2/04/2014

Sosiego

Hablo ahora a aquellos creyentes que se ven abrumados por un cúmulo de aflicciones. No sé si alguno de los habituales lectores de este blog pueda estarlo, pero de no ser así, seguramente esto les servirá para brindar ayuda a quienes estén pasando por crisis pesadas. 
El salmista David nos cuenta de su propio ser angustiado por problemas insoportables: Mi corazón está muy dolido en mi interior, todos los terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto (Salmos 55:4-5).
Si buscas en las Escrituras, tú no encontrarás ningún hombre de Dios que hable tanto acerca de confiar en Dios como lo hizo David. Nadie habló más sobre la búsqueda y la espera en el Señor como fortaleza en tiempos de necesidad. Fue David quien declaró “no temeré… a pesar de que camine por el valle de la muerte”, porque el Señor estaba con él. Pero cayeron sobre David una serie de tribulaciones profundas y dolorosas que sacudieron su fe. 
En uno de sus momentos más difíciles, cuando se encontraba sin esperanza, gritó, "¡Todos los hombres son mentirosos!" Él estaba hablando desde un corazón abrumado por gran pena y tristeza. Todas las palabras de consuelo y esperanza no se habían cumplido, todo parecía como una mentira. David se encontraba bajo un ataque total a su fe. No estaba acusando a Dios de mentir, pero venían voces contra él desde todos los lados. David estaba desesperanzado. 
Él buscó una vía de escape "quien me diera alas como una paloma, yo volaría lejos de toda esta desesperación y encontrar un lugar de descanso”. David estaba en lo cierto: "Temor y temblor caen sobre nosotros", decía, y eso es, quizás, lamentablemente una realidad para mucha gente en este tiempo. 
¿Qué hace el hijo de Dios en momentos de insoportable estrés? Hace lo que hizo David. En cuanto a mí, voy a invocar a Dios, y el Señor me salvará. En la tarde, al amanecer y al mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque muchos estén en mi contra (Salmo 55:16-18). 
Ora, deja todo a un lado y entra en la presencia del Señor. Incluso si lo haces en silencio, grita tu dolor y pide que la paz llegue a ti. Tienes que hacer algo más que confiar, debes permanecer en la Palabra de Dios y clamar ante El las promesas que te ha dado.
 Ya lo sé; desde afuera, todo es mucho más sencillo. Pero deberás aprovechar ese afuera para entrenarte, por si acaso alguna vez el Señor permitiera que llegue un desde adentro. Nunca lo olvides; pese a todo, sigues siendo un hijo de Dios.





 





1 comentario:

cesar dijo...

Gracias...he leído tantas veces este post...y es de gran bendición a mi vida...gracias don Nestor...