El profeta Ezequiel recibió una
visión increíble. La Escritura dice que la mano de Dios lo llevó a un monte muy
alto, cuando un hombre se le apareció cuyo aspecto era como aspecto de bronce.
(Ezequiel 40:3) Por supuesto, el hombre no era otro que Cristo mismo.
Él introdujo a Ezequiel en la puerta de la casa de Dios donde dio al profeta la
asombrosa visión del futuro del pueblo de Dios. Puso de manifiesto lo que el
cuerpo de Cristo será cuando el fin de los tiempos se acerque.
Él me trajo de nuevo a la puerta
de la casa [el templo], y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa
hacia el este... (Ezequiel 47:1). Imágenes de agua en la Biblia casi siempre representan al Espíritu de
Dios. Esta visión claramente revela un gran derramamiento del Espíritu Santo en
los últimos días. La visión fue tan abrumadora que Ezequiel no podía comprenderla.
Ni siquiera podía hacer comentarios sobre su significado. Todo lo que podía
hacer era informar sobre ella.
De hecho, antes de que la visión terminara, el
Señor se detuvo y le preguntó a Ezequiel: "¿Has
visto esto?" Dios estaba preguntando: "¿Comprendes la magnitud de lo que estás viendo? ¿Ves de lo que
estas aguas crecientes hablan? Sé que esta revelación es impresionante y
alucinante para ti, pero no quiero que pierdas su verdadero significado. Las
aguas indican el camino por el que todas las cosas terminarán".
El profeta Isaías tuvo una visión del mismo río que apareció en la
visión de Ezequiel. Sin embargo, Isaías vio aún más. De acuerdo con Isaías, en
los últimos días el pueblo de Dios va a disfrutar de una gran protección contra
todo ataque satánico: Ningún
barco de remos surcará sus aguas, ni barcos poderosos navegarán por ellas
(Isaías 33:21). Isaías está hablando aquí de los buques de guerra
impulsados por esclavos.
Él nos está dando una imagen del enemigo, el
diablo, en su intento de lanzar un ataque contra todos los que nadan en el río.
Ésta es una imagen muy confusa. Dios nos aclara en estos pasajes que sus aguas
vivas están fuera del alcance de Satanás. Como el salmista testifica: ¡Haz que queden confundidos y en vergüenza los
que quieren matarme! ¡Que retrocedan y queden confundidos los que buscan mi
mal! ¡Que sean como el tamo que arrebata el viento! ¡Que el ángel del Señor los
acose! ¡Que sea su camino oscuro y peligroso! ¡Que el ángel del Señor los
persiga! (Salmo 35:4-6).
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