Es indudable; debemos mantener
una vida de oración para poder superar la sequedad espiritual. ¿Por qué no
oramos como deberíamos de hacerlo? Sabemos que todas nuestras cargas pueden ser
levantadas cuando nos encerramos con él.
La voz del Espíritu Santo nos
sigue llamando a la oración, “¡Ven!” Venga al agua que satisface a la sed del
alma. Venga al Padre, que se compadece de sus hijos. Venga al Señor de la vida,
el cual promete perdonar cada pecado cometido.
Venga a Aquél que rehúsa
condenarlo o abandonarlo o esconderse de ti. Podemos tratar de escondernos de
Dios debido a culpa o condenación, pero él nunca se esconde de nosotros.
Venga confiadamente a su trono de
la gracia, aun cuando tú hayas pecado y fallado. Él perdona al instante a
aquellos que se arrepienten con una tristeza devota. Tú no tienes que pasar
horas ni días en remordimiento y culpa, ni tienes que ganarte nuevamente su
favor de vuelta.
Ve al Padre, dobla tus rodillas,
abre tu corazón, y derrama tu agonía y dolor. Cuéntale a él tu soledad, tu
sentimiento de abandono, tus miedos y tus
errores.
errores.
Tratamos de hacer cualquier cosa
menos orar. Leemos libros, buscamos fórmulas y guías. Buscamos amigos,
ministros, y consejeros, buscando en todos lados una palabra de aliento o de
consejo. Buscamos mediadores y nos olvidamos de aquél Mediador que tiene la
respuesta para todo.
Nada disipa la sequedad y el
vacío tan rápidamente como una hora o dos de estar encerrados con Dios. Nada
puede tomar el lugar de orar al Padre en ese lugar secreto y apartado. Esa es
la solución para cada época seca.
Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal,
ríos sobre la tierra seca. Mi espíritu derramaré sobre tu descendencia, y mi
bendición sobre tus renuevos (Isaías 44:3).
.jpg)
3 comentarios:
Amen. Gracias nestor por esta palabra.
Palabras de Vida, Jesús nos enseña cada día. Gracias Néstor por sus mails, estoy esperando en Él y como sabemos, la oración abre las puertas. María E. Águila Winzeler
Asi sea!
Publicar un comentario