3/25/2014

Sangre

               La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado – es nuestra expiación. Pero antes que nada, es nuestra seguridad. Es la manera en que Dios se asegura de tener un pueblo listo para ser completamente liberado. Recuerda la noche de la Pascua, los Israelitas estaban a salvo pero no habían sido liberados todavía. Ellos aún tenían que enfrentar un Mar Rojo, un desierto, una guerra contra gigantes, unas murallas imponentes, y unas fortalezas enemigas.
               Estoy convencido de que antes de poder pelear contra potestades y principados, de ser capaz de resistir pasiones y tentaciones (nuestros gigantes de hoy en día), debo tener conocimiento de que al estar cubierto por la sangre estoy seguro. Por tanto, a pesar de no estar completamente liberado, me encuentro a salvo del juicio. Los amigos de la carne me aguardan amenazantes, pero la sangre ha hecho de mí un soldado salvo. Tú no puedes luchar contra gigantes, derribar fortalezas, o hacer frente a circunstancias abrumadoras a no ser que tengas una certeza absoluta de estar cubierto por la sangre.
               No importa lo que diga mi corazón, no importa cuán culpable o condenado me sienta, no importa las voces que me susurren, ¡Yo debo saber, sin duda alguna, que soy salvo! No voy a ir al juicio porque la sangre en la puerta de mi corazón me mantiene seguro ante Sus ojos. Siempre estamos con dudas acerca de nuestra seguridad. Si Dios hubiese basado nuestra seguridad en el amor que le tenemos o en nuestros buenos actos, estaríamos en mayor peligro que aquellos que han quebrantado la ley pues bajo la gracia existe una demanda más alta.
               Dios debe quitarnos de las manos nuestra seguridad para que ésta se fundamente solamente en su misericordia y en su gracia. Una seguridad no basada en nuestra devoción, ni en nuestra obediencia, ni en nuestra bondad – sino solamente en su misericordia. Obediencia y devoción son el resultado de nuestro amor por Cristo. No fue el pan sin levadura que salvó al pueblo de Israel sino la sangre. Ningún Israelita “entró y salió” de su protección por alguna falla personal. Todos estuvieron a salvo hasta que pasó el juicio. La obediencia fue poner la sangre en el marco de la puerta. A nosotros se nos ha llamado a confesar y a confiar en la sangre redentora de Cristo.
               Nunca fue la intención de Dios que Sus hijos vivieran en temor, con ansiedad o culpabilidad. Él ha preparado un descanso para ellos: la perfecta y absoluta seguridad de la sangre de su amado Hijo. Con este acto de gracia, Dios le estaba diciendo a Israel, “Ahora que ustedes ven que los he asegurado y los he sacado del miedo al juicio, dejen que Yo libere sus cuerpos. Yo les di esa seguridad para hacerlos santos”.
               El hecho inalterable es, que no hay ni una cosa que se pueda añadir a la sangre de Cristo para hacernos más seguros. La sangre nos ampara perfectamente haciéndonos aceptados ante Dios y librándonos de Su ira. El apóstol Pablo declara Con mucha más razón, habiendo sido ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira (Romanos 5:9). 







3/21/2014

Puertas

               Tengo la certeza que este es un muy buen día para aprender acerca de abrir puertas que están cerradas. Seguramente, alguno de ustedes leyendo este mensaje puede relacionarse inmediatamente con esto pues está enfrentando una o más puertas cerradas. Está ahí, frente a ti, una puerta que parece estar continuamente cerrada. Puede ser una situación financiera seria y ante la cual tú has orado para que una puerta que te dé solución a tu problema sea abierta. Pero todo lo que tratas de hacer parece fallar; las puertas simplemente no se abren.
               Yo no sé cuál es tu puerta cerrada, pero para muchos parece ser que las puertas y las ventanas de los cielos están cerradas. Los cielos parecen ser de bronce y tú no pareces poder penetrarlos. Esta puerta cerrada a la cual me refiero es algún problema, alguna situación, alguna necesidad por la que has estado orando mucho. Puede ser una crisis que requiera nada menos que un milagro. Y tú no has recibido todavía una respuesta a tus fervientes oraciones y peticiones que le has hecho al Señor.
               En Apocalipsis, Cristo se refiere a sí mismo como EL QUE ABRE Y CIERRA PUERTAS (3:7). Esto estaba en una carta enviada a los creyentes de la antigua Filadelfia, una iglesia a la que el Señor alabó por guardar su palabra y por nunca negar su nombre. Es decir, en los tiempos más duros, estas personas permanecieron fieles a la Palabra de Dios. Ellos no acusaron al Señor de descuidarlos ni de tener oídos sordos a sus clamores. Evidentemente, Satanás tenía que venir a ellos con mentiras. Sus principados y poderes de las tinieblas, espíritus mentirosos salidos de las entrañas del infierno dicen que Dios ha cerrado todas las puertas, que él no es merecedor de adoración ni de fe.
               Pero estos creyentes, de los cuales Jesús dijo que tenían poca fuerza, siguieron confiando, esperando pacientemente a que Dios colocara la llave en la puerta para abrirla. Él tiene la llave para cada puerta cerrada – y sólo él pone delante de nosotros las puertas abiertas.  Aquí está lo que el Señor les prometió a ellos y es ésta también nuestra promesa: Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia [no te rendiste durante tu prueba], yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra (3:10).
               Esta hora de la prueba está ya sobre nosotros. Trae pruebas increíbles de fe tan grandes y tan fuertes que muchos caerán en incredulidad mortal. Verdaderamente, ahora en todo el mundo hay una gran caída de esa fe resistente. Pero tú, – porque usted todavía confías en sus promesas, y estás dispuesto a morir en fe, aún si no ves las promesas cumplidas – tú serás guardado de la tentación que vendrá sobre todo el mundo para caer en incredulidad. Dios ha escuchado su clamor y él sabe el tiempo, la misma hora en que abrirá todas las puertas. Así que nunca te rindas. Nunca dudes. Permanece firme en sus promesas. Él no te fallará. 
               No quiero preguntarme ni preguntarte por qué estoy, recurrentemente, escribiendo sobre estos temas. Mi única respuesta, sería que lo hago porque siento espiritualmente de hacerlo. Pero quizá la mejor respuesta, sea la tuya.


