A diario, como supongo le ocurre
a todo ministro del Señor, recibo correos de hermanos que aseguran, anhelan,
pretenden o simplemente desean tener un ministerio. A todos suelo responderles
con un principio básico: nadie en esta tierra puede colocarte en el ministerio.
Te pueden dar un diploma de un seminario, puedes ser ordenado por un obispo, apóstol
o eminencia, o recibir una comisión de parte de una denominación.
Pero el apóstol Pablo revela la
única fuente de un verdadero llamado al ministerio: Doy gracias al que me
fortaleció, a Cristo Jesús, nuestro Señor, porque, teniéndome por fiel, me puso
en el ministerio (1 Timoteo 1:12). ¿Qué quiere decir Pablo aquí cuando
dice que Jesús lo fortaleció y lo tuvo por fiel? Piensa en el tiempo de la conversión
del apóstol. Tres días después de ese evento, Cristo colocó a Pablo en el
ministerio – específicamente en el ministerio de sufrimiento: Porque
yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre (Hechos 9:16).
Este es el ministerio al cual
Pablo se refiere cuando dice, Por lo tanto, teniendo nosotros este
ministerio… (2 Corintios 4:1). Él continúa añadiendo,…según
la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Él está hablando del
ministerio de sufrimiento. Y él lo pone en claro que es un ministerio que todos
tenemos. Pablo nos está diciendo que Jesús le dio una promesa para este
ministerio. Cristo se comprometió a serle fiel y a fortalecerlo a través de
todas sus pruebas.
La palabra Griega equivalente a
habilitar significa, “un suministro continuo de fortaleza”. Pablo declara, “Jesús prometió darme más fortaleza de la
que necesito para el camino. Él me habilita para mantenerme fiel al ministerio.
Gracias a él, yo no desmayaré ni me rendiré. Yo emergeré con un testimonio.” Una
transfiguración está sucediendo en nuestras vidas. La verdad es que somos cambiados
por lo que nos obsesiona. Llegamos a ser como las cosas que ocupan nuestra
mente. Nuestro carácter está siendo influenciado e impactado por lo que tiene
cautivo a nuestro corazón.
Yo le agradezco a Dios por cada
persona que alimenta su mente y su alma con las cosas espirituales. Tales
siervos han fijado sus ojos en lo que es puro y santo. Ellos mantienen su
mirada en Cristo, pasando tiempo de calidad adorándolo a él y edificándose en
la fe. El Espíritu Santo está trabajando en estos creyentes al cambiar
continuamente su carácter a la semejanza de Cristo. Dichos creyentes estarán
listos para los sufrimientos duros e intensos que vienen. Los creyentes flojos,
descuidados y sin oración sufrirán ataques o abatimientos. Sus temores los
abrumará porque no tienen al Espíritu Santo trabajando en ellos,
transfigurándolos. Cuando vengan los tiempos difíciles, ellos simplemente no
tendrán fuerza.
Aquí está la palabra final de
Pablo sobre este tema: No damos a nadie ninguna ocasión de
tropiezo, para que nuestro ministerio no sea desacreditado. Antes bien, nos
recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en
tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles…como entristecidos,
pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos (2 Corintios
6:3-5, 10). ¿Cómo “enriquecemos a muchos”? Haciendo brillar hacia
afuera la esperanza de Cristo en medio de nuestro sufrimiento. Ofrecemos
verdaderas riquezas cuando causamos que otros pregunten, ¿Cuál es su secreto?
¿Dónde encuentra él tanta paz?
1 comentario:
Buenos días!
A veces es un poco duro hallar el método para combatir el influjo del maligno en la vida de otros y llevar la palabra de Dios a esos otros...sin embargo, consciente de que debemos mirar muy bien para no caer, se me dificulta en algunos casos encontrar la manera correcta de enfocar a otros...es una lucha interesante que en el ejercicio siempre lleva paz y fruto de gozo...es parte de la maduración, debe ser...
Gracias don Nestor...muchas gracias por estas nuevas palabras de bendición para mi vida...
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