Cuando
permitimos que Jesús sea Señor de todo, cuando echamos toda nuestra ansiedad sobre Él, confiando totalmente en Su Palabra y descansando en su
amor, nuestro aspecto debe someterse a un
profundo cambio. Una tranquila calma debe empezar a irradiar desde nuestro rostro.
La
Escritura nos da muchos ejemplos al respecto: cuando Ana dejó su carga ...
su rostro ya no estaba triste (1 Samuel 1:18). Cuando Esteban se puso delante de los hombres hostiles e iracundos del
Sanedrín, [ellos] . . . vieron su rostro como el
rostro de un ángel (Hechos 6:15) ¡Esteban estaba entre los no creyentes con el brillo
de Jesucristo y la diferencia era
evidente para todos!
Estoy
convencido de que tenemos el deber de dejar nuestro rostro hablar de la fidelidad de Dios en nuestras vidas. Pero el problema es que nuestros
rasgos faciales y lenguaje
corporal ¡suele decir todo lo contrario! El rostro de muchos creyentes dice: "¡Mi Dios me ha fallado! Él no se preocupa por mí. Tengo que
llevar todas mis cargas y problemas solo, porque Dios no viene a través de ellos a ayudarme"
Puede
que conscientemente tú no te digas esas cosas a ti mismo pero, se ven en tu cara. Yo quiero mostrarte a partir de la Palabra de Dios que lo
que tú estás atravesando no es nuevo.
Otras personas han estado exactamente dónde tú te encuentras:
Mi mano
se extendió en la noche sin cesar, y mi alma no quiso ser consolada. . . . Me quejé, y mi espíritu estaba agobiado. . . . Estoy muy preocupado
porque no puedo hablar. . . . ¿Rechazará el
Señor para siempre? ¿No mostrará más Su favor? ¿Ha cesado para siempre su
misericordia? ¿Su promesa ha
fallado? . . . Y yo dije: Esta es mi angustia (Salmo 77:2-10).
Sin
embargo, el salmista finalmente sale de su problema con su rostro felizmente restaurado. ¿Por qué? Es porque él dice, Yo clamaba a Dios con mi voz. . . en el día de mi angustia busqué al Señor (Salmo
77:1-2).
Si esto
te describe a ti, te ruego: el día de hoy, en este mismo día, busca un lugar a solas con el Señor y clama a Él! Dile que te encuentras
al extremo de tu cuerda, que no te puedes
sostener más y que ya estás listo, (O lista), para dejar todo sobre Sus hombros. Y allí, entrega
todo a Dios.
No
menosprecies nada. Cuando yo estaba recién convertido y no sabía absolutamente
nada sobre la Biblia, ni sobre Dios mismo, una mañana estaba sentado en mi
escritorio trabajando y una mujer de cierta edad que trabajaba conmigo y jamás
me dirigía la palabra, se acercó y me preguntó: ¿Qué tienes para decirme?
Yo la
miré y antes de pensar nada le estaba diciendo: “Que dejes de dar vueltas y
vueltas y entregues tu vida a Jesucristo”. Ella me preguntó cómo debía hacer
eso, yo le respondí lo mismo que me habían dicho a mí y listo, eso fue todo. Al
día siguiente llegó con su rostro radiante y me contó que lo había hecho. No
tuve dudas que así había sido.
Sin
embargo, por curiosidad le pregunté por qué había venido a preguntarme qué
tenía para decirle. Lo que me respondió me dejó helado: Porque cuando entré a la oficina vi que tu rostro irradiaba una
tremenda luz y una voz me dijo que te lo preguntara. No pude resistirlo. Te
confieso que pasaron muchos meses antes de que yo pudiera creer que eso había sido,
en efecto, así.

1 comentario:
Gracias..
Un abrazo desde USA
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