 




3/18/2014

Cuidado


               Es indudable que cuando lees el Salmo 13 entiendes que hay palabras de ánimo que siempre vienen bien.  David escribió las palabras contenidas en este Salmo. Él preguntó, “¿Hasta cuándo Jehová me olvidarás? ¿Será por siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Por cuánto tiempo resguardaré diariamente pena en mi corazón? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?”
               Las palabras de David parecieran indicar que se sintió abandonado por Dios al sufrimiento y a despertar cada día con una nube negra sobre su cabeza. Por un tiempo David habló con desesperación, “Dios, ¿tendré para siempre este sentimiento de aislamiento? ¿Cuándo serán contestadas mis oraciones?” Cuando los problemas nos asaltan, aunque conocemos el amor del Señor – cuando nuestra liberación parece distante y sin esperanza – nos hundimos por el estrés generado por estos conflictos.
                Ahora mismo alguien que está leyendo estas palabras. se está derrumbando por la terrible presión generada por una situación que parece no tener solución. Dicha persona está al borde de la desesperación total esperando una calma momentánea que le dé alivio temporal a su prueba. En medio de su propia tribulación, David preguntó, “¿Hasta cuándo continuaré defendiendo a mi alma?”
                Él había ideado un plan tras otro, tratando de encontrar una salida a su problema – pero todos sus planes, todos sus arreglos habían fracasado. Ahora él ya no tenía más ideas, ni ninguna solución que funcionara. Él había llegado al final de todo. Cuán desconcertante es empezar a ver un rayo de esperanza, un poco de luz, y que de pronto la desesperanza regrese. Ten en mente que todo esto le sucedió a un hombre devoto, alguien que quería agradar al corazón de Dios.
               David era un hombre que testificó tener gran confianza en el Señor. Pero, al igual que nosotros, David atravesó tiempos duros, como lo describe en este Salmo. ¿Cómo se levantó David de este pozo de desesperación? “Más yo en tu misericordia he confiado…Cantaré a Jehová.” Deja que comparta contigo razones para seguir confiando en Dios mientras atraviesas tus problemas: No importa cuán fuertes sean las tormentas, nuestro precioso Señor todavía seguirá alimentando a las aves del cielo, vistiendo a los lirios del campo, y supliendo a todo un océano lleno de peces de sus necesidades diarias.
                “Vuestro Padre celestial las alimenta…” Ningún ave cae al suelo sin que el ojo del Padre esté sobre ella. ¿Qué clase de Padre alimentaría a todas las criaturas de la tierra y descuidaría a sus hijos? Jesús nos exhortó a “no afanarnos” por las necesidades y problemas diarios, “porque él cuida de nosotros.” Verdaderamente el Señor te ama, y él no dará oídos sordos a tus clamores. Agárrate de sus promesas. Sigue adelante en fe. Espera en él pacientemente. Él nunca te fallará.


 


