6/28/2015

Mirada

               Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como Él es, así somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:16-17). Ten en cuenta la última parte de este pasaje. Juan nos dice que estamos viviendo como el Señor vivió: perdonando y amando a nuestros enemigos. No hay más venganza, rencor o prejuicios raciales - nada que nos condene. Y ahora, tenemos que conocer y creer completamente en el amor de Dios para con nosotros.
               En esto consiste el amor, no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4:10). ¿Ves lo que Juan está diciendo? Nuestro amor por Dios nos ha sido dado y el perfecto amor también significa saber y creer en el amor de Dios hacia nosotros. Por otra parte, Juan dice que no debe haber temor en este amor. No debemos dudar de él. ¿Por qué? Porque si dudamos de su amor por nosotros, viviremos en tormento: El miedo tiene tormento (4:18).
               Creer en el amor de Dios significa saber que día tras día Él es paciente ante nuestros fracasos; Él escucha nuestro clamor, conserva todas nuestras lágrimas, siente la angustia de nuestros corazones, y es movido a compasión por nuestro llanto. Este aspecto del amor de Dios se ilustra claramente en Éxodo, donde el Señor quiso revelar a su pueblo su naturaleza de amor. Dios le dijo a Moisés: "Yo voy a salvar a Israel", y la Escritura dice: Ellos lloraron, y su clamor subió a Dios por causa de la servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos (Éxodo 2:23-24). - El Señor dijo: He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto... porque sé de sus sufrimientos y he descendido para librarlos (3:7-8).
                ¿Crees que Dios ve tu necesidad y condición tal como lo hizo con Israel? A menudo decimos con ligereza: "Cristo es todo", sin embargo, cuando nos enfrentamos a una crisis donde una cosa tras otra sale mal, nuestras oraciones parecen no ser contestadas, y esperanza tras esperanza es defraudada, empezamos a caminar en temor. Inclusive sucumbimos ante el miedo. Pero el hecho es que Dios nunca abandona a sus hijos en tiempo de angustia, incluso cuando todas las cosas parecen desesperanzadoras. ¡Siempre podemos confiar en Él!


 


6/25/2015

Consuelo

               Jesús llama al Espíritu Santo, "el Consolador". Una cosa es conocer al Espíritu Santo como nuestro consolador y otra, es saber cómo él nos consuela. Al comprender el cómo podremos distinguir el consuelo que proviene de la carne de aquél que procede del Espíritu. Considera al hermano que es vencido por la soledad. El ora por el consuelo del Espíritu Santo y espera que el consuelo venga en forma de una sensación.
               De hecho, se lo imagina como una especie de aliento repentino del cielo, como un sedante espiritual a su alma. Este sentimiento de paz en realidad puede llegar a él, pero a la mañana siguiente ya no está. Como resultado de ello, empieza a creer que el Espíritu Santo rechazó su petición. ¡No, nunca! El Espíritu Santo no nos consuela manipulando nuestros sentimientos. Su forma de consolar es infinitamente diferente y se describe claramente en las Escrituras.
               No importa cuál sea el problema, prueba o necesidad, su ministerio como El Consolador se logra manifestando la verdad: Cuando él [el Espíritu Santo] venga, él os guiará a toda verdad (Juan 16:13). El hecho es que nuestro consuelo emana con base en lo que sabemos y no en lo que sentimos. ¡Sólo la verdad prevalece sobre los sentimientos! Y el ministerio de consuelo del Espíritu Santo comienza con esta verdad fundamental: Dios no está enojado contigo. Él te ama.
                La esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:5). Aquí, el significado griego es incluso más fuerte que el sugerido en la traducción, pues señala que el amor de Dios es "derramado a borbotones" en nuestros corazones a través del Espíritu Santo.
               Una carga insoportable puede ser causada por miedo, vergüenza, tristeza, aflicciones, tentaciones, o desaliento. Sin embargo, no importa cuál sea la causa, el consuelo es necesario. De repente, tú escuchas una voz que hace eco en cada rincón de tu alma, es la voz del Espíritu Santo declarándote, "Nada puede separarnos del amor de Dios."
                Esta verdad -una vez que tú has creído- rápidamente se convierte en un torrente de agua viva que derriba todo obstáculo. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho (Juan 14:26).


