3/31/2017

Más Allá de tus Límites

Pablo escribió en 2 Corintios 1:9: . . . para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. En esencia, él dijo, “El Señor me llevó al extremo de toda ayuda humana, al borde de la muerte. Fue un lugar de desesperanza. ¡Solamente el poder resucitador de Dios pudo haberme rescatado!”

¡Qué maravilloso lugar es estar al final de tu límite! ¡Yo siempre he dicho que cuando te topas con el fondo del abismo te encuentras con Dios! Sin embargo, si tú escuchas a muchos cristianos en medio de su sufrimiento, tú oyes, “De alguna forma lo lograré. Ahí la llevo. Vivo un día a la vez.”

Desde la niñez hemos sido alimentados con cuchara del concepto de autosuficiencia: “¡Enfréntalo como un hombre! ¡Los hombres no lloran!” ¿Cuántas veces has tratado de solucionar tus problemas? ¿Qué tan seguido  has sido inundado con tentaciones que te abruman?

Por favor no me malentiendas. Yo creo que Dios quiere que peleemos la buena batalla de la fe, pero el Señor tiene una manera de ejercer una “presión sin medida.” Nada de lo que tú intentes te funciona. Nada de lo que tú has leído parece ayudarte. Ningún consejo de los demás tiene sentido.

De repente, tú te ves forzado a entrar en una crisis que elimina toda la confianza en tí mismo. Tú no tienes esperanza, excepto que rendir toda tu esperanza humana. Tú eres forzado a confiar en Dios -y ¡tú observas que el único camino es la confianza!

Pablo claramente nos está diciendo, “Tengo la sentencia de muerte sobre mí. He sido probado sin medida, hasta el límite de toda esperanza. Esto ha sido todo. ¡No puedo confiar más en mí mismo! ¡Tengo que voltear mi mirada hacia Dios, con fe en que Él solamente podrá salvarme de todos mis sufrimientos!”

No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla. (1 Corintios 10:13).

¿Cuál es este camino de escape? ¡Es el llegar al límite de tu fuerza y de voltear tu mirada completamente hacia Dios! Es decir, como Pablo, “¡No confío más en mí!” El camino de escape es sencillo, una fe de niño en Dios. Es confiar totalmente en que Él te sacará adelante, renunciando a ti mismo y afirmando,  



 


 

1 comentario:

M.E.R.Q. dijo...

Gracias Señor Dios y Padre!!!!...Gracias por que TU nos llevas cada día a entender que TU ya lo hiciste todo en la cruz y que solo esperas que lo tomemos, lo creamos y lo vivamos...no con nuestra fuerza, no con nuestros hechos, no con nuestra intención, sino con TU Gracia!!!!...Gracias!!!...un abrazo querido hermano...paz.