9/30/2015

¡Vísteme!

               Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:11).
               Mucho se ha predicado y enseñado respecto a la famosa “armadura de Dios”, especialmente en todos aquellos que incursionan o desean incursionar en lo que llamamos “la guerra espiritual”. Sin embargo, no todos han prestado debida atención a sus estados íntimos y personales a la hora de emprender la batalla.
               Han tomado con ligereza a esa guerra, viéndola más como una fantasía de ciencia-ficción ilustrada que como una realidad cotidiana, dura y a veces trágica. De allí que esta simbólica carta a Jesús de alguien en estado de plena humildad que encontré entre tanta cosa que anda girando en la cibernética, pueda darte una mejor claridad al respecto. Dice así:
               “Querido Jesús, Tú me dices que resista al diablo y él huirá de mí, pero yo no tengo ningún poder de resistencia. Tú eres el que tiene todo el poder y la resistencia que pueda necesitar, así que te ruego que me des ese poder para resistir.  Tú dijiste que podía mover montañas  si yo tuviera fe inclusive del tamaño de un grano de mostaza; sin embargo, mi montaña no se moverá, a pesar de que mi fe en ti es tan grande como la puedo concebir.
               Tú hiciste los cielos y la tierra; por favor, mueve mi montaña. Tu dijiste: "Huid del mal!" así que corrí a toda prisa, pero el pecado me alcanzó en mi mejor momento de esfuerzo. Tú tienes el poder sobre todo el poder del enemigo, con milagros, señales y prodigios., líbrame de la trampa de Satanás. Aún no tengo la fuerza para ponerme toda la armadura, así que por favor, cual escudero, ¡Vísteme! Haz por mí lo que yo sé que no puedo hacer por mí mismo.”
               Vivimos predicando, proclamando, difundiendo, anunciando y hasta vociferando respecto a la libertad en Cristo, fundamentalmente los que hemos dejado atrás las castrantes estructuras de la religión hueca y vacía.
               Sin embargo, una gran mayoría de nosotros aún no ha entendido que, libertad en Cristo es, esencial y precisamente, absoluta dependencia de Él. Si no nos mantenemos aferrados a su mano, y nos postramos con total y absoluta transparencia y humillación a sus pues, tal como lo hace el anónimo autor de esa simbólica carta, muy difícilmente podremos acceder a esa clase de poder, ser vestidos con esa invencible armadura divina y cumplir en la realidad lo que tantas veces hemos repetido sin vivir: en Cristo somos más que vencedores.
               ¿Podrás decir amén? Hazlo, pero sólo si te comprometes a ponerlo por obra. Si no lo tienes claro, entonces por ahora calla, no digas nada. Aún estás desnudo. Y ningún soldado pelea y gana una guerra sin ropas.









9/26/2015

Cimientos

               Para que por la fe Cristo habite en sus corazones, y para que, arraigados y cimentados en amor, sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. (Efesios 3:17-19).
               En este versículo “arraigados y cimentados” significa "construir en virtud de un cimiento profundo y estable de conocimiento y comprensión del amor de Dios hacia ti." En otras palabras, ¡el conocimiento del amor de Dios hacia usted es la verdad fundamental sobre la cual todas las otras verdades deben ser construidas! Por ejemplo, el temor de Dios está basado en esta verdad.
               El santo temor de Dios no es sentir terror de que él esté listo para abatirle si lo descubre cometiendo alguna pequeña falta. Más bien, es el temor de su santidad contra la rebelión y de lo que él hace a los que aman más las tinieblas que a la luz. Los cristianos que viven en culpa, miedo y condenación no están "arraigados y cimentados" en el amor de Dios. Nuestro Padre celestial envió a su Hijo a morir por nuestros pecados y debilidades.
               Y sin conocer plenamente y comprender completamente este tipo de amor, usted ¡Nunca tendrá un cimiento estable o permanente! [Que Tú]. . . puede ser capaz de comprender. . . el amor de Cristo (Efesios 3:18-19). Aquí la palabra griega para “comprender” indica "apoderarse con avidez o echar mano de."
               El apóstol Pablo da los medios para que tú aproveches esta verdad y la conviertas en el fundamento de tu vida cristiana. Pablo te exhorta a que saques tus manos espirituales y digas: "¡Voy a echar mano de esto!" Tal vez tú eres asaltado por una tentación que no puedes quitarte de encima.
               O quizá tú tienes una sensación de no ser suficiente, una sensación de indignidad, o miedo a que el diablo te engañe y llegues a fallarle Dios. ¡Este es el día para que despiertes al amor de Dios hacia usted!
               Oro para que mientras tú lees este mensaje, algo golpee profundo en tu corazón, y  seas capaz de decir: "Esto tiene razón. Ese soy yo y ¡No quiero vivir de esta manera!" Ruego para que tú te apoderes de esta verdad que te abrirá los ojos y te ayudará a entrar por completo en un nuevo reino de alegría y paz en tu diario caminar con Él.