 


6/21/2015

Auxilio

               En todos los grupos cristianos se habla del Espíritu Santo. Con mayor o menor énfasis, de acuerdo con los postulados denominacionales, de todos la referencia siempre está presente. Sin embargo, la gran preguna que muchos hermanos siempre albergaron y no siempre hicieron pública, es: ¿Para qué nos ha sido dado el Espíritu Santo? La respuesta puede abrirse en un amplio abanico, pero una de ellas es básica: El Espíritu Santo ha venido para conducirnos a una vida de oración. El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad porque no sabemos lo que hemos de pedir como conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (Romanos 8:26)
               Considera lo que Pablo dice sobre el papel del Espíritu Santo en nuestra vida de oración. ¡Estamos tan confundidos acerca de la oración y la hacemos parecer tan complicada! Vete a cualquier librería cristiana y  encontrarás un sin número de libros sobre el tema repletos de fórmulas detalladas sobre cómo debemos orar. Estas múltiples teorías pueden aumentar todo tipo de preguntas acerca de la oración: ¿Cuándo la oración se convierte en intercesión? ¿Se mide la intercesión por el fervor, la intensidad o la cantidad de tiempo que paso de rodillas? He sido enseñado a orar conforme a la voluntad de Dios, pero ¿cómo puedo saber su voluntad? ¿Y cómo le hago para orar? ¿Cuentan las oraciones mentales? ¿Exactamente, para qué oro?
                Tal confusión puede ser tan abrumadora que puede causar que muchos eviten orar. Nunca ha habido un tiempo en que las oraciones del pueblo de Dios sean más necesarias que ahora. Vivimos en un mundo enloquecido. Los acontecimientos mundiales empeoran: conspiraciones para robar la paz de la gente, las sociedades buscan por todas partes una fuente de consuelo pero no lo encuentran en la psicoterapia, en la religión muerta, en diferentes causas o incluso en la caridad.
               La Biblia nos ha dicho: El mundo no conoce a Cristo y no lo recibe. Pero vosotros le conocéis (Juan 14:17). Una de nuestras mayores preocupaciones debiera ser mantener una vida de oración. Cuando descuidamos la oración, entristecemos al Espíritu de Dios. Sí, es posible que nosotros agraviemos al Espíritu Santo.
               Pablo escribe lo mismo cuando dice: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios (Efesios 4:30). En efecto, el Espíritu comparte el dolor de Dios a causa de la incredulidad de su pueblo y la falta de oración.
               Consideremos sólo algunas maneras poderosas en que el Espíritu Santo juega un rol en nuestras oraciones: A través de la oración el Espíritu Santo manifiesta la presencia de Cristo en nosotros.  A través de la oración del Espíritu sella las promesas de Dios en nuestros corazones. A través de la oración el Consolador nos habla de esperanza. A través de la oración el Espíritu libera sus ríos de consuelo, paz y descanso en nuestras almas.