3/14/2014

Clamor

               Alguien que está leyendo esto, necesita que Jesús lo toque. Cuando el Señor ministró aquí en la tierra, él sanaba y restauraba a los afligidos con simplemente tocarlos. Cuando Jesús tocó a la suegra de Pedro, “la fiebre la dejó”. Él tocó el féretro de un joven muerto y éste volvió a la vida.
               Jesús tocó los ojos de los ciegos y ellos pudieron ver. Él tocó el oído de un sordo, y éste pudo oír. Padres trajeron a sus hijos a Jesús “para que los tocara”. Su suave toque cambió todo. Multitudes trajeron a sus enfermos y Jesús se dio tiempo para extender su mano, tocarlos, sanarlos.
               Si tú en verdad conoces al Señor íntimamente, tú has conocido y has sentido el toque de la mano de Jesús. En momentos de soledad, en tiempos de desánimo, en tiempos de confusión, en tiempos tan dolorosos e inciertos, tú has clamado desde lo profundo de tu alma: “Señor Jesús, necesito tu toque. Necesito sentir tu presencia. Ven Jesús y toca mi alma sedienta.”
               Algunos necesitan el toque de Jesús sobre sus mentes. Satanás ha venido junto con sus malvados principados para molestar y sobrecargar la mente con pensamientos que son infernales – pensamientos de incredulidad, pensamientos que no nos hacen como Cristo, pensamientos de temor, pensamientos de baja estima, pensamientos de que estamos desagradando a Dios.
               Los creyentes honestos les dirán que ellos han experimentado estos ataques a sus mentes. Satanás está determinado a destruir nuestra fe y dependencia del Señor. En las Escrituras, el toque de Jesús vino en respuesta a un clamor. No hay evidencia de que él alguna vez rechazó un lamento. Y él no le dará la espalda al tuyo sino que responderá misericordiosamente a tu necesidad.
               En Mateo 8 nosotros leemos sobre un leproso el cual vino a él diciendo, Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió su mano y lo tocó diciendo, Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Encuentra un lugar a solas con Jesús hoy día y dile lo que el leproso le dijo: “Señor, tú puedes. Límpiame.”
               Luego quédate a la expectativa que aquél que no hace acepción de personas te tocará y te sanará en mente, cuerpo, alma y espíritu. El brazo del Señor está extendido hacia ti pero él espera por aquél clamor de necesidad, ese clamor por ayuda que también es un clamor de expectativa.
               Y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel (Deuteronomio 26:6-9).



 



3/11/2014

Dependencia

               Dios siempre ha querido un pueblo que caminase completamente dependiente de él ante los ojos del mundo. Por eso, él tomó la insignificante y pequeña nación de Israel y la aisló en un desierto. Él la colocó en una serie de pruebas con el objetivo de producir un pueblo que confiaría en él bajo cualquier circunstancia. Dios quería que Israel pudiese testificar, “Puedo pasar por cualquier prueba, cualquier dificultad, aún aquellas que rebasan mis habilidades. ¿Cómo? Yo sé que mi Dios está conmigo en cada prueba. Él me llevará al otro lado.”
               Considera la declaración de Moisés a Israel: [Dios] te afligió, te hizo pasar hambre (Deuteronomio 8:3). Dios le estaba diciendo, “Yo orquesté tu prueba. No fue el diablo. Yo poseía todo el pan y carne que necesitarías. Yo estaba listo para enviártelos del cielo en cualquier minuto. Estaba todo almacenado, esperando a que lo recibieras. Pero lo guardé por un tiempo. Hice esto por un periodo. Estaba esperando a que llegases al límite de tu dependencia en ti mismo. Quería traerte a un punto de crisis donde sólo yo podría librarte. Yo permití que experimentaras el límite de tu ingenio, un lugar de imposibilidad humana. Esto conllevaría a un milagro de liberación de parte mía.”
               Hoy día el Señor todavía sigue buscando personas que dependan completamente de él. Él quiere una iglesia que testifique tanto en palabras como en acciones que Dios es todopoderoso para ellos. Él quiere que un mundo perdido vea que él trabaja poderosamente para aquellos que le aman. Job declaró, Él conoce mi camino: si me prueba, saldré como el oro (Job 23:10).
               Aquí está una declaración increíble, especialmente cuando consideramos el contexto en el cual Job lo dijo.  Job sufrió una de las peores pruebas que un ser humano pudiera pasar. Perdió a todos sus hijos en un accidente, y luego su riqueza y posesiones se desvanecieron. Finalmente, Job perdió su salud física. Todas estas cosas sucedieron en un corto periodo de tiempo y por consiguiente, le fueron grandemente abrumadoras. Sin embargo, Dios había puesto a Job en ese camino. Y sólo el Señor sabía hacia dónde lo llevaría eventualmente.
               Era un plan tan divinamente orquestado que Dios aún permitió a Satanás que afligiese a Job. Es por eso que Job no podía ver a Dios en nada de lo que sucedía: Si me dirijo al oriente, no lo encuentro; si al occidente, no lo descubro. Si él muestra su poder en el norte, yo no lo veo; ni tampoco lo veo si se oculta en el sur. Más él conoce mi camino (Job 23:8-10). Job estaba diciendo, “Yo sé que Dios conoce todo lo que estoy soportando. Y él conoce el camino por recorrer.
               Mi Señor me está probando ahora mismo. Y yo estoy confiado en que él me sacará al otro lado y tendré una fe más fuerte. Saldré limpio y purificado, con una fe más preciosa que el oro.