 






9/23/2015

Almacén

               ¿Estás cansado o cansada de vivir como un mendigo cuando todo lo que necesitas te ha sido provisto? Tal vez tu enfoque es erróneo. ¿Tiendes a hablar extensamente de tus debilidades, tentaciones y fracasos del pasado? ¿Al mirar dentro de tu propio corazón lo que ves te desanima? ¿Has permitido que la culpa se filtre en ti? ¡Entiende, debe mirar a Jesús, el autor y consumador de la fe! Cuando Satanás viene y apunta a cierta debilidad en tu corazón, tú tienes todo el derecho a responder: "¡Dios sabe todo de mí y aún me ama! Él me ha dado todo lo que necesito para alcanzar y mantener la victoria."
               Porque si nuestro corazón nos condena, Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todas las cosas (1 Juan 3:20). Él sabe todo sobre ti y todavía te ama lo suficiente como para decir: "Ven y obtén todo lo que necesitas. ¡El almacén está abierto!" Las puertas de su bodega están abiertas y sus riquezas están llenas a rebosar.
               Dios te está instando a: acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). ¿Cuántos años has estado afuera? Tú tienes un padre que ha desplegado un gran tesoro de provisión para ti, y el cual aún no has reclamado. La parábola del hijo pródigo nos muestra que por entrar y disfrutar del tesoro de su padre, el hijo pródigo lo obtuvo en dos sentidos. Él podía vivir su vida terrenal con el perdón abundante, la alegría, la paz y el descanso que le pertenecían, y cuando la muerte lo llevara a su herencia eterna, podría plenamente disfrutar de lo que había conocido ya en la tierra.
               De hecho, el pecado más grande fue cometido por el hermano mayor, el que se quedó en casa, quien caminó obedientemente y quien nunca dejó a su padre. Sí, es un pecado perder la esencia del Padre en una vida sensual y un espíritu fuera de control, pero es un pecado aún mayor rechazar el gran amor de Dios y dejar sin reclamar los abundantes recursos que nos dio pagando un alto precio.
               El hijo pródigo no fue castigado, reprochado o recordado de su pecado porque Dios no permitiría al pecado ser el foco de la restauración. Hubo verdadero arrepentimiento y dolor devoto. Ahora era momento de pasar a la mesa del banquete de la fiesta. El padre dijo al hijo mayor, "se había perdido, pero ahora está nuevamente en casa. ¡Es perdonado y es momento de alegrarse y ser feliz!" 
               Yo sé que aun hoy, a muchos cristianos este pasaje les parece injusto. Sin embargo, tengo una sola pregunta para hacerte que también deberé formularme yo mismo: ¿Qué conoces, o cuánto conoces respecto a la calidad y cualidad de la justicia de Dios? Si no tienes una respuesta contundente, será mejor que no analices la palabra de Dios, sólo acéptala, créela y ponla por obra ya mismo.









9/20/2015

Banquete

               Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor (Cantar de los Cantares 2:4). En la parábola del hijo pródigo la felicidad del padre no podía estar completa hasta que estuvo sentado en el salón de banquetes con su hijo. Tenía que asegurarse de que el muchacho sabía que había sido perdonado y su pecado borrado. ¡Ellos tenían que sentarse a la mesa y celebrar con el cordero!
               Si tú hubieras mirado por una la ventana ese preciso momento, tú habrías visto a un joven que acababa de entrar a una verdadera revelación del amor de Dios: ¡Él estaba bailando! Había música. Él reía y estaba feliz. ¡Su padre estaba contento por él, le sonreía!
               El hijo no estaba bajo una nube de temor. Él no estaba escuchando las viejas mentiras del enemigo: "¡Vas derecho hacia el chiquero! No eres digno de amor…". No, él aceptó el perdón de su padre y obedeció sus palabras referentes a venir y tomar para sí todo lo que necesitara.
               El hijo escuchó el susurro del padre para él y para su hermano mayor: Todo lo mío es tuyo. No hay necesidad alguna de tener hambre otra vez. No necesitas estar solo, pobre o aislado de mi provisión (Lucas 15:31).
               Aquí está la plenitud del amor de Dios, ¡el corazón mismo de todo esto! Con ello me refiero a que incluso, en nuestros momentos más oscuros, Dios no sólo nos abraza y nos trae de nuevo, sino que también nos dice: Sacad el ternero cebado, y comamos y celebremos! En mi casa hay banquete, hay un derroche de abundancia para mi amado! (Lucas 15:22-24).
               Hoy tenemos una promesa aún mejor: que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, (Efesios 3:19-20).
               Aquí está el amor de Dios que nos ha sido prometido: "Te ofrezco excesiva, abundante, plena provisión para toda crisis, y alegría a lo largo de toda tu vida. ¡Puedes venir a mi almacén y reclamarlo todo! "


