5/08/2013

Ignorancia


Algunos creyentes te pueden contar todos los días algo sobre su crecimiento espiritual. Y tú puedes, claramente, ver los cambios en sus vidas. Ellos te testifican  acerca de cómo es que el Espíritu Santo ha derrotado, por ellos, al enemigo. Y tú te regocijas juntamente con ellos en su victoria. Sin embargo, este tipo de cristianos son la excepción. La mayoría de los creyentes son totalmente inconscientes de cualquier progreso espiritual en sus vidas. Oran, leen la Biblia y buscan al Señor con todo el corazón. No hay en ellos ninguna obstrucción para el crecimiento espiritual. Pero ellos no pueden discernir ningún crecimiento en sus vidas. 
Yo soy un ejemplo de este tipo de creyente. Sé que camino en la justicia de Cristo, aun así nunca siento que estoy progresando. De hecho, ocasionalmente me decepciono de mí mismo, cuando hago o digo algo que no sea de Cristo. Esto hace que me diga: "He sido cristiano durante años, ¿por qué no aprendo nunca?"  Pienso que los cristianos tesalonicenses quedaron perplejos al oír la impecable evaluación de Pablo respecto a ellos (2 Tesalonicenses 1:3). Probablemente, ellos pensaron: "Yo, ¿creciendo en abundancia? Pablo debe estar bromeando". Pero Pablo sabía que el crecimiento espiritual es un secreto, algo oculto. 
La Escritura lo compara al crecimiento invisible de las flores y los árboles: Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano (Oseas 14:5–6). Dios nos está diciendo: "¡Vayan a los lirios! Sólo traten de verlos crecer. Les digo que al final del día no verán cambio alguno. Pero sepan esto: Yo riego al lirio cada mañana con el rocío que envío, y va a crecer". Es lo mismo en el crecimiento espiritual ¡Es imperceptible al ojo humano! Pareciera que algunos creyentes nunca lucharan con un pecado habitual. 
Ellos testifican: "Cuando vine a Jesús, el Señor sacó la tentación de mí. Y desde aquel día, he sido libre". Conozco algunos ex drogadictos que han tenido dicha experiencia. Pero para multitudes de cristianos, la historia es otra. Años después de su conversión, una vieja corrupción se desata en ellos, algo que ellos aborrecían y nunca más querían volver a ver. Sin embargo, no importa cuán dura sea la lucha, dicho deseo simplemente no se va. Con el tiempo se desalientan. 
Su alma clama: "¿Cuánto más, Señor? ¿Cuándo será finalmente rota esta cadena?" Y eventualmente el diablo viene a ellos y les dice: "Nunca lo lograrás. Sabes que no hay manera en la que puedas crecer espiritualmente estando en la condición en la que estás". Anímate, amigo, tengo buenas noticias para ti. ¡Tú estás creciendo en medio de tu lucha! De hecho, quizás estés creciendo a pasos agigantados, a causa de tu lucha. Descansa seguro, si tienes el temor de Dios en tu corazón, tú surgirás de la tormenta con mayor fortaleza en tu vida. 
Mira, cuando tú batallas contra el enemigo, estás ejerciendo e invocando toda la gracia y el poder de Dios. Y aunque te sientas débil, dicha gracia y poder te están fortaleciendo. Primeramente, la oración en tu vida se vuelve más urgente. Y, en segundo lugar, tú estás siendo despojado de todo orgullo. Así que, la tormenta te está poniendo "en guardia espiritual" en todas las áreas de tu vida. Ya no le creas más al mentiroso de cada mañana. Eres un creyente en pie y en pie de guerra. Deja ya de lamentarte como una ancianita desvalida y empieza ya mismo a pelear la buena batalla.





3 comentarios:

libertad en la palabra dijo...

Mira, cuando tú batallas contra el enemigo, estás ejerciendo e invocando toda la gracia y el poder de Dios. Y aunque te sientas débil, dicha gracia y poder te están fortaleciendo.

Agradezco! estas lineas

Ya no le creas más al mentiroso de cada mañana. Eres un creyente en pie y en pie de guerra. Deja ya de lamentarte como una ancianita desvalida y empieza ya mismo a pelear la buena batalla.

Dios danos hoy fortaleza!

cesar dijo...

stiff upper lips!
Hermoso post...gracias don Nestor...de bendición...muchas gracias...

Anónimo dijo...

Polvo y ceniza echamos sobre nuestras cabezas,
Las murallas caídas y sus puertas quemadas.
El enemigo vocifera contra nosotros, envía sus emisarios.
Nos insulta, nos desprecia todo el día.
Pero por los suyos será abandonado,
Los que le aman lo traspasarán.
Nuestro Rey viene, El es nuestra fortaleza.
Sostiene nuestras manos en la batalla.