6/18/2015

Batallas

               Aun hoy, y en medio de vaivenes de todos los colores, una iglesia triunfante se levanta y emerge después de grandes pruebas de fe. Esta iglesia de los últimos días está saliendo de un largo periodo de aflicción y de “hornos ardientes”. El Espíritu Santo está obrando para traer a su pueblo a un lugar de completo quebrantamiento. El Espíritu Santo lo está conduciendo hacia la revelación de la debilidad de su propia carne con el fin de mostrarle Su poder. Su pueblo está llegando a lo último de sí mismo, su voluntad obstinada está siendo aplastada hasta que su actitud se convierta en tan solo: "Hágase tu voluntad."
               Y a través de todo esto, su pueblo se hace totalmente dependiente del Señor. ¿Describe esto su situación? Tal vez tú has estado caminando con Jesús durante años y nunca ha encarado una prueba como la que está enfrente tuyo en estos momentos. Las cosas que se avecinan parecen abrumadoras, cosas por las que sólo Dios puede hacer algo al respecto.
               Tú has caído en cuenta que solo Él puede sacarte adelante. El Señor tiene un pueblo en formación, un pueblo que va a usar para enfrentar la ira de este mundo. Él los está entrenando y equipando en su amor, bondad y paz. Nuestro Dios es un Dios de amor. Él no va a usar bombas, ametralladoras o escuadrones suicidas, en cambio, usará a un pueblo vencedor y audaz en la fuerza del Señor y en su tierna misericordia.
               En todo el mundo, el pueblo de Dios está experimentando sufrimiento, aflicción y tortura. Estoy seguro de que hay un divino y eterno propósito detrás de la intensidad de estas batallas físicas y espirituales que sufre ahora el verdadero cuerpo de Cristo. Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras (Salmo 145:9).
               Nuestro Señor ha tenido un plan desde el principio. Dios mismo descendió y tomó la forma y la condición de hombre, viviendo entre los hombres pecadores. Él soportó su odio, sufrió su rechazo, enfrentó impensables reproches y a través de todo nunca se defendió. Jesús nunca estableció ejércitos vengativos llenos de odio. No usó armas carnales.
               En cambio, derribó fortalezas con su poderoso amor y bondad. Nuestro Señor no tenía más que un plan de batalla: tierno amor misericordioso. En efecto, el amor conduce todas sus obras en la tierra. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3).






6/11/2015

Silencios

               A mediados de los años noventa, congregábamos como familia en una pequeña iglesia de nuestra ciudad. Ya sabedores por convicción íntima de la necesidad de procurarnos verdadero alimento espiritual, asistíamos a cuanta conferencia nacional o internacional se llevara a cabo, así como a congresos, clínicas y cuanto nombre santo ha inventado la iglesia estructural para armar encuentros. ¿Era bueno eso? Sí, era bueno, porque nos mostraba generalmente un mundo espiritual que desconocíamos. El problema comenzaba al día siguiente de haber finalizado la conferencia. No era lo mismo acceder a la palabra de Dios que oír teología vacía. Bien intencionada, seguramente, pero teología al fin.
               La tremenda decepción espiritual que acontece después de una experiencia espiritual de suprema bendición, es común entre todos los seguidores de Jesús. Nosotros le llamamos a estas experiencias "períodos de sequía", los cuales se asemejan a sumergirse en una profunda oscuridad espiritual, a una inmersión en grandes pruebas después de haber conocido un toque especial de Dios. Podemos encontrar en la Biblia tales períodos de sequía esparciéndose como una plaga en la vida de hombres y mujeres de Dios. Dichos períodos “bajos en el espíritu” acontecen principalmente en aquellos a quienes Dios tiene la intención de usar.
               De hecho, son comunes entre todos los que Él entrena para llevarlos más profundamente y más lejos en Sus caminos. Al mirar hacia atrás y observar tu propia experiencia de sequía, tú te puedes preguntar si previo a ese período en tu vida precedió una renovación en su Espíritu. Tal vez habías experimentado un despertar fresco, una ferviente oración que le pedías al Señor: "Tócame, Jesús. Me siento tibio. Yo sé que mi servicio para ti no está progresando como debiera. Como nunca antes tengo hambre de ti. Anhelo tener un celo especial para hacer tu obra: orar por los enfermos, salvar a los perdidos, llevar esperanza a los desesperanzados. Renuévame, Señor. Yo quiero ser usado para tu Reino en una mayor medida".
               Debido a que tú te has comprometido en serio con Dios, tus oraciones empezaron a obtener respuesta y comenzaste a escuchar la voz de Dios con claridad. La intimidad con Él era maravillosa, su celo fue en aumento, y se dio cuenta del fuerte mover de Dios en tu vida. Pero un día, tú te despertaste y el cielo parecía ser de bronce. Te sentiste derribado sin saber por qué.
               La oración parecía ser un estado de agonía y no oyó más la voz de Dios como antes. Tus sentimientos parecían estar muertos, Tu espíritu seco y vacío. Tenías que vivir sólo por fe. Amado, si esto te ha sucedido no te asustes y no te rindas. Sé de este tipo de caída personal. En un instante pasamos de estar en la cima de la montaña al abismo más profundo.
               Pedro habló de manera específica al respecto y aconsejó no pensar que alguna cosa extraña estaba pasando: No penséis ni os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese. Al contrario, gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo (1 Pedro 4:12-13). El Señor permite nuestros períodos de sequía porque Él está obrando en algún área de nuestras vidas. Por lo tanto regocíjate y alábale a pesar de que no sientas hacerlo.






