Entre las muchas citas
bíblicas que leemos y dejamos para otra ocasión su interpretación, (Mala
actitud porque luego no volvemos a ellas), está esta que se refiere al día en
que Moisés estaba cuidando ovejas cuando Dios lo llamó desde la zarza ardiente,
y le ordenó: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra
santa es (Éxodo 3:5). Si realmente leemos la Palabra con actitud de
escudriñarla y no de cumplir con un requisito supuestamente “cristiano”,
deberíamos preguntarnos: ¿Qué cosa es tierra santa? Muy bien; tierra santa no
es un lugar físico, sino espiritual. Cuando Dios le ordenó a Moisés que quitase
su calzado porque estaba en tierra santa, él no se estaba refiriendo a un
pedazo de terreno de dos metros por cuatro – él estaba hablando de un lugar
espiritual. Un Dios santo debe tener a un hombre santo en una tierra santa; de
hecho, Dios no puede usar a un hombre hasta que lo coloque en tierra santa. ¡El
lugar era santo! ¿Cuál lugar? El lugar era la condición espiritual a la que
Moisés había llegado finalmente, un lugar en su crecimiento donde Dios podía
llegar a él. Él estaba finalmente en un lugar de recepción, listo para
escuchar, suficientemente maduro para estar dispuesto a responder a los manejos
de un Dios santo. Por favor no piensen ni por un momento que sólo Moisés estaba
en tierra santa. También lo estaba todo Israel, aunque estaban al final de su
esperanza. Yo nunca he creído que Dios mantendría a toda una nación bajo
esclavitud tan sólo para darle tiempo a Moisés de madurar y ser un líder
misericordioso. Nuestro Señor no hace acepción de personas. Dios, en esos
cuarenta duros años, estaba preparando a Israel tanto como a Moisés. En una
manera de juicio amoroso, el Señor estaba llevando a Israel de vuelta a un lugar santo – de
vuelta a un hambre por Jehová. Mientras Moisés estaba en la montaña siendo
despojado de sus derechos – porque eso es lo que significaba el remover sus
calzados – Israel estaba en el valle siendo despojado de sus fuerzas humanas.
Moisés no tendría derechos; Israel no tendría fuerzas. Dios no podía probarles que él era fuerte para beneficio
de ellos de ninguna otra manera. ¡El gran YO SOY estaba siendo revelado! Nosotros
tendremos que recorrer la misma ruta para poder ser usados. Esto es, ser
despojados de nuestro orgullo y de nuestra confianza en nosotros mismos. ¿Difícil?
¡Ni me lo digas! ¡Claro que es difícil! Pero posible. Quiero caminar tierra
santa. ¿Lo querrá mi pueblo? ¿Lo querrá tu pueblo? ¿Lo quieres tú?
Espacio de intercambio entre los lectores de "Tiempo de Victoria" y su responsable. Comentarios periódicos sobre actualidad y todo aquello de interés para los creyentes en Jesucristo.
11/30/2012
11/28/2012
Murmuraciones
A diario recibo
correos de todas partes del planeta de habla hispana, de hermanos fieles y
temerosos de Dios que me piden opinión sobre tal o cual ministro, sobre tal o
cual ministerio o sobre tal o cual doctrina. Yo respondo casi siempre teniendo
en cuenta un precepto que aprendí en el periodismo secular: jamás emitas
opinión sobre lo que desconoces en profundidad. Y, mi amado hermano, salvo este
ministerio y mi propia vida personal, todo lo que conozco sobre el resto, es
muy limitado como para arrogarme la facultad de opinar alegre e
irresponsablemente. Que haya quien lo hace, allá cada uno delante de nuestro
Señor; Él juzgará. Por eso, y supongo que al igual que muchos otros hombres y
mujeres de Dios, esta es mi oración diaria. Mientras el temor se esparce y la
incertidumbre abunda, oremos para que el Espíritu Santo nos muestre que la murmuración
y la queja son señal de que somos impacientes y desconfiamos de nuestro Señor. En
Éxodo 17, Moisés se refirió a la murmuración como “tentar a Dios.” Los hijos de Israel habían llegado a Refidim y no
había agua para beber. ¡La duda de incredulidad se esparció por todo el campamento!
La gente se olvidó de las anteriores veces en las cuales Dios los había librado
de sus aflicciones y
comenzaron una vez más a dudar de que Dios estuviera con ellos. Ellos lloraban diciendo, “Dios, ¿por qué nos sacaste de Egipto? ¿Por qué no nos dejaste morir allá en lugar de traernos a este lugar para matarnos?” Ellos estaban listos para apedrear a Moisés. Con gran misericordia, Dios les dio agua de la roca, pero el Señor hizo que aquel lugar se llamase Masah y Meriba – murmuración y queja. Era un lugar que no debería ser olvidado en el futuro de Israel. Creemos tener el derecho de murmurar y de quejarnos porque nuestras aflicciones en particular son tan dolorosas, tan difíciles. Ha habido momentos en los que seguramente hemos sido culpables de tentar a Dios de esta manera, pero mientras leemos Éxodo 17 una y otra vez, un temor reverente de Dios emociona nuestra alma – “Dios toma este asunto muy en serio.” Él nos ha ayudado tanto en el pasado y nos ha probado su fidelidad cada vez. La pregunta es, ¿cuándo confiaremos completamente en él? ¿Cuándo confiaremos completamente en su promesa de guardarnos, de amarnos, de ser nuestro Padre, nuestro protector? Necesitamos que el Espíritu Santo nos ayude. Yo te imploro a ti que no murmures ni te quejes, porque los que se agarran firme de la fe, ésas personas serán bendecidas. Que Dios nos ayude a que esta sea la actitud de nuestro corazón para los tiempos que se avecinan. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Si tú pudieses saber cómo todo esto aquí se resolverá para la gloria de Dios, tú descansarías en la Palabra de Él y no en tus opiniones, elucubraciones o conjeturas.
comenzaron una vez más a dudar de que Dios estuviera con ellos. Ellos lloraban diciendo, “Dios, ¿por qué nos sacaste de Egipto? ¿Por qué no nos dejaste morir allá en lugar de traernos a este lugar para matarnos?” Ellos estaban listos para apedrear a Moisés. Con gran misericordia, Dios les dio agua de la roca, pero el Señor hizo que aquel lugar se llamase Masah y Meriba – murmuración y queja. Era un lugar que no debería ser olvidado en el futuro de Israel. Creemos tener el derecho de murmurar y de quejarnos porque nuestras aflicciones en particular son tan dolorosas, tan difíciles. Ha habido momentos en los que seguramente hemos sido culpables de tentar a Dios de esta manera, pero mientras leemos Éxodo 17 una y otra vez, un temor reverente de Dios emociona nuestra alma – “Dios toma este asunto muy en serio.” Él nos ha ayudado tanto en el pasado y nos ha probado su fidelidad cada vez. La pregunta es, ¿cuándo confiaremos completamente en él? ¿Cuándo confiaremos completamente en su promesa de guardarnos, de amarnos, de ser nuestro Padre, nuestro protector? Necesitamos que el Espíritu Santo nos ayude. Yo te imploro a ti que no murmures ni te quejes, porque los que se agarran firme de la fe, ésas personas serán bendecidas. Que Dios nos ayude a que esta sea la actitud de nuestro corazón para los tiempos que se avecinan. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Si tú pudieses saber cómo todo esto aquí se resolverá para la gloria de Dios, tú descansarías en la Palabra de Él y no en tus opiniones, elucubraciones o conjeturas.
11/26/2012
Tranquilidad
En un marco social
como el que se vive en todas las latitudes del planeta, los cristianos no están
exentos de esos vaivenes. El Señor los cubrirá de males mayores, pero los
menores deberán padecerlos como el pueblo de Israel padeció las plagas de
Egipto a excepción de la de los primogénitos. Entonces es cuando la mayoría nos
formulamos la misma pregunta: “¿Cree tú que Dios es poderoso para ver que tú puedas
salir delante de cada uno de esos pequeños pero fastidiosos padecimientos? ¿Crees tú que Él puede hacer todo lo necesario para responder tus oraciones y suplir tus necesidades?” Esta es la misma pregunta que nuestro Señor le
preguntó a los dos hombres ciegos, los cuales le rogaban por misericordia y
sanidad. Y Jesús les preguntó: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí Señor…Y los ojos de ellos fueron abiertos” (Mateo 9:28-30) El Señor te pregunta a
ti, a mí, a la iglesia, “¿Crees que soy
poderoso para dirigirte y guiarte, y realizar mi perfecta voluntad en tu vida?