 


9/18/2015

Autoridad

               Envió un varón delante de ellos, a José, que fue vendido como esclavo. Hasta la hora en que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová lo probó. (Salmo 105:17, 19). José fue probado y tratado en muchas formas, pero su mayor prueba fue la palabra que había recibido. Ten en cuenta todo lo que José soportó: con tan sólo diecisiete años, fue despojado y arrojado a un pozo para que muriera de hambre. El corazón frío de sus hermanos se burló de sus súplicas y lo vendieron a mercaderes ismaelitas que lo llevaron en caravana a un comercio de esclavos de Egipto y lo vendieron como un esclavo común.
               Sin embargo, la mayor prueba de José no fue el rechazo de sus hermanos ni la indignidad de ser convertido en un esclavo o de ser enviado a la cárcel. No, lo que confundió y probó el espíritu de José fue la clara palabra de Dios que él había oído. Dios le había revelado en sueños a José que se le daría una gran autoridad la cual sería usada para la gloria de Dios. Sus hermanos se inclinarían ante él y sería un gran libertador para muchas personas. Yo no creo que esto fue un regodeo ególatra de José.
               Su corazón estaba tan centrado en Dios que esta palabra le dio un sentido humilde a su destino: "Señor, has puesto tu mano sobre mí para formar parte de tu gran plan eterno". ¡José fue bendecido con sólo saber que jugaría un papel importante para lograr que la voluntad de Dios sucediera! Sin embargo, las circunstancias en la vida de José fueron justo lo contrario de lo que Dios había puesto en su corazón. ¡Él era el siervo que tenía que inclinarse! ¿Cómo podía creer que un día liberaría multitudes cuando él mismo era un esclavo?
               Él debió haber pensado: "Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede Dios ordenar mis pasos hacia la cárcel, hacia el olvido? Dios dijo que iba a ser bendecido, pero ¡Él no me dijo que esto iba a suceder! " Durante diez años, José sirvió fielmente en la casa de Potifar, pero al final fue juzgado mal y mintieron sobre él. Su victoria sobre la tentación de la esposa de Potifar sólo le llevó a la cárcel.
               Durante esos momentos, José debió considerar preguntas terribles: "¿He oído bien? ¿Mi orgullo inventó estos sueños? ¿Pueden mis hermanos estar en lo cierto? Tal vez todas estas cosas están sucediéndome para disciplinarme ante algún tipo de deseo egoísta en mi". Hubo ocasiones en que Dios me mostró cosas que Él quería para mí: ministerio, servicio, serle útil. Sin embargo, cada circunstancia resultaba contraria a la palabra que se me había dado. En esos momentos pensé: "Oh Dios, tú no me hablaste. Debió ser mi carne". Yo estaba siendo probado por la palabra que Dios me dio. No obstante, Dios nos ha dado sus promesas y podemos confiar en ellas, ¡en todas ellas!









