9/30/2012

Cajas


Un antiguo maestro solía enseñar a sus alumnos que los seres humanos somos un espíritu, al cual se le ha dado un alma y que mientras dura nuestra vida terrenal, habitamos una caja descartable llamada cuerpo. Sintética pero precisa definición. Nuestros cuerpos mortales no son más que un caparazón, y la vida no está en
la caparazón. La caparazón no es para tenerla siempre, sino es un confinamiento temporal que envuelve una fuerza de vida que está creciendo y madurando. El cuerpo es una caparazón que actúa como un guardián transitorio de la vida que hay adentro. La caparazón es sintética en comparación a la vida eterna que reviste. Cada verdadero cristiano ha sido saturado con vida eterna. Ha sido plantada como una semilla en nuestros cuerpos mortales y está constantemente madurando. Está en nosotros un proceso de desarrollo que está siempre creciendo, siempre expandiéndose – y debe eventualmente salir de la caparazón para llegar a ser una nueva forma de vida. Esta gloriosa vida de Dios en nosotros ejerce presión en la caparazón, y en el momento mismo de que la vida de resurrección está madura, la caparazón se rompe. Los límites artificiales se rompen y, como un pollito recién nacido, el alma se libera de su prisión. La muerte es simplemente la rotura de la caparazón frágil. En el momento preciso que nuestro Señor decide que nuestra caparazón ha cumplido su función, entonces los hijos de Dios abandonan sus cuerpos viejos y corrompidos de vuelta al polvo de donde vinieron. ¿Quién pensaría en recoger los pedazos fragmentados de la caparazón del huevo y forzar al polluelo recién nacido de vuelta a su estado original? ¿Y quién pensaría en pedirle a un ser amado que se ha muerto, que deje su nuevo y glorificado cuerpo – hecho en la misma imagen de Cristo – y retornar a la caparazón deteriorada de la cual se ha liberado? Pablo lo dijo: Morir es ganancia (Filipenses 1:21). Ese hablar es absolutamente extraño a nuestros vocabularios espirituales modernos. Nos hemos convertido en tales adoradores de la vida, que tenemos muy poco deseo de morir para estar con el Señor. Pablo dijo, Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor (Filipenses 1:23-24). Pero, por el bien de edificar a los convertidos, él pensó que era mejor “quedarse en la caparazón.” O, como él lo dice, “quedar en la carne.” ¿Era Pablo morboso? ¿Tenía él una fijación malsana con la muerte? ¿Mostró Pablo una falta de respeto por la vida con la cual Dios lo había bendecido? ¡Absolutamente no! Pablo vivió su vida plenamente. Para él la vida era un regalo y él la usó bien para pelear la buena batalla. Él había vencido el miedo “al aguijón de la muerte” y ahora podía decir: “Es mejor morir para estar con el Señor, que quedarme en la carne.”

9/28/2012

Actitud


En estos días me encuentro haciendo un trabajo especial relacionado con la fe. Y créeme que, al ritmo de estudio natural, lento y escudriñador, voy descubriendo muchas cosas que durante los tiempos eclesiásticos habíamos aprendido a medias, de manera confusa o sencillamente mal. Por ejemplo: fe es algo que tú haces por lo que sabes. El conocimiento no significa nada si no se actúa sobre lo que se conoce. El pueblo de Israel recibió las buenas noticias de que Dios les había dado Canaán como su tierra. Esa información no hubiera significado nada para todos ellos si se hubiesen quedado en Egipto como esclavos. Pero la Biblia dice, Por la fe [ellos] dejó a Egipto…Por la fe pasaron el Mar rojo (Hebreos 11:27, 29). Los Israelitas no marcharon hasta el borde de Canaán, disparando flechas y esperando que los ejércitos enemigos cayeran muertos. La tierra era de ellos, pero tenían que poseerla “matando al enemigo uno por uno.” ¿Qué tiene esto que ver con mi victoria sobre la garra del pecado? ¡Tiene todo que ver! Cristo ya arregló la disputa de la esclavitud al pecado, declarándote a ti emancipado de ese dominio, pero tú tienes que creerlo hasta el punto en que tú hagas algo sobre eso. No es suficiente decir, “Sí, yo creo que Cristo perdona los pecados. Yo creo que él es Señor. Yo sé que él puede romper el poder del pecado en mi vida.” Tú estás mentalmente consintiendo a lo que has escuchado, pero fe es más que eso. Fe es salir apoyado en esa promesa de libertad y actuando en base a ella. Los creyentes vencen el poder maligno de este mundo a través de la fe. La verdadera fe es la única cosa que puede ayudarte a pararte con confianza contra los poderes de la tentación. El dominio propio es posible sólo cuando, por fe, la verdad de ser emancipado es aceptada. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:3-4).
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Más el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos (1 Pedro 5:8-11).

9/26/2012

Vértigo


Pese a las inclemencias que este mundo natural nos propone en estos tiempos difíciles en todo terreno, igualmente son muchos los cristianos que leen regularmente la Biblia, y creen que es la Palabra viva y revelada de Dios para sus vidas. Una y otra vez en las páginas de las escrituras, ellos leen sobre generaciones que escucharon la voz de Dios. Ellos leen que Dios le habla a su pueblo todo el tiempo, con la misma frase repetida “Y Dios dijo…” Pero muchos de esos cristianos viven como si Dios no hablara a su pueblo hoy día. Una generación entera de creyentes está tomando decisiones completamente por sí solos, sin orar o sin consultar la Palabra de Dios. Muchos simplemente deciden lo que quieren hacer, y luego le piden a Dios que lo haga válido. Ellos van hacia delante con ímpetu, y su única oración es, “Señor, si esta no es tu voluntad, entonces detenme”. Y no hablo de personas aisladas solamente; lo he visto hacer en iglesias completas. Estamos ahora viviendo en un tiempo muy especial y vertiginoso, donde las personas están tomando decisiones importantes, prácticamente en un abrir y cerrar de ojos. Incluso se han escrito libros al respecto, y en ellos se sostiene la teoría de confiar en nuestros instintos con la convicción de que toda decisión tomada de manera espontánea e impulsiva, siempre suele ser la mejor.  Piensa en todo el lenguaje vertiginoso que escuchamos hoy día: “¡Esta es la oferta del siglo! ¡Usted puede ganar millones en un día! ¡Pero tiene que actuar pronto! ¡Hágalo ahora!” O el más popular casi impuesto como muletilla de la televisión internacional: “¡¡¡Llame ya!!!” El espíritu que está atrás de todo esto es, “¡Hazlo ya y ahora y sin pensarlo más” Este pensamiento ha empezado a infectar la iglesia, afectando las decisiones de no sólo los cristianos afectos a la publicidad secular, sino también a muchos de sus más encumbrados ministros. Cantidades de hermanos confundidos nos han escrito contando la misma historia: “Nuestro pastor acaba de regresar de una conferencia de Crecimiento de Iglesias, y anunció inmediatamente, ‘De ahora en adelante, todo cambia’. ¡Él ha decidido que nosotros debemos de ser una iglesia popular en una noche! Ni siquiera nos pidió que oremos sobre esto… todos estamos confusos”. La duda, es: ¿Recibió ese pastor una palabra de Dios o sólo accedió a métodos de incrementar miembros que han tenido buen éxito en los números? No suelo responderles porque, por estar fuera de las estructuras tradicionales, no opino, ni aconsejo ni sugiero respecto a organizaciones estructurales tradicionales. Una simple cuestión de ética, si quieres llamarlo así. No hacen muchos años atrás, los cristianos nos preguntábamos, “¿Has orado sobre este asunto? ¿Has buscado al Señor sobre esto? ¿Están tus hermanos y hermanas cubriéndote con oración? ¿Has recibido consejo de parte de Dios?” Yo ahora te pregunto a ti, ¿Ha sido esta tu práctica? En el año, ¿Cuántas decisiones importantes has tomado, en las cuales tú honestamente hayas llevado el asunto a Dios y orado sinceramente? O, ¿Cuántas de esas decisiones tú las tomaste en un abrir y cerrar de ojos? La razón por la cual Dios quiere completo control sobre nuestras vidas es para salvarnos de desastres- y es allí donde nos llevan las decisiones tomadas en ese incomprensible vértigo que sólo puede tener libreto de un lugar que, precisamente, no es el cielo amado. 

