La
fuerza motora detrás de la iglesia de David fue una total dependencia del Espíritu Santo. He aquí lo que distinguió a David Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio
de sus hermanos. A partir de aquel
día vino sobre David el espíritu de Jehová. (1 Samuel 16:13).
Cuando
David se encontraba en su lecho de muerte, él le expresó a su hijo Salomón: “Quiero decirte por qué
Dios me ha bendecido. Quiero compartir contigo el secreto de mi ministerio.” Escucha las últimas palabras de David dirigidas a su hijo: El espíritu de Jehová habla por
mí, su palabra está en mi
lengua. (2 Samuel 23:2).
David
estaba diciendo: “Yo no confié en
conocimiento y ni sabiduría. Yo no confié en ninguna parte de mi carne. ¡Yo fui un hombre
débil - pero dependí del Espíritu
Santo! Toda palabra que yo pronuncié fue bajo Su unción. ¡Sus palabras llenaron mi boca!”
Cuando se
pone en marcha un ministerio, de ninguna manera deberemos aspirar a contar con
estudios concisos, sermones precisos o elocuentes discursos. Lo que debemos
buscar y encontrar es la presencia activa del Espíritu Santo en medio nuestro.
Que aquellos que llegan a nuestro ministerio puedan decir: el Espíritu Santo
cambió mi vida aquí.
Salomón
habló de árboles, hisopos, bestias, peces, insectos. Pero David habló sobre la intimidad con el Señor, sobre quebrantamiento y sobre
tener un espíritu contrito. David
obtuvo convicción y transformación mediante su propia predicación. Él valoró tanto la presencia del
Espíritu Santo en su vida que le
pidió al Señor que Su Espíritu nunca se apartara de él. ¡David sabía que no era nada sin el Espíritu Santo!
Pablo
dijo, y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de
poder, para que vuestra fe no esté fundada en la
sabiduría de los hombres, sino en
el poder de Dios.” (1 Corintios 2:4-5).
De
estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a
lo espiritual. Pero el hombre
natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede
entender, porque se han de discernir
espiritualmente. (vv. 13-14).
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