9/13/2015

Tiempos

               José estaba en una de sus horas más oscuras, solo, abatido, a punto de renunciar a sus sueños, poniendo en duda su lugar en Dios. De repente, llegó la llamada de uno de los guardias del rey: "¡José, prepárese, Faraón le llama!" En ese momento, creo que el Espíritu de Dios vino sobre José y su corazón saltaba de emoción. ¡Estaba a punto de entender de lo que se trataba todo esto!
               Una vez que José se afeitó y arregló su cabello, probablemente pensó, "Este es el comienzo de lo que Dios me prometió. ¡Ahora sé que le oí! El diablo no ha tenido el control y mi vida no ha sido en vano. ¡Dios ha dirigido todo, todo el tiempo!" En cuestión de minutos, José estaba de pie delante de Faraón, escuchó acerca de sus sueños, dio la interpretación de la hambruna que venía y dijo al Faraón que tenía que recoger y almacenar el grano de la nación: "Alguien debe estar a cargo de los almacenes. Tienes que encontrar a un hombre que esté lleno de sabiduría para supervisar todo esto". (ver Génesis 41).
               Faraón miró a su alrededor y luego se volvió hacia José: "¡Tú, José! Te nombro segundo gobernante. Sólo yo voy a tener más poder que tú en el reino. Te encargarás de supervisar todo". ¡Cuán rápido las cosas habían cambiado!
               Llegó el día en que José se paró frente a sus hermanos y fue capaz de decir:  Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. (Génesis 50:20).
               Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.(45:7-8).
               Querido hermano, muy pronto vas a entender tus actuales pruebas de fuego. Dios te traerá a la promesa que te dio, y de repente todo tendrá sentido. Verás que Dios nunca te ha abandonado.
               Él te ha traído por este camino porque ha estado entrenándote, preparándote y enseñándote a confiar en Él para todo. ¡Dios ha planeado un tiempo para usarte y este tiempo está justo frente a ti!


 


9/05/2015

Favores

                  Hay una pregunta que todos nos hemos formulado alguna vez y que no siempre nos atrevemos a hacer pública: ¿Favorece nuestro Padre celestial a algunos de sus hijos? ¿Dice la Biblia que Dios no hace acepción de personas? Cuando se trata de la salvación y de sus maravillosas promesas, Dios trata a todos por igual, pero también Dios pone su especial favor sobre aquellos que responden sin reservas a su llamado y le entregan sus vidas por completo.
               Job dijo: Me diste vida y me favoreciste con tu amor (Job 10:12). David dijo:  Tú, Señor, bendices al hombre justo; tu favor lo rodea, como un escudo. (Salmo 5:12). Nuestro Padre celestial pone una prenda especial sobre aquellos que le entregan su corazón por completo: me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque él me vistió con vestiduras de salvación, me ha cubierto con el manto de la justicia (Isaías 61:10).
               José respondió al llamado del Espíritu entregando todo, y como un favor de parte de su padre, él recibió una túnica que lo distinguía de los demás. Pero, ¡el favor de su padre fue muy costoso! Le costó sus relaciones personales y trajo rechazo, incomprensión y burla: Todos sus hermanos… lo odiaban... (Génesis 37:4). ¿Por qué los hermanos de José estaban contra él? La clave está en el versículo 11: Sus hermanos le tenían envidia.
               Al ver la túnica que José llevaba, ellos sabían que ésta representaba favor y rectitud. Sus hermanos lo odiaban pues José les recordaba el llamado del Espíritu que ellos habían rechazado. ¡José era un reproche a su mediocre estilo de vida! Los hermanos de José holgazaneaban complaciéndose en chismorreos y charlas egocéntricas. Sus corazones estaban ocupados en las tierras, posesiones, el futuro, pero José estaba en otra parte.
               Él hablaba de las cosas de Dios, de las cosas sobrenaturales. Dios le había dado sueños que, en aquel tiempo, eran sinónimo de escuchar la voz de Dios. Creyentes tibios alrededor tuyo querrán hablar de sus autos, casas y empleo, pero tú preferirás hablar de las cosas eternas, acerca de lo que Dios está diciendo.
                Pronto tú te convertirás en un reproche a su indiferencia. Ellos te envidiarán porque tú representas el llamado del Espíritu Santo que ellos apagaron. Sí, José vestía una túnica diferente y esa diferencia hizo que fuera odiado y envidiado entre sus hermanos. Amado, ¡lo mismo te pasará si tú le perteneces por completo a Jesús!





