5/04/2017

Cuando Él Está Presente

La fuerza motora detrás de la iglesia de David fue una total dependencia del Espíritu Santo. He aquí lo que distinguió a David Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. A partir de aquel día vino sobre David el espíritu de Jehová. (1 Samuel 16:13).

Cuando David se encontraba en su lecho de muerte, él le expresó a su hijo Salomón: “Quiero decirte por qué Dios me ha bendecido. Quiero compartir contigo el secreto de mi ministerio.” Escucha las últimas palabras de David dirigidas a su hijo: El espíritu de Jehová habla por mí, su palabra está en mi lengua. (2 Samuel 23:2).

David estaba diciendo: “Yo no confié en conocimiento y ni sabiduría. Yo no confié en ninguna parte de mi carne. ¡Yo fui un hombre débil - pero dependí del Espíritu Santo! Toda palabra que yo pronuncié fue bajo Su unción. ¡Sus palabras llenaron mi boca!”

Cuando se pone en marcha un ministerio, de ninguna manera deberemos aspirar a contar con estudios concisos, sermones precisos o elocuentes discursos. Lo que debemos buscar y encontrar es la presencia activa del Espíritu Santo en medio nuestro. Que aquellos que llegan a nuestro ministerio puedan decir: el Espíritu Santo cambió mi vida aquí.

Salomón habló de árboles, hisopos, bestias, peces, insectos. Pero David habló sobre la intimidad con el Señor, sobre quebrantamiento y sobre tener un espíritu contrito. David obtuvo convicción y transformación mediante su propia predicación. Él valoró tanto la presencia del Espíritu Santo en su vida que le pidió al Señor que Su Espíritu nunca se apartara de él. ¡David sabía que no era nada sin el Espíritu Santo!

Pablo dijo, y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2:4-5).

De estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. (vv. 13-14).






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