3/01/2013

Compañía


Se nos dice que en el momento de aceptar a Jesucristo como Salvador personal y convertirlo genuinamente en Señor de nuestras vidas, el Espíritu Santo llega para colocarnos un sello indeleble de salvación. Y que luego, con el correr de nuestra vida de fe, ese mismo Espíritu, si lo pedimos, descenderá para llenarnos, (Lo llaman “bautizar” a la primera vez), y otorgarnos el poder necesario para vencer. 
Ahí más o menos concluye lo que una gran mayoría conoce sobre el Santo Espíritu de Dios. Pero, ¿Eso es todo? No, no lo es. No es una acción aislada la Suya, sino un proceso ordenado y efectivo. El Espíritu Santo no hace su trabajo en nosotros de una manera desordenada o dislocada. El no existe para simplemente ayudarnos a sobrellevar la vida, o para ayudarnos a través de las crisis o en nuestras noches de soledad. 
Él no está sólo para levantarnos y poner un poco de fuerza en nosotros para que podamos seguir en la carrera. Todo lo que el Espíritu Santo hace, está relacionado con la razón por la que él vino – para llevarnos a casa como una novia preparada. ¡El actúa sólo para llevar a cabo esa misión! Sí, él es nuestro Guía, nuestro Consolador, nuestra Fortaleza en tiempo de necesidad. Pero él usa cada acto de liberación – cada manifestación de sí mismo en nosotros – para hacernos más aptos a ser una novia. 
Tampoco el Espíritu Santo está aquí sólo para dar dones al mundo. No, hay un propósito detrás de cada don. El Espíritu Santo sólo tiene un mensaje: todo lo que él enseña, lleva a una verdad central. Él puede brillar en nosotros como una joya esplendorosa, pero cada rayo que brilla de la verdad tiene el propósito de llevarnos a una verdad singular, y es la siguiente: “Tú no eres tuyo – has sido comprado por un precio. Has sido escogido para ser esposa de Cristo. Y el Espíritu de Dios ha sido enviado para revelarte la verdad que te hará libre de todos tus otros amores. 
La verdad romperá cada atadura del pecado y tratará con toda incredulidad. Porque tú no eres de este mundo: tú estás de ida a un encuentro glorioso con tu esposo, y te están preparando para este banquete de bodas. ¡Todo está listo y yo te estoy preparando a ti! Quiero presentarte sin mancha, con un amor apasionado en tu corazón para él.” Ese es el trabajo del Espíritu Santo – manifestar a Jesús a la iglesia, para que nos enamoremos de él.  ¡Y ese amor nos guardará! 
Creí necesario poner sobre papel virtual esto, hoy, porque llevo muchos años observando cómo, alegre e irresponsablemente, a favor de diferentes doctrinas denominacionales, los hombres se han arrogado el derecho de ocultar la tarea del Espíritu Santo o de magnificarla y sobredimensionarla al extremo de colocarla por encima de Dios Padre como doctrina unilateral. Y ambas cosas no sólo no son convenientes, sino que además no son correctas ni bíblicas. Es tiempo de utilizar tus armas, y es el Espíritu Santo el que ha sido enviado a entrenarte para usarlas. ¿Le prestarás debida atención?





2 comentarios:

Ariel dijo...

Que Así Sea!

¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley!, porque habéis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis. Lucas 11:52


Nillireth dijo...

En la cuna babilónica de que provengo era doctrina fundamental "hablar en lenguas con la confirmación por parte de otro u otros como señal de que se había recibido el espíritu santo para poder así 'servir en el altar'" De ahí que muchos, aunque viviendo la vida loca, con tal de ser vistos y poder mostrarse, pronto los veía "llenos del poder de Dios".

Hoy, a años de distancia de aquellas fanfarrias, se que su dulce presencia, su guía certera... me ayudan en mi tránsito a destino.