8/29/2015

Compañía

             Déjame mostrarte lo que alguien dio en llamar “la Compañía José”, conformada en los últimos días por un cuerpo de creyentes completamente entregados al Señor. Ellos tienen comunión con Dios a diario y son guiados por el Espíritu en cada detalle de sus vidas. En este momento, ellos están saliendo de grandes pruebas para entrar en un lugar de revelación, sabiduría y de mucho fruto.
               Dios está obrando en ellos dándoles verdad y conocimiento, y muy pronto Él va a recurrir a ellos como lo hizo con José. En su mayor parte, la iglesia de hoy está experimentando gran hambruna espiritual: sermones superficiales, oyentes muertos, adoración "avivada" que no está respaldada por una vida de rectitud. Dios siempre ha trabajado muy por adelantado en vísperas de cada hambruna espiritual que enfrenta su iglesia ¡En cada generación Él ha obrado anticipadamente con el objetivo de preparar una salida a su pueblo!
               Los setenta y cinco miembros del clan de Jacob habrían muerto en la gran hambruna mundial (y la promesa de Israel habría sido destruida,) si Dios no hubiera estado trabajando con antelación. De hecho, veinte años antes de que llegara el hambre, Dios ya estaba poniendo en marcha un plan para salvar a su pueblo de la destrucción. ¡Dios envió primero a José a Egipto! Durante veinte años Dios trabajó en este hombre en aislamiento, tratándolo y preparándolo para un lugar de autoridad, pues José se convirtió en el salvavidas de los elegidos de Dios.
               Él evitó que José estuviera en una posición privilegiada con el fin de que éste pudiera estar listo para un día de caos y muerte. Así como Dios aisló a José, hoy Él cuenta con “la compañía José” que está oculta a la vista de todos. Sus miembros se encuentran en el horno de la aflicción, en las prisiones de la prueba, en los campos de batalla de problemas y tentaciones.
               Ellos están muriendo a este mundo, no quieren nada de fama, honor, dinero o placer. Están creciendo con hambre de más intimidad con Cristo para conocer su corazón y su voz. Puede que tú no comprendas todas las misteriosas pruebas, tribulaciones y problemas de tu vida, pero si tu corazón está totalmente determinado en seguir a Cristo, tú puedes descansar seguro de que Dios tiene un propósito en todo esto: ¡Él quiere incluirte en “la Compañía José!” 
 

8/22/2015

Nuevo

               ¿Cuán a menudo has oído a los cristianos decir, "Dios está haciendo algo nuevo en mi iglesia?"  La "cosa nueva" a la que se refieren puede llamarse un avivamiento, un nuevo fluir, una visita o un mover de Dios. Sin embargo, muy a menudo, esta "cosa nueva" desaparece muy rápidamente. Y una vez que se ha desvanecido, no puede ser encontrada de nuevo. En este sentido, ésta no resulta ser del todo, un mover de Dios. De hecho, los sociólogos cristianos han seguido muchas de estas visitas y descubrieron que el promedio de vida de estos eventos es de unos cinco años.
               Personalmente, creo que Dios está haciendo algo nuevo en su iglesia de hoy. Sin embargo, esta gran obra del Espíritu no se puede encontrar en un solo lugar. Está sucediendo en todo el mundo. Y no se trata de fiestas bulliciosas dentro de templos. Dios no va a empezar algo nuevo en su iglesia hasta que quite lo viejo. Este principio bíblico, probado a lo largo de siglos de historia de la iglesia, se encuentra en ambos Testamentos y abarca cualquier movimiento verdadero de Dios.
                Como Jesús lo dijo, no se echa vino nuevo en odres viejos. El principio de abolir lo viejo y levantar lo nuevo fue presentado por primera vez en el Antiguo Testamento en Silo. Durante el tiempo de los jueces, Dios estableció una santa obra en esta ciudad. Silo, donde el santuario del Señor estaba en pie, fue el centro de toda actividad religiosa en Israel. El nombre de Silo en sí mismo significa "lo que es del Señor".
               Esto habla de las cosas que representan a Dios y revelan su naturaleza y carácter. Dios le habló a su pueblo en Silo, fue allí donde Samuel escuchó la voz de Dios y donde el Señor le reveló su voluntad. El Señor dejó de hablar en Silo, porque el sacerdocio se había vuelto perezoso y sensual, y la ciudad se había convertido en corrupta. Dios le dijo a Samuel, en esencia, "Silo se ha vuelto tan contaminado, que ya no representa lo que soy. Esta casa ya no es la mía. He terminado con ella"."
               Entonces el Señor levantó su presencia en el santuario y escribió "Icabod" en la parte superior de la puerta, lo que significa," La gloria del Señor se ha ido." El Señor abolió completamente lo viejo, pero una vez más, levantó una cosa nueva. Después de eso, el templo de Jerusalén llegó a ser conocido como "la casa del Señor" y Dios le habló a su gente allí. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17).