9/24/2012

Esclavitudes


Un viejo trabajo de otro apreciado siervo del Señor me recordaba un hecho que tiene que ver con un hoy aparentemente diferente en cuanto a lo social, pero tremendamente parecido en cuanto a lo espiritual. Se dice que Abraham Lincoln ha “librado a los esclavos” con el documento de la Proclamación de Emancipación. Este documento legal declaró que la esclavitud había muerto y que todos los esclavos estaban libres. Cuando esta noticia primero se propagó por las plantaciones sureñas de los Estados Unidos de América, muchos de los esclavos no lo creían. Ellos continuaron siendo esclavos de sus amos, convencidos de que la promesa de libertad era un engaño. Muchos de los dueños inescrupulosos de tierras les dijeron a sus esclavos que todo era un rumor y los mantuvieron esclavizados. Pero poco a poco, la verdad amaneció sobre ellos mientras veían a otros que antes eran esclavos y ahora
caminaban felices en esta nueva libertad. Uno por uno, ellos dejaron sus cargas, le dieron la espalda a la esclavitud, y la dejaron atrás comenzando una nueva vida. Tal vez tú no lo hayas oído todavía, o tal vez te suene muy bonito para ser verdad, pero Cristo emancipó a los esclavos del pecado en el Calvario. ¡Tú puedes ahora “dejar atrás” al diablo! Tú puedes soltar y dejar a un lado tu carga de pecados, y alejarse del dominio de Satanás, y entrar a una nueva vida de libertad. Permíteme mostrarte lo que la Biblia quiere decir cuando habla de morir al pecado. Cuando Lincoln emancipó a los esclavos, el “punto de disputa” de la esclavitud murió. No murió el amo de los esclavos – ni los esclavos. El esclavo podía salir e irse libre, diciendo, “la esclavitud ya es un tema muerto, ya resuelto.” Ahora, el esclavo podía volver al campo y cosechar unos cuantos surcos de algodón – tal vez por miedo o por instinto – pero eso de ninguna manera lo hacía esclavo de nuevo. Él era libre, pero tenía que ejercer su libertad. Esta proclamación de libertad no podía forzar consentimiento, y ni el amo podía forzar a que regresara el esclavo. Era una cuestión de la voluntad del esclavo. La Biblia dice, Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él (Romanos 6:7-8).  Lo que esto quiere decir, es simplemente esto: Ya que la esclavitud al pecado es un tema muerto, y viendo que Cristo ya te ha declarado a ti emancipado, tú ahora estás libre para vivir como nueva persona en Cristo, viéndote a ti mismo como desencadenado. Cristo no puede hacer que tú hagas el bien, y Satanás no puede hacer que tú hagas lo malo. Cristo declara que tú eres libre por fe, pero tú debes actuar como una persona libre. Y eso, mi amado hermano en Cristo, también incluye otras esclavitudes aún peores; las de adentro.
 

9/23/2012

Planes


Pese a ser periodista de profesión y gustarme estar informado, creo que precisamente por esa razón ya no miro noticieros de televisión ni leo diarios. Los medios de comunicación, muy lejos de ser aquellos canales informativos para la opinión pública de otras épocas, hoy son verdaderos centros de poder conducidos acorde a sus intereses y no a las realidades. Sin embargo, lo poco que vemos u oímos, nos basta para entender que el mundo no está pasando por su mejor momento. No importa cuán inestable se vuelva ese mundo, el pueblo de Dios puede estar tranquilo y mantener su gozo fluyendo, porque nuestro Señor ha prometido protección especial para cuando más la necesitemos. ¿No tuvo Dios un plan de emergencia para los hijos de Israel durante el hambre que vino sobre toda la tierra? Él envió de antemano a José a Egipto, lo promovió a primer ministro y llenó los graneros con suficiente grano para aguantar el tiempo de hambre. Luego él trajo a su pueblo y los instaló donde podían llegar caminando a los graneros, y los alimentó hasta que estuviesen llenos durante el hambre que consumía la tierra. ¿No tuvo Dios planes de emergencia para Elías? Mientras la nación se tambaleaba bajo el impacto de un colapso económico y los alimentos escaseaban debido a una hambruna severa – y un rey malvado había puesto una recompensa sobre su cabeza – Dios puso su plan de emergencia en efecto para Elías. Lo escondió en un arroyo tranquilo y lo alimentó enviando un ave a que le diera alimento. Este plan de sobrevivencia también incluyó un barril misterioso de grano que nunca se agotaba. ¿Y qué hay de Noé? ¡Qué plan tan detallado de sobrevivencia que Dios tuvo para él y su familia! Un arca – para que flotasen él y su familia a salvo por encima de toda la muerte y destrucción de un diluvio mundial. ¿Y Lot? Dios realmente envió ángeles para sacarlos personalmente a él y a sus hijas fuera de la ciudad sentenciada de Sodoma. Las manos de Dios estuvieron atadas hasta que Lot estuvo a salvo fuera de los suburbios. Fue más que una pérdida de su trabajo, más que un colapso de la economía, más que una caída de gobierno – era la aniquilación total de su sociedad. Pero Lot fue rescatado a salvo. ¡Pablo probó las contingencias de emergencias de Dios una y otra vez! Éste apóstol fue náufrago, fue perseguido por ladrones, encarcelado, acusado de traición y tramaron su asesinato. Sin embargo, en cada crisis, Dios tenía un plan de contingencia para librarlo. Sólo cuando Dios determinó que la carrera de Pablo había acabado, fue cuando puso en efecto su último plan de contingencia. Él lo llamó a su resurrección. Nosotros también tenemos un plan de emergencia para sobrevivir – designado especialmente para cada creyente. ¡Que no tengamos ninguna duda – Dios nos ayudará a salir de cada crisis! El único obstáculo que existe para que eso sea posible o no, es que tú lo creas o no. Ahora ya lo sabes.

