11/28/2012

Murmuraciones


A diario recibo correos de todas partes del planeta de habla hispana, de hermanos fieles y temerosos de Dios que me piden opinión sobre tal o cual ministro, sobre tal o cual ministerio o sobre tal o cual doctrina. Yo respondo casi siempre teniendo en cuenta un precepto que aprendí en el periodismo secular: jamás emitas opinión sobre lo que desconoces en profundidad. Y, mi amado hermano, salvo este ministerio y mi propia vida personal, todo lo que conozco sobre el resto, es muy limitado como para arrogarme la facultad de opinar alegre e irresponsablemente. Que haya quien lo hace, allá cada uno delante de nuestro Señor; Él juzgará. Por eso, y supongo que al igual que muchos otros hombres y mujeres de Dios, esta es mi oración diaria. Mientras el temor se esparce y la incertidumbre abunda, oremos para que el Espíritu Santo nos muestre que la murmuración y la queja son señal de que somos impacientes y desconfiamos de nuestro Señor. En Éxodo 17, Moisés se refirió a la murmuración como “tentar a Dios.” Los hijos de Israel habían llegado a Refidim y no había agua para beber. ¡La duda de incredulidad se esparció por todo el campamento! La gente se olvidó de las anteriores veces en las cuales Dios los había librado de sus aflicciones y
comenzaron una vez más a dudar de que Dios estuviera con ellos. Ellos lloraban diciendo, “Dios, ¿por qué nos sacaste de Egipto? ¿Por qué no nos dejaste morir allá en lugar de traernos a este lugar para matarnos?” Ellos estaban listos para apedrear a Moisés. Con gran misericordia, Dios les dio agua de la roca, pero el Señor hizo que aquel lugar se llamase Masah y Meriba – murmuración y queja. Era un lugar que no debería ser olvidado en el futuro de Israel. Creemos tener el derecho de murmurar y de quejarnos porque nuestras aflicciones en particular son tan dolorosas, tan difíciles. Ha habido momentos en los que seguramente hemos sido culpables de tentar a Dios de esta manera, pero mientras leemos Éxodo 17 una y otra vez, un temor reverente de Dios emociona nuestra alma – “Dios toma este asunto muy en serio.” Él nos ha ayudado tanto en el pasado y nos ha probado su fidelidad cada vez. La pregunta es, ¿cuándo confiaremos completamente en él? ¿Cuándo confiaremos completamente en su promesa de guardarnos, de amarnos, de ser nuestro Padre, nuestro protector? Necesitamos que el Espíritu Santo nos ayude. Yo te imploro a ti que no murmures ni te quejes, porque los que se agarran firme de la fe, ésas personas serán bendecidas. Que Dios nos ayude a que esta sea la actitud de nuestro corazón para los tiempos que se avecinan. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Si tú pudieses saber cómo todo esto aquí se resolverá para la gloria de Dios, tú descansarías en la Palabra de Él y no en tus opiniones, elucubraciones o conjeturas.


3 comentarios:

cesar dijo...

Amen...

cesar dijo...

Buenas noches Don Nestor...Dios le bendice...

M.E.R.Q. dijo...

Que real,actual y preocupante, la queja con su hermana murmuración se han instalado en la vida de los cristianos de una forma tal que lo damos por normal, ni siquiera nos damos cuenta la diferencia entre decir lo que está mal y quejarnos o murmurar por lo que está mal, esto hablando de lo cotidiano de los problemas y situaciones que nos tocan enfrentar, obviamente dejando de lado la murmuración- chisme o chusmerío, que ya raya en lo intencional y vicioso, que también necesitamos pedir a nuestro Padre celestial perdón y liberación, y nosotros romper con los viejos hábitos.....gracias Padre por edificarnos en esta área de nuestras vidas, permite que Tu Espíritu Santo traiga convicción de pecado para que sea de crecimiento en nosotros, bendecimos a Tu hijo por ser un fiel transmisor de Tu Palabra, en el nombre de Jesús.....un abrazo en Cristo.