9/21/2012

Promesas


Muchos de los que leen estas reflexiones concurren a congregaciones evangélicas de diferentes partes del mundo. Lo que allí reciben es diverso y disímil. Algunos bastante y otros muy poco, pero todos tienen algo para meditar. No lo censuro, es lo que hay y hoy por hoy, cuando decimos iglesia, es eso lo que existe. Por esa razón, siempre elijo hablar de las cosas que sé perfectamente que menos se tratan en las congregaciones tradicionales. Esta es una. La Palabra de Dios nos dice en términos muy claros: Seguid…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Aquí está la verdad, clara y simple. Sin la santidad que es impartida sólo por Cristo (ese precioso regalo que honramos llevando una vida devota a obedecer cada una de sus Palabras) ninguno de nosotros verá al Señor. Y esto no se refiere solamente a un futuro espiritual, sino a nuestra vida presente también. Sin santidad, no veremos la presencia de Dios en nuestro caminar diario, nuestra familia, nuestras relaciones, nuestro testimonio o nuestro ministerio. No importa a cuantas conferencias cristianas nosotros atendemos, o a cuantos mensajes escuchemos, o a cuantos estudios Bíblicos asistamos. Si guardamos escondido un pecado canceroso, si el Señor tiene una controversia con nosotros sobre nuestra iniquidad, entonces ninguno de nuestros esfuerzos producirá fruto divino. Por lo contrario, nuestro pecado crecerá más contagioso e infectará a todos los que estén alrededor nuestro. Por supuesto, este tema va más allá de las lujurias de la carne, y tiene que ver también con la corrupción del espíritu. Pablo describe este mismo pecado destructivo cuando dice, Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor (1 de Corintios 10:10). Así que, amado santo, ¿permitirás tú al Espíritu Santo que trate con las lujurias que estás albergando? ¿Buscarás y confiarás en el escape que Dios ha provisto para ti? Te exhorto a que cultives un temor santo y confianza para estos últimos días. Lo mantendrás puro, no importa cuán fuerte ruge la maldad alrededor tuyo. Y harás posible que camines en la santidad de Dios, la cual contiene la promesa de su perdurable presencia. Es un asunto de fe. Cristo ha prometido mantenerte sin caída, y darte poder para resistir al pecado - si tú simplemente crees lo que él ha dicho. Así que créele a él por este temor divino. Ora para recibirlo y tómalo. Dios cumplirá su Palabra. Tú no puedes escaparte de las garras mortales del pecado acosador por medio de tu propia voluntad, con tus promesas, o por ningún esfuerzo humano solamente. No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos (Zacarías 4:6). Algunos cristianos aconsejan no hablar demasiado de estas cosas porque, -dicen-, crean culpas. Puede ser, pero prefiero verte un par de días luchando con un espíritu de culpa y no toda una eternidad perdido.


2 comentarios:

M.E.R.Q. dijo...

Gracias Padre!!! por que nuevamente el Espíritu Santo nos guía a toda verdad por la promesa que nos hizo Jesucristo!!!.... Espíritu Santo cumple Tu propósito en mi...enseñanza también aprehendida de la mano de nuestro hermano Nestor...un abrazo en Cristo, paz para ti y tu flia..

cesar dijo...

"¿permitirás tú al Espíritu Santo que trate con las lujurias que estás albergando? ¿Buscarás y confiarás en el escape que Dios ha provisto para ti?"
................Gracias.
sin comentarios...gracias Don Nestor...Dios le bendice...gracias...