(Salmo 37: 3) = Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás
en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
En una congregación que conocí, había una anciana muy pobre
en dinero, que ganaba su precaria vida realizando diariamente un trabajo duro y
bastante penoso. Sin embargo, era una cristiana alegre y su espíritu la
mostraba como triunfante.
Otra hermana de la misma iglesia le dijo un día: “Está bien
el estar contenta ahora, pero creo que tus pensamientos sobre tu futuro
deberían hacerte llorar. Suponte sólo que te enfermas y no puedes trabajar, o
imagínate que las personas que hoy te dan trabajo se van de aquí y no consigues
que nadie más te emplee, ¿Qué se supone que harás?
¡Cállate!, le dijo la anciana pobre; ¡Yo nunca supongo nada!
El Señor es mi pastor, y sé perfectamente que nada me faltará. Y mira,
-continuó diciendo a su melancólica y hasta mal intencionada hermana, todas
esas suposiciones son las que están haciendo que no puedas hacer nada, Lo mejor
que podrías hacer es, abandonar todas esas suposiciones y confiar en el Señor.
Correcto. Más que correcto, correctísimo. Hay un texto en
nuestras Biblias que puede terminar con todas las suposiciones de la vida de un
creyente, si se recibe y se aplica con una fe simple, casi infantil. Dicho
texto se encuentra en Hebreos 13:5-6 y dice:
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que
tenéis ahora; porque él dijo: no te desampararé, ni te dejaré; de manera que
podemos decir confiadamente: el señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda
hacer el hombre.
El águila que se remonta por el aire más elevado, jamás se
preocupa por cómo cruzar los ríos. Ten en cuenta que cuando la Biblia toca el
tema de la incredulidad, quizás esté refiriéndose a ti y a tus feas
suposiciones. Porque la Biblia no fue escrita para el mundo incrédulo, fue
escrita para la iglesia.

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