La
verdadera iglesia de Jesucristo es la niña de los ojos de Dios. Sin embargo,
desde sus inicios, la iglesia ha experimentado apostasías y falsos maestros.
Las iglesias primitivas, aquellos cuerpos apostólicos fundados por Pablo y los
apóstoles, fueron instruidos por el pleno consejo de Dios. Nada “provechoso
para el crecimiento y determinación” fue negado a los seguidores de Cristo. Se
les dio la verdad, no sólo en palabra sino en demostración y en poder del
Espíritu Santo. Pablo le advirtió a Timoteo que el tiempo vendría en el que
algunos del pueblo de Dios no sufrirán la sana doctrina, sino que
teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias
concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas
(2 Timoteo 4:3-4). La historia registra que esto
sucedió tal como Pablo lo predijo. Después de la muerte de los apóstoles, y de
la generación que fue enseñada por ellos, una conspiración de error perverso
inundó la iglesia. Los creyentes eran seducidos por doctrinas extrañas; y la
ciencia y la filosofía minaron la verdad del evangelio de Cristo. Considera
lo que Pablo dijo sobre la pureza de la iglesia de Cristo: …Cristo amó a la iglesia, y se
entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el
lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una
iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga…sino que fuese santa y sin
mancha (Efesios 5:25-27). La gran
preocupación de Dios no es por la iglesia apóstata. Incluso las apostasías no
podrán matar o destruir a la iglesia de Jesucristo. A pesar de estos problemas,
Dios tiene todo bajo control, y su iglesia invisible, mística y vencedora no
morirá. Por el contrario, el río del Espíritu Santo está fluyendo hacia el “mar
muerto” de iglesias apóstatas, exponiendo la iniquidad y la tibieza. Y
produciendo que una nueva vida emerja. Aquéllos
que se han tornado de iglesias muertas, sin vida, pueden no ser otra cosa que
un remanente. No obstante, Jesús declaró: “Los
campos están blancos para la siega y aún hay tiempo para que los obreros vayan
al campo”. En ninguna parte de la Biblia dice que el Espíritu Santo ha
huido de la escena, dejando atrás una cosecha marchita. El Espíritu de Dios
sigue obrando, convenciendo de pecado, tocando y atrayendo a los perdidos a
Cristo, incluso a los apóstatas. La nube
de testigos celestiales nos diría que no busquemos el juicio, que no nos
enfoquemos en “guardar nuestra posición”. Todavía es el día del Espíritu Santo,
que está a la espera de llenar a toda vasija dispuesta. Dios sigue amando a su
iglesia, ¡con manchas y todo! Pero a la genuina, que no es Babilonia.
1 comentario:
Antes de leer este comentario, una palabra fuerte alentó mi espíritu porque me había levantado triste, temerosa..."Aquel día se dirá: una viña de vino, de ella cantad. Yo, el Señor, soy su guardador; a cada momento la riego, para que nadie la dañe, la guardo noche y día. No tengo furor. Si alguien me da zarzas y espinos en batalla, los pisotearé, los quemaré completamente. A no ser que él confíe en mi protección, que haga la paz conmigo, que conmigo haga la paz.
Y sucederá en aquel día..., y vosotros seréis recogidos UNO A UNO, oh hijos de Israel." Is.27:2-5y 12. -énfasis mío-
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