10/07/2016

Cuando se Demoran las Respuestas

 (Génesis 26: 24) = Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo Soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y yo bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.

Apareció la misma noche, la noche en que fue a Beer-Sheba. ¿Crees que esta revelación fue una casualidad? ¿Crees que el tiempo en que ocurrió también lo fue? ¿Crees que podría haber acontecido en otra noche cualquiera lo mismo que en esta?

Si es así, has cometido una falta de gran gravedad. ¿Por qué le aconteció a Isaac en la noche en que llegó a Beer-Sheba? Porque fue en la noche en que halló descanso. En su antigua localidad había estado atormentado. Hubo una serie de riñas pequeñas sobre la posesión de ciertos pozos mezquinos.

No hay molestias tan grandes como las pequeñas inquietudes, especialmente si existe una acumulación de ellas. Isaac se dio cuenta de esto. Aún después de haber pasado la contienda, el lugar dejó un recuerdo desagradable. Él decidió marcharse. Buscó un cambio de escena.

Él quitó su tienda del sitio en que tuvo lugar la contienda. Aquella misma noche tuvo la revelación. Dios le habló cuando no tenía ninguna tormenta interior. Él no podía hablar cuando tenía la mente irritada. Su voz reclama el silencio del alma. Solamente en el silencio del espíritu fue como Isaac pudo oír el susurro de la voz de Dios. Su noche silenciosa, fue su noche estrellada.

Alma mía, ¿Has pensado sobre las palabras, “Está quieto y conoce?” En la hora de la perturbación no puedes oír la contestación a tus oraciones. ¡Con cuanta frecuenta te ha parecido que la respuesta la has recibido mucho después! El corazón no obtiene respuesta en el momento de su clamor, de su trueno, de su temblor de tierra y de su fuego.

Pero cuando cesa el clamor, cuando viene la calma, cuando tu mano deja de llamar en la puerta de hierro, cuando tu interés por las vidas de otros rompe la tragedia de la tuya, entonces aparece la respuesta tan retardada. Tú debes tener paz si quieres obtener el deseo de tu corazón.

La pulsación de tus necesidades también debe no alterarse. Esconde la tempestad de tu turbación personal detrás del altar de una tribulación común y esa misma noche el Señor se te aparecerá. El arco iris se extenderá por el lugar de la inundación calmada, y en tu quietud oirás la música eterna.

Y nunca jamás te olvides de esto que estás leyendo hoy y que puede cambiar para siempre tu vida: las lecciones más grandes que recibimos, no son las que aprendemos en los colegios o en las universidades, sino las que nos llegan en el silencio del alma, en la presencia rotunda de Dios.

1 comentario:

cesar dijo...

Jamás lo olvidaré mi Señor...