11/17/2010

Tú Decides

En la Biblia hay términos que no siempre significan lo que nosotros suponemos que significan. Uno de ellos es Resistir, con relación a resistir al diablo para que él huya de nosotros. Muchos cristianos entendieron que resistir era aguantar, soportar, aceptar lo que viniera. No. Eso sería estoicismo, no cristianismo. Resistir es, en términos bélicos, pelear hasta las últimas consecuencias.
El otro término no siempre esclarecido, es Rendir. Un buen diccionario podrá decirte que significa "abandonar la lucha en una guerra y entregarse al enemigo", pero el significado real en este caso es el de "desprenderse de algo y entregárselo a otra persona". Y esto va a incluir nuestras posesiones, nuestros poderes, nuestras metas y, en casos sumos, hasta nuestra vida. Eso es rendirse.
Hemos oído, por promedio, no menos de cincuenta mensajes, cada uno de nosotros, respecto a tener nuestras vidas rendidas. ¿Alguna vez nos hemos preocupado por saber que cosa significa una vida rendida? No siempre. Hemos dicho "amén y amén", pero hasta allí llegamos. Ni por asomo pensar que una vida rendida es un acto de entregarle de vuelta a Jesús la vida que Él otorgó. Es renunciar a nuestro control, a nuestros derechos, a nuestros poderes, a nuestra dirección humana; en suma: a todas las cosas que hacemos y decimos. Es darle la posibilidad a Jesús que Él haga con nuestras vidas no ya lo que queremos o nos conviene, sino lo que a Él le plazca. Y sin darnos explicaciones.
La pregunta que surge espontánea en gente acostumbrada a racionalizarlo todo, siempre es: ¿Y por qué debo hacer yo eso? ¿Por qué Dios me pide eso? ¿No es una exageración de su parte? No. Porque ya Dios lo hizo antes...¡Con su propio Hijo!
(Juan 6: 38) = He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Está claro; Jesús nunca hizo nada por sí mismo o para sí mismo. Él no se movió jamás, ni pronunció ninguna palabra sin ser instruido antes por su Padre. Él mismo lo dijo: Nada hago por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, así hablo.
Eres cristiano. Eso significa que eres seguidor, imitador y admirador de Cristo. Por lo tanto, si vas a hacer o no hacer algo en esta vida, tendrá que ser lo que hizo o no hizo Cristo. Es el precio a pagar por ser cristiano. No lo estoy inventando, sólo aclarando y declarando. Lo tomas o lo dejas. También a Dios, lo tomas o lo dejas. Tienes libre albedrío y Dios habrá de respetarlo aunque decidas irte al infierno.
El rendimiento total y completo de Jesús al Padre, es un ejemplo claro de como debemos vivir. Tú podrás argumentar de que Jesús lo pudo hacer porque era Dios mismo encarnado, y que su vida, en todo caso, ya estaba rendida y entregada mucho antes de venir al mundo. De acuerdo, pero entiende esto: Una vida rendida no se le impone a nadie, ni siquiera se le impuso a Jesús.
(Juan 10: 17-18) = Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar.
Ahora entiende esto: Jesús nos dijo algo así como: "No se equivoquen. El acto de rendirme está totalmente en mi poder hacerlo. Yo elijo poner mi vida. Y no lo hago porque algún hombre me dijo que lo hiciera. Nadie está tomando mi vida de mí. Mi Padre me ha dado el derecho y el privilegio de poner o no poner mi vida. Él también me dio la libertad de poder pasar esta copa y evitar la cruz. Pero yo elijo hacerlo por amor y porque me entrego totalmente a él."
¿Ve tú y haz lo mismo? No es la palabra ideal por sus connotaciones, pero curiosamente sería la más adecuada para cerrar esta reflexión. Tú decides. ¡Gloria a Dios por esa capacidad! Hazlo, y hazlo bien. A la manera del Reino.

1 comentario:

gabriel eduardo dijo...

Gracias SR.Me quede sin palabras despues de haber leido tan buen ejemplo de palabra de DIOS