9/21/2012

Promesas


Muchos de los que leen estas reflexiones concurren a congregaciones evangélicas de diferentes partes del mundo. Lo que allí reciben es diverso y disímil. Algunos bastante y otros muy poco, pero todos tienen algo para meditar. No lo censuro, es lo que hay y hoy por hoy, cuando decimos iglesia, es eso lo que existe. Por esa razón, siempre elijo hablar de las cosas que sé perfectamente que menos se tratan en las congregaciones tradicionales. Esta es una. La Palabra de Dios nos dice en términos muy claros: Seguid…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Aquí está la verdad, clara y simple. Sin la santidad que es impartida sólo por Cristo (ese precioso regalo que honramos llevando una vida devota a obedecer cada una de sus Palabras) ninguno de nosotros verá al Señor. Y esto no se refiere solamente a un futuro espiritual, sino a nuestra vida presente también. Sin santidad, no veremos la presencia de Dios en nuestro caminar diario, nuestra familia, nuestras relaciones, nuestro testimonio o nuestro ministerio. No importa a cuantas conferencias cristianas nosotros atendemos, o a cuantos mensajes escuchemos, o a cuantos estudios Bíblicos asistamos. Si guardamos escondido un pecado canceroso, si el Señor tiene una controversia con nosotros sobre nuestra iniquidad, entonces ninguno de nuestros esfuerzos producirá fruto divino. Por lo contrario, nuestro pecado crecerá más contagioso e infectará a todos los que estén alrededor nuestro. Por supuesto, este tema va más allá de las lujurias de la carne, y tiene que ver también con la corrupción del espíritu. Pablo describe este mismo pecado destructivo cuando dice, Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor (1 de Corintios 10:10). Así que, amado santo, ¿permitirás tú al Espíritu Santo que trate con las lujurias que estás albergando? ¿Buscarás y confiarás en el escape que Dios ha provisto para ti? Te exhorto a que cultives un temor santo y confianza para estos últimos días. Lo mantendrás puro, no importa cuán fuerte ruge la maldad alrededor tuyo. Y harás posible que camines en la santidad de Dios, la cual contiene la promesa de su perdurable presencia. Es un asunto de fe. Cristo ha prometido mantenerte sin caída, y darte poder para resistir al pecado - si tú simplemente crees lo que él ha dicho. Así que créele a él por este temor divino. Ora para recibirlo y tómalo. Dios cumplirá su Palabra. Tú no puedes escaparte de las garras mortales del pecado acosador por medio de tu propia voluntad, con tus promesas, o por ningún esfuerzo humano solamente. No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos (Zacarías 4:6). Algunos cristianos aconsejan no hablar demasiado de estas cosas porque, -dicen-, crean culpas. Puede ser, pero prefiero verte un par de días luchando con un espíritu de culpa y no toda una eternidad perdido.


9/19/2012

Claridad


Durante muchos años los más afamados teólogos han discutido sin ponerse del todo de acuerdo respecto al significado espiritual que la cruz tiene o debe tener para el creyente. Y si bien sus conclusiones han sido muchas, me voy a quedar con una que veo como clara y concisa: la cruz nos enseña a cómo negarnos a nosotros mismos. Porque fíjate que nunca nuestro Señor nos dice, “Agáchate y deja que ponga esta cruz sobre ti.” Jesús no recluta obligadamente; su ejército es todo de voluntarios. No todos los cristianos llevan cruces. Tú puedes ser un creyente sin llevar una cruz, pero no puedes ser un discípulo. Es el riesgo de confundir salvación con Reino. Yo veo muchos creyentes que rechazan el camino de la cruz. Ellos han optado por la buena vida con su prosperidad, sus ganancias materiales, su popularidad y éxito. Estoy seguro que muchos de ellos llegarán al cielo – habrán salvado sus pellejos – pero no habrán aprendido a Cristo. Habiendo rechazado el sufrimiento y las penas de la cruz, ellos no tendrán la capacidad de conocerlo y disfrutarlo en la eternidad, tal como lo harán todos los santos que llevaron la cruz y entraron en la comunión del sufrimiento. Y con esto, -obviamente- no estoy votando a favor del estoicismo, los sacrificios masoquistas o la flagelación, creo que se entiende. Tú tendrás que llevar tu cruz hasta que aprendas a negarte. ¿Negarme qué? A la única cosa que impide el trabajo de Dios en nuestras vidas: nuestro yo. Jesús dijo, Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame (Mateo 16:24). Estaríamos malinterpretando este mensaje si ponemos énfasis en que esto significa rechazar las cosas materiales o ilícitas. Jesús no nos estaba llamando a que aprendamos a tener disciplina antes de que tomemos nuestra cruz. Es mucho más severo que eso. Jesús nos está pidiendo que nos neguemos a nosotros mismos. Esto significa negar nuestra propia habilidad de llevar cualquier cruz en nuestras propias fuerzas. En otras palabras, “No tomes tu cruz hasta que estés listo a rechazar cualquier y cada pensamiento de llegar a ser un discípulo santo como resultado de tu propio esfuerzo.” Millones que profesan ser cristianos se jactan de que se niegan a sí mismos. No fuman, no beben, no maldicen ni fornican – ellos son tremendos ejemplos de propia disciplina. Pero ni en cien años ellos admitirían que esto fue logrado por ninguna otra cosa sino su propio esfuerzo de voluntad. Están practicando a cómo negarse, pero no se han negado a sí mismos. De cierta manera, todos nosotros somos así. Experimentamos “enviones” de santidad, acompañados de sentimientos de pureza. Las buenas obras generalmente producen buenos sentimientos, pero Dios no nos permitirá pensar que nuestras buenas obras y buenos hábitos nos pueden salvar. Es por eso que necesitamos una cruz. Yo creo que Jesús actualmente nos está diciendo, Antes de que tomes tu cruz, alístate para enfrentar un momento de realidad. Alístate para experimentar una crisis mediante la cual tú aprenderás a negar tu propia voluntad, tu propia rectitud, tu propia suficiencia, tu propia autoridad. Te puedes levantar y seguirme como un verdadero discípulo sólo cuando puedas admitir libremente que no puedes hacer nada en tus propias fuerzas – no puedes vencer al pecado a través de tu voluntad propia – tus tentaciones no pueden ser vencidas sólo por tus propios esfuerzos – tú no puedes solucionar las cosas con tu propio intelecto. Tu amor por Jesús te puede poner ya mismo de rodillas, pero su cruz te pondrá con el rostro en el suelo. Así lo creo yo, no es obligatorio que también lo creas tú. A menos que el Espíritu Santo de Dios te lo muestre con la más diáfana claridad.

9/17/2012

"Descontrol"


