7/28/2013

Costo

Hace algún tiempo escuché a un hombre de Dios contar la siguiente anécdota: Dice que una noche durante una reunión de oración, Dios le dijo algo acerca de su iglesia que él no esperaba escuchar. El Señor le susurró, 

“¡Esta iglesia necesita una sacudida! Muchos se han vuelto satisfechos y complacientes. Ustedes se sienten a salvo de los vientos y de las olas de falsas doctrinas que están barriendo sobre la tierra – ¡pero ustedes no están listos para lo que viene!” 

Yo lo escuché de ese siervo, pero estoy completamente seguro que no es al único que Dios se lo ha dicho en estos tiempos. Hermanos míos, el mensaje de tener el testimonio del Espíritu funcionando en ustedes no es una solicitud – ¡es un asunto de vida o muerte! ¡Si tú no tienes el testimonio del Espíritu Santo en estos últimos días, tú no vas a lograrlo! ¡Tú cederás al espíritu del Anticristo que viene! Por esa razón es que necesitas el testimonio del Espíritu Santo cada día – en tu trabajo, en tus quehaceres, en el colegio. Tú necesitas juzgar correctamente a los políticos y líderes para no ser atraído en el sistema del anticristo.

 Esto es lo que Jesús trataba de mostrarnos acerca de las vírgenes insensatas a las cuales se les acabó el aceite para sus lámparas. Ellas tenían un suministro del Espíritu Santo – pero no tuvieron su testimonio en el momento final. No termines como las vírgenes insensatas. Si a ti se te está acabando el aceite – confiando en que pese a todo, alguien guardará tu alma – ¡entonces arrepiéntete! ¡Humíllate y examina tu corazón! Clama a Dios para que eche fuera todo enojo y amargura. Confiesa tus pecados y abandónalos. ¡Y depende de Dios nuevamente para todo! 

Adquiere la paz de Dios en tu corazón, para que  puedas tener un testimonio del Espíritu Santo. Y pídele al Padre que te dé más de su Espíritu. ¡Invítalo a que él sea tu testimonio y guía en todo! Enfrentamos un costo para que Jesús sea todo en nuestras vidas, pero también recibimos una recompensa: Es simplemente tener la bendición de que Cristo esté con nosotros. Hay muchas otras recompensas también (mira Mateo 19:29), pero yo menciono esta porque es todo lo que necesitaremos. 

Cuando Pablo estaba prisionero en Jerusalén, todo el sistema religioso quería matarlo. Lo acusaron de contaminar el lugar sagrado y de predicar doctrinas falsas. Su vida estaba en peligro, aun los soldados tenían temor de que Pablo fuese despedazado (Hechos 23:10). Así que lo llevaron a la fuerza y lo encerraron en un castillo. La próxima noche el mismo Señor le habló a Pablo, y qué palabra la que le trajo: “¡Anímate! ¡Todavía vienen más problemas!”

 El costo de seguir a Cristo era claro en las vidas de estos hombres de Dios – y si vamos a ser como nuestro Amo, entonces debemos de abrazar el costo también. Soportando el costo llega a ser un gozo porque Jesús promete estar con nosotros en cada situación. Y podemos enfrentar cualquier cosa o a cualquiera que sea cuando sabemos que el Señor está con nosotros. Así que examinemos el costo y conozcamos que nuestra recompensa, en todas las cosas, es la preciosa presencia de Jesucristo.


 

 

7/26/2013

Garantía

Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es verdad (1 de Juan 5:6). Hay tiempos cuando el testimonio interior del Espíritu Santo no nos permite quedarnos callados. El Espíritu se levanta dentro de nosotros y tenemos que hablar sí o sí. El Espíritu Santo vive en nosotros para revelar lo que es verdadero y lo que es falso. 

El habla con una voz quieta, suave, en lo profundo del corazón. Muchos de nuestros antepasados creyeron en este funcionar del Espíritu en los creyentes. Ellos predicaron mucho sobre “teniendo el testimonio”. Pero hoy no estamos escuchando que esta verdad siga siendo predicada. ¡En realidad, el testimonio del Espíritu virtualmente nunca ha sido escuchado en la mayoría de las iglesias de hoy día!

 Los creyentes necesitan el testimonio del Espíritu como nunca antes. ¡Y lo vamos a necesitar más y más a medida que el día del Señor se acerca! Satanás ha venido descaradamente como un ángel de luz para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos. Sus seducciones malvadas se manifestarán: falsas doctrinas, falsos maestros, falsos evangelios. El testimonio interior del Espíritu opera bajo el “principio de paz.” La paz de Dios es la cosa más grande que usted pueda tener. ¡Y cuando su paz sea perturbada, tú puedes estar seguro que el Espíritu Santo te está hablando! 

Cuando hay una inquietud en tu espíritu – una sacudida y una lucha en lo profundo de tu ser – Dios te está diciendo que algo es falso. ¡Tú sentirás la perturbación de Dios – su pena y su enojo! Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones (Colosenses 3:15). 

¡Cualquier pecado escondido, sin arrepentimiento, le robará al creyente su preciosa paz! Su corazón será rasgado por la culpa, la condenación y el miedo – y el Espíritu sólo le dirá dos palabras a esa persona: “¡Arrepiéntete! ¡Escapa!” Sí, el Espíritu te hablará para corregirte; él tratará contigo sobre el pecado, la rectitud y el juicio. ¡Pero cuando se trata de darle dirección – esa voz pequeña que le dice qué hacer y hacia dónde ir – él no actuará en una vasija impura! 

