Siempre recuerdo con
algo de humor a una hermana que llegó a la que en ese momento era mi
congregación, procedente de otra de la misma denominación, pero mucho menos
crecida. Cuando le preguntaban la razón de su salida, ella comentaba que era
porque el pastor de aquella iglesia no tenía palabra y se la pasaba domingo
tras domingo predicando siempre el mismo mensaje: el hijo pródigo. Es que es
difícil resistir a la tentación porque llega a ser un muy buen mensaje, ese. Y
siempre hay un modo diferente de mirarlo. Por ejemplo, yo creo que el hijo
pródigo volvió a su hogar, a causa de su historia con su padre. Este joven
conocía el carácter de su padre y aparentemente había recibido mucho amor de
parte de él. De otra forma, ¿por qué regresaría donde un hombre que se habría
airado y vengado, que le habría golpeado y obligado a devolver hasta el último centavo que se llevó? De seguro, el pródigo
sabía que si regresaba, no sería reprendido ni condenado por sus pecados.
Quizás pensó: “Sé que mi padre me ama. No
me echaría mi pecado en mi cara. Me aceptaría de vuelta”. Cuando uno tiene
ese tipo de historia, uno siempre puede volver a casa. Nota cómo el padre del
pródigo le “sale al encuentro” con la bendición del bien. El joven estaba
dispuesto a ofrecer una confesión de corazón a su padre, porque la estuvo
ensayando durante todo el camino de regreso. Sin embargo, cuando se encontró
con su padre, ni siquiera tuvo la oportunidad de confesar todo. Su padre lo
interrumpió, corriendo hacia él y abrazándolo. Y cuando aún estaba lejos, lo vio
su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y
le besó (Lucas 15:20). El padre estaba tan feliz por el regreso de su
hijo, que lo llenó de besos, y dijo: “Te amo hijo. Ven a casa y sé
restaurado”. El padre hizo todo esto, antes de que su hijo pudiera terminar
su confesión. El joven pudo liberar sólo la primera parte de su discurso. Pero
su padre no esperó a que terminara. Para él, el pecado del joven había sido ya arreglado.
La única reacción del padre fue emitir una orden a sus siervos: “Pónganle un vestido a mi hijo y anillos en sus
dedos. Preparen una fiesta, porque vamos a celebrar. ¡Alégrense todos, porque
mi hijo está en casa!”. El pecado no era el asunto para este padre. El único
asunto en su mente era el amor. Él quería que su muchacho supiera que era
aceptado, aun antes de poder pronunciar su confesión. Y ése es el punto que
Dios quiere mostrarnos a todos: Su amor es más grande que nuestros pecados. Su
benignidad te guía al arrepentimiento (Romanos 2:4).

3 comentarios:
Hoy, meditaba acerca de esa característica tan impersonal de nuestra manera de concebir al Creador..."Dios es Amor" pero le vemos tan exactor de la norma, de la disciplina, que mejor nos arrojamos en el modelo de Padre material, físico, para mejor allí, derramar o esperar o poner, todas aquellas frases y sentimientos de Amor y Ternura...cuando leo pasajes como este, entonces comprendo completamente que El, entiende el limite de nuestra imaginación emocional y mejor se oculta sutilmente en ese Padre físico, tan solo para bajarse un poco de su majestad soberana, su trono universal y habitando en ese "padre" poder escuchar de su criatura, de su proyecto máximo, esas frases de amor que muchas veces le concedemos a otros...Entiendo a mi Padre a veces en esa terrible soledad en medio de Ángeles y gloria...le entiendo cuando recuerda la muerte de su Hijo...le entiendo cuando tuvo que arrojar a su máximo Ángel...le entiendo en su dolor en la expulsión del Paraíso...le entiendo tanto como Padre...que por ello le amo mas y tanto mas! porque, también es un Dios que ha perdido...lo ha perdido todo, para recuperarlo todo..Eres increíblemente bello Papa...te amo y siento que mis brazos, pueden contener el universo entero mientras ambos derramamos la misma lagrima de felicidad...
Don Nestor, amigo fiel, declaro una bendición sobre ti, hoy! ahora! en la eternidad! (declarado).
Bendiciones a mis amigos en la distancia...seguimos esperándolos y extrañándolos...Gracias Don Nestor, salud y paz! gracias, muchas gracias...gracias...
Es lo que el enemigo quiere quitarme, expresar el amor: cuando alguno de mis hijos ( o los tres en pandilla) me hacen pilatunas, de adolescentes y me propongo poner coraza, con sólo unas palabras de "lo siento, mami", me enternecen! es que el amor es la fuerza más grande, lo que no lo logra el amor creo que no lo logra nada.
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