¿Crees que todavía estoy trabajando por ti? ¿O albergas pensamientos secretos
de que te he abandonado y que te he decepcionado?” Él nos dice a nosotros
lo mismo que le dijo a María y a Marta, ¿No te he dicho que si crees verás la gloria
de Dios? (Juan 11:40). Dios no está primeramente interesado en que hagamos
algún trabajo grande para él. En lugar de eso, ¡Él desesperadamente quiere
simplemente que confiemos en Él! Una completa dependencia en él es lo que más
desea. Dios no quiere nada de lo que tú posees. Él no quiere tu casa, tu
terreno, tu auto, o cualquier otra posesión del mundo. ¡Él quiere tu confianza! Él quiere que tú seas firmemente establecido en tu confianza en Él. Continuamos queriendo hacer cosas, dejar cosas, sacrificar, trabajar, sufrir. Mientras que lo que él más desea es nuestra obediencia y confianza. Su Palabra es clara. A Dios no se lo complace con nada menos que nuestra fe. Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que le buscan (Hebreos 11:6). Dios no te ha abandonado. Tus oraciones han sido escuchadas – y Dios resolverá todas las cosas de acuerdo a su perfecta voluntad. ¡Sigue confiando!
terreno, tu auto, o cualquier otra posesión del mundo. ¡Él quiere tu confianza! Él quiere que tú seas firmemente establecido en tu confianza en Él. Continuamos queriendo hacer cosas, dejar cosas, sacrificar, trabajar, sufrir. Mientras que lo que él más desea es nuestra obediencia y confianza. Su Palabra es clara. A Dios no se lo complace con nada menos que nuestra fe. Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que le buscan (Hebreos 11:6). Dios no te ha abandonado. Tus oraciones han sido escuchadas – y Dios resolverá todas las cosas de acuerdo a su perfecta voluntad. ¡Sigue confiando!
11/25/2012
Libertad
¿Cuántos de nosotros
le habremos dicho a nuestros hijos, en algún momento algo así? “Cuando
tengan una necesidad, cuando tengan dolor, llámenme. ¡Yo iré!” Yo sólo soy un padre terrenal – ¡cuánto más nuestro Padre celestial se ocupa de nosotros! ¿No responderá cuando lo llamamos? La Palabra de Dios dice, Él librará…al afligido que no tenga quien lo socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso; salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos (Salmo 72:12-14). Dios dice, “Todos ustedes que son pobres, todos los que
están necesitados, los que están desamparados – aquellos a los que el enemigo
ha estado atacando. ¿No saben que su sangre es preciosa para mí? ¡Todo lo que
tienen que hacer es clamar a mí, y yo los libraré de las artimañas de Satanás!”
David dijo, Este pobre clamó, y lo oyó Jehová y lo libró de todas sus
angustias… (Salmo 34:6). Tú no tienes que saber muchos términos religiosos. Lo único que tú tienes que saber es que no importa lo que hayas hecho, no importa cuán malvado tú hayas sido, los arrepentidos siempre serán preciosos ante los ojos de Dios.
Cristo dijo, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él... (Apocalipsis 3:20). ¿Por qué está tocando? Porque tu vida es preciosa y Él no te dejará. Él no viene para atropellar, sino que una y otra vez él te hablará a tu corazón con un susurro: “Llámame ahora en tu necesidad.” Tal vez tú has estado en
iglesias donde las personas te han condenado y te han hecho sentir menospreciado. Pero todo lo que hicieron fue juzgarte por lo que ven por fuera, y Dios no hace eso. Él ve el potencial tuyo. Él te dará gozo y belleza en lugar de la suciedad y de las cenizas. ¡Él te liberará! Si lo puedes creer, tu camino a esa libertad ha comenzado en este preciso momento. Si no lo puedes creer, tu batalla continúa. En tu momento de duda o de decisión, recuerda el nombre de nuestro ministerio, como simple asociación de ideas. No será ni básico ni fundamental, pero te ayudará a encaminarte.
angustias… (Salmo 34:6). Tú no tienes que saber muchos términos religiosos. Lo único que tú tienes que saber es que no importa lo que hayas hecho, no importa cuán malvado tú hayas sido, los arrepentidos siempre serán preciosos ante los ojos de Dios.
Cristo dijo, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él... (Apocalipsis 3:20). ¿Por qué está tocando? Porque tu vida es preciosa y Él no te dejará. Él no viene para atropellar, sino que una y otra vez él te hablará a tu corazón con un susurro: “Llámame ahora en tu necesidad.” Tal vez tú has estado en
iglesias donde las personas te han condenado y te han hecho sentir menospreciado. Pero todo lo que hicieron fue juzgarte por lo que ven por fuera, y Dios no hace eso. Él ve el potencial tuyo. Él te dará gozo y belleza en lugar de la suciedad y de las cenizas. ¡Él te liberará! Si lo puedes creer, tu camino a esa libertad ha comenzado en este preciso momento. Si no lo puedes creer, tu batalla continúa. En tu momento de duda o de decisión, recuerda el nombre de nuestro ministerio, como simple asociación de ideas. No será ni básico ni fundamental, pero te ayudará a encaminarte.
11/23/2012
Nuevo
Cuando te preguntan en
qué crees, en lugar de dar profundas explicaciones, simplemente dices: “Soy
cristiano”. Y cuando te preguntan qué significa ser cristiano, entonces sí, a
veces te vas en largas explicaciones que complican el entendimiento, cuando la
respuesta es mucho más simple: ser cristiano significa ser seguidores de Cristo.
Y como seguidores de Cristo, debemos tomar a Dios de acuerdo a su Palabra y aceptar como verdadero lo que él dice que somos. Esto significa que “nuestro hombre viejo” representa a un hombre que todavía busca agradar a Dios en la carne. Tal hombre odia el pecado, no quiere ofender a Dios, pero su conciencia continuamente lo tiene bajo culpabilidad. Así que él se compromete a vencer su problema de pecado: “¡Voy a cambiar! Comenzaré hoy día a luchar contra
este pecado que me acosa, no importa lo que cueste. Quiero que Dios vea que me
estoy esforzando mucho”. Es como el obeso que dice a todo el mundo que desde el lunes comienza su dieta y luego vemos todos que ese lunes jamás llega. Tal hombre trae ante Dios mucho sudor y lágrimas. El ora y ayuna para probarle a Dios que tiene un corazón bueno. Él es capaz de resistir al pecado por unos días cada vez, así que se dice a sí mismo, “Si puedo hacerlo por dos días, entonces ¿por qué no por cuatro, o por una semana?” Al final de un mes él se siente contento con sí mismo, convencido de que se está logrando su liberación. Pero entonces su pecado sale a flote, y él se hunde en desesperación profunda. Y él comienza el ciclo nuevamente. Este hombre está continuamente dando vueltas en una rueda de molino que nunca termina, y no puede salir de ella. ¡Esto nunca debe de ser así! Ese hombre en la carne fue crucificado junto con Cristo. Ha sido muerto a los ojos de Dios. Verdaderamente, Pablo nos dice que el viejo hombre fue pronunciado muerto en la cruz. Jesús llevó a ese viejo hombre a la tumba junto con él, donde fue dejado muerto y olvidado. De la misma manera como el padre ignoró al “hombre viejo” en su hijo pródigo, el Señor nos dice sobre nuestro viejo hombre, “Yo no reconozco ni trato con tal hombre. Sólo hay un hombre que yo reconozco ahora, el único con quien trataré. Y ese es mi Hijo Jesús, y todos los que estén en él por fe.” El nuevo hombre es aquél que ha perdido toda esperanza de agradar a Dios con esfuerzos de la carne. Él ha muerto a las maneras viejas de la carne. Y por fe él ha llegado a conocer que sólo hay una manera de agradar a Dios, una manera de deleitar a Dios: Cristo debe de serlo todo. El conoce que sólo hay Uno al quien el Padre reconoce: A Cristo y todos los que están en él. Este hombre nuevo vive sólo por fe: “El justo por la fe vivirá”. El cree en la Palabra de Dios tan completamente que él no se apoya en nada más. Él ha encontrado que Cristo es la fuente de todo, y que lo suple todo. Y él cree lo que Dios dice de él: “Tu viejo hombre está muerto, y tu vida está escondida con Cristo en Dios”. Tal vez él no lo sienta, o no lo comprenda totalmente, pero él no alegará con la Palabra de su amado Padre. El la acepta por fe, creyendo que Dios es fiel a su Palabra.