6/06/2015

¿Retraso?

               En Mateo 24, Jesús usa una parábola para enseñar sobre el estar listo para su retorno: Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.  Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes. (Mateo 24:44-51)
               Nota que Jesús se refiere a siervos, dando a entender, creyentes. Un siervo es llamado fiel y el otro es llamado malo. ¿Qué es lo malo ante los ojos de Dios? Según Jesús, es algo que éste dijere en su corazón (Mateo 24:48). Este siervo no vocaliza dicho pensamiento, ni tampoco lo predica. Pero lo piensa. Ha entregado su corazón a una mentira demoniaca.
                “El Señor tarda en venir”. Note que no dice: “El Señor no vendrá”, sino: “tarda en venir”. En otras palabras: “Jesús no vendrá repentina o inesperadamente. Él no retornará en mi generación.” Este “siervo malo” es claramente, un tipo de creyente, quizás uno que está en el ministerio. Se le ordenó “vigilar” y “estar listo”, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis (Mateo 24:44).
               Pero este hombre aplaca su conciencia aceptando la mentira de Satanás. Jesús nos muestra el fruto de esta manera de pensar. Si un siervo está convencido de que el Señor ha retrasado su venida, entonces no ve la necesidad de vivir correctamente. No tiene urgencia de hacer las paces con sus compañeros. No ve la necesidad de preservar la unidad en su hogar, en su trabajo ni en su iglesia.
               Puede golpear a sus compañeros siervos, acusarlos, guardar rencores, destruir su reputación. Como Pedro dijo, este siervo es impulsado por sus deseos, éste quiere vivir en ambos mundos: aprueba una vida de maldad al mismo tiempo que cree estar a salvo del justo juicio de Dios. Tengo que hacerte la misma pregunta que Dios le hizo a Adán: ¿Dónde estás tú?







