Cuando Jesús miró los
tiempos desde sus días hasta los últimos días, creo que sintió lo mismo que tú
y yo sentimos hoy. Entonces advirtió sobre un terrible problema. Dijo a sus
discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos (Mateo 9:37).
Mientras leo estas palabras, me pregunto: “¿Cuál es la solución? ¿Cómo se pueden preparar más obreros para que vayan a las naciones? ¿Sigue siendo el
tradicional misionero la solución? ¿Los resultados nos dicen que así sea?”
Jesús dio inmediatamente la respuesta, en el siguiente versículo: Alguien debe orar para que estos obreros vayan a la cosecha. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies (Mateo 9:38). Tú seguramente pensarás: “Las puertas en todo el mundo se están
cerrando”. Puede ser cierto, pero no importa cuán cerradas estén algunas
naciones a nuestros ojos. Si Dios pudo destruir la Cortina de Hierro en Europa
y la Cortina de Bambú en el Asia, nada puede impedir que Él obre donde quiera. El
apóstol Pablo fue enviado como misionero a través del poder de la oración. Sucedió en Antioquía, donde los líderes de una iglesia oraban por la
cosecha. El primer viaje misionero de Pablo fue el producto de una reunión de
oración. Fue el resultado directo de hombres piadosos obedeciendo las palabras
de Jesús, de orar a Dios para que envíe obreros a la cosecha. Lo mismo es
cierto hoy. Debemos estar orando por la cosecha, tal como esos hombres de Dios
en Antioquía lo hicieron. El hecho es que, mientras oramos, el Espíritu Santo
está buscando en la Tierra, poniendo un sentido de urgencia en los corazones de
aquéllos que desean ser usados por Dios; tocando a su pueblo por doquier, apartándolos
para Su servicio. En Mateo 8, un centurión vino a Jesús para pedir la sanidad de
su siervo agonizante. Cristo le respondió: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado
fue sanado en aquella misma hora (Mateo 8:13). Creo que lo mismo sucede
con todos los que interceden por la cosecha. Mientras le pedimos a Dios que
envíe obreros, el Espíritu Santo está despertando el corazón de alguien en
algún lugar y no interesa dónde sucede. La poderosa verdad es que nuestras oraciones
están sirviendo para enviar obreros a la mies. Aplaudo la tarea de muchos
misioneros en distintos lugares del mundo necesitado. Pero también reconozco
que hay mucha gente ansiosa de emociones y aventuras, (dicho sea de paso
sustentada con dinero de otros), que dice ser enviada a las naciones cuando en
realidad no ha sido así. La tarea es orar para que Dios envíe esos obreros a la
mies, pero que sea irremediablemente Dios quien lo haga. Los hombres
evidentemente no han tenido los mejores resultados. Ah, y que sea a las
naciones hambrientas de Dios, no a lugares más aptos para vacacionar que para
predicar el evangelio, ¿Se entiende?

1 comentario:
Se entiende, si Señor.
Don Nestor muchas gracias...todo absolutamente todo se estrella,si evalúo con sensatez el tiempo que dedico a la oración...y es terrible porque, es casi...nulo. (silencio).
también pienso que es el arma mas poderosa de todas en el universo. Lo siento mucho don Nestor porque no logro digerir muy bien este contenido sin sentir algo punzante que me hace reflexionar acerca de ese vacío que es la falta de dedicación a la oración...usted ha subrayado cosas acerca de la oración en el documento, y algo de mi se quedo precisamente ahí...y pesa. Pesa tremendamente. Gracias Don Nestor, un abrazo desde Colombia, deseo paz y salud sinceros para usted, los suyos y nuestros hermanos visitantes...
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