este pecado que me acosa, no importa lo que cueste. Quiero que Dios vea que me
estoy esforzando mucho”. Es como el obeso que dice a todo el mundo que desde el lunes comienza su dieta y luego vemos todos que ese lunes jamás llega. Tal hombre trae ante Dios mucho sudor y lágrimas. El ora y ayuna para probarle a Dios que tiene un corazón bueno. Él es capaz de resistir al pecado por unos días cada vez, así que se dice a sí mismo, “Si puedo hacerlo por dos días, entonces ¿por qué no por cuatro, o por una semana?” Al final de un mes él se siente contento con sí mismo, convencido de que se está logrando su liberación. Pero entonces su pecado sale a flote, y él se hunde en desesperación profunda. Y él comienza el ciclo nuevamente. Este hombre está continuamente dando vueltas en una rueda de molino que nunca termina, y no puede salir de ella. ¡Esto nunca debe de ser así! Ese hombre en la carne fue crucificado junto con Cristo. Ha sido muerto a los ojos de Dios. Verdaderamente, Pablo nos dice que el viejo hombre fue pronunciado muerto en la cruz. Jesús llevó a ese viejo hombre a la tumba junto con él, donde fue dejado muerto y olvidado. De la misma manera como el padre ignoró al “hombre viejo” en su hijo pródigo, el Señor nos dice sobre nuestro viejo hombre, “Yo no reconozco ni trato con tal hombre. Sólo hay un hombre que yo reconozco ahora, el único con quien trataré. Y ese es mi Hijo Jesús, y todos los que estén en él por fe.” El nuevo hombre es aquél que ha perdido toda esperanza de agradar a Dios con esfuerzos de la carne. Él ha muerto a las maneras viejas de la carne. Y por fe él ha llegado a conocer que sólo hay una manera de agradar a Dios, una manera de deleitar a Dios: Cristo debe de serlo todo. El conoce que sólo hay Uno al quien el Padre reconoce: A Cristo y todos los que están en él. Este hombre nuevo vive sólo por fe: “El justo por la fe vivirá”. El cree en la Palabra de Dios tan completamente que él no se apoya en nada más. Él ha encontrado que Cristo es la fuente de todo, y que lo suple todo. Y él cree lo que Dios dice de él: “Tu viejo hombre está muerto, y tu vida está escondida con Cristo en Dios”. Tal vez él no lo sienta, o no lo comprenda totalmente, pero él no alegará con la Palabra de su amado Padre. El la acepta por fe, creyendo que Dios es fiel a su Palabra.
11/21/2012
¿Dudas?
Alguien,
entremezclando filosofía con fe escribió alguna vez que “la duda forma parte de
la fe”. No me opongo a esa sensación que en más de una ocasión seguramente cada
uno de nosotros pueda haber experimentado. Sin embargo, no coincido en absoluto
que esa duda forme parte de nuestra fe. Más bien considero que es una
declinación en esa fe y una falta de confianza en lo que Dios ha dicho y en lo
que Dios nos ha demostrado que es. A eso se lo llama de un modo muy singular en
la Biblia. Mientras Jesús estaba parado sobre el punto más alto del templo,
Satanás le susurró, “Hazlo - ¡Salta! Si verdaderamente eres el Hijo de Dios, él
te salvará. Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues escrito está: A sus
ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán para que no tropieces
con tu pie en piedra (Mateo 4:6). ¿Ves la sutileza torcida de Satanás en
esto? El aisló una promesa de las Escrituras – y tentó a Jesús a que lanzara su
vida sobre esto. Él estaba sugiriendo, “Tú
dices que Dios está contigo. Bueno, muéstrame la prueba. Tu Padre ya ha
permitido que te moleste. ¿Dónde está su presencia en eso? Puedes probar que él
está contigo si te lanzas hacia abajo. Si Dios está contigo, él proveerá que no
te hagas daño al caer. Entonces podrás basar tu confianza en eso. Si no lo
hace, entonces es mejor que mueras, en lugar de vivir preguntándote si estás
solo. Necesitas un milagro para probar que el Padre está contigo”. ¿Cómo
respondió Jesús? El declaró, Escrito está también: ‘No tentarás al Señor
tu Dios. (Mateo 4:7). ¿Qué quiso decir Jesús aquí exactamente refiriéndose
a “tentar a Dios?” El Israel antiguo es un ejemplo. Diez veces el Señor había
probado su fidelidad a los Israelitas. El pueblo de Dios recibió prueba visible
de que su Señor estaba con ellos. Pero aun así, cada vez, el pueblo preguntaba
lo mismo: “¿Está Dios entre nosotros o no?” Dios llama a esto “tentarlo a él”. Jesús usa la misma frase – “tentar a Dios” – en su respuesta a Satanás.
¿Qué nos dice esto? Nos muestra que es un pecado grave el dudar de la presencia
de Dios; no debemos cuestionar si él está con nosotros. Al igual que con
Israel, Dios nos ha dado un cuerpo entero de evidencias. Primero, tenemos en su
Palabra múltiples promesas de su presencia con nosotros. Segundo, tenemos
nuestra historia personal con Dios – un testimonio de las muchas veces que nos
ha librado. Tercero, tenemos una Biblia llena de testigos de la presencia de
Dios en siglos pasados. La Biblia es clara: Nuestro caminar con Dios es por fe
y no por vista. De otra manera, terminaremos como Israel sin fe.
11/19/2012
Derramamiento
Hace mucho tiempo, cuando comencé con este trabajo ministerial, esperaba que cada cosa que mi Señor me enviaba aenseñar o a difundir, sería recibida con gozo y disposición por todos mishermanos, pero muy pronto descubrí que de ninguna manera sería así, que esto formaba parte de un sector de la enorme batalla que todos tenemos por delante y que la proclamación de la palabra genuina tendría también sus propios capítulos. En ese tenor, yo sé que muchos no recibirán lo que voy a decir ahora, pero muchos otros sí lo harán. Y será para su maduración y crecimiento, entonces. Yo no creo que hayamos visto todavía la gloria y la plenitud del derramamiento del Espíritu Santo como fue profetizado por Joel. ¡Lo que hemos visto es solo una rociada! Sí, tenemos, desde los años noventa, un renuevo carismático mundial y el amor ha juntado a muchos. Ha sido una experiencia compartida mundialmente, pero ha sido solo un anticipo. Dios no permitirá que nada estorbe lo que planea hacer. El enemigo se va a llevar una sorpresa. Justo cuando parezca que la iglesia está siendo inundada por un aluvión satánico, el Espíritu levantará una bandera. Entiende lo que esa bandera es, y entenderás lo que Dios hará pronto. La bandera es un pueblo santo, puro, sin contaminación, librado de la corrupción que hay en el mundo y una parte importante de lo que hoy llamamos “iglesia”. Esa bandera es una nueva raza de cristianos santificados los cuales brillarán como lumbreras en medio de una generación perversa y malvada. ¡No será una renovación de amor y alabanza, sino una restauración de santidad para el Señor! Habrá también alabanza y gritos, pero serán gritos de victoria sobre el pecado y la contaminación del mundo, cumpliéndose el propósito del último derramamiento: Y todo aquel que invoque el nombre de Jehová, será salvo… (Joel 2:32). ¿Salvo de qué? ¡Del pecado! ¡Del espíritu del mundo! ¡De la corrupción religiosa! No tendremos la plenitud del derramamiento del Espíritu hasta que las personas bautizadas se separen del mundo. Debemos enfatizar separación y pureza de corazón. El propósito de la venida del Espíritu es santificar y preparar un pueblo para el retorno del Señor, un pueblo sin mancha y sin arruga. Cuando la plenitud del derramamiento del Espíritu venga sobre toda carne, habrá convencimiento del pecado en todas partes. Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8). Ese es el derramamiento del Espíritu Santo. Trágicamente, demasiadas personas hablan en lenguas, pero luego viven como el diablo. El pecado nunca fue arrancado de sus vidas y todo lo que ellos recibieron fue una experiencia de éxtasis. Dios los bendijo sólo suficiente como para llamarlos a una vida de santidad y sumisión más profundas, pero ellos dejaron de hacerlo, y se conformaron diciendo “Tengo al Espíritu Santo.” ¡Créeme mi hermano, hay tanto más! Yo le doy gracias a Dios por el privilegio de orar en lenguas desconocidas; es mi manera de soltar todas las alabanzas que tengo contenidas, en una comunicación que va más allá de mi entendimiento. Pero tú puedes hablar en lenguas humanas y angélicas, y si no tienes amor, tú no has recibido nada. Pero yo digo que aún va más profundo. Tú no eres verdaderamente bautizado con el Espíritu Santo hasta que cada parte escondida de tu alma haya sido expuesta – y cada pecado haya sido confesado y abandonado.