Indudablemente, la Biblia nos muestra a cada paso, un enorme caudal de sucesos que no tienen explicación lógica o racional, y que nos siguen sorprendiendo a diario. El final del libro de Génesis, por ejemplo, termina mostrando que Dios había escogido a un pequeño grupo de personas insignificantes para llegar a ser una nación testimonio. Él quería levantar a personas que serían ejemplos vivos de su bondad ante un mundo malvado. Así que, para llevar a cabo este testimonio, Dios llevó a su pueblo a lugares donde ellos no podrían ejercer control. El aisló a Israel en un desierto, para ser su única fuente de vida, cuidando de cada necesidad de ellos. Israel no tenía control sobre su supervivencia en aquél lugar desolado. Ellos no podían controlar la disponibilidad de alimentos o agua. Ellos no podían controlar hacia donde estaban yendo por qué no tenían brújulas ni mapas. ¿Cómo comerían y beberían? ¿Qué dirección tomarían? ¿Y a dónde llegarían? Dios lo haría todo para ellos. El los guiaría cada día con una nube milagrosa, la cual resplandecía de noche disipando la oscuridad alrededor de ellos. El los alimentaría con comida de ángeles del cielo, y les proveería con agua de una roca. Sí, cada una de sus necesidades sería suplida por el
Señor, y ningún enemigo podría vencerlos. Desde los cielos te hizo oír su voz para enseñarte (Deuteronomio 4:36). El pueblo de Dios escuchaba sus palabras guiándolos, y ellos testificaron ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios hablando…? (ver Deuteronomio 4:32-34). Las naciones que rodeaban a Israel estaban llenas de “otros dioses”, ídolos hechos de madera, plata y oro. Estos dioses eran mudos, incapaces de
ver o escuchar, incapaces de amar, guiar o proteger a las personas que los adoraban. Pero cualquiera de estas naciones podía mirar a Israel y ver a unas personas especiales que Dios guiaba a través de un terrible desierto. Ellos verían a un Dios que le hablaba a su pueblo, y podía amar y sentir, y respondía a las oraciones y proveía milagros. Este era un Dios vivo, el cual guiaba a su pueblo en cada detalle de sus vidas. Dios levantó a personas que serían entrenadas por él. Tenían que ser personas que vivirían bajo su autoridad, y confiarían en él completamente, entregándole a él completo control de cada aspecto de sus vidas. Aquellas personas llegarían a ser su testimonio para el mundo. ¿Por qué quería Dios tener el control completo de las personas, e insistir en que confíen en él todo el tiempo? Era porque sólo Dios conocía el camino y él realizaría hasta lo imposible para llevarlos hasta allá. Pregunto: ¿Cómo está tu vida en este lunes de Setiembre? ¿Tienes todo bajo tu control o, por el contrario, todo parecería haberse desparramado en forma “descontrolada” sin que se pueda encontrar desde la mente una salida apropiada? Si fuera así, mucho cuidado con lo que piensas, y muchísimo más cuidado con lo que oras. No sea que Dios esté permitiendo todo ese “descontrol” en tu vida precisamente para eso, para que tú dejes de controlarlo todo y, definitivamente, confíes y le entregues totalmente tu vida a Él.

9/16/2012

Cruces


Hay frases que hemos leído en nuestras Biblias en más de una ocasión y nos resultan formidables, aunque en el fondo no lleguemos a entenderlas del todo. Por ejemplo: Jesús le dijo a sus discípulos, Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame (Mateo 16:24). Sin embargo, ¡Jesús no podía llevar su cruz y ni tampoco tú puedes! Mientras Jesús soportaba su propia cruz hacia el Gólgota, guiado por sus atormentadores, él estaba muy débil y agotado para llevarla por mucho tiempo. Cuando él llegó al final de su aguante, su cruz fue puesta sobre otros hombros. La Biblia no nos dice qué distancia Jesús llevó su cruz, pero sabemos que Simón el Cireneo fue obligado a tomarla y llevarla hasta el lugar de la crucifixión. ¿Qué significa esto para nosotros? ¿Nos haría nuestro Señor hacer algo que él no pudo hacer? ¿No dijo él Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo (Lucas 14:27)? Una cruz es una cruz, ya sea de madera o espiritual. No es suficiente decir, “su cruz era diferente – nuestra cruz es espiritual.” Personalmente, a mí me da gran esperanza saber que Jesús no pudo tomar su propia cruz. Me anima saber que no soy el único que está abatido hasta el suelo a veces, y que no soy capaz de continuar con mis fuerzas. Y puedo asegurarte que, quien diga otra cosa desde un púlpito, sólo está pavoneándose de voluntarismos o fuerzas que no le son propias. Jesús sabía exactamente lo que estaba diciendo cuando nos llamó a “tomar nuestra cruz y seguirlo.” Él recordaba su propia cruz y que otro tuvo que llevarla en lugar de él. ¿Por qué entonces él me pediría que yo le ponga el hombro a una cruz que pronto me aplastaría en el suelo? Él conoce la agonía, la impotencia, y la carga que la cruz produce. Él sabe que no podemos llevarla todo el camino en nuestras propias fuerzas. Aquí hay una verdad escondida que necesitamos descubrir, una verdad tan poderosa que cambiará la manera en que miramos todos nuestros problemas y dolores. Parecería como un sacrilegio sugerir que Jesús no llevó su propia cruz, pero esa es la verdad. No lo inventé yo ni lo inventó ningún predicador. ¡Está escrito así! Dios sabe que no hay ninguno de sus hijos que pueda llevar su cruz cuando la tomamos al seguir a Cristo. Queremos ser buenos discípulos negándonos a
nosotros mismos y tomando nuestra cruz, pero parece que nos olvidamos que esa misma cruz nos llevará algún día al final de nuestra resistencia humana. ¿Nos pediría Jesús a propósito que tomemos una cruz la cual él sabe que nos quitará todas nuestras energías humanas y nos dejará en el suelo, impotentes, hasta el punto de rendirnos? ¡Sí, absolutamente! Jesús nos advierte de antemano, Separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:5). Así que él nos pide que tomemos nuestra cruz, que breguemos con ella, hasta que aprendamos esa lección. Recién cuando nuestra cruz nos derriba al suelo, es que aprendemos la lección de que no es por nuestra fuerza ni por nuestro poder o fortaleza, sino por su poder. Eso es lo que la Biblia quiere decirnos cuando dice que su poder se perfecciona en nuestras debilidades.
 

9/14/2012

Debilidad


Uno de los versículos más alentadores de la Biblia está en 2 Corintios 4:7: Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros. Luego Pablo procede a describir esas vasijas de barro – hombres que están muriendo, atribulados en todo, perplejos, perseguidos, derribados. Y aunque nunca abandonados ni desesperados, esos hombres usados por Dios están constantemente llevando la carga de sus cuerpos humanos, esperando ansiosamente ser revestidos con un cuerpo nuevo. Dios se burla del poder del hombre. Él se ríe de nuestros esfuerzos ególatras de ser buenos. Él nunca usa al grandioso ni al poderoso, sino que usa a las cosas débiles de este mundo para confundir a los sabios. Considerad, pues, hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de
que nadie se jacte en su presencia (1 Corintios 1:26-29).
¡Eso me describe a mí! Algo débil – algo tonto – algo despreciado – algo común – no muy noble – no muy inteligente. Pero ese es el plan perfecto de Dios – el misterio más grande del mundo. Dios nos llama en nuestras debilidades. Él pone su tesoro de incalculable valor en estas vasijas de barro nuestras, porque él se deleita en hacer lo imposible de la nada. Me asombra permanentemente que mis hermanos me digan poco menos que soy un fuera de serie. Me asombra y me causa gracia. Yo sé que no soy nada de eso y que mi único mérito, si es que puedo atreverme a llamarlo de ese modo, es obedecer más o menos con eficiencia lo que mi Señor desea que haga. Hay muchos hombres y mujeres que un día llegan a Jesucristo envuelto en lágrimas, comienzan una aparente vida de fe y, al primer obstáculo, retornan más que rápido a su vida licenciosa de pecado anterior a la supuesta “conversión”. Pregunto: ¿Dios se da por vencido con gente así? ¡Ni por un momento! Muchos de ellos vuelven una vez más y se convierten en voceros reales de un Reino real. ¿Has fallado tú? ¿Hay un pecado que te acosa fácilmente? ¿Te sientes como un cobarde débil, que no puede lograr la victoria sobre un pecado escondido? Pero con esa debilidad en ti, ¿También hay un hambre por Dios? ¿Tú lo anhelas, lo amas, lo buscas? Esa hambre y sed es la llave para
nuestra victoria. Eso es lo que te hace a ti diferente de todos los otros que se sienten culpables de haberle fallado a Dios. Eso es lo que te separa a ti de los demás. Tú debes mantener esa hambre viva. Continúa teniendo sed de justicia. Nunca justifiques tu debilidad, nunca te rindas a ella y nunca la aceptes como parte de tu vida.


