Hablo ahora a aquellos
creyentes que se ven abrumados por un cúmulo de aflicciones. No sé si alguno de
los habituales lectores de este blog pueda estarlo, pero de no ser así,
seguramente esto les servirá para brindar ayuda a quienes estén pasando por crisis
pesadas.
El salmista David nos cuenta de su propio ser angustiado por problemas
insoportables: Mi corazón está muy dolido en mi interior,
todos los terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre
mí, y terror me ha cubierto (Salmos 55:4-5).
Si buscas en las
Escrituras, tú no encontrarás ningún hombre de Dios que hable tanto acerca de
confiar en Dios como lo hizo David. Nadie habló más sobre la búsqueda y la
espera en el Señor como fortaleza en tiempos de necesidad. Fue David quien
declaró “no temeré… a pesar de que camine
por el valle de la muerte”, porque el Señor estaba con él. Pero cayeron
sobre David una serie de tribulaciones profundas y dolorosas que sacudieron su
fe.
En uno de sus momentos más difíciles, cuando se encontraba sin esperanza,
gritó, "¡Todos los hombres son
mentirosos!" Él estaba hablando desde un corazón abrumado por gran
pena y tristeza. Todas las palabras de consuelo y esperanza no se habían cumplido,
todo parecía como una mentira. David se encontraba bajo un ataque total a su fe.
No estaba acusando a Dios de mentir, pero venían voces contra él desde todos
los lados. David estaba desesperanzado.
Él buscó una vía de escape "quien me
diera alas como una paloma, yo volaría lejos de toda esta desesperación y
encontrar un lugar de descanso”. David estaba en lo cierto: "Temor y temblor caen sobre
nosotros", decía, y eso es, quizás, lamentablemente una realidad para
mucha gente en este tiempo.
¿Qué hace el hijo de Dios en momentos de insoportable
estrés? Hace lo que hizo David. En cuanto a mí, voy a invocar a Dios, y el Señor
me salvará. En la tarde, al amanecer y al mediodía oraré y clamaré, y él oirá
mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque muchos estén
en mi contra (Salmo 55:16-18).
Ora, deja todo a un lado y entra en la
presencia del Señor. Incluso si lo haces en silencio, grita tu dolor y pide que
la paz llegue a ti. Tienes que hacer algo más que confiar, debes permanecer en
la Palabra de Dios y clamar ante El las promesas que te ha dado.
Ya lo sé;
desde afuera, todo es mucho más sencillo. Pero deberás aprovechar ese afuera
para entrenarte, por si acaso alguna vez el Señor permitiera que llegue un
desde adentro. Nunca lo olvides; pese a todo, sigues siendo un hijo de Dios.

1 comentario:
Gracias...he leído tantas veces este post...y es de gran bendición a mi vida...gracias don Nestor...
Publicar un comentario