11/18/2012
Intermediarios
Día tras día seguimos
observando cómo, tanto en el catolicismo romano casi por tradición y rutina,
así como en muchas, (Demasiadas), denominaciones evangélicas, siguen existiendo
hombres o mujeres que, bajo el rótulo de líderes irrebatibles (Al mejor estilo
pontificio), se siguen erigiendo como únicos y posibles intermediarios para
poder acceder al trono de Dios. Esto puede ser parte de una historia
pre-Cristo, pero jamás posterior, entiéndelo. Antes de la cruz, no había acceso
a Dios para el público en general; sólo el sumo sacerdote podía entrar al Lugar
Santísimo. Ahora, la cruz de Jesús abrió un camino para nosotros a la presencia
del Padre. Sólo por su gracia, Dios derrumbó la pared que nos mantenía fuera de
su presencia. Ahora él podía salir hacia los hombres, para abrazar a sus
pródigos y a pecadores de toda clase. Considera la milagrosa liberación de Israel.
Mientras el pueblo de Dios cruzaba sobre tierra seca, ellos vieron las olas que
cayeron sobre sus enemigos que venían detrás de ellos. Fue un momento glorioso,
y ellos se reunieron para alabar grandemente, con danzas, cantos y acción de
gracias. “¡Somos libres! Dios nos ha librado de la mano de opresión”. La
historia de Israel representa nuestra propia liberación de la esclavitud y de la culpa del pecado. Sabemos que Satanás fue derrotado en la cruz, y que inmediatamente
fuimos hecho libres de su puño de hierro. Pero hay más en el propósito de Dios
al salvarnos y liberarnos. La intención de Dios nunca fue que Israel acampara
allí y se quedara en el lado victorioso del Mar Rojo. Su propósito más grande
en sacarlos de Egipto era el de llevarlos a Canaán, la tierra de abundancia. En
corto, él los sacó para poder introducirlos: en su corazón, en su amor. Él
quería un pueblo que fuese totalmente dependiente de su misericordia, gracia y
amor. Y lo mismo todavía continúa siendo verdad para su pueblo de hoy día. Y ya
no hablamos del Israel geográfico, que aún no lo reconoce, sino de todos
nosotros. La primera prueba de Israel vino unos días más tarde, y ellos
terminaron murmurando y quejándose, completamente insatisfechos. ¿Por qué?
Ellos habían conocido la liberación de Dios, pero no habían aprendido sobre su
gran amor por ellos. Aquí está la llave para esta enseñanza: Tú no puedes
entrar al gozo y a la paz – y es más, tú no puedes saber cómo servir al Señor –
hasta que tú veas el deleite de él en tu liberación… hasta que tú veas el gozo
de su corazón cuando tiene comunión contigo…hasta que tú veas que cada pared ha
sido removida por la cruz…hasta que tú conozcas que todo en tu pasado ha sido
juzgado y borrado. Dios dice, “¡Yo quiero
que sigas avanzando, hacia la plenitud que te aguarda en mi presencia!” Multitudes
hoy día se regocijan en los maravillosos beneficios de la cruz. Han salido de
Egipto, y están en “el lado victorioso” de la prueba del Mar Rojo. Ellos
disfrutan de la libertad, y agradecen a Dios continuamente por haber echado a
sus opresores al mar. Pero muchos de estos mismos creyentes pierden el gran
propósito y beneficio de Dios para ellos. Pasan por alto el por qué Dios los
sacó – lo cual fue para introducirlos en él. Y para que cada uno de nosotros
lleguemos a Él, a su trono de gracia, sin necesidad de que nadie humano, ningún
hombre por alto prestigio que tenga o jerarquía oficial que exhiba, deba
oficiar de intermediario. Fuera de Cristo, nadie es intermediario entre Dios y
los hombres.
11/16/2012
Genuinos
Cuando observamos a
nuestro alrededor, leemos los diarios o vemos los noticieros por la televisión,
una idea específica se va formando cada vez con mayor nitidez y precisión en
nuestras mentes: El tiempo ya casi está por acabarse. Dios nos ha dado bastante
aviso de que el Espíritu no contendrá para siempre con los rebeldes. Pero antes de que esta generación venga bajo el justo castigo del Altísimo Dios, una
gran restauración está profetizada. Yo os restituiré los años que comió la oruga,
el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra
vosotros (Joel 2:25). Y a esto ya lo he enseñado: no se trata de cuatro
insectos diferentes, se trata de un solo insecto en cuatro fases diferentes de
su crecimiento. Lo mismo que los espíritus malignos en la vida de los
cristianos. El Salmista David dijo que el justo Será como árbol plantado junto a corrientes
de aguas, que da su fruto en su tiempo…con hojas que no se marchitan…y todo lo
que hace prosperará (ver Salmo 1:3). Pero esa promesa es para aquellos
que se han separado completamente de los malvados, y rehúsan caminar por el
camino de los pecadores. Es sólo para aquellos que son estudiantes devotos de
la Palabra de Dios, y que meditan en ella día y noche. “No así los malos” dice David. Se vuelven débiles, se marchitan, y son
llevados por cualquier viento o corriente de doctrinas. A los que se comprometen
con el mundo, se los compara con los árboles marchitos, enfermos y corrompidos
con toda clase posible de gusanos. Esto describe a muchos que profesan ser cristianos
porque forman parte legal de alguna congregación cristiana hoy día. Descuidan
la lectura de la Biblia; están muy preocupados para orar y edificarse en la fe.
Están cómodos con los impíos y toman su asiento entre los burladores. Un
ejército de gusanos ha estado comiendo las vidas de una multitud de cristianos
apartados. Y no estoy hablando de gente que no va a un templo, estoy hablando
de gente que quizás va a un templo, pero que en su corazón están apartados
sencillamente porque no creen en lo que dicen creer. Por fuera, ellos parecen
ser árboles plantados junto a las aguas –pero por dentro están corrompidos,
débiles, enfermos. ¡Ya no dan fruto! Se están secando espiritualmente. El
saltón ha hecho su trabajo destructivo contra la corteza del árbol. Y así es
con el pecado –está comiendo desde lo profundo a aquellos que se extravían de la
presencia del Señor. Dios nos ha dicho cómo va a traer esta gran restauración.
Primero, él derramará su Espíritu Santo en tal abundante manera que traerá
sanidad y fortaleza a todos los árboles de su bosque. El gusano del pecado comenzará a perder su poder mientras el pueblo de Dios vuelve a la lectura de la Biblia. Una
revelación poderosa del nuevo pacto del Señor hará que el pueblo de Dios sea
tan audaz como los leones. Y en el medio de una apostasía que está profetizada,
solamente los que cuenten con estos ingredientes tendrán la sangre del cordero
pintando sus dinteles cuando pase el Ángel justiciero.
11/14/2012
Cruz
Me ha ocupado y
preocupado en muchas ocasiones hallar y enseñar lo que verdaderamente pasó en
la cruz. Creo que los creyentes, si bien tenemos la información básica que nos
lleva a los pies de Cristo, también entiendo que no es la suficiente para otorgarle
el valor que verdaderamente tiene. Hace poco publiqué un extenso trabajo al
respecto en mi área de audios, pero creo que siempre debemos ir un poco más
allá.
Así que, hermanos, tenemos libertad para entrar en el lugar santísimo por la
sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del
velo… Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe (Hebreos 10:19-20, 22). El trabajo de Cristo en el
Calvario tiene dos lados. Un lado es el beneficio de los hombres, y el otro es
el beneficio de Dios. Un lado beneficia al pecador, mientras que el otro
beneficia al Padre. Estamos bien al tanto con los beneficios del lado humano.