9/12/2012

Sequías


Creo que alguna vez le ha ocurrido a uno y cada uno de los predicadores que andan por el planeta llevando palabra de la buena a gente con hambre y sed de Dios. Hay tiempos donde se sienten tan secos, tan lejos de la presencia de Dios. Son en esos momentos en los que ni siquiera tienen deseos de leer la Palabra. La lectura de la Biblia durante tiempos de sequedad, se hace mayormente a través de un sentido de obligación. Cuando estamos secos y vacíos, quizás sentimos muy poco ánimo para orar, aunque sabemos que nuestra fe está intacta, y nuestro amor por Jesús está fuerte. ¿Alguna vez te has sentado en la iglesia y has visto a las personas a tu alrededor siendo bendecidas, mientras tú no sientes nada? Ellos lloran; ellos oran; ellos alaban con gran sentimiento. Pero tú no eres movido a hacerlo
por nada. Es allí donde empiezas a preguntarte si algo está mal con tu vida espiritual. Yo creo que todos los verdaderos creyentes experimentan un periodo de sequía durante diferentes etapas de sus vidas cristianas. Aún Jesús sintió abandono cuando él clamó a gran voz, “Padre, ¿por qué me has abandonado? Entonces es cuando nos hacemos la pregunta: ¿Qué debo hacer para vencer la sequedad espiritual? La respuesta, una vez más, va a acicatear a muchos entre los que debemos incluirnos los ministros: ¡Debo mantener una vida de oración! Nada disipa la sequedad y el vacío tan rápido que una o dos horas de encerrarse con el Señor. El dejar a un lado nuestra cita con Dios en su lugar secreto, causa desasosiego. Sabemos que nuestro amor por él debería de guiarnos a su presencia, pero nos volvemos ocupados con tantas otras cosas que el tiempo se pasa, y Dios queda abandonado. Le enviamos una cantidad de “oraciones de pensamientos.” Pero nada puede tomar el lugar de ese lugar secreto – con la puerta cerrada – encerrados orando al Padre. Acércate al trono de la gracia – aun cuando tú hayas pecado y fallado. Él perdona – al instante – a aquellos que se arrepienten con tristeza santa. En segundo lugar, ¡No debo tener temor de un poco de sufrimiento! La resurrección de Cristo fue precedida por un corto periodo de sufrimiento. ¡Nosotros morimos! ¡Nosotros sufrimos! Tenemos dolores y penas. ¡No queremos sufrir o nos resistimos a ser heridos! ¡Queremos ser librados sin dolor! Queremos una intervención sobrenatural. “Hazlo, Dios” oramos, “porque soy débil y siempre lo seré. ¡Hazlo todo, mientras sigo mi camino esperando que me libres sobrenaturalmente!” Pero gracias a Dios, el sufrimiento es siempre ese corto periodo antes de la victoria final. Pero el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca (1 Pedro 5:10).


9/10/2012

Pródigo


Siempre recuerdo con algo de humor a una hermana que llegó a la que en ese momento era mi congregación, procedente de otra de la misma denominación, pero mucho menos crecida. Cuando le preguntaban la razón de su salida, ella comentaba que era porque el pastor de aquella iglesia no tenía palabra y se la pasaba domingo tras domingo predicando siempre el mismo mensaje: el hijo pródigo. Es que es difícil resistir a la tentación porque llega a ser un muy buen mensaje, ese. Y siempre hay un modo diferente de mirarlo. Por ejemplo, yo creo que el hijo pródigo volvió a su hogar, a causa de su historia con su padre. Este joven conocía el carácter de su padre y aparentemente había recibido mucho amor de parte de él. De otra forma, ¿por qué regresaría donde un hombre que se habría airado y vengado, que le habría golpeado y obligado a devolver hasta el último centavo que se llevó? De seguro, el pródigo sabía que si regresaba, no sería reprendido ni condenado por sus pecados. Quizás pensó: “Sé que mi padre me ama. No me echaría mi pecado en mi cara. Me aceptaría de vuelta”. Cuando uno tiene ese tipo de historia, uno siempre puede volver a casa. Nota cómo el padre del pródigo le “sale al encuentro” con la bendición del bien. El joven estaba dispuesto a ofrecer una confesión de corazón a su padre, porque la estuvo ensayando durante todo el camino de regreso. Sin embargo, cuando se encontró con su padre, ni siquiera tuvo la oportunidad de confesar todo. Su padre lo interrumpió, corriendo hacia él y abrazándolo. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó (Lucas 15:20). El padre estaba tan feliz por el regreso de su hijo, que lo llenó de besos, y dijo: “Te amo hijo. Ven a casa y sé restaurado”. El padre hizo todo esto, antes de que su hijo pudiera terminar su confesión. El joven pudo liberar sólo la primera parte de su discurso. Pero su padre no esperó a que terminara. Para él, el pecado del joven había sido ya arreglado. La única reacción del padre fue emitir una orden a sus siervos: “Pónganle un vestido a mi hijo y anillos en sus dedos. Preparen una fiesta, porque vamos a celebrar. ¡Alégrense todos, porque mi hijo está en casa!”. El pecado no era el asunto para este padre. El único asunto en su mente era el amor. Él quería que su muchacho supiera que era aceptado, aun antes de poder pronunciar su confesión. Y ése es el punto que Dios quiere mostrarnos a todos: Su amor es más grande que nuestros pecados. Su benignidad te guía al arrepentimiento (Romanos 2:4).

9/09/2012

Tormenta


Entre todas las anécdotas y relatos “incomprensibles” que hay en la Biblia, hay uno que sobresale notoriamente: el que se desarrolló cuando Jesús les ordenó a sus discípulos que entrasen a un bote que estaba de ida hacia una colisión. La Biblia dice que “Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca…” la cual estaba de ida hacia aguas turbulentas donde sería zarandeada como un corcho en el agua. En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud (Mateo 14:22). ¿Dónde estaba Jesús? Él estaba en las montañas que miraban al mar. Él estaba allí orando para que ellos no fallasen en la prueba que deberían pasar. El viaje en la barca, la tormenta, las olas, los vientos, todo era parte de la prueba que el Padre había planeado. Ellos estaban a punto de aprender la lección más grande que podrían aprender – a reconocer a Jesús en medio de la tormenta. Hasta ahora, los discípulos lo podían reconocer como el que hace milagros, el hombre que convertía los panes y los peces en comida milagrosa. Lo reconocían como el amigo de los pecadores, Aquél que trajo la salvación a toda la humanidad. Lo conocían como el que suplía todas sus necesidades, aun pagando los impuestos con dinero de la boca de un pez. Ellos reconocían a Jesús como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Ellos sabían que él tenía las palabras de vida eterna. Ellos sabían que tenía poder sobre todas las obras del diablo. Lo conocían como maestro, el
cual les enseñó a orar, a perdonar, a atar y desatar. Pero ellos nunca habían aprendido a reconocer a Jesús en la tormenta. Ésta es la raíz de muchos de nuestros problemas hoy día. Confiamos en Jesús para los milagros y sanidades. Le creemos para nuestra salvación y perdón de nuestros pecados. Lo vemos como el que suple todas nuestras necesidades y confiamos en que él nos lleva a la gloria algún día. Pero cuando una tormenta súbita cae sobre nosotros y parece que todo está perdido, es difícil ver que Jesús esté cerca de nosotros. No podemos creer que él permite las tormentas para enseñarnos a confiar. Nunca estamos completamente seguros de que él está cerca cuando las cosas realmente se ponen difíciles. ¡Había una sola lección para que los discípulos aprendiesen en esta tormenta – sólo una! Una lección simple – no era una lección profunda, mística, ni ningún terremoto. Jesús simplemente quería que confiaran en él como su Señor en cada tormenta de sus vidas. Él simplemente quería que sus discípulos mantuvieran su ánimo y confianza aún en las horas más oscuras de la prueba. ¡Eso es todo! ¿Será, acaso, hoy, el día en que tu tormenta personal está más brava que nunca? Ya lo sabes.