Si tú persistes en el pecado – si tú no lo confiesas o tratas con el pecado – tu corazón te alimentará de un continuo chorro de mentiras. Tú escucharás enseñanzas que te permitirán sentirte tranquilo con tu pecado. Entonces pensarás, “Mi problema no había sido tan malo. No me siento culpable.” ¡Pero estarás siendo guiado totalmente hacia el extravío! Isaías habla de un pueblo que proclamaba desear el verdadero consejo de Dios.

 Ellos decían: ¡Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos! (Isaías 5:19). ¡Pero estas personas tenían engaño en su corazón – y ellos terminaron siendo pervertidos en toda su manera de ver las cosas! ¡El pecado había pervertido su manera de pensar! Como resultado, ellos no eran capaces de discernir lo malo. Y las cosas que eran santas y puras ellos las llamaban impías. Isaías dijo acerca de ellos, 

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! (Isaías 5:20). Por eso; cada maestro, cada pastor, cada profeta, cada apóstol, cada evangelista, cada hombre o mujer al cual el Señor le ha confiado genuinamente un ministerio, tendrá la obligación de pedirle, recomendarle y hasta exigirle a sus oyentes que tomen sus Biblias y comprueben con ella en sus manos si lo que están escuchando es verdad. Y luego oren al Espíritu Santo para que nunca se aparte de ellos en su guía a toda verdad. Son las únicas garantías anti engaño que tenemos.


 

7/24/2013

¡Descansa!

Alguna vez un ser querido te ha dicho, quizás sin ninguna razón: “¿Estás enojado conmigo? ¿He hecho algo equivocado?” Tú te encuentras simplemente callado, pensando en algo profundamente. Así que  respondes, “No, no estoy enojado. Tú no hiciste nada para herirme. Sólo estoy callado”.

 Pero ellos insisten: “¿Fue algo que dije?” Otra respuesta: “No, no dijiste nada. Todo está bien” Finalmente, para convencer a la persona, tú tienes que abrazarla diciéndole: “Mira, yo te amo – no estoy enojado. ¡Pero si continúas con esto, me vas a enojar!” 

Amados, ¡así es como tratamos a nuestro Padre celestial! Al final del día, vamos a nuestra habitación secreta y decimos: “A ver, veamos, ¿cómo entristecí a Jesús hoy día? ¿Qué hice mal – qué me olvidé de hacer? Soy un desastre. No sé cómo él pueda amarme. Señor perdóname una vez más. Algún día seré tan obediente, que te será fácil amarme.” 

¡Pero Dios está ahí en todo momento, esperando para abrazarte! ¡Él quiere mostrarte cuánto él te ama y quiere que tú te recuestes y descanses en su amor! Cuando el hijo pródigo volvió a su hogar, él fue recibido de vuelta en la casa del padre. Recibió un vestido nuevo, comió en la mesa del padre y tuvo un perdón pleno. ¡Lo que este hijo supo fue que él estaba seguro en el amor de su padre! Él supo que su padre tendría paciencia con él, trabajaría en él, lo amaría. 

Así es como nuestro Padre celestial es con nosotros. No importa qué tan lejos nos desviamos de nuestro Padre, tenemos una puerta continuamente abierta para regresar. Pero debemos creer lo que la Palabra de Dios dice –él nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1:6). El espera con los brazos abiertos para abrazar a todo aquél que acepta este acceso y retorna a su amor.

 Recuerda esto que es elemental: cuando haces algo indebido, te arrepientes y pides perdón con sinceridad al Señor, Él responde de inmediato concediéndolo. El mayor problema viene después, cuando tú no pareces haber oído ni conocido a dios y resuelves no creerle. Entonces comienzas a vivir un pequeño infierno culpándote permanentemente de aquello que el Señor ya te ha perdonado. De acuerdo, es una trampa, pero: ¿No se te ha ocurrido pensar que no tienes la menor entidad para atreverte a poner en duda algo que Dios ya decidió?


 

7/20/2013

Ilimitados

En la mayoría de las iglesias cristianas se enseña, (con buen tino), que no podemos ir a las reuniones y cultos sólo con la intención de pedir, pedir y pedir. Que está muy bien que pidamos, pero que está mucho mejor que agradezcamos por todo lo que hemos recibido, y también por lo que NO hemos recibido, ya que si Dios lo ha dispuesto así es porque seguramente es lo mejor para nosotros, aunque hoy no lo veamos. 

Sin embargo, también cometemos muchos errores por inmadurez a la hora de pedir; pedimos conforme a lo que nosotros estimamos que Dios podría hacer y no de acuerdo con el auténtico y verdadero poder de Dios. Dios tiene tanto que quiere darte a ti. Su deseo es abrir las ventanas del cielo, y derramar sobre usted bendición, que no habrá espacio suficiente para recibirla (ver Malaquías 3:10). 

El está en un almacén lleno, diciendo, “Yo soy un Dios dador, amoroso – pero muy pocos recibirán de mi. ¡No me dejan que yo sea Dios para ellos! Por supuesto, debemos agradecer a Dios por todo lo que él ya ha hecho y nos ha dado. ¡Pero no debemos estar satisfechos con lo que creemos que es mucho! Muchos Cristianos están satisfechos con sentarse en la iglesia y ser bendecidos por la presencia de Dios. ¡Tales personas son tan solo “esponjas satisfechas”! 

Ellos absorben todo – pero limitan a Dios en sus vidas, cuando él quiere ungirlos para el servicio o el ministerio. ¿Acaso tú eres una de esas personas que se cree muy poca cosa como para ser parte del Reino de Dios? ¿Sí, eh? ¿Y crees que pensando así eres humilde y muy siervo? Déjame decirte algo: ¡No te atrevas a llamar poca cosa lo que Dios dijo que era imagen y semejanza Suya!  Cuando los discípulos se maravillaron de los milagros de Cristo, Jesús respondió, “¡Dios tiene mayores cosas que vosotros haréis!” 