8/15/2015

Prudencia

Hubo un joven pastor escocés, Robert Murray McCheyne, quien murió a los 29 años. Antes de su muerte, él trajo un gran despertar a su iglesia. Esta semana alguien mencionó la siguiente cita de este hombre de Dios: "La mayor necesidad de mi pueblo es mi propia santidad." No puedo menos que pensar: ¡Qué enorme verdad! Contamos con una gran cantidad de predicadores elocuentes, con una sobreabundancia de personalidades carismáticas y con suficientes líderes de alto perfil. Sin embargo, lo que nos hace falta son hombres santos de Dios. La gente necesita ver más allá de las habilidades ministeriales de sus líderes, necesita ver un corazón devoto. Un pastor no puede conducir a su congregación a las profundidades de Cristo que él mismo no ha experimentado primeramente.
¿Cuál es el resultado de una iglesia que tiene sorprendentes programas, brillante liderazgo, donde ante espectaculares presentaciones los congregantes no se mueven de sus sillas, y donde se cuenta con lo último en tecnología e instalaciones pero en su esencia no tienen visión de cómo ser un pueblo santo? ¿Qué buen fruto puede provenir de conferencistas que logran atraer la atención de su audiencia a través de eventos de entretenimiento, si éstos no son hombres que desean quebrantarse, y con reverencia y humildad, reconocer lo alejados que su congregación y ellos mismo están del Dios santo y maravilloso?
 Las iglesias están a menudo llenas de frivolidad y lo sabemos, pero esto no cambia porque los líderes lo toleran en lugar de lamentarse por ello. La situación en la iglesia es simplemente un reflejo de la realidad que está en el corazón del pastor. La luz que brota de una vasija rota sobrepasa, eclipsa, la luminosidad producida por miles de programas religiosos de entretenimiento.
Pablo dijo, ustedes tienen muchos tutores, pero pocos padres. Hoy podría haber dicho: ustedes tienen muchos expertos en la iglesia, pero pocos hombres santos. Las palabras de R.M. McCheyne son más necesarias hoy que cuando habló por primera vez ante una iglesia liberal y nominalista en Escocia. Pero no sólo sus palabras sino su ejemplo, el poder de su púlpito y el efecto de su ministerio le dieron poder a sus palabras. Sus palabras contenían poder porque su vida contenía pureza.

¿Tienes hambre de ser un hombre santo o una mujer de Dios? Existe sólo una manera para que esto suceda. Desiste de tus esfuerzos humanos por lograr rectitud en tus propias fuerzas y ser completamente revestido de Cristo, y recibe la obra terminada de Jesús en la cruz. Esta santidad es mucho más que la obstinada negación del pecado, es una absoluta entrega a Cristo la cual libera inmensa y gloriosamente pasión por la santidad. No quiero pasarme la vida tratando de luchar con mi viejo hombre. Quiero a Cristo formando en mí la plenitud del hombre nuevo que Él ha creado.

8/08/2015

¡Ayuda!

               En estos tiempos estoy aprendiendo algo maravilloso del Espíritu Santo, que trato de hacer real en mi vida personal y ministerial. Estoy aprendiendo que él tiene una característica única: no le gusta hablar de sí mismo.
               Él no se hace de sí mismo el principal objeto de nuestra atención, tal como vemos moverse a tantos y tantos hombres y mujeres que dicen representarlo aquí en la tierra como parte de su cuerpo.
               Asimismo, he tratado de estudiar con seriedad al Espíritu Santo sumergiéndome en volúmenes enteros acerca de Él, los cuales han sido escritos por autores calificados de renombrados prestigios y lauros humanos.
                Algunos de estos libros son muy profundos y hasta difíciles de entender -libros acerca de su naturaleza y personalidad. Todos ellos muy interesantes, entretenidos para desarrollar el hábito de la lectura, pero no siempre edificantes.
               El hecho es que no pueden edificar, porque tú sólo puedes entender lo que el Espíritu es cuando Él mismo se te revela, y cuando lo hace, Él no va a hablar de sí mismo; él te va a guiar a Jesucristo.
                He intentado investigar sobre el significado de los nombres del Espíritu Santo -Consolador, Paracleto, Abogado, Intercesor- en busca de obtener alguna idea de quién es Él. Pero finalmente me dí cuenta que nosotros los cristianos no tenemos que entender la persona del Espíritu Santo porque Él no quiere decirnos cosas ocultas sobre sí mismo.
               Todo lo que necesitamos saber es que es uno de la Trinidad: es eterno, el Espíritu de Cristo enviado a esta tierra para vivir en nosotros los que creemos ¡Y sus ojos están siempre en Cristo! El Espíritu Santo no quiere que sepamos tanto de Él mismo como de su misión, la cual es llevarnos a Jesús y mantenernos en pureza y santidad.
               Él siempre está obrando, haciendo conocer a Cristo en nuestros corazones, y se deleita en nuestra búsqueda del conocimiento acerca de por qué Él ha venido. Jesús dijo: cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber."(Juan 16:13-14).