 






3/07/2014

Fortaleza

               A diario, como supongo le ocurre a todo ministro del Señor, recibo correos de hermanos que aseguran, anhelan, pretenden o simplemente desean tener un ministerio. A todos suelo responderles con un principio básico: nadie en esta tierra puede colocarte en el ministerio. Te pueden dar un diploma de un seminario, puedes ser ordenado por un obispo, apóstol o eminencia, o recibir una comisión de parte de una denominación.
               Pero el apóstol Pablo revela la única fuente de un verdadero llamado al ministerio: Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús, nuestro Señor, porque, teniéndome por fiel, me puso en el ministerio (1 Timoteo 1:12). ¿Qué quiere decir Pablo aquí cuando dice que Jesús lo fortaleció y lo tuvo por fiel? Piensa en el tiempo de la conversión del apóstol. Tres días después de ese evento, Cristo colocó a Pablo en el ministerio – específicamente en el ministerio de sufrimiento: Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre (Hechos 9:16).
               Este es el ministerio al cual Pablo se refiere cuando dice, Por lo tanto, teniendo nosotros este ministerio… (2 Corintios 4:1). Él continúa añadiendo,según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Él está hablando del ministerio de sufrimiento. Y él lo pone en claro que es un ministerio que todos tenemos. Pablo nos está diciendo que Jesús le dio una promesa para este ministerio. Cristo se comprometió a serle fiel y a fortalecerlo a través de todas sus pruebas.
               La palabra Griega equivalente a habilitar significa, “un suministro continuo de fortaleza”. Pablo declara, “Jesús prometió darme más fortaleza de la que necesito para el camino. Él me habilita para mantenerme fiel al ministerio. Gracias a él, yo no desmayaré ni me rendiré. Yo emergeré con un testimonio.” Una transfiguración está sucediendo en nuestras vidas. La verdad es que somos cambiados por lo que nos obsesiona. Llegamos a ser como las cosas que ocupan nuestra mente. Nuestro carácter está siendo influenciado e impactado por lo que tiene cautivo a nuestro corazón.
               Yo le agradezco a Dios por cada persona que alimenta su mente y su alma con las cosas espirituales. Tales siervos han fijado sus ojos en lo que es puro y santo. Ellos mantienen su mirada en Cristo, pasando tiempo de calidad adorándolo a él y edificándose en la fe. El Espíritu Santo está trabajando en estos creyentes al cambiar continuamente su carácter a la semejanza de Cristo. Dichos creyentes estarán listos para los sufrimientos duros e intensos que vienen. Los creyentes flojos, descuidados y sin oración sufrirán ataques o abatimientos. Sus temores los abrumará porque no tienen al Espíritu Santo trabajando en ellos, transfigurándolos. Cuando vengan los tiempos difíciles, ellos simplemente no tendrán fuerza.
               Aquí está la palabra final de Pablo sobre este tema: No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea desacreditado. Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles…como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos (2 Corintios 6:3-5, 10). ¿Cómo “enriquecemos a muchos”? Haciendo brillar hacia afuera la esperanza de Cristo en medio de nuestro sufrimiento. Ofrecemos verdaderas riquezas cuando causamos que otros pregunten, ¿Cuál es su secreto? ¿Dónde encuentra él tanta paz?


 









3/04/2014

Contentamiento

               El contentamiento fue una gran prueba en la vida de Pablo. Después de todo, Dios había dicho que lo usaría grandemente: Instrumento escogido me es este para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de reyes y de los hijos de Israel (Hechos 9:15). Cuando Pablo primero recibió su comisión, Enseguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios (9:20).

               Pablo no tenía prisa de ver que todo se cumpliese durante su vida. Él sabía que tenía una promesa inamovible de parte de Dios y se aferró a ella. Pablo tenía contentamiento en el lugar donde se encontrara ministrando: a un carcelero, a un marinero, a unas cuantas mujeres a la orilla de un río.

               Este hombre tenía una comisión mundial, pero se mantenía fiel a predicar a Cristo de manera individual. Tampoco Pablo estaba celoso de los hombres jóvenes que parecían rebasarlo. Mientras éstos viajaban por el mundo ganando a judíos y a gentiles para Cristo, Pablo estaba en prisión.

               Él tenía que escuchar reportes de grandes multitudes siendo convertidas por medio de hombres con los cuales había tenido que contender acerca del evangelio de la gracia. Pero Pablo no tenía envidia de aquellos hombres. Él sabía que un hombre rendido a Cristo sabe tanto de rebajarse como de honrarse: Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento…teniendo sustento y abrigo [ropa], estemos ya satisfechos (1 Timoteo 6:6, 8)

                El mundo hoy día podría haberle dicho a Pablo, “Tú estás al final de tu vida ahora. No tienes ahorros ni inversiones. Todo lo que tienes es una muda de ropa.” Yo sé que la respuesta de Pablo hubiera sido: “Oh, pero he ganado a Cristo. Déjenme decirles, yo soy el ganador. He encontrado la perla de gran precio. Jesús me ha otorgado el poder de entregarlo todo y tomarlo nuevamente. Lo he entregado todo y ahora una corona me aguarda. Yo sólo tengo una meta en esta vida: ver a Jesús cara a cara. Todos los sufrimientos de este tiempo presente no se pueden comparar con el gozo que me aguarda.”