9/07/2012

Intercesores


En el transcurso de mi vida en el Señor, he tenido oportunidad de conocer muchos misioneros. Algunos, con la real y genuina unción requerida, orando y ayunando para ver adónde lo deseaba enviar el Padre. Otros, con la clásica y característica enjundia juvenil buscando vivir aventuras en países exóticos a modo de un turismo religioso. Tú mismo puedes ir “en el Espíritu” a cualquier nación en la Tierra. Puedes tocar un pueblo inalcanzable, estando de rodillas. De hecho, tu lugar secreto de oración podría convertirse en la sede de un mover del Espíritu sobre toda una nación. Pienso en el ejemplo de Abraham. Él oró por una Sodoma impía e inmunda. El Señor le respondió: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos (Génesis 18:26). Cuando Abraham lo oyó, comenzó a negociar con el Señor. Preguntó: Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? (Génesis 18:28). Lo que Abraham estaba preguntando era: “Señor, ¿qué tal si hay cuarenta y cinco justos entre aquellos cincuenta creyentes? ¿Qué tal si sólo ellos te están buscando en oración? O, ¿qué tal si tan sólo hay diez justos que te buscan? Si solamente diez te invocan, ¿perdonarás la ciudad?”. Dios le respondió a Abraham: No la destruiré, respondió, por amor a los diez (Génesis 18:32). Este pasaje nos dice algo acerca del Señor. Él está dispuesto a salvar sociedades enteras si pudiera hallar un puñado de justos dentro de ella. Esto se refiere a personas que buscan el rostro de Dios por amor a su nación. Dios va aún más allá en este asunto, que lo que fue con Abraham. En Ezequiel 22, Dios habla de hallar tan sólo un creyente que ore, que se pare en la brecha: busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé (Ezequiel 22:30). En la época de la profecía de Ezequiel, Israel se había corrompido espiritualmente. Los profetas eran profanos; quebrantaban totalmente las leyes de Dios. El pueblo era oprimido, vejado por doquier, lleno de deseos pecaminosos, robándose unos a otros. Ni un solo hombre clamaba al Señor. Nadie se paraba en la brecha a interceder. Aun así, Dios habría salvado la
nación entera por amor a un sólo intercesor. Si tú no puedes ir físicamente a las naciones, puedes ser parte del cuerpo de respaldo de intercesores. Y debemos asistir a aquéllos que se han dado a sí mismos para ir a las naciones. Cuando Pablo escribe de sus viajes, menciona no sólo a Timoteo y Tito, como sus ayudantes, sino también a Lidia y a otras preciosas mujeres que lo ayudaron. Todos eran siervos devotos cuya asistencia, ayudó a tocar naciones enteras con el Evangelio. Lo que deberás hacer, entonces, no es ir a una iglesia a que te digan por qué misioneros orar. Lo que debes hacer es buscar al Señor en oración y pedirle a Él que te diga cuáles son realmente enviados suyos y en qué lugar del planeta se encuentran.


9/05/2012

Cosecha


Cuando Jesús miró los tiempos desde sus días hasta los últimos días, creo que sintió lo mismo que tú y yo sentimos hoy. Entonces advirtió sobre un terrible problema. Dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos (Mateo 9:37). Mientras leo estas palabras, me pregunto: “¿Cuál es la solución? ¿Cómo se pueden preparar más obreros para que vayan a las naciones? ¿Sigue siendo el tradicional misionero la solución? ¿Los resultados nos dicen que así sea?” Jesús dio inmediatamente la respuesta, en el siguiente versículo: Alguien debe orar para que estos obreros vayan a la cosecha. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies (Mateo 9:38). Tú seguramente pensarás: “Las puertas en todo el mundo se están cerrando”. Puede ser cierto, pero no importa cuán cerradas estén algunas naciones a nuestros ojos. Si Dios pudo destruir la Cortina de Hierro en Europa y la Cortina de Bambú en el Asia, nada puede impedir que Él obre donde quiera. El apóstol Pablo fue enviado como misionero a través del poder de la oración. Sucedió en Antioquía, donde los líderes de una iglesia oraban por la cosecha. El primer viaje misionero de Pablo fue el producto de una reunión de oración. Fue el resultado directo de hombres piadosos obedeciendo las palabras de Jesús, de orar a Dios para que envíe obreros a la cosecha. Lo mismo es cierto hoy. Debemos estar orando por la cosecha, tal como esos hombres de Dios en Antioquía lo hicieron. El hecho es que, mientras oramos, el Espíritu Santo está buscando en la Tierra, poniendo un sentido de urgencia en los corazones de aquéllos que desean ser usados por Dios; tocando a su pueblo por doquier, apartándolos para Su servicio. En Mateo 8, un centurión vino a Jesús para pedir la sanidad de su siervo agonizante. Cristo le respondió: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora (Mateo 8:13). Creo que lo mismo sucede con todos los que interceden por la cosecha. Mientras le pedimos a Dios que envíe obreros, el Espíritu Santo está despertando el corazón de alguien en algún lugar y no interesa dónde sucede. La poderosa verdad es que nuestras oraciones están sirviendo para enviar obreros a la mies. Aplaudo la tarea de muchos misioneros en distintos lugares del mundo necesitado. Pero también reconozco que hay mucha gente ansiosa de emociones y aventuras, (dicho sea de paso sustentada con dinero de otros), que dice ser enviada a las naciones cuando en realidad no ha sido así. La tarea es orar para que Dios envíe esos obreros a la mies, pero que sea irremediablemente Dios quien lo haga. Los hombres evidentemente no han tenido los mejores resultados. Ah, y que sea a las naciones hambrientas de Dios, no a lugares más aptos para vacacionar que para predicar el evangelio, ¿Se entiende?

