No sé en cuantas ocasiones te
habrán enseñado o predicado algo a partir del relato del hijo pródigo. Hay
lugares en donde casi es materia semanal. Recuerdo haber recibido en nuestra
última congregación a un matrimonio que venía de otra iglesia muy molesto porque
allí sólo se predicaba sobre el hijo pródigo. O sea que el relato del hijo
pródigo es seguramente para ti muy familiar, así que no voy a entrar en los detalles
de la historia. Sin embargo, quiero decir que no se trata principalmente del
hijo perdido. Por el contrario, se trata del deleite del padre.
Ciertamente, la parábola del hijo
pródigo es acerca del retorno, pero no es sólo del hijo que por fin vuelve a
casa, sino también de lo que le aguarda al hijo en casa. Se trata de la gracia,
el perdón y la restauración. Lee la historia de nuevo y te darás cuenta de que
ésta no termina cuando el hijo regresa, lo que resulta significativo. ¿Qué es
lo que mantiene al hijo en casa? ¡Es el conocimiento de que su padre se deleita
en él! Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido, estaba perdido y lo
hemos encontrado. Y comenzaron a regocijarse... [con] la música y el baile (Lucas
15:24-25).
El padre del hijo pródigo nunca le
reprendió, no lo condenó, ni siquiera habló de su fuga. En cambio, derrochó una
gran fiesta e invitó a todos los amigos de la familia y vecinos. El padre había
estado esperando a que su hijo volviera a casa y ahora esto había acontecido. El
hijo pródigo protestó al principio. Le dijo a su padre: "No, no. Yo soy indigno." Pero su padre no le hizo caso,
al contrario, pidió que le pusieran vestido nuevo sobre sus hombros, anillos en
sus dedos y zapatos en sus pies.
Ahora todo lo que el padre poseía
una vez más estaba a disposición del hijo. Y hubo gran alegría, con música,
baile y fiesta. Creo que el amor trajo a este joven a casa. Pero fue el deleite
del padre lo que le mantuvo allí. Observa que el hijo pródigo se mantuvo con el
padre por el simple hecho de levantarse cada día para ver que su padre estaba
contento con él en casa. Su padre estaba encantado de tenerlo presente con él. Además,
todo aquello que en la vida de aquel joven había sido comido por el pulgón,
estaba siendo restaurado.
He conocido a muchos que son como
el hijo pródigo. Ellos pueden enfocarse sólo en lo que se perdió años atrás: un
cónyuge, hijos, ministerio. Ellos sienten que el Señor los amonesta y puede ser
doloroso, pero Jesús les dice en esta parábola: "Nada se pierde en mi Reino. Vas a ser más fuerte a través de esto.
Estás en casa ahora y mi gracia te restaurará totalmente."

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