 






8/06/2015

Victorias

               La mayoría de nosotros sabemos que el pecado es la raíz de todos nuestros problemas, nuestros miedos, culpa, ira y depresión. Sabemos que nos priva de valor espiritual y vitalidad, pero lo que no sabemos es cómo superar el pecado que nos asedia (Hebreos 12:1).
               Sabemos que la victoria sobre nuestros enemigos viene por medio de Jesucristo nuestro Señor. Pero, ¿cómo conseguir el poder de su vid en nuestra rama endeble? ¿Cómo funciona esto? Yo amo a Jesús, siempre lo he amado, y sé que Él tiene todo el poder. También sé que me promete la victoria, pero ¿Qué significa esto y cómo llega la victoria?
               Estoy empezando a ver un poco de luz ante este misterio. En mi propia búsqueda por victoria total sobre mi pecado acosador, Dios me está pidiendo hacer las siguientes tres cosas: Tengo que aprender a tener hambre por la santidad y odio a mi pecado. El pecado me contamina y Dios no puede considerar el pecado, no lo puede tolerar.
               El temor de Dios es la base de toda libertad. No hay que esperar ser dimitido o recibir privilegios especiales. Mi pecado debe ser confesado y abandonado. Debo estar convencido de que Dios me ama a pesar de mi pecado. Dios odia mi pecado con un odio perfecto, al mismo tiempo que Él me ama con infinita compasión.
               Su amor no se comprometerá con el pecado, pero Él se aferra a su hijo pecador con un propósito en mente: recuperarlo. Tengo que aceptar la ayuda amorosa de mi Padre para resistir y vencer. El pecado es como un pulpo con muchos tentáculos tratando de aplastar mi vida.
               Rara vez todos los tentáculos aflojan su control sobre mí; es un tentáculo a la vez, una pequeña victoria a la vez. Dios me envía al Espíritu Santo con una dirección clara sobre la forma en que debo luchar, correr, dar el próximo golpe.
                La batalla contra principados y potestades es suya no mía. Yo sólo soy un soldado peleando en su guerra. Dios quiere que yo crea totalmente en Él. ¡Mi parte en esta guerra es creer que Dios me sacará de la batalla victorioso!




8/01/2015

Momentos

               En Daniel 3, el rey Nabucodonosor erigió una estatua grande, de oro, de noventa metros de altura y convocó a todos los líderes de su vasto imperio a una ceremonia de dedicación. Una vez que éstos llegaron, Nabucodonosor ordenó que todos se postraran en adoración ante la imagen y aquel que desafiara la orden debía morir.
               Tres de los amigos de Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-Nego rehusaron arrodillarse. Estos hombres, junto con Daniel, habían sido llevados cautivos de Jerusalén. No era raro en aquellos días castigar a quienes violaban los decretos del rey arrojándolos en un horno ardiente.  
               Cuando los guardias trajeron a los tres hombres hebreos ante el rey, él les gritó "¡Aja! ¿Con que se niegan a arrodillarse ante mi imagen? Voy a darles una oportunidad más. Si no se inclinan en esta ocasión, los lanzaré en el horno de fuego ardiente".  
               Finalmente, los tres hebreos fueron lanzados al horno. Pero el rey quedó perplejo; no hubo ningún destello repentino de cuerpos asados, ni olor a carne quemada. El observó detenidamente el fuego y se sorprendió de lo que vio.
                Los tres hombres hebreos estaban caminando por encima de las brasas. El fuego había quemado sólo las cuerdas que los ataban y ahora sus manos estaban levantadas alabando a Dios. Nabucodonosor se dirigió a uno de sus colaboradores y dijo: "¿Cuántos hombres tiramos ahí dentro?"
                "Tres, oh rey," fue la respuesta. “¡Pero yo veo cuatro! Y ninguno de ellos está en llamas. Ninguno está herido. Y uno de ellos tiene la apariencia del Hijo de Dios ". Jesús entró en la crisis de estos hombres por una razón ¡y solamente por una razón! Él vino para consolarlos y rescatarlos porque los amaba. El mismo Señor de la gloria se comprometió con ellos en su momento de crisis ¡porque ellos estaban totalmente comprometidos con Él!