La cruz de Cristo nos ha provisto con el perdón de nuestros pecados. Se nos ha
dado el poder de victoria sobre la esclavitud y dominio sobre el pecado. Hemos
sido suplidos con misericordia y gracia. Y, por supuesto, se nos ha dado la promesa
de vida eterna. La cruz nos ha dado un medio de escape de los terrores del
pecado y del infierno. Yo le agradezco a Dios por este beneficio de la cruz
hacia la humanidad, y por el alivio que trae. Me regocijo que es predicado
semana tras semana en todo el mundo. Pero también hay otro beneficio de la
cruz, uno del cual sabemos muy poco. Y este es el beneficio del Padre. ¿Sabes?
entendemos muy poco sobre el deleite del Padre que fue hecho posible mediante
la cruz. Es un deleite que le viene a él cuando recibe a un hijo pródigo en su
casa. Si sólo nos enfocamos en el perdón de la cruz – si ese es el final de nuestra
predicación – entonces perdemos una verdad importante que Dios ha querido
darnos a través de la cruz. Hay un entendimiento más completo para que
adquiramos aquí, y tiene que ver con su deleite. Esta verdad provee al pueblo
de Dios con mucho más que tan solo alivio. Trae libertad, descanso, paz y gozo.
En mi opinión, la mayoría de los cristianos han aprendido a tener libertad para
entrar a la presencia de Dios para recibir perdón, para que él supla sus necesidades,
para contestar sus oraciones. Pero les falta libertad en el aspecto de fe – un
aspecto que es tan crucial en su caminar con el Señor. El Señor tiene gran gozo
que la cruz haya provisto un acceso abierto hacia él. Verdaderamente, el
momento más glorioso en la historia fue cuando el velo del templo fue rasgado
en dos, en el día que Cristo murió. Fue en ese mismo instante que el beneficio
de Dios se abrió de golpe. En el instante que el velo del templo – que separaba
al hombre de la presencia de Dios – fue rasgado en dos, algo increíble sucedió.
Desde ese momento en adelante, no sólo el hombre podía entrar a la presencia de
Dios, sino también Dios podía salir hacia los hombres.
11/12/2012
Regalo
Ayer escribí sobre la
santidad y creo no haber agotado el tema. Me interesa, y seguramente a ti
también, porque la santidad no es ese lugar al que algún día debemos llegar,
sino que es el punto de partida desde donde hoy debemos salir en dirección al
cumplimiento del propósito y la voluntad de Dios para nuestras vidas. Pero
ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios…la justicia de
Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él, porque
no hay diferencia…y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención
que es en Cristo Jesús (Romanos 3:21-24). Dios nos ha revelado una
manera segura de llegar a ser absolutamente santos y perfectos delante de sus
ojos, para que así todos sus hijos puedan vivir en paz y gozo absoluto,
sabiendo que cuando Dios los mira, los ve como santos y puros. ¡Y todo esto es
un regalo gratis! El regalo de santidad que Dios da, nunca puede ser una
recompensa por cualquier cosa que hubiéramos hecho. Es un favor que no se gana,
que no se merece –un verdadero regalo. “…pues ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios y le fue contado por
justicia. Pero al que trabaja no se le cuenta el salario como un regalo,
sino como deuda; pero al que no trabaja, sino cree en aquel que justifica al
impío, su fe le es contada por justicia”. Sumisión es el único camino a la
santidad de Dios, sometiéndonos a la justicia de Cristo a través de la fe. Someter
significa “entregar el poder de nuestra voluntad.” Con Dios no hay tal cosa de
que mi voluntad tenga su propio poder –todo el poder es de él y no permitirá
ningún otro poder que no sea el suyo propio. ¡Dios requiere santidad absoluta
para que nosotros lleguemos a ser humildes mediante este requerimiento! Él mira
con paciencia nuestras luchas para ser santos, esperando hasta que fallemos tan miserablemente que corramos hacia su trono, y caigamos de rodillas clamando,
“¡No hay esperanza –nunca seré santo! Soy débil, sensual, pecador. No tengo nada bueno.” La clase de arrepentimiento que
Dios busca es que confesemos la debilidad de nuestros esfuerzos inútiles y que
neguemos tener algún poder en nosotros. ¡Tú nunca podrás ser vestido con la santidad
de Cristo hasta que caigas con tu rostro contra el suelo delante del trono de
Dios, desnudo, pobre, desdichado, débil, y totalmente incapaz! Tú debes de una
vez por todas
admitir que no tienes poder para resistir al pecado, que no tienes nada que ofrecer al Señor sino un pedazo de barro derrotado, abatido e incapaz. Tú debes de admitir que no puedes ser santo, ni aún con ayuda. Tienen que entregarte la santidad como un regalo. El regalo más grande que tú puedes darle a Dios es la fe de que él te dará su santidad. Isaías proclamó triunfante, En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia…el Señor, hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones (Isaías 61:10-11).
admitir que no tienes poder para resistir al pecado, que no tienes nada que ofrecer al Señor sino un pedazo de barro derrotado, abatido e incapaz. Tú debes de admitir que no puedes ser santo, ni aún con ayuda. Tienen que entregarte la santidad como un regalo. El regalo más grande que tú puedes darle a Dios es la fe de que él te dará su santidad. Isaías proclamó triunfante, En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia…el Señor, hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones (Isaías 61:10-11).
11/11/2012
Santidad
Cuando anduvo por
estas tierras el llamado “movimiento de la santidad”, las respuestas de los
hombres fueron variadas, pero mayoritariamente optaron por la reclusión
voluntaria apartada del mundo impío y pecador. Ahí nacieron los monasterios. El
resultado, lamentablemente, no fue el de obtener santidad, como se esperaba,
sino alcoholismo, homosexualidad y diferentes promiscuidades. Alguien,
entonces, determinó que ser santos no era para el hombre, sino para algunos
elegidos que luego serían elevados a la categoría de dioses o intermediarios de
Dios. No es así la historia real, sin embargo. Tres meses después de que Israel
salió de Egipto, ellos llegaron a los pies del Monte Sinaí y acamparon. Moisés
escaló esa áspera montaña para tener comunión con Dios, y Dios lo llamó desde el
monte y le dijo: “Yo vendré a ti en una
nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y así te crean
para siempre. Ve al pueblo, y prepáralos para mi visita -santifícalos.” Aconteció que al tercer día, cuando vino la
mañana, hubo truenos y relámpagos, una nube espesa cubrió el monte. Todo el
Monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en medio del
fuego. Toda la montaña tembló con un terremoto violento, y mientras el sonido
de bocina se hacía cada vez más fuerte, Moisés habló y Dios le respondía con
voz de trueno (ver Éxodo 19:9-19). Con voz de trueno Dios le Dijo a
Moisés y a su pueblo escogido: Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y
gente santa… (Éxodo 19:6). Una profecía de conmover la tierra ha sido escrita
en el libro de Hebreos y será revelada en este tiempo. Dios ha prometido hablar
una vez más –tal como lo hizo en el Monte Sinaí. Su voz conmovió entonces la tierra, pero ahora
ha prometido diciendo: Una vez más conmoveré no solamente la tierra, sino
también el cielo” (Hebreos 12:26). Mirad que no desechéis al que habla, pues si
no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho
menos nosotros, si desechamos al que amonesta desde los cielos (Hebreos 12:25).
Una vez más Dios está hablando desde los cielos con el mismo mensaje
que él habló en los días de Moisés. Nuestro Dios está aún ahora dando este mandato con voz de trueno: Sed santos, porque yo soy santo (1 Pedro 1:16).
¿Cómo nos mantenemos santos en estos tiempos malvados? ¿Quién puede mantenerse
sin ser contaminado por todo? Ninguno –en sus propias fuerzas. Sólo Dios tiene
el poder de mantenernos santos –a fin de presentarnos a sí mismo como un pueblo
santo sin mancha ni arruga. ¡El Dios que nos da su santidad, tiene el poder de
mantenernos en ella! El lugar más seguro en la tierra es a los pies de la cruz,
humillados delante del trono de Dios. ¡Mientras más malvados sean los tiempos,
más necesitamos estar entregados a él!
