12/06/2013

Perdón

Es indudable que el llamado espíritu de Grecia ha estructurado en el corazón y esencialmente la mente de los cristianos, una profunda curiosidad no exenta de preocupación respecto a las calidades y cualidades del perdón divino. 
Todo esto, independientemente a las formas que tome en la práctica ese perdón, cosa que podemos imaginar y fantasear de todas las maneras probables. El caso central es que el perdón de Dios sólo puede ser obtenido por fe. No podemos entenderlo razonando. 
El regalo expiatorio de la sangre de Cristo es tan profundo, tan lleno de gracia, tan misterioso para la mente racional recibida de la enseñanza griega infiltrada en la iglesia, que está muy lejos de la habilidad humana el poder entenderlo. 
Podemos ver claramente cómo la ley es aplicada a nuestro pecado. Podemos sentir condenación, temor y culpa por nuestras transgresiones. Pero nuestro Padre celestial permanece amorosamente a nuestro lado en todo momento, listo para perdonarnos. 
Normalmente, el porcentaje mayoritario de cristianos no puede, no sabe o sencillamente no quiere creer eso. Prefiere transformarlo en una cuestión casi jurídica que camina con los rudimentos de las estructuras de la justicia humana. 
¿Sabes qué? Nada tan alejado de la verdad. No es así como funciona. La sangre de Cristo, el amor del Padre, el deseo que tiene el Señor de perdonarnos: todas estas bendiciones solo pueden ser conocidas mediante la fe. 
El justo por la fe vivirá (Gálatas 3:11). ¿Vivirá eternamente o el hoy terrenal? Ambas. Lo que comienza en lo espiritual, luego se materializa en lo natural. Tú puedes preguntarte, entonces,  “¿Cuántas veces me perdonará el Señor cuando sigo continuando en mi pecado una y otra vez?” 
Tú puedes confiar seguro de que el perdón increíble del Señor es ilimitado. Cada vez que tú pecas, tú puedes ir a Jesús y encontrar liberación. Pero el perdón del Señor no es ni ingenuo ni ciego. Para tenerlo claro, nuestro Padre celestial nos perdona – pero en cierto punto, Él nos disciplina para evitar que continuemos en pecado. 
Porque el Señor al que ama, disciplina (Hebreos 12:6). ¿Y sabes por qué enfatizo en esto? Porque cuando estés pasando por crisis o duras pruebas, deberás hacer funcionar tu discernimiento. No sea cosa que gastes energías reprendiendo diablos y demonios cuando en realidad todo se trata de simple disciplina paterna.


 








2 comentarios:

cesar dijo...

Gracias Don Nestor...un gran alivio de nuevo...muchas gracias! Bendición y abrazos querida Argentina toda...

Rafa dijo...

Amén .deseamos que dios limpie nuestras vidas de pecado,y nos guíe nos encamine hacia la santidad y nos ayude a mantenernos en ella para que nuestras almas no queden divagando en filosofías huecas que nos hacen pensar mucho y perdernos en la vagancia de pensamientos múltiples y difícil discernimiento.gracias le damos a dios por el precioso Espíritu Santo que nos guía enseña y redargulle de todo pecado y mal camino.amen.