Nada contribuye más eficazmente a
animarnos a venir al trono de la gracia que recordar las bondades de Dios para
con nosotros en el pasado. Si no hubiésemos sido enseñados a creer a partir de
las experiencias del pasado, nuestra fe sucumbiría ante la adversidad y el
dolor ahogaría nuestro corazón.
Estas experiencias nos ayudan a
creer que Él escuchará las oraciones de su pueblo y que siempre, tal como lo
hizo con compasión en el pasado, lo hace hoy y lo hará en el futuro.
¿Qué ha hecho Dios por ti en el pasado?
¿Cuál es la historia de tu caminar con Él en los últimos años? ¿Acaso no ha
mantenido Él su Palabra? ¿Alguna vez Él ha dejado de cumplirla?
¿No volverás a darnos vida, para
que tu pueblo se regocije en ti? (Salmo 85:6).
Esta ha sido nuestra oración:
"¡Señor, hazlo de nuevo! ¿Avivamiento? Hazlo de nuevo. ¿Fuerza, refrigerio
del Espíritu Santo? ¡Señor, hazlo otra vez! ¿Los milagros del pasado? ¡Señor,
hazlo otra vez! "
Vete de vuelta directamente a la Ley y oye lo
que se revela de Su naturaleza: Y el Señor pasó por delante de él, y exclamó:
El Señor, el Señor Dios, misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande
en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la
iniquidad, la rebeldía y el pecado... (Éxodo 34:6-7).
¡Eso es lo que Dios fue, es y será! Dios
te ha guardado hasta hoy, ¿Por qué habría de apartarse de ti ahora? ¡Bendito el
que confía en el Señor!

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