11/09/2012
Reposo
Durante muchos años
trabajé en una empresa alejada de mi domicilio. Debía viajar 70 kilómetros de
ida y los mismos de retorno para cumplir laboralmente. Era muy fatigoso y allí
pude aprender, en alguna medida, lo que realmente significa esa palabra del
título: reposo. No es ocio, no es holgazanería ni sedentarismo como algunos
pretenden ver; es un descanso merecido, obligado y necesario para el
acomodamiento corporal, pero también mental y espiritual. Hay algo sobre esto. Por
tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios, porque el que ha entrado en su
reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas (Hebreos
4:9-10). Tú puedes preguntarte, “¿Qué
significado tiene entrar en este reposo prometido? ¿Cómo debe de reflejarse en
mi vida?” Debemos orar para que Dios remueva las escamas de nuestros ojos y
nos permita captar esto. Para ponerlo de una manera simple, entrar al descanso
prometido por Dios significa confiar totalmente que Cristo ha hecho todo el
trabajo de salvación para ti. Tú debes descansar en la gracia salvadora de él,
sólo por fe. Es simple; no es sencillo. Casi todos lo saben, muy pocos lo
ejecutan. Esto es lo que Jesús quiere decir cuando él anima, Venid
a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar (Mateo
11:28). Esto significa el fin de todos los esfuerzos de tu carne, de
todos tus esfuerzos humanos para obtener paz. Y significa depender totalmente en
el trabajo de Jesús por ti. Nuestra lucha no es contra sangre y carne. Toma
lugar en el ámbito espiritual. El Antiguo Testamento lo pone esto tan claro como
el cristal. Una y otra vez, Israel hizo promesas vacías e inútiles a Dios: “Queremos servirte, Señor. Haremos todo lo
que nos ordenas.” Pero la historia prueba que no tenían ni el corazón ni la
habilidad para llevar a cabo lo que habían prometido. Dios tenía que
despojarlos de toda su fe en ellos mismos. Todo lo que necesitamos debería de venir de la preciosa presencia del Señor. Pablo declara, Porque
en él vivimos, nos movemos y somos (Hechos 17:28). Esto habla de
comunión sin interrupción. A través de la victoria de la cruz, nuestro Señor
está disponible para nosotros a cada momento del día o de la noche. Tenemos que
tomar una decisión: “Yo quiero a Cristo
en mi vida. Quiero ser libre de toda mi carne. Así que voy a ir hacia delante,
a su presencia y reclamaré mi posesión. Yo quiero que Jesús sea mi todo, mi única fuente de satisfacción.” Si lo logras, quizás sientas una sensación
inexplicable, pero que yo insisto en comparar, aún a la distancia, con aquella que
experimentaba cuando, luego de ocho horas de trabajo y 150 kilómetros de
camino, retornaba a casa y simplemente me sentaba en mi sillón a orar, pensar y
tranquilamente…reposar.
11/07/2012
Confiados
Los creyentes, y hablo
de los genuinos, no de esas cosas religiosas que pululan por los templos
recitando muletillas de memoria y procurando granjearse las simpatías de los
líderes con motivos de conveniencias personales, conocemos al Espíritu Santo. Y
por conocerlo, -unos más, otros menos-, sabemos que tiene su tiempo. En el
propio tiempo de Dios, todas nuestras oraciones serán respondidas –de una u
otra manera– pero el problema es que, tenemos temor de someter nuestras
oraciones al escrutinio del Espíritu Santo. Algunas de nuestras oraciones
necesitan ser purgadas debido a que muy a menudo nuestra fe es malgastada en peticiones sin madurez. No sabemos cómo orar “Hágase tu voluntad”. Porque no queremos tanto su voluntad sino aquéllas
cosas que se nos permiten por su voluntad. Siempre recuerdo a un hermano ya
anciano que solía decir, medio en broma, medio en serio, cuando oraba: “Señor, haz tu voluntad…siempre y cuanto
esté de acuerdo con la mía…” Abraham ejercitó su fe para continuar recordándose
a sí mismo que él era un extranjero en esta tierra. La bendición de su pacto
produjo tan sólo una carpa donde vivir, porque él puso toda su fe en aquella
ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. ¿No estaban viviendo por fe
algunos de estos guerreros de la fe? ¿Se rehusó Dios a contestar algunas de sus
oraciones? Después de todo, no todos ellos fueron liberados y no todos vivieron
para ver sus oraciones contestadas. No todos fueron librados del dolor,
sufrimiento ni aun de la muerte. Algunos fueron torturados; otros fueron
aserrados, anduvieron de acá para allá, pobres, angustiados y maltratados. Algunos,
aún con reputación de tener gran fe, “ninguno de ellos…recibieron lo prometido”.
Aquellos que “alcanzaron promesas” usaron su fe para hacer justicia, para sacar
fuerzas de la debilidad y para poner en fuga a ejércitos. No te preocupes de si
Dios te está respondiendo “Sí” o “No” a la petición que le hayas hecho. No estés
abatido cuando la respuesta no viene, y por favor, deja de concentrarte en fórmulas
y métodos de fe. Tan sólo encomienda tu oración a Jesús y continúa tu vida
cotidiana con confianza. Él no se adelantará ni se retrasará ni un momento en
contestar, y si la respuesta que tú esperas no aparece pronto, dile a tu
corazón, “Él es todo lo que necesito. Si
necesito más, él no me lo mezquinará. Él contestará en su tiempo y a su manera.
Y si él no me concede mi petición, él tendrá una perfecta razón por no hacerlo.
No importa lo que suceda, yo siempre tendré fe en su fidelidad.” Que Dios nos perdone si estamos más preocupados
por conseguir que nuestras oraciones sean respondidas en lugar de aprender a
estar totalmente en sumisión a Cristo mismo. No aprendemos obediencia por las
cosas que obtenemos sino por las cosas que sufrimos. ¿Estás tú dispuesto a
aprender mediante un poco más de sufrimiento con lo que parece ser una oración
que no ha sido respondida? ¿Descansarás tú en el amor de Dios mientras esperas pacientemente
por la promesa? Yo no tengo tus respuestas; ¿Tú las tienes?
11/05/2012
Tierra
Cada día estoy más
pleno en certeza que la Biblia es un inmenso compendio de contenidos
espirituales, que si no se cuenta con la ayuda divina del Espíritu Santo de
Dios, único Maestro real y genuino, resulta imposible develar. A lo sumo, nadie
irá mucho más allá de enterarse de algunos pormenores de la historia hebrea y,
en ciertos casos, hasta permitirse pensar la herejía de suponer contradicciones
en el texto. Fíjate, por ejemplo: Dios le dio a nuestro antepasado Abraham la
tierra de Canaán “en heredad perpetua”.
En hebreo, la palabrea “perpetua” significa que nunca acaba. Tú puedes pensar, “Abraham
tenía que haberse regocijado sobre esto. Dios le prometió a sus descendientes una tierra permanente, tan lejos como ellos podrían ver, porque perduraría por toda la eternidad.”
Sin embargo, el Nuevo Testamento parecería decirnos que el mundo será destruido por fuego, quemado completamente, dejando de existir, para que el Señor forme un
nuevo cielo y una nueva tierra. Entonces tú puedes preguntarte: ¿Cómo puede esta “heredad perpetua” de Dios hacia Abraham ser sólo un pedazo de tierra? ¿Cómo puede eso ser eterno? El hecho es, que esta tierra de promesa era un lugar simbólico más allá de la tierra. Yo creo que Abraham sabía esto en su espíritu. La Biblia dice que mientras Abraham vivía en Canaán, él siempre se sentía extranjero: Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida, como en tierra ajena (Hebreos 11:9). ¿Por qué era esto? Era porque el corazón de Abraham anhelaba por algo más que un terreno. Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Hebreos 11:10). Abraham podía ver el verdadero significado de la bendición de la tierra, y se dio cuenta que “Esta tierra no es la verdadera heredad. Es sólo un sermón ilustrado de la gran bendición que viene.” Abraham captó el verdadero significado de la Tierra Prometida; él sabía que Canaán representaba al Mesías que había de venir. Jesús mismo nos dice, Abraham se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó (Juan 8:56). El Espíritu Santo permitió a este patriarca mirar hacia los años venideros, a la venida de Cristo. Él sabía que el significado de su tierra prometida era un lugar de paz y descanso total. Y, como Abraham supo, ese lugar de descanso es el mismo Jesucristo. Así es, el Señor Jesús es nuestra heredad prometida. Nosotros somos de él, pero él también es nuestro. Y Dios nos invita a obtener nuestra heredad perpetua por simple fe. ¿Te das cuenta cómo, una simple profundización nos lleva a lugares en el que no hemos estado antes? ¿A ti te habían enseñado otra cosa? A mí también, pero Dios es bueno y nunca dejará que sus hijos genuinos militen en terrenos de ignorancia.
