(Marcos 4: 37) = Pero se levantó una gran
tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se
anegaba.
Algunas
de las tempestades de la vida ocurren rápidamente:
una gran aflicción, un disgusto desagradable, una derrota aplastante. Otras
vienen paulatinamente. Aparecen sobre
los bordes andrajosos del horizonte con un tamaño inferior al de la mano de un
hombre, pero la opresión que parece tan insignificante se extiende hasta llegar
a cubrir el cielo y abrumar a quien lo padezca.
Sin
embargo, en la tempestad es donde Dios nos equipa para el servicio. Cuando Dios
desea un roble, Él lo planta en un lugar donde las tormentas lo castigan y la
lluvia cae sobre él, y es en medio de la batalla con los elementos donde el
roble gana sus fuertes y magníficas fibras y se convierte en el rey del bosque.
Cuando
Dios quiere hacer un hombre, Él lo coloca en medio de alguna tormenta. La
historia del género humano siempre es brusca y tempestuosa. Ningún hombre se ha
formado por completo hasta que no se ha sumergido en el fondo de la tormenta y
ha hallado el cumplimiento sublime de la oración: Oh Dios, tómame, quebrántame, hazme.
Un
francés pintó un cuadro de un genio universal. En él aparecen oradores,
filósofos y mártires; es decir, todos aquellos que han hecho algo prominente en
alguna fase de la vida. El hecho extraordinario en el cuadro es este: que todo
hombre que es prominente por su habilidad, ha sido primero prominente en el sufrimiento.
En el
primer plano está el hombre a quien se le negó la tierra prometida, Moisés. A
su lado hay otro sintiendo su camino –el ciego Homero-. Milton está allí ciego
y descorazonado. También hay la figura de uno que se eleva sobre todos los
demás. ¿Cuál es su característica? Su Rostro está desfigurado más que el de
ningún otro hombre. El artista podía muy bien haber escrito debajo de aquel
gran cuadro, “La Tempestad”.
La
belleza de la naturaleza se produce después de la tempestad. La belleza abrupta
de la montaña, nace de la tormenta, y los héroes de la vida son aquellos que
llevan las señales de la batalla y han sido limpiados por la tormenta. Tú has
estado entre las tempestades y has sido tocado por los vientos. ¿Te han dejado
quebrantado, fatigado y golpeado en el valle, o te han elevado a las cumbres
solares de una visibilidad más rica, más profunda y más estable?

4 comentarios:
Estoy en esta tempestad pero agarrada de la mano de mi padre que me ha dicho yo estoy con tigo.
Te amo señor.
Yo creo en ti Señor...
Por los que han tenido el privilegio de subir en avión, es como volar en la tormenta, sacudido, y temiendo la caida, luego yendo siempre hacia arriba, se pasa por las espesas nubes, sin visibilidad alguna, y de golpe te dealumbra el sol, la calma, y el extraordinario tapiz de algodon de las nubes que se extiende hasta el horizonte. Paz... subir, subir, con indecible esfuerzo, como los discipulos remando hacia la orilla, y de pronto El nos espera, con esta sonrisa en el rostro, vestido de luz y hermosura, nuestro Amado.
Paz a todos, amados compañeros de tribulación.
Aqui un ejemplar quebrantado, fatigado y golpeado apenas tallando los ojos para una visibilidad más rica, más profunda y más propia...
Paz a todos los creyentes
Un abrazo Nestor
Adriana Gamboa
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