7/07/2016

¿Dónde Acudimos a Comer?


      
El séptimo capítulo de Miqueas contiene unos de los mensajes más poderosos referentes al nuevo pacto nunca antes predicado. En este increíble sermón, Miqueas le está hablando a Israel -sin embargo, él también se está dirigiendo a la iglesia de Jesucristo en los últimos días. Él empieza su sermón con un clamor desconsolado -uno que aún hoy es escuchado entre los creyentes hambrientos espiritualmente alrededor del mundo. Ay de mí!...no queda racimo para comer (Miqueas 7:1).

Miqueas está describiendo el efecto de la hambruna en Israel -hambruna de alimentos y de la Palabra de Dios. Lo anterior, hace eco a una profecía previamente hecha por Amós donde el Señor dice: Ciertamente vienen días...en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán...desde el norte hasta el oriente, buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. (Amós 8:11–12).

Este era el tiempo de cosecha en Israel y los viñedos debían de haber dado su fruto. Pero por el contrario, no había racimos colgando en sus viñas. Miqueas observó cómo la gente acudía a los viñedos en busca de frutas que recoger pero ésta no encontraba nada.

Desde su visión profética, Miqueas vio a las multitudes de los últimos tiempos corriendo dé lugar a lugar en busca de escuchar una palabra verdadera proveniente de Dios. Él observó a creyentes corriendo de iglesia a iglesia, de avivamiento a avivamiento, de nación a nación -todos en busca de satisfacer su hambre y sed de algo que nutriera sus almas. Este clamor aún se escucha, “Ay de mí!...no queda racimo para comer.”

Existe una gran hambruna en la tierra. Sin embargo, en lugar de que multitudes corran en busca de alimento espiritual, sólo queda un remanente conformado por aquéllos que verdaderamente desean la Palabra de Dios (ver Miqueas 7:14, 18).

Ciertamente esta realidad de la antigua Israel también se aplica a nuestro tiempo actual. Pocos cristianos hoy día tienen un hambre verdadera de escuchar la pura Palabra de nuestro Señor. En su lugar, la mayoría se satisface a sí mismo con manzanas de Sodoma, se alimenta de evangelios distorsionados a través de una pajita. 

Y lo que es peor y ya nos atañe a los ministros: en la mayoría de los llamados centros cristianos, (Se les llama así porque la palabra iglesia está comprobado que ha decrecido su respeto), se arman mensajes con todas aquellas palabras que la gente quiere oír, y no con lo que Dios está diciendo en este tiempo.

Cuando alguien me felicita por mi trabajo en la Web, suelo agradecer por cortesía, pero en mi ser íntimo tengo más que claro que esto que aquí estamos haciendo no es más que un minúsculo grano de arena para la construcción de un evangelio real y genuino que Dios procura llevar a los oídos hambrientos, siempre y cuando estos se preocupen por buscarlo.


 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que duro es ver a hermanos muriéndose de hombre, pero mas duro aun que te acercas a ellos con una palabra sólida, rica, y sustanciosa. Se la das la terminan rechazando o vomitando debido a que no se parece en nada a lo que están acostumbrados a comer, pensando entonces que lo que le das no proviene de Dios, sino de ya sabés de parte de quién. Lo he vivido.