Sin embargo, el Nuevo Testamento parecería decirnos que el mundo será destruido por fuego, quemado completamente, dejando de existir, para que el Señor forme un
nuevo cielo y una nueva tierra. Entonces tú puedes preguntarte: ¿Cómo puede esta “heredad perpetua” de Dios hacia Abraham ser sólo un pedazo de tierra? ¿Cómo puede eso ser eterno? El hecho es, que esta tierra de promesa era un lugar simbólico más allá de la tierra. Yo creo que Abraham sabía esto en su espíritu. La Biblia dice que mientras Abraham vivía en Canaán, él siempre se sentía extranjero: Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida, como en tierra ajena (Hebreos 11:9). ¿Por qué era esto? Era porque el corazón de Abraham anhelaba por algo más que un terreno. Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Hebreos 11:10). Abraham podía ver el verdadero significado de la bendición de la tierra, y se dio cuenta que “Esta tierra no es la verdadera heredad. Es sólo un sermón ilustrado de la gran bendición que viene.” Abraham captó el verdadero significado de la Tierra Prometida; él sabía que Canaán representaba al Mesías que había de venir. Jesús mismo nos dice, Abraham se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó (Juan 8:56). El Espíritu Santo permitió a este patriarca mirar hacia los años venideros, a la venida de Cristo. Él sabía que el significado de su tierra prometida era un lugar de paz y descanso total. Y, como Abraham supo, ese lugar de descanso es el mismo Jesucristo. Así es, el Señor Jesús es nuestra heredad prometida. Nosotros somos de él, pero él también es nuestro. Y Dios nos invita a obtener nuestra heredad perpetua por simple fe. ¿Te das cuenta cómo, una simple profundización nos lleva a lugares en el que no hemos estado antes? ¿A ti te habían enseñado otra cosa? A mí también, pero Dios es bueno y nunca dejará que sus hijos genuinos militen en terrenos de ignorancia.
11/04/2012
Remanente
Soy argentino de
nacimiento y, como es más que lógico y natural, amo a mi país. Pero eso no es
obstáculo para que como creyente fiel, no disimule ni ignore todas aquellas
cosas por las que mi patria podría estar bajo la lupa de Dios y no precisamente
para felicitarla. Elías, el gran profeta de santidad y de justicia, se había
descorazonado por el decaimiento moral que su nación estaba experimentando, y había huido de las
amenazas de Jezabel, la esposa malvada del rey Acab. Dios lo encontró escondido
en una cueva en el monte Horeb y le pregunta, “Elías, ¿qué haces aquí escondido?” Con indignación, Elías
respondió, “Dios, he sentido un celo vivo
por tu gloria, pero tu pueblo ha dejado tu Palabra; tus altares han sido
derribados; tus ministros han sido perseguidos. Yo soy el único que queda – y
ahora me quieren agarrar a mí también.” Aparentemente, Elías tenía un buen
argumento. El gobierno era el más malvado y vil en toda la historia, y la
sociedad estaba a punto de colapsar. La Biblia dice, También hizo Acab una imagen de
Asera [templos paganos de placer], para provocar así la ira de Jehová, Dios de Israel,
más que todos los reyes de Israel que reinaron antes de él (1 Reyes 16:33). El
gobierno estaba actualmente forzando a toda la nación a la idolatría. Jezabel,
la reina más malvada que había compartido el trono, odiaba a Dios, y estaba
inclinada a matar a cada seguidor de Jehová. Elías estaba determinado a “seguir
hasta el final.” Si toda la nación se apartó de Dios, ¡él seguiría fiel! Pero
Dios no estaba con ánimo de felicitar a este profeta escondido, porque en ese
momento, el Espíritu Santo se estaba moviendo sobre la región. Eliseo, el
sucesor eventual de Elías, estaba sintiendo los primeros toques de las manos de
Dios sobre él, y Jehú, un joven revolucionario poderoso, estaba impaciente
esperando ansiosamente declarar la guerra contra la corrupción y la impiedad en la región. Un gran despertar
moral estaba a punto de suceder, y Dios pronto arrojaría a Jezabel a los perros
y removería a los gobernantes malvados. Elías fue enfáticamente informado por Dios,
“Yo tengo 7,000 que no han transigido ni
se han entregado a la maldad que se encuentra alrededor de ellos. Ellos no han
sido seducidos – ¡son Míos!” Dios estaba tratando de decirle a Elías que él
tenía a su gente estacionada en posiciones claves, por toda la nación,
creyentes parados en alto, firmes y verdaderos a pesar de la corrupción
alrededor de ellos. Dios ha estado animando a muchos a que abramos nuestros ojos
al gran llamamiento de santos que está ahora tomando lugar en estos nuestros
tiempos. Dios le dijo a Elías, “Miles
cuyas rodillas no se doblaron.” A nosotros, yo creo que él nos está
diciendo, “¡Millones no han doblado sus
rodillas!” ¡Gloria sea a Dios, no somos un pequeño remanente! Somos un
ejército, una multitud lavados con la sangre, de toda clase social,
inamovibles, verdaderos, en medio de una época enloquecida. Satanás quisiera
que los hijos de Dios piensen que sus números se están reduciendo rápido; él
quiere que los verdadero creyentes piensen que la mayoría ha desertado y se ha
ido al lado del enemigo, y que el temor los guíe a esconderse. ¡No creas esas
mentiras de Satanás! Dios sigue trabajando, derramando su Espíritu Santo y
atrayendo corazones hambrientos hacia él. Los que se han ido de los templos no todos se han ido al mundo, una gran mayoría se han ido a buscar palabra y presencia sin contaminación
religiosa. Y eso está bueno, aunque cuando miro a mí alrededor y me duelen algunas cosas que veo ocurrir en nuestra sociedad, pienso de inmediato que
formo parte de esos simbólicos siete mil y oro para que muchos más se sumen.
¿Serás tú uno de ellos? Porque hoy no son siete mil, son todos los que sean necesarios, eso es lo que significa el siete, número de lo completo.
11/02/2012
Vida
Hay creyentes que
viven vidas que son verdaderos modelos para quien quiera que los observe. Esos
son los mejores evangelistas, no necesitan ni el explosivo, ni las cuatro
puertas ni nada de lo que el hombre religioso ha inventado para agrandar
templos. Pero hay otros que andan por la vida de tal manera que, cuando se
enfrentan con alguien y lo invitan a entregarse a Jesucristo y cambiar su vida,
ese alguien le responderá: ¿Para ser como tú? ¡¡No, gracias!! Entonces, en muchos
ministros fieles que realmente desean servir a sus hermanos, surge la pregunta:
¿Qué será necesario para sacarnos de nuestras vidas miserables de culpa, temor
y depresión? ¿Qué será necesario para hacernos ver que hay una vida mucho más
gloriosa esperándonos? Pablo dijo, Daréis gracias al Padre que nos hizo aptos
para participar de la herencia de los santos en la luz (Colosenses 1:12). ¿Quieres
tú esta vida gloriosa, liberada? ¿Crees tú ahora que esa es tu herencia? ¿Crees
ahora que Dios quiere desesperadamente que la tengas? ¡Entonces acéptalo por fe
y entra en ella! ¡Reclámala como tuya! Pablo dice, “¿No han sufrido lo suficiente? ¿No han aprendido su lección todavía?” En
otras palabras, ¿No están ya cansados de vivir una vida de temor y tortura
mental? ¿No han aprendido que hay un camino mejor?” El justo por la fe vivirá
(Gálatas 3:11). Tú simplemente pon tu fe en lo que Dios ha dicho que
hará por ti. Esta vida liberada de justicia, gozo, y paz en el Espíritu Santo
es un regalo. Tú no puedes trabajar para conseguirla. El gozo más grande de
todos es saber que tú ya no eres “culpable” ante Dios. Es el gozo de saber que
tu fe te hace justo delante de él. Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son
perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el hombre a quien el
Señor no culpa de pecado (Romanos 4:7-8). Abraham llegó a ser el padre
de naciones simplemente porque él tomó la Palabra que Dios le dio. Él pudo
haber dudado y habría perdido todo. Tampoco dudó, por incredulidad de la promesa
de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente
convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había
prometido…Pero no solo con respecto a él se escribió…sino también con respecto
a nosotros…a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús Señor
nuestro” (Romanos 4:20-24). Nosotros le creemos que nos perdona para
salvarnos; debemos creer que él nos guardará. ¡El poder que nos salva, también
nos guarda! La fe que trajo a Cristo a nuestras vidas nos mantiene sin caída. Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la
cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios
(Romanos 5:1-2). Y no te me quedes mirando con esa cara. ¡Ya sé que
todo esto es algo que sabes y vives a diario! ¿Pero sabes qué? “Algo” me dijo
que hoy te lo debía repetir. Espero no haberme equivocado.
10/31/2012
Mandato
He conocido a muchos
supuestos cristianos que, con un mal disimulado orgullo, se muestran como
personas muy “especiales” por haber tomado la decisión de seguir a Jesucristo.