               Ahora revisa tu vida, hoy, en este preciso, puntual y exacto día en que estás leyendo esto. Y haz de cuenta que no soy yo sino el Señor mismo quien te pregunta: ¿Tienes más para agradecer que para pedir? ¿Tienes más de que gozarte que de qué quejarte?

               Si ambas respuestas fueran afirmativas, entonces abandona ya mismo esa clásica alabanza satánica a la que tan afectos somos los cristianos: la queja. El contentamiento no pasa por la tranquilidad de tener de todo y todo controlado. El contentamiento pasa por la garantía de que, sea como fuere el hoy, el mañana está bajo los ojos de Dios.


2/28/2014

Rendición

               Dios comienza el proceso de rendimiento a Él derribándonos de nuestro pedestal. Esto le sucedió a Pablo. Él estaba en camino hacia Damasco, seguro de sí mismo, cuando una luz cegadora vino del cielo. Pablo fue derribado al suelo, temblando.
               Luego una voz habló desde el cielo diciendo, Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hechos 9:4). Pablo sabía que algo le faltaba a su vida. Pablo tenía un conocimiento de Dios, pero no tenía una revelación directa de parte de Él. Ahora de rodillas, él escuchó estas palabras del cielo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues (9:5). Estas palabras volcaron el mundo de Pablo de arriba a abajo.
               Las Escrituras dicen, Él [Pablo] temblando y temeroso, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga? (9:6). La conversión de Pablo fue una obra increíble del Espíritu Santo. Pablo estaba siendo guiado por el Espíritu Santo hacia una vida rendida a Dios. Pablo preguntó, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, y su corazón clamaba, “Jesús, ¿cómo puedo servirte? ¿Cómo puedo conocerte y complacerte? Nada me importa más. Todo lo que he hecho en mi carne es basura. Ahora tú eres todo para mí.”
               Pablo no tenía ninguna otra ambición, ninguna otra fuerza dominante en su vida sino ésta: Para ganar a Cristo (Filipenses 3:8). De acuerdo a las normas de éxito de hoy día, Pablo fue un fracaso total. Él no construyó ningún edificio. Él no tuvo una empresa. Y los métodos que él usó fueron rechazados por otros líderes. De hecho, el mensaje que Pablo predicó, ofendió a un gran número de las personas que lo escucharon. A veces, hasta lo apedrearon por predicarlo. ¿Cuál era el tema de su predicación? La cruz.
               Cuando estemos delante de Dios en el juicio, no seremos juzgados por nuestros ministerios, logros o el número de convertidos. Sólo habrá una medida de éxito en aquél día: ¿Estaban nuestros corazones completamente rendidos a Dios? ¿Pusimos a un lado nuestra propia voluntad y planes, y aceptamos los de Dios? ¿Sucumbimos a la presión de otros para formar parte de la multitud o lo buscamos sólo a él para que nos diera dirección? ¿Corrimos de seminario en seminario buscando propósito para nuestras vidas o encontramos nuestra realización en él?  
               Yo sólo tengo una ambición y ésta es aprender más y más para decir sólo aquellas cosas que el Padre me dé. Nada de lo que yo diga o haga de mí mismo vale algo. Yo quiero poder proclamar, “Yo sé que mi Padre está en mí porque hago su voluntad.” ¿Cuántos comparten este sentir de rendición?


 






2/25/2014

Rendidos

“Rendir.” ¿Qué te dice esta palabra? En términos literales, rendir significa “desprenderse de algo y entregárselo a otra persona.” También representa despojarse de algo que te ha sido otorgado. Esto puede incluir tus posesiones, tu poder, tus metas, y aún tu vida. Los cristianos hoy en día escuchan mucho acerca de la vida rendida a Dios. Pero, ¿qué significa eso con exactitud? 
Se refiere al acto de entregarle a Jesús la vida que él te ha otorgado. Es renunciar al control, a tus derechos, poder, dirección, a todas las cosas que tú haces y dices. Es entregar tu vida por completo a las manos de Jesús para que él haga como le plazca. Jesús mismo vivió una vida rendida: He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió (Juan 6:38).  - Pero yo no busco mi gloria (8:50). 
Jesús nunca hizo nada por sí mismo. Él no se movió ni habló ninguna palabra sin ser instruido por el Padre. …nada hago por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, así hablo…porque yo hago siempre lo que le agrada (8:28-29). El rendimiento completo de Jesús al Padre es un ejemplo de cómo debemos vivir. 
Tú podrás decir, “Jesús era Dios encarnado. Su vida ya estaba rendida antes de venir a la tierra.” Pero la vida rendida a Dios no se le impone a nadie, incluyendo a Jesús. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar (Juan 10:17-18).
Jesús nos estaba diciendo, “No se equivoquen. El acto de rendirme al Padre depende totalmente de mí. Yo escojo poner mi vida. Y no lo hago porque algún hombre dijo que lo haga. Nadie está tomando mi vida de mí. Mi Padre me dio el derecho y privilegio de poner mi vida. Él también me dio la libertad de poder pasar esta copa y evitar la cruz. Pero yo elijo hacerlo por amor y porque me entrego totalmente a él.” 
Nuestro Padre celestial nos ha dado a todos el mismo derecho: el privilegio de escoger una vida rendida a Él. Nadie es forzado a entregar su vida a Dios. El Señor no nos hace sacrificar nuestra voluntad y entregarle nuestra vida a él. Él libremente nos ofrece una Tierra Prometida, llena de leche, miel y fruta. Pero nosotros podemos elegir no entrar a ese lugar de abundancia. La verdad es que nosotros podemos tener tanto de Cristo como queramos. Al vivir totalmente rendidos a su palabra y dirección podremos entablar una relación con él tan profunda como la anhelemos.