6/03/2015

Respaldo

               En nuestros momentos de prueba y tentación, Satanás viene a nosotros trayéndonos mentiras como: “Estás completamente cercado y no tienes salida. Siervos más fuertes que tú han caído en circunstancias menos difíciles. Ahora te toca caer a tí. Eres un fracaso, de otra manera no estarías pasando por esto. Algo está mal en tu vida y Dios está descontento contigo”.
               En medio de su prueba, Ezequías reconoció su incapacidad. Este rey se dio cuenta de que no tenía la fuerza para detener las voces de ira en su contra, voces de desánimo, de amenazas y de mentiras. El sabía que no podía librarse de esta batalla, así que buscó al Señor para que lo ayudara.
               Y Dios le respondió enviándole al profeta Isaías con este mensaje: “El Señor ha oído tu clamor. Ahora, dile a Satanás que está a tu puerta: ‘Eres tú el que caerá. Por el mismo camino por donde viniste, te irás. Ezequías por poco cayó en el truco del enemigo. El hecho es que si no nos ponemos de pie para enfrentar las mentiras de Satanás, si en nuestra hora de crisis no nos agarramos de nuestra fe e inclinamos hacia la oración, si no obtenemos fuerzas de las promesas de liberación que Dios nos ha dado, el diablo se reirá de nuestra débil e inconstante fe e intensificará sus ataques contra nosotros.
               Ezequías cobró valor por la palabra que recibió y fue capaz de decirle con firmeza a Senaquerib: “Rey Diablo, tú no has blasfemado mi nombre, sino el de Dios mismo. Mi Señor me librará. ¡Y porque blasfemaste Su Nombre, enfrentarás su ira!”
               La Biblia nos dice que esa misma noche, Dios libró sobrenaturalmente a Ezequías y a Judá: Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. (2 Reyes 19:35)
               Hoy, los creyentes no están de pie sólo sobre una promesa sino sobre la sangre derramada de Jesucristo. Y en esa sangre tenemos victoria sobre todo pecado, tentación y batalla que alguna vez enfrentemos. Quizás recientemente tú has recibido una carta del diablo.
               ermíteme preguntarte: “¿Crees  que Dios tiene el anticipado conocimiento respecto a cada una de tus pruebas, cada uno de tus torpes movimientos, cada una de tus dudas y temores? Si es así, tú cuentas con el ejemplo de David, el cual oró: “Este pobre clamó y el Señor lo libró”. ¿Te atreverás tú a hacer lo mismo?


 




5/31/2015

¡Tranquilos!

               ¿A quiénes les concede Jesús su paz? Tú pensarás: “Yo no soy digno de vivir en la paz de Cristo, tengo demasiadas luchas en mi vida, mi fe es tan débil.” Haríamos bien en considerar a aquellos primeros hombres que recibieron la paz de Jesús. Ninguno de ellos era digno y ninguno tenía el derecho de recibirla. Piensa en Pedro.
                Jesús estaba a punto de conceder su paz a un ministro del evangelio que pronto iba a estar maldiciendo. Pedro era celoso en su amor por Cristo, pero también lo iba a negar. Luego tenemos a Santiago y a su hermano Juan, hombres con un espíritu competitivo, siempre buscando el reconocimiento. Pidieron sentarse a la derecha e izquierda de Jesús, cuando ascendiera a su trono en gloria.
               Los otros discípulos no eran más justos. Se enfurecieron contra Santiago y Juan, cuando éstos trataron de sobresalir. Luego está Tomás, un hombre de Dios que se había rendido a la duda. Tanta fe les hacía falta a todos los discípulos, que Jesús se asombraba y preocupaba. Es más, en la hora más crítica de Cristo, todos lo abandonaron y huyeron.
               Aun después de la Resurrección, cuando la frase “¡Jesús ha resucitado!” se esparció por doquier, los discípulos fueron tardos para creer. Pero aun hay más. También eran hombres confundidos. No entendían los caminos del Señor. Sus parábolas los confundían. Después de la crucifixión perdieron todo sentido de unidad, dispersándose en todas las direcciones.
               ¡Qué cuadro! Estos hombres estaban llenos de temores, incredulidad, división, lamento, confusión, competencia, orgullo. Sin embargo, fue a estos mismos siervos afligidos que Jesús dijo: “Les voy a dar mi paz”. Los discípulos no fueron escogidos por ser buenos o justos; eso está claro. Tampoco era porque tenían talento o habilidades. Eran pescadores y obreros, mansos y humildes.
               Cristo llamó y eligió a los discípulos porque vio algo en sus corazones. A medida que miraba en ellos, sabía que cada uno se sometería al Espíritu Santo. En este punto, todo lo que tenían los discípulos era una promesa de paz por parte de Cristo. La plenitud de dicha paz les sería dada en el Pentecostés. Ahí es cuando el Espíritu Santo vendría y moraría en ellos.
               La paz de Cristo que recibimos, proviene del Espíritu Santo. Esta paz viene a nosotros a medida que el Espíritu nos revela a Cristo. Cuanto más anhelemos de Jesús, el Espíritu nos mostrará más de Él, y tendremos más de la paz de Cristo.




