Los creyentes, y hablo
de los genuinos, no de esas cosas religiosas que pululan por los templos
recitando muletillas de memoria y procurando granjearse las simpatías de los
líderes con motivos de conveniencias personales, conocemos al Espíritu Santo. Y
por conocerlo, -unos más, otros menos-, sabemos que tiene su tiempo. En el
propio tiempo de Dios, todas nuestras oraciones serán respondidas –de una u
otra manera– pero el problema es que, tenemos temor de someter nuestras
oraciones al escrutinio del Espíritu Santo. Algunas de nuestras oraciones
necesitan ser purgadas debido a que muy a menudo nuestra fe es malgastada en peticiones sin madurez. No sabemos cómo orar “Hágase tu voluntad”. Porque no queremos tanto su voluntad sino aquéllas
cosas que se nos permiten por su voluntad. Siempre recuerdo a un hermano ya
anciano que solía decir, medio en broma, medio en serio, cuando oraba: “Señor, haz tu voluntad…siempre y cuanto
esté de acuerdo con la mía…” Abraham ejercitó su fe para continuar recordándose
a sí mismo que él era un extranjero en esta tierra. La bendición de su pacto
produjo tan sólo una carpa donde vivir, porque él puso toda su fe en aquella
ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. ¿No estaban viviendo por fe
algunos de estos guerreros de la fe? ¿Se rehusó Dios a contestar algunas de sus
oraciones? Después de todo, no todos ellos fueron liberados y no todos vivieron
para ver sus oraciones contestadas. No todos fueron librados del dolor,
sufrimiento ni aun de la muerte. Algunos fueron torturados; otros fueron
aserrados, anduvieron de acá para allá, pobres, angustiados y maltratados. Algunos,
aún con reputación de tener gran fe, “ninguno de ellos…recibieron lo prometido”.
Aquellos que “alcanzaron promesas” usaron su fe para hacer justicia, para sacar
fuerzas de la debilidad y para poner en fuga a ejércitos. No te preocupes de si
Dios te está respondiendo “Sí” o “No” a la petición que le hayas hecho. No estés
abatido cuando la respuesta no viene, y por favor, deja de concentrarte en fórmulas
y métodos de fe. Tan sólo encomienda tu oración a Jesús y continúa tu vida
cotidiana con confianza. Él no se adelantará ni se retrasará ni un momento en
contestar, y si la respuesta que tú esperas no aparece pronto, dile a tu
corazón, “Él es todo lo que necesito. Si
necesito más, él no me lo mezquinará. Él contestará en su tiempo y a su manera.
Y si él no me concede mi petición, él tendrá una perfecta razón por no hacerlo.
No importa lo que suceda, yo siempre tendré fe en su fidelidad.” Que Dios nos perdone si estamos más preocupados
por conseguir que nuestras oraciones sean respondidas en lugar de aprender a
estar totalmente en sumisión a Cristo mismo. No aprendemos obediencia por las
cosas que obtenemos sino por las cosas que sufrimos. ¿Estás tú dispuesto a
aprender mediante un poco más de sufrimiento con lo que parece ser una oración
que no ha sido respondida? ¿Descansarás tú en el amor de Dios mientras esperas pacientemente
por la promesa? Yo no tengo tus respuestas; ¿Tú las tienes?

2 comentarios:
...hablo por mi vida, las formulas y métodos de fe han hecho desastres...ayer hablábamos con mi esposo de lo que es el señorío de Cristo en nosotros, que poco que lo hemos entendido y menos vivido aun, y lo podemos ver cuando no recibimos respuesta a una oración que hicimos en una situación critica o en base a algún deseo que tenemos, .....las respuestas creo que las tenemos, lo que a veces no tenemos es la decisión de dejarle señorear...y gracias a Dios que cada día nos da la salida juntamente con la prueba, por que nos quiere aprobados para que disfrutemos de SU respuesta...un abrazo en Cristo...
Amén. Bueno es esperar callando... pero que Él siempre nos mire, no nos deje; En Dios y Con Dios, nada falta
Publicar un comentario