No sé cómo será en tu
lugar de residencia, pero aquí, en el nuestro, cuando dos cristianos se
encuentran y se preguntan mutuamente cómo están, la respuesta dista mucho de
ser victoriosa. ¿Hay un ataque? ¿Hay desidia?
¿Hay incredulidad? ¿Hay falta de compromiso?
Dietrich Bonhoeffer, el teólogo
alemán, esbozó al cristiano como alguien tratando de cruzar un mar con pedazos
de hielo flotando. El cristiano no puede quedarse en ningún lugar mientras cruza, excepto en su fe, que Dios lo hará. No
puede detenerse mucho tiempo en ningún lugar, de lo contrario se hunde. Después
de dar un paso, debe estar atento del siguiente. Debajo de él está el abismo y
delante de él, la incertidumbre, pero siempre más adelante, está el Señor,
¡firme y seguro!
Él no ve la tierra aun, pero ahí está: una promesa en su
corazón. ¡Así que el viajero cristiano mantiene sus ojos fijos en su meta! Prefiero
pensar en la vida como un viaje por el desierto, como el de los hijos de
Israel. Y la batalla del rey Josafat, junto con todos los hijos de Judá, es también
nuestra batalla (ver 2 Crónicas 20). De hecho, se trata de un desierto; sí, hay serpientes, pozos secos, valles de lágrimas, ejércitos enemigos,
arenas calientes, sequía, montañas intransitables.
Pero cuando los hijos del
Señor se pararon firmes para ver Su salvación, Él les puso una mesa en medio de
dicho desierto, llovió maná del cielo, destruyó ejércitos enemigos con su solo
poder, sacó agua de las rocas, quitó el veneno de las mordidas de serpientes,
los guió con la columna y la nube, les dio leche y miel, y los trajo a la
Tierra Prometida con mano fuerte y poderosa. Y Dios les mandó que le dijeran a
todas las generaciones venideras:
No con ejército, ni con fuerza, sino con mi
Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos (Zacarías 4:6).
Cesa de
buscar ayuda en la dirección incorrecta. Apártate con Jesús en un lugar
secreto; cuéntale todo acerca de tu confusión. Dile que no tienes otro lugar a
dónde ir. Dile que confías que Él te llevará al otro lado. Serás tentado a
tomar el asunto en tus propias manos. Querrás descifrar las cosas a tu manera.
Te preguntarás incluso si Dios está obrando. No hay nada que perder. Pedro lo
resumió todo:
¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6:68).
- Mirad
a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy
Dios, y no hay más (Isaías 45:22). - Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios
de mi salvación; el Dios mío me oirá (Miqueas 7:7).



















