Más de un cristiano
fiel y sincero, en estos tiempos, no ha podido resistirse a preguntarse: ¿Cómo
haremos para sobrellevar lo que el mundo nos está proponiendo? La respuesta es
conocida, aunque bien vale la pena repetirla: Lo que nos puede guardar en los
duros tiempos venideros es el conocimiento de la gloria de Dios. Ahora bien,
esto puede sonarte como un concepto alto, elevado, como para dejárselo a los
teólogos. Pero estoy convencido de que el asunto de la gloria de Dios tiene un
valor muy real y práctico para cada creyente genuino.
Al captarlo, ¡abrimos la
puerta hacia una vida victoriosa! La gloria de Dios es una revelación del ser y
la naturaleza de nuestro Señor. Quizás recuerde que en el Antiguo Testamento
que Moisés tuvo un vistazo literal de la gloria de Dios. Antes de ello, el
Señor había enviado a Moisés sin explicación alguna, fuera de estas palabras:
"YO SOY". Pero Moisés quería conocer algo más sobre Dios. Así que le
rogó: "Señor, muéstrame tu
gloria". Dios le respondió apartándolo y poniéndolo en la hendidura de
una roca.
Luego, la Escritura dice que Él se reveló a sí mismo a Moisés en toda
su gloria. La manera en la que Dios quiere que conozcamos su gloria es a través
de la revelación de su gran amor hacia la humanidad. Y eso es sólo lo que Dios
le reveló a Moisés. Este texto, creo, es absolutamente esencial para nuestro
entendimiento de quién es nuestro Señor. A menudo, al pensar en la gloria de
Dios, pensamos en su majestad, esplendor, poder, dominio, o alguna
manifestación de su pueblo.
Todas estas cosas pueden ser el resultado de ver la
gloria de Dios. Pero ésta no es la gloria por la que Él quiere ser conocido. El
Señor está siempre esperando para mostrarnos su amor, perdonarnos, regarnos con
su misericordia y restaurarnos a sí mismo. La revelación de la gloria de Dios
tiene efectos poderosos en aquéllos que la reciben y oran para tener entendimiento
de ello. Hasta este punto, Moisés había visto al Señor como un Dios de ley e
ira. Él temblaba con terror en la presencia del Señor, pidiéndole, clamándole,
rogándole a favor de Israel. Ésta había sido la base de su relación "cara
a cara" con el Señor. Pero ahora, al primer vistazo de la gloria de Dios,
Moisés ya no estaba temeroso del Señor.
Por el contrario, fue movido a adorar: Moisés,
apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró (Éxodo 34:8). Él
vio que Dios no era sólo el trueno, los rayos y la estridente trompeta que lo hubiera
hecho a él petrificarse de miedo. Por el contrario, ¡Dios fue amor y su
naturaleza fue más bien de bondad y de tierna misericordia! ¿Ves la increíble
verdad que nos muestra la Escritura? La verdadera adoración viene de esos
corazones que han vencido a causa de una visión del amor inmerecido de Dios
hacia nosotros. Se basa en la revelación de que Dios nos da de sí mismo, de su
bondad, misericordia y rapidez para perdonar.
Así que, si vamos a adorar a Dios
en espíritu y en verdad, nuestra adoración debe estar basada en esta asombrosa
verdad acerca de Él. Una vez que recibimos una revelación de la gloria de Dios,
nuestra adoración no puede evitar cambiar. ¿Por qué? ¡Ver su gloria cambia la
manera en la que vivimos! Afecta nuestro semblante y conducta, cambiándonos de
"gloria en gloria", haciéndonos más como Él. Cada revelación nueva de
su amor y misericordia trae un cambio sobrenatural.

3 comentarios:
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Me atrevo a traducir lo que hierve en el corazón de Cesar y deja que lo expresemos ¿ algo como lenguas por escrito ?...
Padre tu gloria alumbra nuestros corazones
Y tu dolor se derrama en nuestro espíritu
Por cada alma que se pierde
Por cada hombre que sufre
Debajo de la mano de la mentira.
Déjanos conocer tu pasión y tu ternura
Para que nos levantemos, alborotadora multitud
Y unamos nuestros deseos a tu voluntad.
un abrazo santo a todos.
.....Juan 17:22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno.......
Gracias Señor!!!!
...un abrazo amados hermanos...Miriam
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