9/03/2012

Carga


Hace algo más de una semana recibí un correo casi dramático, donde una mujer desesperada clamaba por una garantía que Dios la había perdonado por su tremendo pecado. Me costó bastante trabajo que pudiera entender (No sé si aceptar, todavía) que cualquier clase de pecado, por grosero que sea, si ha producido un arrepentimiento genuino y un pedido de perdón sincero, lo tiene de inmediato porque Dios es justo. Querido amigo, ¡Nunca pongas límites al perdón de Dios para ti! No hay límites a su perdón ni a su paciencia. Jesús le dijo a sus discípulos, Y si (tu hermano) siete veces al día pecare contra ti, y si siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale (Lucas 17:4). ¿Puedes creer tal cosa? Siete veces al día ésta persona intencionadamente peca delante de mí, y luego dice “lo siento”. Y yo debo de perdonarlo – continuamente. Y mucho más si tenemos en cuenta que siete es el número de lo completo y en realidad significa todo lo que sea necesario. ¡Cuánto más nuestro Padre celestial perdona a sus hijos que acuden arrepentidos a él! No te detengas a razonarlo – y no preguntes cómo o porqué Él perdona tan libremente. ¡Simplemente acéptalo! Jesús no dijo, “Perdona a tu hermano una o dos veces, y luego dile que vaya y no peque más. Dile que si lo vuelve a hacer otra vez, será echado fuera. Dile que es un pecador habitual.” ¡No! ¡Jesús habló de un perdón ilimitado, sin condiciones! Es la naturaleza de Dios perdonar. David dijo, Porque tú Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan (Salmo 86:5). Dios está esperando ahora mismo para inundarle todo su ser con el gozo del perdón. Usted necesita abrir todas las puertas y ventanas de su alma y permitirle al Espíritu de Dios que lo inunde con el perdón. Juan, hablando como Cristiano, escribió, Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1 de Juan 2:2). Según Juan, la meta de cada cristiano es “que no pequéis”. Esto significa que el cristiano no está inclinado hacia el pecado, sino que se inclina hacia Dios. ¿Pero qué sucede cuando el hijo que está inclinado hacia Dios peca? Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo (1 de Juan 2:1). Deja a un lado tu culpa, amigo. Tú no necesitas llevar esa carga ni un minuto más. Abre las puertas y ventanas de tu corazón, y deja que el amor de Dios entre. ¡Él te perdona – una y otra vez! Él te dará el poder para que veas tu lucha a través de la victoria. Si tú pides – si tú te arrepientes - ¡Tú eres perdonado! ¡Acéptalo – ahora! Y si esto llegó a tu vida justamente hoy que lo necesitabas desesperadamente, entiende que no fui yo quien decidió publicarlo, sino que Él me impulsó a hacerlo simplemente porque te ama. ¿Puedes entenderlo? ¿Sí? ¡Gloria a Dios! ¿No lo entiendes? ¡Entonces simplemente acéptalo sin cuestionar nada!
 

9/02/2012

¿Culpa?


No quiero ni imaginarme cuantos de quienes leen estos trabajos están o estuvieron prisioneros de alguna culpa medianamente importante en sus vidas. Cuantos pensaron que ya no tenían salida ni perdón por causa de alguna ofensa ejercida o recibida que producía enorme culpabilidad en sus vidas. Hoy es el día donde quedarán libres de eso si todavía no lo eran. Porque la culpa es peligrosa, cierto es. El peligro de la culpa está en que destruye la fe. El enemigo de nuestras almas no está interesado en hacer que los cristianos sean adúlteros, adictos o prostitutas. Él está interesado en sólo una cosa – en hacer que los cristianos sean incrédulos. Él usa la lujuria del cuerpo para atar a la mente. Satanás quiere abrumarte con culpa, para que tú abandones tu fe. Él quiere que dudes de la fidelidad de Dios y que pienses que nadie se importa de ti; que vivirás en miseria y con el corazón destrozado; que siempre serás un esclavo de tus lujurias; que la santidad de Dios es inalcanzable; que estás solo y nadie te ayudará con tus problemas; que Dios ya no se interesa de tus necesidades ni de tus sentimientos. Si él puede llevarte al punto de desesperación, podrá inundarte con incredulidad – y entonces él ha logrado tener éxito en su misión. Los tres simples pasos hacia el ateísmo son culpa, duda e incredulidad. La culpa puede carcomer la vitalidad espiritual de un Cristiano de la misma manera que lo hace un cáncer galopante. Hace que la persona pierda control de su vida; lo lleva hacia un deseo de querer dejar o retirarse de la actividad espiritual; y finalmente, acarrea dolor físico y enfermedad. Al igual que el cáncer, la culpa se alimenta de sí misma hasta que toda vida espiritual se vaya, y el resultado es debilidad y un sentir de vergüenza y fracaso. La manera de deshacernos de la culpa es deshaciéndonos del pecado, lo cual parece ser simple pero no lo es. Tú simplemente no decides “soltar” a esa tercera persona que ha entrado en tu vida. Muchos lo han intentado y se han dado cuenta que eso no funciona. Tú  no puedes simplemente dejar las cosas que te atan. El paso más importante que tomarás en tu vida es el paso que tú tomes después de haberle fallado a Dios. ¿Vas a creer las mentiras del acusador y te rendirás en desesperación, o te permitirás a ti mismo recibir el manantial de perdón del amor de Dios? ¿Temes, acaso, pedirle perdón a Dios porque no estás seguro de querer ser libre de aquello que te ata? ¿Quieres al Señor, pero secretamente deseas
algo que no debería ser tuyo? Dios puede responder oraciones sinceras, para hacer que tú quieras hacer la perfecta voluntad de Él. Pídele que te haga cumplir Su voluntad.



8/31/2012

Voz


¿Cómo llegaste al Señor? A esta pregunta me la han formulado muchas veces, y supongo que a ti también. ¿Tienes una respuesta? Seguramente, como me ocurrió a mí, tengo hechos puntuales y –en apariencia-, “casuales” que me llevaron a Cristo. Pero todos sabemos que de ninguna manera es así. Que “algo” se movió en los aires y posibilitó que lo que debiera ocurrir, ocurriese. Millones se han convertido porque un hombre esperó hasta escuchar la voz de Dios. Saulo “cayendo en tierra oyó una voz” y cuando él llegó a ser Pablo, siguió escuchando esa voz. El Señor habló de hombre a hombre con él. Pedro permitió que la voz del Salvador llegase a él. Pedro subió a la azotea para orar…Y le vino una voz (Hechos 10:9,13). Toda la raza de los Gentiles fue bienvenida al reino, junto con la casa de Cornelio, porque un hombre obedeció una voz. Estamos viviendo en los mismos tiempos del Nuevo Testamento al igual que Pablo y Pedro, y nosotros también, debemos permitir que Su voz venga a nosotros. “Si oís hoy su voz…” ¡Lo que Dios podría hacer con los cristianos que aprendan a escuchar del cielo! En lugar de esperar a que Su voz venga a nosotros, corremos buscando sesión tras sesión con consejeros y psicólogos Cristianos, y leemos libros y escuchamos grabaciones – queriendo escuchar de Dios. Buscamos una palabra clara de dirección para nuestras vidas y queremos que los pastores nos digan lo que está bien y lo que está errado. Deseamos un líder a quien seguir, un diagrama para el futuro. Pero son pocos los que saben cómo ir al Señor y escuchar su voz. Muchos saben cómo conseguir la atención de Dios – tocar a Dios realmente – pero no saben nada de que Dios los alcance a ellos. Soy ministro y no me molesta que alguien me consulte algo, pero celebro y glorifico a Dios cuando me entero que pudo resolver su problema con oración y comunión. ¡Eso es madurez! Los que tienen oídos para oír, oigan lo que dice el Espíritu (Mateo 11:15). Dios quiere sacudir la tierra una vez más. Mirad que no desechéis al que habla, pues si no escaparon aquellos que
desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si
desechamos al que amonesta desde los cielos. Su voz conmovió entonces la
tierra, pero ahora ha prometido diciendo: Una vez más conmoveré no solamente
la tierra, sino también el cielo (Hebreos 12:25-26).
Él ha prometido, “Otra vez mi voz se oirá. Aquellos que la escuchen conmoverán la tierra, y los cielos y la tierra serán conmovidos. Al escuchar mi voz, lo que sea desatado en la tierra será desatado en el cielo.” A la última iglesia, la iglesia de Laodicea, el Señor le dice: Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo (Apocalipsis 3:20). “Estoy pidiendo ser escuchado. Ábreme. Déjame entrar a tu lugar secreto. Quiero hablarte y que tú me hables. Tengamos comunión. Así es como te guardaré de la hora de tentación que está viniendo a todo el mundo. ¿O prefieres seguir oyendo diariamente la voz de tu adversario?”
 