La mayoría de nosotros somos como los discípulos. Vemos un milagro, y estamos satisfechos por hablar de eso el resto de nuestras vidas. Pero si realmente hemos conocido a Dios y le permitimos que sea nuestro Dios, le pediríamos mucho más: Nosotros haríamos que nuestras oraciones alcancen los cielos por fe, creyendo que Dios derribará a los líderes impíos en los gobiernos locales, estatales y todas las agencias gubernamentales. ¡Derribaríamos fortalezas y principados, como Dios dijo! 

Le creeríamos a Dios que nos va a ayudar a saturar nuestra ciudad con el evangelio de Jesús. Nos levantaríamos en fe contra cualquier arma forjada contra nosotros, y derribaríamos fortalezas satánicas en nuestras familias e iglesias. Nuestra visión sería ilimitada. ¡Le creeríamos a Dios por cosas aun más grandes para su Reino! Ahora ya lo sabes, no tienes excusa. El asunto principal no es la calidad del poder de Dios; el asunto básico es la calidad de poder que tú crees que Dios tiene.


 

7/16/2013

Identidad

Hace algunos años, en mi país solía decirse vulgarmente un refrán que tenía que ver con la política, más concretamente con los tiempos previos a las elecciones. Se decía de alguien que mentía, que era: “Más mentiroso que político en campaña”. Eso significaba que los políticos, durante la campaña, daban a conocer propuestas y proyectos que luego, si lograban hacerse con los votos y vencer, olvidaban olímpicamente como si jamás lo hubieran dicho. 

Hoy los tiempos han cambiado y ya no existen propuestas ni proyectos, sólo las ácidas y enconadas críticas los unos para con los otros, lo que está demostrando que si bien ya no se los puede acusar de mentirosos, ahora se los puede rotular como otra clase de gente, y no precisamente como para utilizar de modelo. 

El cristiano no puede ni debe ser como un político. No debe andar de campaña, hacer propuestas, comentar proyectos y, mucho menos, vivir criticando a otros cristianos. El cristiano para llegar a ser más que vencedor, simplemente tiene que tener clara su identidad, saber quién es en Cristo. Y no es poca cosa, créeme. 

La Gloria de Dios y la dignidad de su Hijo están involucrados en cómo El trata con nosotros. Es por eso que todo lo que posiblemente pudiese obstaculizar nuestra eterna bendición, ha sido desechado de tal manera que la gloria divina esté segura y que se provea una respuesta triunfante a cada alegato del enemigo.  

¿Se trata de transgresiones? Él ha perdonado nuestras transgresiones. ¿Se trata de pecado? Él ha condenado al pecado en la cruz, quitándolo así. ¿Se trata de culpa? Ha sido cancelada por la sangre de la cruz. ¿Se trata de muerte? Él le ha quitado su aguijón y actualmente la ha hecho parte de nuestra propiedad. ¿Se trata de Satanás? Él lo ha destruido anulando todo su poder. ¿Se trata del mundo? Él nos ha librado y ha roto toda cadena que nos tenía conectados con el mundo.

 Así que, amado hermano o hermana, esto permanece con nosotros si vamos a ser enseñados por las Escrituras, si vamos a confiar en su palabra, si vamos a creer en lo que Él dice – y podemos añadir, que de no ser así, estamos en nuestros pecados, bajo el poder del pecado, en las manos de Satanás, detestables a muerte, parte de un mundo sin Cristo, sin Dios y expuestos a la ira incesante de Dios – la venganza de un fuego eterno.

  Oh, que el bendito Espíritu abra los ojos del pueblo de Dios y les permita ver su lugar apropiado, su completa y eterna libertad en asociación con Cristo, el cual murió por ellos y por el cual ellos han muerto y así han sido sacados del poder de todos sus enemigos.

7/14/2013

Libertad

Jesús dijo, El que me ha visto a mí ha visto al Padre (Juan 14:9). Y esto es sumamente importante y va más allá de una clase de teología. ¿Qué conoces de Jesús? ¿Quién te presentó a Jesús? ¿Cómo te lo han mostrado? No debemos ver a Jesús como lo enseñan los hombres, sino como el Espíritu lo revela a nosotros – ¡como Dios quiere que lo conozcamos y lo veamos! Tenemos que adquirir la visión de Dios y el testimonio de Cristo – ¡Entonces conoceremos a Dios como él desea ser conocido! Yo creo que Dios quiere que nosotros veamos a su Hijo así: Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Santiago 1:17). ¡Jesús era un regalo! Dios envolvió todos sus atributos en Jesús – ha dado a su Hijo unigénito… (Juan 3:16). ¡Cristo es el don perfecto de Dios para nosotros, que vino enviado por el Padre! ¿Ves tú a Jesús como el regalo perfecto de Dios para ti? ¿Lo ves a él como todo lo que tú necesitas para vivir gozosamente, victoriosamente, en justicia, lleno de paz y descanso? Muchos siglos atrás, antes de que tú fueses creado, Dios vio cuáles serían tus penas y necesidades. Él sabía con anticipación lo que tú necesitarías para resolver tus problemas. El no envolvió sus respuestas y te las envió a en un libro de reglas ni como un ejército de “soldados con respuestas”. No – él nos dio a todos nosotros una solución a todas nuestras crisis y necesidades – un Hombre, un Camino, una Respuesta a todo lo que necesitamos: ¡Jesucristo! Dios te dice hoy, “¡Yo no quiero que vivas para el mañana! Mirarás y verás que hoy día pudo haber sido el mejor tiempo de tu vida. Jesús no podrá ser mejor ni más fuerte para ti de lo que él es ahora mismo. ¿Por qué no dejas que hoy día yo sea tu Dios?” Curioso; suenan como palabras hechas y armadas, pero créeme que el Espíritu Santo está detrás de todo esto, hablando para ti y para tu vida hoy mismo, en el marco de lo que quieras que estés viviendo. ¿Qué harás? Quiero que sepas que cuentas con mi apoyo. Sólo hazlo.


 

7/09/2013

¿Independencia?

Hoy, en mi país, se celebra el Día de la Independencia. En este caso, la recordación, que como todas las de su estilo siempre estará sujeta a los vaivenes ideológicos de la historia y a quienes la escriban, se relaciona con la decisión tomada allá por el año 1816 por parte de un grupo entre los cuales había muy pocos nativos de este suelo, de independizarse materialmente de los reyes de España. 
Las fiestas escolares y gubernamentales siempre han hecho hincapié en esa palabra: Independencia, y la han elevado casi al grado superlativo de lo incomparable. Curiosamente, estas fiestas también suelen celebrarse dentro de las congregaciones cristianas, lo cual no sería negativo ni censurable si lo miramos desde lo cortés y respetuoso, ya que habitamos legalmente esta querida tierra nuestra. 
Sin embargo, desde lo espiritual, nunca una celebración podría estar tan contrapuesta con nuestro auténtico sentir de creyentes. Porque nosotros los hijos de Dios por adopción podemos ser lo que tú quieras o te parezca, pero jamás independientes. Muy por el contrario, dependemos a pleno de Jesucristo el Señor y jamás podremos avanzar un solo paso si no tenemos a esa dependencia bien clara y establecida en nuestras vidas. Esto implica conceptos muy claro y pleno ejercicio y respeto de ellos. 
Por ejemplo: para que una persona ocupada consigo mismo disfrute una paz duradera, deberá desistir de sí mismo y obedecer la Palabra de Dios, y descansar en lo precioso y eterno que está escrito sin cuestionar nada. La Palabra de Dios nunca cambia. Yo cambio; mi enfoque, mis sentimientos, mi experiencia, mis circunstancias cambian continuamente, pero la Palabra de Dios es la misma ayer y hoy y por los siglos. Es un punto grande y esencial cuando el alma capta que Cristo es lo único que define el lugar del creyente ante Dios. Esto da inmenso poder, libertad y bendición. 
Pues como él es, así somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). ¡Esto es algo perfectamente maravilloso! Considerémoslo; pensemos en un pobre despreciable, culpable esclavo del pecado, un siervo de Satanás, mundano, expuesto al infierno eterno – tal individuo tomado por la gracia soberana y liberado completamente de las garras de Satanás, del dominio del pecado, del poder del diablo – perdonado, lavado, justificado, habiéndose acercado a Dios, aceptado en Cristo y perfectamente y por siempre identificado con Él para que el Espíritu Santo pueda decir, “¡Como Cristo es, así es él en este mundo!”  
Todo esto parece ser demasiado bueno para ser verdad. Y más que seguro, es demasiado bueno para que lo comprendamos. Pero bendito sea el Dios de toda gracia y bendito sea el Cristo de Dios, que no es demasiado bueno para que Él nos lo dé. Dios da como Él es. Él siempre será Dios, a pesar de que no somos merecedores, y a pesar de la oposición de Satanás. Él actuará de una manera merecedora de Él mismo y del Hijo de Su amor. 
Celebra la independencia de tu país cuando sea tu fecha; hazlo por el respeto cordial de ciudadano moralmente correcto, porque vives allí y por amor hacia tus semejantes. Pero jamás celebres ninguna independencia en tu vida. Tú eres de Cristo. Y solamente dependiendo de Él accederás a la libertad total tan amada y ansiada. Aunque parezca un contrasentido.




7/07/2013

Amor

Ayer dialogaba con gente amiga no creyente, y el tema central en un momento dado fue el del amor. Es increíble como las personas, cualquiera sea su edad o condición social, relaciona esta palabra inevitablemente con la relación de pareja, cosa que no está mal ni mucho menos, pero que dista bastante de referirse a la clase de amor del cual hablamos, (O deberíamos hablar) los creyentes. 
Por ejemplo, Pablo dijo acerca del amor de Dios: El amor de Dios sobrepasa todo conocimiento. Es amplio, ancho, alto y profundo. Quiero enfocarme en esta profundidad de Su amor. “Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”. 
Recientemente, he estado recibiendo mensajes de cristianos que se habían apartado de Dios, pero que enterados de muchas cosas que en sus iglesias jamás le habían enseñado, ahora están volviendo a su primer amor. Uno de ellos escribió, “Yo había sido perdonado; amaba al Señor. Pero viví muchos años con un terrible pecado. Ahora he regresado a Dios, pero no puedo aceptar mi perdón. Yo temo que Dios no puede perdonar los terribles pecados que he cometido, los cuales no puedo ni mencionar. No tengo paz. No puedo sentir la presencia de Dios.” Otro escribió, “He cometido horribles pecados. Quiero retornar a Jesús pero siento que Dios me desprecia. He pecado en contra de la luz. Temo que no seré perdonado. Soy uno de los peores pecadores.” 
Los que se han apartado de Dios están siendo conmovidos. Muchos están regresando. Están cansados de caer en las drogas, el alcohol, la lujuria; están cansados del mundo, y también de la religión vacía, hueca, ritualista y hasta humanista que se propone en los diferentes credos habilitados. Yo escucho lo siguiente, “He caído tan profundo en la inmoralidad, tan profundo en terribles pecados”. Es como si creyeran que Dios tiene una línea – un límite en su amor y misericordia – como si hubiese un punto en el cual Él diga, “Me has provocado por demás. Has rechazado todas mis peticiones – todas mis advertencias. Y ahora has cruzado la raya. Tu corazón está frío. Satanás ahora tiene un bastión en tu corazón.” Yo creo que muchos de los que se han apartado de Dios están demasiado avergonzados o demasiado convencidos de que han perdido su día de gracia por pecar tanto. No pueden concebir que el Señor los rescate de las profundidades de su condición pecaminosa con amor y misericordia.  
Jonás pecó grandemente, huyendo de la comisión de Dios. Por su desobediencia, la sangre de muchos estaría en sus manos. En el vientre de la ballena, Dios estaba allí en lo más recóndito de la profundidad de su pecado y rebelión. Jonás creyó que Dios lo había abandonado por su pecado. “Me echaste a lo profundo…desechado soy de delante de tus ojos…las aguas me envolvieron hasta el alma…me cercó el abismo…mi alma desfallecía en mí” (Jonás 2:3-7). Fue cuando él cayó - hasta lo profundo – que él recibió un toque fresco, un llamado especial. Él fue perdonado y librado. Esto prueba que el Espíritu Santo trabaja en lo profundo de nuestro pecado. Ninguno está demasiado lejos para ser alcanzado por Dios; ninguno es desechado. El Espíritu Santo está tratando con muchos, diciendo, “Arrepiéntete. Estoy en lo profundo de tu situación para traerte de vuelta.” 
Nada puede separarnos del amor de Dios. ¡Nada! “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 8:35, 37-39). La sangre de Jesús nos alcanza en las profundidades del pecado, ofreciéndonos libertad, perdón, misericordia y reconciliación con el Padre. No importa cuán profundamente usted haya caído, el amor y el perdón van más profundos. ¡Qué grandes son las profundidades de Su amor!


 




6/28/2013

Voces

Aquellos que verdaderamente conocen a Dios, han aprendido a reconocer su voz por encima de todas las otras voces. El quiere que tú estés absolutamente convencido que él desea hablarte para decirte cosas que tú no has visto ni escuchado antes. Yo creo que hay tres cosas que son requeridas de aquellos que van a escuchar la voz de Dios:

1. Una confianza inamovible de que Dios quiere hablarle a usted. Tú tienes que estar completamente persuadido y convencido de esto. Verdaderamente, él es un Dios que habla – y él quiere que tú conozcas su voz para que puedas hacer su voluntad. Lo que Dios te diga, nunca irá más allá de los límites de las Escrituras.

2. Tiempo de calidad y silencio. Tú debes de estar deseoso de encerrarte con Dios y dejar que todas las otras voces se callen. Es verdad, Dios nos habla durante todo el día. Pero cuando él ha querido construir algo en nuestras vidas, su voz vino a mí sólo después de habernos apartado de todas las demás voces, para escuchar sólo su voz.

3. Pedir en fe. No obtenemos nada de Dios (incluyendo el escuchar su voz) a no ser que nosotros verdaderamente creemos que él puede comunicar su mente a nosotros – ¡para que podamos entender su propósito perfecto! ¡Dios no es un bromista! El no permitirá que el enemigo te engañe. Cuando Dios habla, la paz sigue – ¡y Satanás no puede falsificar esa paz! 
Pero el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños (Juan 10:2-5).










6/25/2013

Glorificados

En Éxodo 33, Moisés no lo sabía, pero Dios estaba por darle una revelación mayor de su gloria y de su naturaleza. Esta revelación iría más allá de amistad, más allá de la intimidad. Es una revelación que Dios quiere que conozcan todas las personas que están con dolor. El Señor le dijo a Moisés que le mostraría su gloria: 
Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti Éxodo 33:19). Luego él dijo, No podrás ver mi rostro – porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo… [Y] cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado (33:20-22). 
La palabra hebrea que se traduce aquí como gloria significa “mi propia persona”. Dios le estaba diciendo a Moisés, “Yo mismo pasaré cerca de ti”. Una traducción lo dice de esta manera: “Te esconderé en una cavidad de la roca, y te defenderé con la protección de mi poder hasta que yo haya pasado.” Esto es lo que el apóstol Pablo quiere decir cuando se refiere a que estamos “escondidos en Cristo.” Cuando le fallamos a Dios – cuando pecamos gravosamente contra la luz – no debemos permanecer en nuestra condición caída. En lugar de eso, debemos de correr rápidamente a Jesús, para ser escondidos en la Roca. 
Pablo escribe, Nuestros padres…todos bebieron la misma bebida espiritual; por que bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo (1 Corintios 10:1, 4). ¿Cuál fue la gran revelación de su persona que Dios le dio a Moisés? ¿Cuál es esta verdad que debemos santificar en nuestros corazones? Es la siguiente: Jehová dijo a Moisés:…Prepárate, pues, para mañana, sube de mañana al monte Sinaí…Descendió Jehová en la nube y permaneció allí junto a él; y él proclamó el nombre de Jehová. Jehová pasó por delante de él y exclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado (Éxodo 34:1, 2 y 5-7).
Aquí estaba la revelación más grandiosa, el cuadro completo de quién Dios es. El Señor le dijo a Moisés, “Ven a esta roca en la mañana. Te daré una esperanza que te sustentará. Te mostraré mi corazón como nunca lo habías visto antes.” ¿Cuál fue la “gloria” que Moisés buscó que el Señor le mostrara? Esta es la gloria: un Dios quien es “Misericordioso y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado.”
 Cristo es la expresión plena de esa gloria. Verdaderamente, todo lo que está en el Padre, está completo en el Hijo. Y Jesús fue enviado a la tierra para traernos esa gloria a nosotros. Es mi oración que tú sientas deseos fervientes de tomarla hoy mismo para tu vida y para la de todos aquellos a los que amas.











6/21/2013

Gratitud

Es frecuente que tema de acción de gracias venga a nuestra mente durante un tiempo de grandes cargas personales. No puedo describir ninguna ni siquiera como modelo, porque la experiencia ministerial me dice que no sólo son muchísimas, sino tremendamente variadas y, en ciertos casos, hasta pintorescas. 
El caso es que cuando tú estás pasando por una etapa así, normalmente buscarás apoyo en otros hermanos sólidos. Sin embargo, podría sucederte –porque ya ha ocurrido- que todas las personas que conoces estén pasando por alguna prueba. En ese caso, sentirás una muy pesada carga por todo eso. Allí seguramente comenzarás a sentir una profunda lástima por ti mismo. 
Y comenzarás a quejarte a Dios, diciendo: “Señor, ¿cuánto tiempo me tendrás en este fuego? ¿Cuánto tiempo tengo que orar sobre estas cosas para que tú hagas algo? ¿Cuándo me vas a responder, Señor?” De repente, el Espíritu Santo caerá sobre ti – y seguramente te sentirás avergonzado. Porque el  Espíritu susurrará a tú corazón, “Sólo empieza a agradecerme ahora mismo. Tráeme un sacrificio de acción de gracias – por todas las cosas pasadas que he hecho por ti, y por lo que voy a hacer en el futuro. ¡Dame una ofrenda de acción de gracias – y súbitamente todas las cosas se verán diferentes!” 
Esas palabras se establecerán a fuego en tú espíritu. Pero pensarás: “¿Qué quiere decir el Señor con ‘un sacrificio de acción de gracias’?” Y buscarás esta frase en las Escrituras y te asombrarás de las referencias que encontrarás: Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo (Salmo 107:22) - Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová. (Salmo 116:17) -  Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos (Salmo 95:2) - Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanzas; alabadle, bendecid su nombre (Salmo 100:4) 
Vivimos en los días en que nuestro sumo sacerdote Jesús, ya ha presentado al Padre el sacrificio de su propia sangre para hacer expiación por nuestros pecados. Cristo ha borrado todas nuestras trasgresiones, para que nunca sean recordadas en contra nuestra. Así que el trabajo de expiación ya está terminado. Pero, al igual que los Israelitas, debemos de entrar a los atrios del Señor como dice el Salmo 100 – con acción de gracias y alabanza. 
Y debemos de traer la ofrenda de nuestros labios. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios (Oseas 14:2). El verdadero significado de la última frase en hebreo es, “Te ofreceremos novillos tiernos, aun nuestros labios.”  
Nuestra ofrenda de acción de gracias debe de ser hecha con lo que traemos – una ofrenda de nuestros labios o voces. Dios está diciendo, “Trae a mi presencia tus palabras de acción de gracias. ¡Habla, canta tus alabanzas para mí!” Ya no tenemos que traer a Dios sacrificios de sangre ni ofrendas de plata ni de oro para expiación. En lugar de eso, debemos traerle a él un sacrificio de alabanza y acción de gracias de nuestros labios: Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15). ¡El “fruto de labios” es gratitud, agradecimiento!










6/18/2013

¡Canta!

Cuando el pueblo de Israel fue puesto a prueba, ¿Se suponía que ellos expresasen gratitud y acción de gracias en medio de los problemas? Cuando ellos estaban rodeados y en situaciones desesperantes, ¿Esperaba realmente Dios que ellos tuviesen esa clase de reacción? 
¡Absolutamente – Sí! Ese era el secreto para que ellos puedan salir de sus dificultades. Mira tú, Dios quiere algo de todos nosotros en nuestros tiempos de problemas y pruebas abrumadoras. ¡Él quiere que le ofrezcamos un sacrificio de acción de gracias en medio de todo lo que sucede! 
Yo creo que Santiago había descubierto ese secreto cuando él amonestó,tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas… (Santiago 1:2). Él no estaba diciendo que fuéramos masoquistas o auto flagelantes; Él estaba diciendo, “¡No te rindas! Prepara un altar en tu corazón, y ofrece alegre acción de gracias en medio de tus pruebas.” 
Por supuesto que los hijos de Israel ofrecieron al Señor alabanza y acción de gracias – ¡Pero lo hicieron en el lado equivocado del Mar Rojo! Sí, las personas se regocijaron toda la noche – pero Dios no tenía placer en eso. Cualquiera puede gritar alegremente en gratitud después que viene la victoria. 
Pero la pregunta que Dios había puesto delante de Israel era, “¿Me alabarán ustedes antes de que yo envíe la ayuda – mientras están en medio de la batalla?” Yo creo que si Israel se hubiese regocijado en “el lado de la prueba” del Mar Rojo, ellos no hubiesen sido probados nuevamente en las aguas de Mara. Si hubiesen pasado el examen del Mar Rojo, las aguas de Mara no hubiesen sido amargas sino dulces. 
Israel hubiese visto el agua manar en todas partes del desierto, en lugar de tener que andar sedientos. Que Dios nos ayude a cantar la canción correcta en el lado de la prueba en nuestras dificultades. Esto trae el deleite más alto a nuestro Padre celestial. 
¿Estás tú ahora mismo pasando por un tiempo muy difícil? ¡Entonces canta! ¡Alaba! Dile al Señor, “Tú puedes hacerlo – tú me has librado antes, tú puedes librarme ahora. Yo descanso con felicidad.” 
¿Difícil? ¡Claro que es difícil! ¿Alguien te predicó un evangelio fácil y lleno de tonterías, ritos y entretenimientos de domingo por la tarde? Ve a verlo de nuestra parte y dile que lo perdonas, pero que se equivocó totalmente de evangelio. Y cuando regreses, sigue cantando la canción correcta en el sitio correcto.


















6/14/2013

Ser

Hay una porción de la Escritura que me ha tocado y afectado profundamente. Jesús dijo: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo quitará; Y cada rama que lleva fruto, la limpiará, para que lleve más fruto... El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego. (Juan 15:2, 6). 
He leído y releído estas poderosas palabras de Cristo, y no puedo de ninguna manera escapar a su poder de convicción. El Espíritu Santo, con su infinita bondad fue quien me insistió en la importancia de comprender estas palabras: "Mi Padre es el labrador... Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo quitará". 
Este asunto de dar fruto como cristianos no es opcional con Dios. Él cuida de su vid y todas las ramas injertadas con gran celo y preocupación, esperando pacientemente a que las ramas den fruto. Se pone de pie junto a ellas con el cuchillo de podar en la mano, mirando con amor a la menor evidencia de corrupción, plaga o enfermedad que podría obstaculizar el crecimiento. Dios espera fruto de todas las ramas. 
Sin fruto, es imposible honrar y glorificar a Dios o ser un verdadero discípulo de Cristo. Jesús dijo: En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos (Juan 15:8). Llevar fruto tiene mucho que ver con agradar a Dios y cumplir con nuestra misión en Cristo; también tiene mucho que ver con nuestras oraciones y peticiones contestadas. 
Jesús dijo: Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes, y los he puesto para que vayan y lleven fruto, y su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo conceda (versículo 16). En realidad, el fruto se refiere a lo que nos estamos convirtiendo, en lugar de limitarse a lo que estamos haciendo. Estoy dando fruto cuando nada obstaculiza el flujo de la vida de Cristo en mí. 
Eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado (Juan 15:3). Él está diciendo, "Porque usted creen que mi palabra: temblando ante ella, dejando que se revelen todos los secretos ocultos, sacando a la luz todo lo oscuro, permitiendo a la Palabra de Dios purgarle, ¡todos los estorbos se han ido!" 
Por tanto, si hoy estás en plena decisión de dar buenos frutos, no tienes que salir corriendo a buscar actividades eclesiásticas o ponerte a organizar campañas evangelísticas dentro o fuera de las organizaciones; lo que debes hacer es empezar a dejar que Cristo fluya en ti y vivir una vida que sea verdaderamente sal y luz para este mundo en tinieblas. Eso es dar fruto. Recuerda que Dios es Yo Soy. Y eso quiere decir que para Él, es mucho más importante el SER que el HACER.






6/12/2013

Conocer

Una de las declaraciones más impactantes que escuché en los últimos tiempos, vino de labios de un antiguo pastor, de los considerados más importantes. Él, simplemente dijo: ¡Yo realmente no conozco a Dios! Quiso decir que no lo conocía de la manera que Él quiere que se lo conozca. La pregunta personal para cualquiera de nosotros, entonces, es: ¿Cómo sé esto? El Espíritu Santo nos lo dice. El susurra amorosamente, “Hijo, tú realmente no conoces a Dios en la manera que él quiere que lo conozcas. Tú realmente no le permites a él ser Dios para ti.” En el Antiguo Testamento, Dios tomó un pueblo para sí – personas que no eran más ricas ni más inteligentes que otras – sólo para ser su Dios: Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios (Éxodo 6:7). Dios estaba diciendo, en otras palabras, “¡Voy a enseñarles a ser mi pueblo – para poder ser Dios para ustedes!” Verdaderamente, Dios se reveló y manifestó a su pueblo una y otra vez. Él envió ángeles. Les habló audiblemente. Cumplió cada promesa librándolos grandemente. Pero después de cuarenta años de milagros y señales asombrosas, la opinión de Dios sobre su pueblo fue: “¡No me conocéis – no conocéis mis caminos!” Cuarenta años estuve disgustado con la nación y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos (Salmo 95:10). Dios dijo “¡En todo esto, ustedes nunca realmente dejaron que yo fuese vuestro Dios! ¡En los cuarenta años que quise enseñarles, ustedes todavía no me conocen – todavía no saben cómo trabajo!” ¡Dios está todavía buscando a personas que le dejen ser Dios para ellos – al punto que ellos verdaderamente lo conozcan y aprendan sus caminos! Las Escrituras dicen de Israel Y volvían y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel (Salmo 78:41). Israel se apartó de Dios en su incredulidad. Y de igual manera, yo creo que nosotros limitamos a Dios hoy día con nuestra duda e incredulidad. Confiamos en Dios en la mayoría de las áreas de nuestra vida – pero nuestra fe siempre tiene límites y fronteras. Tenemos por lo menos una pequeña área que marcamos como nula, donde no creemos que Dios realmente hará algo por nosotros. Muchos, por ejemplo, limitan a Dios mayormente en el área de la sanidad. Han orado por la sanidad física de muchos, y han visto a Dios hacer milagro tras milagro. Pero cuando se trata de sus propios cuerpos, ¡Ellos limitan a Dios! Tienen temor de dejar que él sea Dios para ellos. ¡Se llenan de medicamentos o corren a ver al médico aun antes de orar por sí mismos! No estoy diciendo que está mal ver al médico. Pero algunas veces se los puede describir como aquél que en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos (2 Crónicas 16:12). Yo te pregunto: ¿Oras tú para que Dios derribe las murallas de Asia o África  – pero cuando se trata de la salvación de tu propia familia, tú no tienes ni una onza de fe? Tú piensas, “Dios no debe querer hacer esto. Mi ser querido es un caso tan duro. Parece que Dios no me escucha sobre esto.” ¡Si esto es cierto, tú no ves a Dios como Dios! ¡Tú eres ignorante de los caminos de Dios! El deseo de Dios es hacer todas las cosas más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros (Efesios 3:20). Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la mismísima presencia de Dios en la montaña. Pero el Señor dijo de ellos, “¡Ustedes nunca llegaron a conocerme ni a mis caminos!” Los discípulos pasaron tres años en la presencia de Dios – con Cristo, el cual era Dios en la carne. Ellos se sentaron escuchar sus enseñanzas y estuvieron con él día y noche. ¡Pero al final, ellos lo abandonaron y huyeron – porque no conocieron sus caminos! Jesús dice que Dios no escucha nuestras oraciones y alabanzas simplemente porque las repetimos una y otra vez, durante horas. Es posible orar, ayunar y hacer cosas justas, y aun así no alcanzar el lugar donde tenemos hambre de conocerlo y de comenzar a entender sus caminos. No aprendemos sus caminos en nuestro lugar de oración solamente, aunque todo aquél que verdaderamente conoce al Señor, es muy íntimo con él. Tú no puedes conocer los caminos de Dios sin estar mucho tiempo con él en oración. Pero la oración debe de incluir tiempo de calidad en el cual le permitimos a Dios ser Dios para nosotros – colocando cada necesidad y petición en sus manos y dejándolas allí.

 


6/08/2013

Triunfo

¿Has escuchado alguna vez la expresión “Christus Victor”? Bien;  es la frase del latín que los padres de la iglesia primitiva usaron para describir a Jesús y Su expiación. Traducido a grandes rasgos, significa: “Nuestra victoria no está en nosotros mismos, sino en Cristo”. 
Si derrotamos a un enemigo cuando las probabilidades son de cincuenta por ciento, nos sentimos tentados a pensar: “yo gané la batalla.” Pero cuando nuestro enemigo tiene tres metros de altura, cuando lo hemos reprendido pero regresa aún más fuerte, cuando hemos agotado todos nuestros recursos, cuando nos damos por vencidos y decimos: “No puedo hacer esto”, entonces Dios dice: “Te tengo justo donde te quería.” 
Por lo general, las historias del Antiguo Testamento son enseñadas a los niños, no como verdades espirituales, sino como enseñanza moral. Por ejemplo, la lección de Jonás se suele presentar como: “No desobedezcas a Dios o te meterás en serios problemas.” A la mayoría de nosotros se nos enseñó la historia de David y Goliat en la escuela dominical y la lección era: “Sé valiente y osado.” El problema con esta interpretación de la historia de David es que les estamos enseñando a nuestros hijos a que hagan algo que ellos no son capaces de hacer. 
No había ni un solo soldado israelita que podría haber sobrevivido a un combate cuerpo a cuerpo con Goliat. Esa batalla estaba por encima incluso del hombre más valiente.  Del mismo modo, cuando estamos en una batalla espiritual, la valentía y la audacia no son suficientes. David sabía que no estaba a la altura Goliat. De hecho, todavía no era ni siquiera un soldado, era demasiado joven. La única cosa con la que David estaba armado cuando se presentó en el frente de batalla era pan y queso para sus hermanos. 
Sin embargo, la diferencia con David era que él sabía que la batalla no era suya, sino de Dios. Cuando escuchó las burlas de Goliat, testificó:  Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza,…y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. (1 Samuel 17:46-47). 
Por esa razón es que, cuando escucho o veo alguna promoción supuestamente cristiana donde se presenta a un ministro con tremendas capacidades para liberación o para sanidad, me estremezco. ¿Sabrá ese hombre o esa mujer que sus ayudantes, muy preocupados en crearle prestigio, lo están enviando directamente a un callejón sin salida, donde si no llega a presentarse el Dios de todo poder, puede quedar tendido para siempre, porque en él, por sí mismo, no hay ningún poder que pueda vencer al mal?















6/04/2013

Preguntas

¿Estás tú al final de tu límite? ¿Cansado, abatido, con ganas de rendirte? Yo te desafío a que respondas con un simple sí o no las siguientes preguntas: 
1 - ¿Promete la Palabra de Dios suplir todas tus necesidades? 
2 - ¿Dijo Jesús que él nunca te dejaría, y que estaría contigo hasta el final? 
3 - ¿Dijo él que te mantendría sin caída y que te presentaría sin mancha delante del trono del Padre? 
4 - ¿Dijo él que supliría todo lo que tú necesites en todo tiempo? 
5 - ¿Prometió él darte toda la semilla que necesites para propagar el evangelio? 
6 - ¿Está él más deseoso de dar, que tú de recibir? 
7 - ¿Es mayor el que está en ti, que aquél que está en el mundo? 
8 - ¿Son buenos los pensamientos que él tiene sobre ti? 
9 - ¿Es él galardonador de todos los que lo buscan diligentemente? 
10 - ¿Está él preparando un lugar en la gloria para ti? 
11 - ¿Está viniendo él en las nubes para reunir a sus hijos y llevarlos a casa? 
12 - ¿Vas a irte tú con él cuando venga? 
Tu respuesta a todo esto debería de ser, “¡Absolutamente, sí!” Ahora – haz un inventario. Pregúntate, ¿Realmente creo que Dios es fiel a su Palabra, o yo flaqueo en mi confianza?
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor (Santiago 1:2-7). 
Tú puedes recibir la sabiduría de Dios, toda la sabiduría necesaria para resolver los problemas de la vida – si tú vas a creer sin dudar, y confías tú misma vida y futuro a esta promesa. Dios da a todos… libremente… sabiduría.