 








2/21/2014

Deleite

El Espíritu Santo le dio a David una revelación que es la clave para toda liberación. David pudo decir: La razón por la cual Dios me libró de todos mis enemigos, de todos mis dolores y poderes del infierno, es porque soy preciado para Él. ¡Mi Dios se deleita en mí!, Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí (Salmo 18:19). ¿Necesitas tú  liberación? ¿Liberación de lujuria, de tentación o de alguna prueba? ¿Liberación de un problema mental, espiritual, emocional o físico? La clave de tu victoria se encuentra en este versículo. Dios se deleita en ti. ¡Tú eres preciado para Dios! 
En el libro Cantar de los Cantares, el Señor dice de su novia: ¡Cuán justa eres y cuán agradable, oh amor deleitoso! (Cantares 7:6). Tres de las palabras hebreas en este verso son sinónimos: justo, que significa "preciado"; agradable, que se refiera a algo "placentero", y deleitoso. Estas palabras describen los pensamientos de Jesús hacia su novia como Él la contempla. Él la mira y dice: ¡Qué hermosa, dulce y encantadora eres. Eres preciada para mí, Oh amor!. A su vez, la novia alardea: Yo soy de mi amado y su deseo es hacia mí (Cantar de los Cantares 7:10). El significado aquí es, "Él corre detrás de mí con deleite. Él me persigue porque soy muy preciada para Él".
Estos mismos pensamientos se encuentran en los Salmos: Se complace Jehová en los que le temen y en los que esperan en su misericordia (Salmo 147:11).  – El Señor tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación (Salmo 149:4). Puedo tratar de convencerte del deleite de Dios en ti al decirte: "Eres preciado para el Señor." Sin embargo, tú puedes pensar: "Eso es dulce. Pero es solamente una idea maravillosa." No, esta verdad es mucho más que un pensamiento maravilloso. Es la misma clave de tu liberación en todas las batallas que arden en tu alma. Es el secreto para entrar en el reposo que Dios te ha prometido. 
Hasta que tú eches mano de esto, hasta que se convierta en un fundamento de verdad en tu corazón, no serás capaz de resistir las pruebas de la vida. Isaías tuvo una revelación del gran deleite de Dios en nosotros. Él profetizó: Oh Israel: No temas, porque yo te redimí, yo te he llamado por tu nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán: cuando pases  por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti (Isaías 43:1 - 2). Isaías no estaba hablando de una inundación o de un incendio literal. Él estaba hablando acerca de lo que la gente pasa mental y espiritualmente. En ese momento Israel se encontraba en cautiverio, sus inundaciones fueron tribulaciones, los incendios fueron tentaciones, sus ríos fueron pruebas. 
Estos fueron todos los intentos de Satanás por destruir y aplastar al pueblo de Dios. Las palabras de Isaías fueron un mensaje de misericordia pura para Israel. La gente estaba en cautiverio a causa de su propia tontería y necedad. Pero Dios les envió un profeta quebrantado de corazón, que dijo: "Dios quiere que les diga que le pertenecen." Ahora mismo, puede que tú estés en medio de tus propias aguas turbulentas. 
Tú puedes sentirte abrumado por una prueba o tentación que amenaza con consumirte. Sin embargo con base en estos ejemplos bíblicos, sólo necesitas comprender que el Señor no siempre calma las aguas; Él no siempre impide las inundaciones o apaga los incendios. No obstante, Él hace esta promesa: "Voy a caminar contigo en medio de todo. Esta prueba o circunstancia no te destruirá. Esto no te consumirá. Por lo tanto, sigue caminando. ¡Conmigo cerca de ti cruzarás al otro lado!" 