8/29/2012

Autenticidad


¿Crees que la sociedad en general cree en la existencia de Dios? Sí. En mayor o menor medida y con muchas deficiencias en cuanto a su imagen y significación, esa sociedad secular está dispuesta a creer y respetar a un Dios creador del universo. Entonces, la pregunta que surge, es: ¿Por qué si esa sociedad cree en alguna forma de Dios y lo respeta como Todopoderoso, no cree y respeta en igual medida a la iglesia que dice representarlo? Simple: porque a la iglesia de Jesucristo le falta autoridad espiritual. Está inserta en la sociedad como una forma de hacer religión, pero sin base concreta real. ¿Por qué? Porque le falta espiritualidad. ¿Por qué son tan condescendientes con los cristianos, las autoridades gubernamentales y los medios de comunicación? ¿Por qué ha perdido la iglesia todo significado y propósito a los ojos del mundo? ¿Por qué han desechado los jóvenes el cristianismo como si fuera algo totalmente irrelevante para sus vidas? Es porque, en su mayor parte, la iglesia ya no es luz. Cristo no está gobernando en nuestra sociedad porque Él no gobierna en nuestras vidas. A medida que miro a mí alrededor, veo a muy pocos cristianos en verdadera unión con Cristo. Hay tan poca comunión con los cielos. Y son muy pocos los ministros que rechazan los métodos mundanos para poder confiar en la dirección de Dios para sus vidas. Hemos perdido nuestra luz porque hemos perdido la vida de Cristo. Para que la autoridad de Dios tenga algún impacto, ésta debe ser real en vasijas rendidas y obedientes. Considera el reino de Babilonia durante el tiempo de Nabucodonosor. Era el imperio más poderoso sobre la Tierra. Daniel profetizó que todo rey sucesor sería inferior, menos poderoso, menos influyente. ¿Por qué? Porque
Nabucodonosor no era el verdadero gobernante de Babilonia. El poder detrás del imperio no estaba en la estatua de oro que él levantó. No, la autoridad de Babilonia se hallaba en las manos de un pequeño grupo de hombres llenos por Dios. El Señor había establecido un gobierno celestial secreto, gobernado por Daniel y los tres jóvenes hebreos. Estos hombres fueron los instrumentos de gobierno de Dios, porque operaban en el ámbito celestial. Rehusaban el tener algo que ver con el sistema del mundo. Por el contrario, se encerraban con Dios. Como resultado de ello, estos hombres conocían los tiempos. Podían decirle a la gente lo que Dios iba a hacer en cualquier momento. Eran luces brillantes y resplandecientes para la nación entera, porque tenían la vida de Dios dentro de ellos. En 2 Reyes 6, leemos sobre Siria haciéndole guerra a Israel. Durante este conflicto, el profeta Eliseo se sentó en su casa, teniendo comunión con el Señor. Este hombre era el gobierno secreto de Dios, y gobernaba con autoridad. Eliseo oía de parte de Señor y enviaba mensajes al rey de Israel, advirtiéndole sobre cada movimiento que realizaba el ejército sirio. Cuando el rey sirio se enteró de los dañinos mensajes de Eliseo, rodeó el pueblo del profeta con un batallón de su ejército. Pero Dios cegó a los sirios y Eliseo acabó por llevarlos cautivos al campamento israelita. Eliseo tenía la luz, y conocía cada movimiento de Satanás, porque tenía la vida. Hay mucha gente que habla de Dios, muchísima menos que habla CON Dios y realmente son muy escasos los que VIVEN en Dios.


8/27/2012

Límites


¿Cuántas veces en tu trabajo, algún jefe no ha creído en tus capacidades o talentos y ha menospreciado anticipadamente algo que debías realizar? ¿Verdad que experimentaste esa limitación previa como una provocación por causa de no haberse realizado después de ver los resultados? Créeme; así se siente Dios en muchas ocasiones con nosotros. Provocaban al Santo de Israel (Salmos 78:41). El verbo “provocar” aquí, viene de dos raíces, que significan: “entristecer a Dios, trazando un dibujo”. En resumen, provocar a Dios significa dibujar una línea, o hacer un círculo, una declaración: “Dios está acá adentro, y no puede ir más allá”. Esto describe la manera de pensar de muchos creyentes. Hemos trazado en nuestras mentes un dibujo muy pequeño, o un concepto, sobre la grandeza de Cristo. Eso es justamente lo que hizo la iglesia en Jerusalén. Limitaron a Cristo a un pequeño círculo, confinándolo a la población judía. Pero Jesús no puede ser confinado. Él está constantemente rompiendo los límites de nuestros pequeños y limitantes círculos y siempre se extiende hasta el extremo. Déjame darte un ejemplo. Hace casi 40 años, los pentecostales creían tener el bautismo del Espíritu Santo confinado a su movimiento. Muchos pentecostales pensaron: “¡Somos la iglesia de Dios llena del Espíritu Santo!” Los
predicadores pentecostales lamentaban la muerte de las principales denominaciones. “Ellos no tienen el evangelio completo, como nosotros”, declaraban. De pronto, el Espíritu de Dios estalló más allá de los círculos que todos habían dibujado. El Espíritu Santo cayó sobre creyentes en todas las denominaciones. Un libro clásico fue escrito, sobre este mover del Espíritu, llamado Hablaron En Otras Lenguas por John L. Sherrill. El Señor usó otros libros muy valiosos, especialmente en los círculos católicos. Sin embargo, como Pedro y la iglesia primitiva, muchos tuvieron que permitir a Dios obrar en sus corazones antes de poder aceptar lo que estaba sucediendo. Los que habían sido criados como pentecostales, y por primera vez en sus vidas, veían sacerdotes o pastores conservadores llorando con convicción de pecado, clamando a Jesús. Comenzaron toda clase de cuestionamientos como si alguien pudiese sentirse propietario de los dones y ministerios de Dios en sus grupos selectos. Algunos abandonaron la idea de ministrar a gente que según otros ya estaba perdida, pero otros, (los menos) eligieron seguir los caminos del propio Jesús, que nunca le prestó atención a esa clase de detalles. Dios tiene a su pueblo en todo lugar, y no debemos llamar a ninguno de ellos común o inmundo. Debemos tener cuidado de no representar a Jesús como si fuera pequeño y de no encajonarlo con nuestro endeble pensamiento. Quiero que entiendas: no estoy hablando de determinados credos auto denominados como cristianos o de denominaciones específicas dentro de la iglesia evangélica; estoy refiriéndome a lo único que Dios unge: seres individuales que le buscan y le aman con sinceridad.