¿Cuántas veces en un mes oyes algo relativo a tornados, terremotos u otras calamidades
a través de toda la tierra? Cada día que despertamos escuchamos sobre otro
desastre. Aún algunos analistas devengados en alarmistas, dicen que estamos
presenciando los comienzos de una tercera guerra mundial. Los que no son
creyentes, están convencidos de que ya no quedan soluciones, que todo está
entrando en un caos porque no hay “un
gobierno sobre todas las cosas”. Pero el pueblo de Dios sabe lo contrario.
Sabemos que no hay razón para temer, porque la Biblia nos recuerda una y otra
vez que el Señor tiene todo bajo control. Nada sucede en el mundo sin su
conocimiento y gobierno. El Salmista escribe, Porque de Jehová es el reino y él regirá las
naciones (Salmo 22:28). De igual manera, el profeta Isaías declara al
mundo, Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros pueblos escuchad. Oiga
la tierra y cuanto hay en ella (Isaías 34:1). Él está diciendo, “escuchen naciones, y préstenme oído. Quiero
decirles algo importante sobre el Creador del mundo”. Isaías indica que
cuando la indignación de Dios se enardece contra las naciones y sus ejércitos,
es el Señor mismo quien los entrega a la matanza. He aquí, las naciones son para él
como la gota de agua que cae del cubo, y como polvo menudo en las balanzas le
son estimadas…Como nada son todas las naciones delante de él; para él cuentan
menos que nada…Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores
son como langostas… ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? (Isaías
40:15, 17, 22, 25). Isaías luego se dirige al pueblo de Dios, quienes
están maltratados y agitados por los eventos mundiales. El aconseja, Levantad
en alto vuestros ojos y mirad hacia arriba, al glorioso cielo: Admiren los
millones de estrellas que fueron puestas allí. Vuestro Dios creó y nombró cada
una de ellas. ¿No son ustedes para él más preciosos que ellas? Así que, no
teman. Debemos saber que hay un mapa en el cielo, un plan que nuestro Padre ha
diseñado para el curso de la historia. Y él conoce el final desde el principio.
Mientras este plan llega a su realización, yo creo que debemos de preguntarnos:
“¿Dónde está el ojo de Dios enfocado en todo esto?” El ojo de Dios no está
enfocado en los dictadores del mundo con sus ídolos de lata ni en sus amenazas. Las
escrituras nos aseguran de que las bombas de estos hombres salvajes, ejércitos
y poderes son nada para el Señor. Él se ríe de ellos como si fueran meras
partículas de polvo, que pronto él soplará y desaparecerán. “¡Pero
hermano! ¿Entonces usted cree en la predestinación? Sí, pero en la única que
existe: la predestinación de la iglesia, no la del hombre en particular. El
hombre, en todo caso, accederá a esa predestinación si un día, con la máxima
sinceridad y de modo totalmente genuino, da los pasos de fe suficientes como
para acceder a ser parte del Reino y la Iglesia.

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