Es norma que en
estos espacios ocupe mí tiempo escribiendo sobre asuntos y temas que interesan
a las profundidades espirituales de tu vida. De allí que siempre o casi siempre
podrás leer algún versículo bíblico y algunas reflexiones más o menos bien
enfocadas hacia temas que hacen a tu
vida de fe.
Hoy voy a hacer
una excepción, aunque en el fondo no lo sea tanto. Pero sí en la apariencia,
porque voy a referirme a movimientos muy singulares que se están produciendo en
el mundo y que, como es obvio interpretar, tocan e interesan a los latinoamericanos
en general, vivan donde vivan. Y lo hago porque, en honor a la verdad, son
muchos los que me lo han pedido.
Porque no estoy
haciendo segregación ni selección, sólo estoy describiendo un hecho que todos
saben es así: a esta Web y por extensión a este blog, entra un noventa y nueve por ciento de gente de
habla hispana. Y de ese porcentaje, un ochenta
y cinco por ciento, más o menos, se compone de latinoamericanos.
Para ellos es
esto. Los que han entendido los tiempos y han abandonado las antiguas tradiciones
religiosas, ¿Han reparado que están ocurriendo sucesos que para todo el mundo
eran impredecibles o, directamente imposibles que ocurrieran?
En los gobiernos
de naciones de alto fuste se han producido cambios de alto voltaje ideológico.
Y de ninguna manera voy a decir que eso es bueno o es malo, sencillamente
porque no estoy para eso y porque todavía no sé la razón por la cual todo eso
está sucediendo. Aunque sí tengo una sospecha espiritual que, precisamente, se
trata de algo de contenido espiritual y no político, ideológico o económico,
como se nos explica.
He pasado la
mayor parte de mi vida activa observando la realidad y tratando de relatársela
a mis oyentes, telespectadores o lectores, según el medio periodístico que
utilizara. Eran tiempos donde un periodista era un servidor público, y no un
servidor de intereses propios o difusos, como lo es hoy.
Y supe y pude
mantenerme en obediencia a un mandato bíblico, aún en la etapa en que no
conocía la Biblia: no me incliné ni a derecha ni a izquierda. Y eso no me
convirtió en un centrista, sino en alguien que podía, (Antes por oficio, ahora
por convicciones), ubicarse a un costado de los hechos, que es desde el único
lugar que esos hechos pueden verse con claridad.
Mi pregunta en
este tiempo, es: ¿Está Dios detrás de todos estos cambios? La religión
organizada, siempre alineada a un lado determinado de la cosa, quizás me
asegure que sí. Y es probable que no se equivoque, aunque también es probable
que su visión, influenciada por sus posicionamientos, no le permita ver un
aspecto distinto del mismo tema: ¿Dios impulsa estos cambios o, simplemente,
los está permitiendo?
¡Bueno, hermano,
es lo mismo! No, de ninguna manera es lo mismo. Porque una cosa es que Dios
ponga a un hombre al frente de un país para que realice algo para Su Reino, y
otra cosa muy distinta es que Dios permita que gobierne alguien que, pese a
hacerlo torcidamente, eso determine que su pueblo clave sus rodillas y se
vuelva a Él.
Es muy curioso,
pero hermanos que en muchas ocasiones me han hecho saber sus posiciones
ideológicas, ahora me piden oración en favor de personas que, curiosamente,
están alineadas con esas posiciones pero no les brindan confianza alguna.
Personalmente, y
hasta aquí llegaré hoy con este análisis que no está centralizado en un país
específico, aunque por su importancia sea uno el que más resuena, sino en
Latinoamérica en su conjunto, creo que sí, que Dios está en control de todo
esto, pero todavía no me atrevo a consignar si lo respalda o simplemente lo
permite.
Si mañana
descubrimos que lo respalda, será glorioso poder gritar aleluya, gloria a Dios
y bendito sea su nombre. Pero si no lo respalda y sólo lo permite, entonces
llegará el tiempo de buscarle en la intimidad, clavar nuestras rodillas al piso
y clamar por misericordia.
No sé cuántos
gobernantes de tu país, cualquiera sea este del concierto latinoamericano,
recuerdas con gozo como respaldado por el Señor para bendecir tu vida. Y no sé
cuántos gobernantes de ese mismo país todavía recuerdas por la calidad de
sufrimiento que produjo y el clamor que todo eso desató.
Claro está:
quisiera que estos movimientos sean dispuestos por Dios para acomodar las cosas
conforme a su propósito y su voluntad, pero no puedo evitar estremecerme de
sólo imaginar que también podría venir eso aunque en un envase distinto. Esto
es, claro está, lo que piensa y opina el
antiguo Néstor periodista. ¿Y el creyente? El creyente hoy no se preocupa,
sólo se ocupa de orar, interceder e
intentar convencer al Señor que hay al menos cinco justos en Latinoamérica, que
pueden impedir Su juicio a las naciones.

1 comentario:
Gracias Nestor por tu aporte, por que no te desenfocas del Señor y por que nos llevas a meditar.."masticar" lentamente todo esto que está aconteciendo...como diría mi abuela hace muchos muchos años: está revuelto el avispero....
Son tiempos de Dios, no me cabe la menor duda, aun cuando eso no quiera decir que todo lo que empezó a acontecer sea mandato de Dios!!....que Dios está en control es seguro...de EL es la tierra y su plenitud!!!...lo que necesitamos recibir de EL es cuando es EL que hace y cuando es EL que permite...y es ahí donde podemos ser engañados...lo malo es muy parecido, no diferente.
Que la sabiduría de lo alto sea derramada por el Padre para saber orar con dirección justa y no dar golpes al aire...un abrazo en Cristo, paz...Miriam
Publicar un comentario