1/08/2017

El Amor no Puede ser Racista

Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: «El que ama a Dios, ame también a su hermano». (1 Juan 4:20-21)

Nunca creas lo que un hombre dice acerca del amor, Si éste se aparta de un hermano de cualquier color o raza, pues en el amor no hay temor.  El perfecto amor echa fuera el temor porque el temor lleva en sí castigo. ¿Cómo uno puede decir una persona que ama a Dios Y cree en la equidad, al mismo tiempo que es atormentado por el temor que siente ante su hermano en quien desconfía o le desagrada?

Si un hombre no puede amar a su hermano a quien puede ver, ¿Cómo puede él amar a Dios a quien no puede ver? Dios le ha ordenado a todo hombre a amar a su hermano así como Dios lo ha amado a él - Porque Dios es amor. 

He estado en lujosas congregaciones donde es más que evidente la diferencia de clases. Primeros bancos para gente rubia, bien vestida, cercanas al pastor del lugar y llegadas en buenos automóviles que estacionan frente a la iglesia.

Bancos subsiguientes para gente más informal, que llega en diferentes servicios de transportes públicos, ya sea buses o taxímetros. Aquí el color de piel es mezclado. Los hay rubios, aunque no tanto como los primeros, y también los hay moren os, aunque no ultra morenos. Esos están más atrás.

Porque en los últimos bancos, está lo que podríamos llamar “la resaca de la iglesia”. Los menos afortunados, los que por no tener medios para llegar, son transportados en los buses de la congregación, que se ufana promocionando este servicio “para los más pobres”.

Y la intención no es mala, claro está, pero sigue marcando un clasismo y en algunos países singulares también racismo que preocupa y asusta. Porque si eso se vive en lo que insiste en llamarse iglesia del Señor, ¿Qué quedará para el mundo de afuera, el mundo incrédulo, impío y supuestamente pecador?

¿Acaso lo mismo? Porque si es puntualmente lo mismo, hay una contradicción en nuestro mensaje, en nuestro discurso. Y llega el momento de observar si todo el pecado está fuera de los templos o también ha invadido los mismos. Al menos, el pecado de integracionismo.



 

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