 







2/15/2014

Grandeza

               Una vez alguien me hizo esta pregunta: “Hermano, ¿Tú sabes cuán grande es tu Cristo? No supe responderla en ese tiempo y momento. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré (Juan 14:14). Mostramos la magnitud de nuestro Cristo por lo que pedimos en su nombre. Estamos hablando de pedir en grande y esperar grandes cosas. Manifestamos la grandeza de nuestro Cristo por la grandeza de nuestras súplicas.
               Tenemos tan poco de Cristo porque le pedimos tan poco. Limitamos nuestras súplicas a las cosas materiales. Es cierto que debemos dejarle conocer nuestras necesidades. Pero pedir sólo por la alimentación y la vivienda es disminuir nuestra visión de su grandeza. El reino de Dios es "gozo y paz en el Espíritu Santo." Servimos a un Cristo triunfante y estamos llamados a compartir su triunfo.
               ¿Tienes tú gozo y paz en el Espíritu Santo? ¿Tú vas a su trono, pidiendo gozo y paz? ¿Le pides al Padre "en el nombre de Jesús"? Cristo no triunfó para sí mismo. Lo hizo por ti y por mí. Por lo tanto, tomemos los beneficios de ello. ¿Pides ser más a la semejanza de Cristo? ¿Pides con fe, en nombre de Jesús, por las demás promesas de Hebreos? Dios está esperando y deseando más peticiones.
               Pedir "en el nombre de Jesús" es una invitación a participar de la gran bondad de Dios guardada para los que creen y piden en gran medida. Pide hoy un espíritu de regocijo creciente, aún en tus mayores tiempos de dificultad. ¿Y qué acerca de una multitud de 5000 hambrientos en el Nuevo Testamento, cuando Jesús preguntó a sus discípulos lo que debían hacer? En otras palabras: “muéstrenme su plan para alimentarlos”. ¿Qué se puede hacer para enfrentar esta crisis?
                Jesús puso a prueba su fe. Todo el tiempo, ¡Jesús tenía un plan! ¿Quién en esa multitud de personas podría haber concebido el plan de alimentarlos con cinco panes y dos peces? Dios tiene un plan preconcebido para cada situación en tu vida. Tú puedes tratar de pensar de qué modo Dios podría resolver tu crisis; pero la Palabra de Dios nos dice que la mente humana no puede concebir los caminos de Dios. Dios no nos dirá cuál es su plan. Ni siquiera nos dará una pista.
               Él insiste en mantener nuestra fe en sus promesas, su majestad y en los milagros pasados a nuestro favor. Su Palabra para nosotros es: ¡Cree! Tu Dios tiene un camino preparado, y Él tiene el poder para cumplir su plan. A Él le encantaría correr la cortina y mostrarnos a una lo que está pasando en sus caminos invisibles, pero no puede. La fe es la evidencia de lo que no se puede ver.
               No puede haber descanso para nosotros en nuestras pruebas de fuego hasta que estemos plenamente convencidos de que Dios está de pie y listo para hacer lo impensable, lo imposible. Nuestra parte es simplemente confiar que Él llevará a cabo lo que prometió.


 





2/11/2014

¡Canta!

Dando siempre gracias por todo al Dios el Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 5:20). Este tema de dar gracias fue siempre muy importante en la teología conceptual de Pablo; él lo repite tres veces: (1) hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales (2) Cantando y alabando en su corazón al Señor, y (3) dando siempre gracias por todo al Dios y el Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 5: 19-20). 
Sin fe no podemos hacer esto como se debe ¡Estamos bajo presión por tantos problemas y angustias! Y por supuesto, Dios no quiere que finjamos. Me parece que Pablo nos ha dado la clave de todo cuando nos dice, "... al Padre". El conocido predicador Juan Calvino dijo que tal canto y acción de gracias es siempre fingido y una hipocresía a menos que estemos plenamente convencidos que Dios es nuestro Padre. Nuestras bocas tiemblan a veces con profundo dolor por lo que no podemos cantar, no tenemos deseo de dar gracias. Horribles circunstancias quiebran nuestro espíritu. 
A veces, el corazón grita: "Señor, ¿realmente esperas que yo cante y componga melodía cuando estoy tan herido?" "Señor, estoy tan agobiado por las preocupaciones ¡apenas puede levantar la cabeza!" "Señor, es duro alabar y cantar himnos en mi corazón…hay demasiado temor, dolor y dudas. Sí, no es fácil responder a esta importante verdad. Dios no es severo con nosotros cuando estamos lastimados. Somos sus hijos. Pero estas palabras se nos dan para encontrar consuelo y alivio en esos momentos. 
Nos centramos tanto en las dificultades que perdemos más allá de nuestra canción; nos desviamos y vamos a la deriva cada vez más lejos de las promesas eternas de Dios. A pesar de todo lo que enfrentamos, nuestro Señor dice: "se siempre agradecido." Llegamos a ser ingratos ignorando lo que Dios ha hecho en el pasado. Nos atragantamos de oraciones sólo por nosotros, nuestras necesidades, nuestras familias, no podemos levantar nuestros ojos al sufrimiento de otros que sufren más que nosotros. 
Realmente, tengo una gran convicción sobre esta palabra de Pablo. Creo que debes enfrentar el mañana decidido a cantar al Señor y darle gracias durante el día entero, por todas las cosas, en todas las cosas. Puede ser una canción inaudible, ya que puede ser débil al principio, pero debe hacerse con poder, por la fe, o no será repetida tres veces. Oh, sí diez mil de aquellos que leen este mensaje se esforzaran en cantar… ¡Que gozo traerían al corazón del Padre! Entonces, podríamos seguir adelante, descansando en la verdad de que Dios ha escuchado el clamor, y que está trabajando en una solución, incluso ahora y cada día… así que podemos seguir dando gracias siempre y nunca dejar de cantar canciones de amor a nuestro precioso Señor y Salvador.