 


7/30/2015

Aguas

               El profeta Ezequiel recibió una visión increíble. La Escritura dice que la mano de Dios lo llevó a un monte muy alto, cuando un hombre se le apareció cuyo aspecto era como aspecto de bronce. (Ezequiel 40:3) Por supuesto, el hombre no era otro que Cristo mismo. Él introdujo a Ezequiel en la puerta de la casa de Dios donde dio al profeta la asombrosa visión del futuro del pueblo de Dios. Puso de manifiesto lo que el cuerpo de Cristo será cuando el fin de los tiempos se acerque.
               Él me trajo de nuevo a la puerta de la casa [el templo], y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el este... (Ezequiel 47:1). Imágenes de agua en la Biblia casi siempre representan al Espíritu de Dios. Esta visión claramente revela un gran derramamiento del Espíritu Santo en los últimos días. La visión fue tan abrumadora que Ezequiel no podía comprenderla. Ni siquiera podía hacer comentarios sobre su significado. Todo lo que podía hacer era informar sobre ella.
                De hecho, antes de que la visión terminara, el Señor se detuvo y le preguntó a Ezequiel: "¿Has visto esto?" Dios estaba preguntando: "¿Comprendes la magnitud de lo que estás viendo? ¿Ves de lo que estas aguas crecientes hablan? Sé que esta revelación es impresionante y alucinante para ti, pero no quiero que pierdas su verdadero significado. Las aguas indican el camino por el que todas las cosas terminarán".
                El profeta Isaías tuvo una visión del mismo río que apareció en la visión de Ezequiel. Sin embargo, Isaías vio aún más. De acuerdo con Isaías, en los últimos días el pueblo de Dios va a disfrutar de una gran protección contra todo ataque satánico:  Ningún barco de remos surcará sus aguas, ni barcos poderosos navegarán por ellas (Isaías 33:21). Isaías está hablando aquí de los buques de guerra impulsados por esclavos.
                Él nos está dando una imagen del enemigo, el diablo, en su intento de lanzar un ataque contra todos los que nadan en el río. Ésta es una imagen muy confusa. Dios nos aclara en estos pasajes que sus aguas vivas están fuera del alcance de Satanás. Como el salmista testifica:  ¡Haz que queden confundidos y en vergüenza los que quieren matarme! ¡Que retrocedan y queden confundidos los que buscan mi mal! ¡Que sean como el tamo que arrebata el viento! ¡Que el ángel del Señor los acose! ¡Que sea su camino oscuro y peligroso! ¡Que el ángel del Señor los persiga! (Salmo 35:4-6).



 



7/24/2015

Poder

               A fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que de alguna manera llego a la resurrección de entre los muertos. (Filipenses 3:10-11).
               Lo que voy a decir puede resultar una sorpresa para ti: la resurrección de Jesucristo se trata solamente de poder. Pero no me refiero sólo al poder divino que resucitó a Jesús de entre los muertos. Por supuesto, este tipo de poder es absolutamente milagroso y sólo emana de Dios mismo. Además de este evento sobrenatural, la resurrección de Cristo nos habla de otro poder que también proviene solamente de Dios.
                Estoy hablando del poder que nos lleva a vivir una vida santa... a ser libres del dominio del pecado para vencer todos los hábitos y lujuria conocidos por el hombre ... a caminar por fe en la justicia que proviene solamente de Dios. Para obtener este poder es necesario conocer a Cristo en el poder de su resurrección. Pablo habla de este tipo de poder de resurrección.
               El tenía un anhelo interno y profundo de conocer a Cristo, y aquella hambre vino de su propio y profundo clamor por santidad. El apóstol tuvo una revelación acerca de la resurrección de Cristo y esta revelación tuvo que ver con el poder. Él escribió: Cristo Jesús Señor nuestro... se hizo de la simiente de David según la carne, y declaró ser el Hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos (Romanos 1: 3-4).
               Pablo vio algo increíble en la resurrección y del mismo modo que ésta le llenó de alegría, también la resurrección respondió al clamor por santidad que él demandó a lo largo de su vida. En pocas palabras, Pablo vio que Jesús había venido a la tierra como un hombre con el poder del cielo descansando sobre Él.
               Cristo había demostrado ese poder divino en la tierra: curando a los enfermos, liberando a los cautivos, resucitando a los muertos, dando vida eterna. Jesús mismo había resucitado de entre los muertos y su resurrección fue acompañada por un anuncio divino que Él era el Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos (Romanos 1:4).