Ellos ignoran, -o deciden ignorar-, que no hemos sido nosotros los que elegimos
seguir a Cristo, sino Él quien se ha dignado a llamarnos. Nuestro máximo
mérito, siempre, será apenas ser suficientemente obedientes como para ser
útiles al Reino. El apóstol Pablo dice que Dios Él nos salvó y llamó con
llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y
la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos
(2 Timoteo 1:9). Cada persona que está “en Cristo” es llamada por el
Señor. Y todos tenemos el mismo mandato: escuchar la voz de Dios, proclamar su
Palabra, nunca temer a los hombres, y confiar en Dios cuando enfrentamos
cualquier prueba concebible. Verdaderamente, Dios hizo esta promesa al profeta
Jeremías cuando él lo llamó. Como Jeremías, nosotros no necesitamos tener un mensaje
preparado para hablarle al mundo. Él ha prometido llenar nuestras bocas con su
Palabra, en el momento exacto que sea necesario. Pero eso sucederá sólo si
confiamos en él. Pablo nos dice que muchos son designados como predicadores,
maestros y apóstoles, y que todos van a sufrir por esa razón. Él se contaba
entre ellos: De este evangelio yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de
los gentiles, por lo cual asimismo padezco esto (2 Timoteo 1:11-12). Él
estaba diciendo, “Dios me ha dado un
trabajo santo para hacer. Y porque tengo ese llamado, voy a sufrir.” Las
escrituras muestran que Pablo fue probado como pocos ministros lo han sido. Satanás
trató de matarlo una y otra vez. La multitud que decía llamarse religiosa lo
rechazó y ridiculizó. A veces también aquellos que lo respaldaron, lo dejaron
abusado y abandonado. Pero Pablo nunca estuvo confundido delante de los
hombres. El nunca desmayó ni fue avergonzado ante el mundo. Y Pablo tampoco se
abatió. En cada ocasión, él tenía una palabra ungida para hablar de parte de
Dios, cada vez que fuese necesario. El hecho es que, Pablo simplemente no podía
ser sacudido. El nunca perdió su confianza en el Señor. En lugar de eso, él
testificó, Porque yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para
guardar mi depósito para aquél día (2 Timoteo 1:12). Él está diciendo, “Yo he comprometido
mi vida totalmente a la fidelidad de Dios. Ya sea que yo viva o que muera, soy de él.” Y él animó a Timoteo su joven encargado a hacer lo mismo: Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y el amor que es en Cristo Jesús” (1:13).
mi vida totalmente a la fidelidad de Dios. Ya sea que yo viva o que muera, soy de él.” Y él animó a Timoteo su joven encargado a hacer lo mismo: Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y el amor que es en Cristo Jesús” (1:13).
10/29/2012
Carácter
Repasa por un momento
tu vida. ¿Has recibido en alguna ocasión un milagro sobrenatural de Dios que
bendijo enormemente tu existencia? Quizás no, pero sabes que hay muchos que sí.
Me pregunto por qué toda esa gente que ha sido muy bendecida ayer, no pueden
creer hoy mismo que Dios pueda volver a hacerlo. ¿Es tan fuerte el espíritu de
incredulidad? ¿No es asombroso que los hijos de Israel creyeron que Dios podía
sacarlos de Egipto, pero no podían creer que él los podía introducir a la
Tierra Prometida? Ellos habían sobrevivido a diez plagas sobrenaturales. Ellos miraron
con horror cómo la muerte tomó a los hijos primogénitos en Egipto, pero que
ninguno de ellos murieron. Ellos fueron testigos de la increíble visión de un
mar apilándose a ambos lados para abrir un camino seco que lo atravesaba – ¡y
ellos caminaron a través del mar! Luego ellos miraron con asombro cómo el mar
cayó sobre Faraón y su ejército, ahogándolos. Así salvó Jehová aquél día a
Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla
del mar…el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová (Éxodo 14:30-31). ¡Cuán
excitado estaba Israel! ¡Ahora estaban a salvo! La vida antigua se había ido y
la nueva vida era de ellos. Ellos danzaron de alegría, llenos con la
anticipación de una nueva y gloriosa vida en una tierra de belleza y descanso. Tú
los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar donde
has preparado, oh Jehová tu morada” (Éxodo 15:17). ¡Sólo seis semanas
después, la gente estaba abatida en el pozo de la desesperación! Estaban
miserables, preocupados, temerosos y quejumbrosos. Se habían olvidado del poder
milagroso de Dios. A los quince días del segundo mes después de su salida de la tierra de Egipto…toda
la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés…Ojalá hubiéramos
muerto a manos de Jehová en la tierra de Egipto… (Éxodo 16:1-3). Durante
los meses siguientes, estas mismas personas dudaron de Dios diez veces diferentes.
Jesús dijo, No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros
el Reino (Lucas 12:32). ¿Dios quiere darme un reino? ¿Dónde está? El
reino de Dios no vendrá con advertencia [visible]…porque el reino de Dios está
entre vosotros (Lucas 17:20,21). Es algo que tú posees en tu hombre interior.
¡Es una vida liberada! Porque el reino de Dios no es comida ni
bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). ¿Entiendes
lo que he querido decir con este pequeño relato? Que si deseas verdaderamente
ser un hombre o una mujer de Reino, indudablemente tendrás que poseer un
carácter acorde, que de ninguna manera se parece a ese carácter religioso que
atesoraste durante tantos años. Y no fuiste el único o la única, créemelo; por
algo te lo estoy diciendo.
10/28/2012
Hijo
Voy a suponer que
conoces la historia, porque no me da el espacio para relatarla. Un joven tomó
la porción de su herencia que le dio su padre, y la derrochó viviendo
descontroladamente. Terminó sin dinero, con su salud y espíritu arruinado; y en
su momento más bajo, él decidió volver a su padre. Las escrituras nos dicen, Entonces
se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido
a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó (Lucas 15:20). Nota
que nada impidió el perdón del padre hacia este joven. Este muchacho no tenía
que hacer nada – ni siquiera confesar sus pecados – porque el padre ya había
hecho provisión para la reconciliación. Verdaderamente, todo ocurrió por
iniciativa del padre; él corrió hacia su hijo y lo abrazó tan pronto que vio al
muchacho venir por el camino. La verdad es, que el perdón nunca es un problema
para un padre que ama. De igual manera, nunca es un problema con nuestro Padre
celestial cuando él ve un hijo arrepentido. Así que el perdón no es el tema en
esta parábola. De hecho, Jesús pone bien en claro que no era suficiente para
éste pródigo ser sólo perdonado. El padre no abrazó a su hijo sólo para
perdonarlo y dejarlo que siga su camino. No, ese padre anhelaba mucho más que
tan solo la restauración de su hijo. Él quería la compañía de su hijo, su
presencia, su comunión. Aunque el hijo pródigo fue perdonado y favorecido una
vez más, él todavía no se había acomodado en la casa del padre. Sólo después de
hacerlo estaría satisfecho el padre, su gozo se realizaría una vez que su hijo
fuese traído a su compañía. Ese es el tema en ésta parábola. Aquí la historia
se vuelve muy interesante. El hijo claramente no estaba tranquilo con el perdón
del padre. Por eso él titubeó a entrar a la casa del padre. Él dijo en esencia,
“Si supieras lo que he hecho, todas las
cosas malas y sucias. He pecado contra Dios y contra tu amor y tu gracia. Ya no
merezco tu amor. Tienes todo derecho a echarme.” Nota lo que el padre le
responde a su hijo. Él no dice ninguna palabra de reproche. No se refiere a lo
que el pródigo ha hecho, no hace mención de su rebelión, su insensatez, su
derroche, ni de su bancarrota. Es más, el padre ni siquiera se da por entendido
del atento de su hijo de quedarse afuera, inmerecido. ¡El ignoró todo esto!
¿Por qué? A los ojos del padre, el joven antiguo estaba muerto. Ese hijo estaba
completamente fuera de su mente. Ahora, a los ojos del padre, este hijo que había
retornado era un hombre nuevo. Y su pasado nunca más sería recordado. El padre
estaba diciendo, “En cuanto a mí me
concierne, tu viejo yo está muerto. Ahora, camina conmigo como un hombre nuevo.
No hay necesidad de que vivas bajo culpa. El problema del pecado ha sido
resuelto. Ahora, entra confiadamente a mi presencia y disfruta de mi
misericordia y gracia”. Sí, ya sé que por ahí piensas: “¡Una más sobre el
hijo pródigo!” Sí; una más, pero… ¿No habrá sido de bendición para tu vida,
justamente que hoy yo te la repita?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















