1/04/2017

Sombra del Símbolo del Remanente

El profeta Samuel es un ejemplo del remanente santo de los últimos tiempos –un cuerpo de creyentes preparado que emerge de la vieja y decadente iglesia. Ana, la madre de Samuel, le dio nacimiento con lágrimas de amargura y mucha oración. Ella, con amargura de alma, oró a Jehová y lloró desconsoladamente. (1 Samuel 1:10).

Intenta imaginar la escena: Ana acudía al templo todos los días, de rodillas ante el altar, contrita y quebrantada, pues no podía concebir hijos. Mientras sollozaba, su adversaria -la otra esposa de su esposo- se burló de ella. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola porque Jehová no le había concedido tener hijos. (1 Samuel 1:6).

En este pasaje existen tres aspectos importantes que me gustaría recalcar: Primero, el remanente que Samuel representa nace bajo lamento e intercesión. Segundo, aquéllos que oran y se duelen conforme el corazón del Señor, serán irritados por sus adversarios. Y tercero, ¡El remanente de Dios siempre será malinterpretado.

Nota qué le aconteció a Ana mientras oraba: Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí observaba sus labios. Pero Ana oraba en silencio y solamente se movían sus labios; su voz no se oía, por lo que Elí la tuvo por ebria. Entonces le dijo Elí:--¿Hasta cuándo estarás ebria? ¡Digiere tu vino! (1 Samuel 1:12-14).

Eli y sus hijos representan a la iglesia moribunda y corrupta que ha olvidado el camino del Señor. Eli estaba fuera de contacto - tan muerto en su espíritu- ¡que pensó que Ana estaba embriagada! Cuando Ana estaba orando, fue llenada de dolor y agobio por su deseo de dar nacimiento a un hijo.

Todo lo que ella podía hacer era mover sus labios pues su Espíritu estaba gimiendo. Ana oró, si te dignas mirar a la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y...das a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida (1 Samuel 1:11).
Aquí encontramos dos cosas que distinguirán al remanente santo de Dios: Ellos oran como Ana. Su carga es pesada y sus corazones están agitados por la maldad presente en la casa de Dios. Como Ana, ellos se encomiendan a orar todos los días de sus vidas.

Dios quiere transformarte de esta manera. Él quiere que tú seas capaz de tocarlo y escucharlo. Él quiere darte un ministerio enfocado hacia su prójimo, hacia personas que acudirán a ti con sus cargas y tribulaciones. ¡Y conforme tú ores por ellos, Su Palabra vendrá a tu vida!



 


No hay comentarios.: