos visto demasiados abusos de supuestos ministros
para con sus ministrados. Sin embargo, esto no me evita de decir cómo verdad de
Dios absoluta, que vivir en total dependencia a Él, es lo único que Su Palabra
reconoce, oh paradoja gramatical, como auténtica
libertad.

4 comentarios:
...."total dependencia de EL", cuanto tiempo confundiendo esto con sometimiento o dependencia del hombre, pero ojo no todo es "culpa de"..nosotros nos hemos puesto en una postura cómoda de dame dame....y creo que esa es la barrera mas grande a romper,por lo que nuestra fe no es pura, está contaminada.....hay una pasaje que habla en el lenguaje original en el que fue escrita la Biblia de que fe es la Fe de Dios (Marcos)y esa es la que nosotros necesitamos en cada área de nuestra vida, Su fe obrando en mi!!!....no hay incredulidad que pueda permanecer ante ella!!!...yo quiero vivir esa libertad autentica por eso cada día tengo presente algo que aprendí aquí...LO QUE DIOS DICE QUE ES, ESO ES!!!...no importa si lo entiendo o no, si lo veo o no, EL LO DIJO, ES ASÍ, aun en contra de todo lo que diga el entorno, al principio me pesaba mucho ...cada día que pasa es mas liviano y mas "gustoso"...un abrazo en Cristo, paz.
“… porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).
Samuel Rutherford declaró: “Crea en el amor y en el poder de Dios, más de lo que cree en sus propios sentimientos y experiencias. Cristo es su Roca y esta Roca no es como la marea que un día está alta y en el otro está baja, como el mar.”
Muchas veces perdemos una grande bendición porque nos dejamos dirigir por nuestras propias emociones que son completamente inestables. Un día estamos de buen humor y en el otro, totalmente angustiados. Un día cantamos y bailamos cual si fuésemos la más feliz de las criaturas y en el otro lloramos y murmuramos cual si fuésemos pobres desgraciados y derrotados. Un día actuamos cual si fuésemos capaces de mover montañas con la oración y en el otro, cual si fuésemos ateos y enemigos de Dios.
Es preciso que nuestra fe no se abale, que nuestra esperanza sea indestructible, que nuestro “sí” al Señor nunca se vuelva un “quizá” o un “no”. Es importante que tengamos la comprensión de que el Señor todo lo puede y que aquél que cree también todo lo puede, en nombre del Señor Jesús. Es necesario que no olvidemos jamás que somos salvos y no más perdidos, que somos cristianos que confían en su Dios y no incrédulos que de todo dudan.
Cristo es nuestra Roca y en Él estamos firmes y protegidos. De Él viene nuestra fuerza y su poder no tiene límite. Él nos hace caminar en seguridad, nos abriga de las intemperies, es la fuente de nuestra alegría.
No podemos ser como las olas del mar que van y vuelven, que a veces están fuertes y otras débiles, que una hora están allí encima y otras allá debajo. Los inconstantes no van a lugar ninguno, no realizan sus sueños, no se firman en el camino, no alcanzan grandes victorias.
Y tú, continúas oscilando, como las mareas, o ya aprendiste a descansar en Dios?
Don Nestor, gracias. Dios le bendice, gracias...muchas gracias por este tiempo, por este año de tantas enseñanzas tan valiosas...hoy, disfruto de la vida, en su real profundidad, gracias por ser eslabón a Dios...gracias...
Qué gran descubrimiento el ver el engaño en el que uno ha estado viviendo y es bien cierto que en el momento en que crees la verdad, eres liberad, ¡Gloria a Dios!
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