 




2/07/2014

¿Crees?

No son pocos los que alguna vez han tenido una experiencia insólita en su tiempo de meditación con el Señor. Su voz susurrante les ha  preguntado: "¿Todavía crees?" "¿Crees que aún te amo incondicionalmente, que estás ahora siendo guiado por el Espíritu Santo; que yo guardo en mi redoma cada lágrima que estás derramando aquí mismo en este lugar, en esta misma hora, en la perfecta voluntad de Dios?
”¿Crees que todas las cosas siguen trabajando juntas para el bien de los que me aman, que escucho tus oraciones, aun cuando no tienes palabras audibles para expresarlas; cuando todo parece oscuro y abrumador, cuando el miedo se apodera de tu mente y alma y cuando parece que se han cerrado los cielos? "Hijo, ¿Todavía crees que doy de comer a todos los seres vivos: los peces del mar, el ganado, las aves y todos los reptiles? 
¿Todavía crees que tengo contados todos los cabellos de tu cabeza y que tomo nota de todas las aves que han caído sobre la faz de la tierra? ¿De verdad lo crees? "¿Todavía crees aun cuando llega la muerte a tus seres queridos? ¿Crees todavía lo que has testificado, que doy consuelo y fortaleza para enfrentar incluso la tumba? "¿Todavía crees que te amo y que perdono todos tus pecados pasados, tus pecados presentes y que voy a perdonar todos tus pecados futuros si descansas y confías en mí? 
¿Crees que yo entiendo cuando Satanás envía a sus mensajeros en tu contra para implantar mentiras, dudas, blasfemias, miedos y desesperación? "¿Todavía crees que estás en la palma de mi mano, que para tu Salvador eres más precioso que el oro; que la vida eterna es tu futuro, que no hay poder que te puede arrebatar de mi mano y que me conmuevo por cada enfermedad y aflicción que soportas? ¿Todavía crees que estas cosas son verdaderas?" Tu innegable respuesta siempre tiene que ser rotundamente 
¡SÍ! Sí Señor, yo todavía creo todo esto y más, mucho más! Lee todo el Salmo 103 y pregúntate: "¿Todavía lo creo? ¿Creo todo lo que dice?" 




 









 







2/04/2014

Sosiego

Hablo ahora a aquellos creyentes que se ven abrumados por un cúmulo de aflicciones. No sé si alguno de los habituales lectores de este blog pueda estarlo, pero de no ser así, seguramente esto les servirá para brindar ayuda a quienes estén pasando por crisis pesadas. 
El salmista David nos cuenta de su propio ser angustiado por problemas insoportables: Mi corazón está muy dolido en mi interior, todos los terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto (Salmos 55:4-5).
Si buscas en las Escrituras, tú no encontrarás ningún hombre de Dios que hable tanto acerca de confiar en Dios como lo hizo David. Nadie habló más sobre la búsqueda y la espera en el Señor como fortaleza en tiempos de necesidad. Fue David quien declaró “no temeré… a pesar de que camine por el valle de la muerte”, porque el Señor estaba con él. Pero cayeron sobre David una serie de tribulaciones profundas y dolorosas que sacudieron su fe. 
En uno de sus momentos más difíciles, cuando se encontraba sin esperanza, gritó, "¡Todos los hombres son mentirosos!" Él estaba hablando desde un corazón abrumado por gran pena y tristeza. Todas las palabras de consuelo y esperanza no se habían cumplido, todo parecía como una mentira. David se encontraba bajo un ataque total a su fe. No estaba acusando a Dios de mentir, pero venían voces contra él desde todos los lados. David estaba desesperanzado. 
Él buscó una vía de escape "quien me diera alas como una paloma, yo volaría lejos de toda esta desesperación y encontrar un lugar de descanso”. David estaba en lo cierto: "Temor y temblor caen sobre nosotros", decía, y eso es, quizás, lamentablemente una realidad para mucha gente en este tiempo. 
¿Qué hace el hijo de Dios en momentos de insoportable estrés? Hace lo que hizo David. En cuanto a mí, voy a invocar a Dios, y el Señor me salvará. En la tarde, al amanecer y al mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque muchos estén en mi contra (Salmo 55:16-18). 
Ora, deja todo a un lado y entra en la presencia del Señor. Incluso si lo haces en silencio, grita tu dolor y pide que la paz llegue a ti. Tienes que hacer algo más que confiar, debes permanecer en la Palabra de Dios y clamar ante El las promesas que te ha dado.
 Ya lo sé; desde afuera, todo es mucho más sencillo. Pero deberás aprovechar ese afuera para entrenarte, por si acaso alguna vez el Señor permitiera que llegue un desde adentro. Nunca lo olvides; pese a todo, sigues siendo un hijo de Dios.