Nos
cuenta la historia que por el pecado del sacerdocio y del pueblo, Dios había
dejado de hablarle a Israel. La Biblia dice, ...en aquellos días escaseaba la palabra de Jehová y no eran frecuentes las visiones (1 Samuel 3:1). Sin embargo, en medio de una sequía de la Palabra, el Señor se le apareció al
joven Samuel: Jehová llamó
a Samuel.... (quien) no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. (1 Samuel
3:4, 7).
Samuel
tenía solamente doce años y, aunque era un niño devoto, él no reconoció la voz del Señor. Por tanto, Dios fue a la habitación de
Samuel y lo llamó con voz audible.
En un principio, Samuel pensó que Elí lo estaba llamando; él no sabía que había sido entrenado para
discernir voces - ¡para escuchar
directamente a Dios!
Dios no
le estaba hablando al sacerdote Elí, quien ahora era sordo a Su voz. De hecho, pareciera que en ese entonces solamente había un profeta que
estaba escuchando a Dios- el
hombre de quien no conocemos su nombre pero que alertó a Elí acerca de que Dios lo desecharía. (1 Samuel
2:27-36).
Escuchar
a Dios implica más que pasar un tiempo a solas con Él. Es más que simplemente decir, “¡Habla Señor, tu siervo te escucha!” No existe una
fórmula para escuchar a Dios; no hay diez pasos
a seguir. Antes de que usted pueda
escuchar a Dios, Él tiene que hablarle primero a usted - y Él le habla
a aquéllos que tienen sus corazones listos para
escucharlo.
Samuel
no tuvo ningún conocimiento teológico acerca de Dios cuando Dios le habló por primera vez. Pero él tuvo un corazón tierno, puro, devoto y
abierto al Señor. Por tanto, ¿qué piensa usted
que el Señor le enseñó primero a
Samuel tras haber hablado con él?
El
Señor le dijo a Samuel, ¡Yo juzgaré a Elí porque él sabía de la maldad de sus hijos y no hizo nada para detenerlos! Ellos debieron
haberse quitado sus vestimentas y
se les debió decir, ‘¡No pueden acercarse al lugar Santo!’ Ahora Samuel quiero mostrarte mi odio al
pecado que habita en mi casa. Te
quiero enseñar lo que implica escuchar mi voz y caminar conmigo. (ver 3:11-14).
No es
para menos por qué la Biblia dice que Samuel habló dichas palabras con firmeza - ¡él había escuchado la voz del Señor! Él pasó mucho tiempo en
su presencia, orando, buscándole, y Dios le
habló claramente en todo tiempo.
Hoy en
día existen personas que han sido entrenadas para conocer la voz de Dios. Estos santos devotos a la oración derraman su corazón ante Él - y
en respuesta, ¡Él se manifiesta en
ellos! Claro está que no son muchos, y tampoco tienen un nombre de
prestigio ni ministerios reconocidos por la flor y nata de la religión
evangélica. Sin embargo son oráculos que hablan hoy lo que Dios dice hoy. Y
créeme que eso no es poca cosa. No debemos admirarlos, ni adularlos, ni seguirlos
ni enaltecerlos; sólo debemos oírles y luego ver si lo que están diciendo se
condice con lo que estamos viendo.

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