11/05/2012

Tierra


Cada día estoy más pleno en certeza que la Biblia es un inmenso compendio de contenidos espirituales, que si no se cuenta con la ayuda divina del Espíritu Santo de Dios, único Maestro real y genuino, resulta imposible develar. A lo sumo, nadie irá mucho más allá de enterarse de algunos pormenores de la historia hebrea y, en ciertos casos, hasta permitirse pensar la herejía de suponer contradicciones en el texto. Fíjate, por ejemplo: Dios le dio a nuestro antepasado Abraham la tierra de Canaán “en heredad perpetua”. En hebreo, la palabrea “perpetua” significa que nunca acaba. Tú puedes pensar, “Abraham tenía que haberse regocijado sobre esto. Dios le prometió a sus descendientes una tierra permanente, tan lejos como ellos podrían ver, porque perduraría por toda la eternidad.”
Sin embargo, el Nuevo Testamento parecería decirnos que el mundo será destruido por fuego, quemado completamente, dejando de existir, para que el Señor forme un
nuevo cielo y una nueva tierra. Entonces tú puedes preguntarte: ¿Cómo puede esta “heredad perpetua” de Dios hacia Abraham ser sólo un pedazo de tierra? ¿Cómo puede eso ser eterno? El hecho es, que esta tierra de promesa era un lugar simbólico más allá de la tierra. Yo creo que Abraham sabía esto en su espíritu. La Biblia dice que mientras Abraham vivía en Canaán, él siempre se sentía extranjero: Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida, como en tierra ajena (Hebreos 11:9). ¿Por qué era esto? Era porque el corazón de Abraham anhelaba por algo más que un terreno. Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Hebreos 11:10). Abraham podía ver el verdadero significado de la bendición de la tierra, y se dio cuenta que “Esta tierra no es la verdadera heredad. Es sólo un sermón ilustrado de la gran bendición que viene.” Abraham captó el verdadero significado de la Tierra Prometida; él sabía que Canaán representaba al Mesías que había de venir. Jesús mismo nos dice, Abraham se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó (Juan 8:56). El Espíritu Santo permitió a este patriarca mirar hacia los años venideros, a la venida de Cristo. Él sabía que el significado de su tierra prometida era un lugar de paz y descanso total. Y, como Abraham supo, ese lugar de descanso es el mismo Jesucristo. Así es, el Señor Jesús es nuestra heredad prometida. Nosotros somos de él, pero él también es nuestro. Y Dios nos invita a obtener nuestra heredad perpetua por simple fe. ¿Te das cuenta cómo, una simple profundización nos lleva a lugares en el que no hemos estado antes? ¿A ti te habían enseñado otra cosa? A mí también, pero Dios es bueno y nunca dejará que sus hijos genuinos militen en terrenos de ignorancia.

2 comentarios:

M.E.R.Q. dijo...

...que bueno...por que es cierto, uno a veces se hace muchas preguntas y si seguimos el curso de la razón cuando leemos la Biblia vamos a cometer muchoooooooossssss errores,...lo mejor de todo esto es que EL nos enseña con SU Espíritu que "no hagamos tesoros en la tierra" y aquí si se refiere a esta tierra literalmente, nos enseña a que no nos atemos a nada...conoce nuestro corazón!!!!...sabe que somos proclives a "amar" cosas materiales, pero nos da enseñanzas y guía como estas para que apuntemos" a las cosas de arriba", para que nos acostumbremos a mirar desde el lugar donde EL nos puso, "sentados juntamente con EL en lugares celestiales" y así poder caminar en SU VERDAD....cuanto cuidado, hasta en el mas mínimo detalle, cada día mas!!! GRACIAS PADRE, EN EL NOMBRE DE JESÚS, GRACIAS!!!!....un abrazo enorme queridos hermanos, paz en Cristo.

Ariel dijo...

  Bueno, esto sí que me gustó! Abram es todo aquel que se anima a salir de(), para ingresar a otra gloria, para que Yo Soy, le diga: ahora te llamas Abraham!
   Salir de dioses, para seguir a Dios!
  Vaciarnos de, para llenarnos de Él. Saludos!