 


5/27/2015

Cuidado

               En medio de esta global agitación de todas las cosas, ¿En qué estará enfocada la preocupación de Dios? ¿Será en los eventos del Medio Oriente? No. La Biblia nos dice que La mirada de Dios está puesta sobre sus hijos. He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia (Salmos 33:18).
               Nuestro Señor es consciente de todo lo que se mueve en la Tierra, de todo lo que respira. Aun así, su mirada está primordialmente enfocada en el bienestar de sus hijos. Él ha fijado sus ojos en los dolores y necesidades de cada miembro de su cuerpo espiritual. Dicho de una forma simple, cualquier cosa que nos afecte, le preocupa a Él.
               Para demostrarlo, Jesús dijo: Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mateo 10:28). Incluso, en medio de las grandes guerras mundiales, el primer enfoque de Dios no está en los tiranos. Su enfoque está en cada circunstancia que sucede en las vidas de sus hijos.
               Cristo dijo en el versículo siguiente: ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre (Mateo 10:29). En los días de Cristo, estos pajarillos eran la carne de los pobres y se vendían a dos por un centavo. Sin embargo, Jesús dijo que ninguna de ellos caía a tierra sin que lo supiera nuestro Padre. El uso que le da Jesús al verbo “caer” en este versículo, va más allá de la muerte de un ave.
               El significado arameo es “posarse sobre la tierra”, en otras palabras, “caer”, aquí indica hasta el mínimo sobresalto que un pequeño pajarillo hace. Con esto Cristo nos está diciendo: “La mirada de tu Padre está puesta sobre el pajarillo, no sólo cuando muere, sino cuando se posa en tierra. A medida que el pajarillo aprende a volar, cae del nido y comienza a brincar sobre la tierra. Y Dios ve hasta la lucha más pequeña que éste tiene. Él se preocupa de cada detalle de su vida.”
               Luego, Jesús añade: Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos (Mateo 10:31). De hecho, Él está diciendo: Pues aun vuestros cabellos están todos contados (Mateo 10:30). En otras palabras, Aquél que creó y contó cada estrella, que monitoreó cada acto del Imperio Romano, que guarda a las galaxias en sus órbitas, tiene sus ojos fijados en ti. Y, Jesús pregunta: “¿No valéis vosotros mucho más que ellos?”


 


5/23/2015

¡Paz!

               Jesús nos da más de una razón por la cual necesitamos su paz. Cristo les dijo a sus discípulos, en Juan 14:30: “Viene el príncipe de este mundo”. ¿Cuál era el contexto de esta declaración? Él acababa de decirle a los doce: “No hablaré ya mucho con vosotros”. Luego, explicó el por qué: “Porque viene el príncipe de este mundo”. Jesús sabía que Satanás estaba ocupado en aquella misma hora. El diablo ya había enlistado a Judas para que lo traicionara.
               Y Cristo sabía que la jerarquía religiosa en Jerusalén estaba siendo fortalecida por los principados del infierno. Él también era consciente de que una multitud inspirada por el diablo vendría muy pronto para llevarlo prisionero. Ahí es cuando Jesús les dice a los discípulos: “Satanás, el maligno, viene. Así que ya no les seguiré hablando más.” Jesús sabía que necesitaba tener un tiempo con el Padre para prepararse para la dificultad que enfrentaría. Él estaba a punto de ser puesto en manos de hombres malvados, tal como Él mismo lo había dicho.
               Y sabía que Satanás estaba haciendo todo lo posible para estremecer su paz. El diablo habría de acosarlo e intentaría desalentarlo. Todo esto con el propósito de quebrantar la fe de Cristo en el Padre, de hacer cualquier cosa con tal de que Él no fuera a la Cruz. Puede ser que tú te encuentres confundido, pensando: “Todo terminó, no lo voy a lograr”. Pero Jesús dice: “Yo sé lo que estás pasando. Ven y bebe de mi paz”.
                Ahora mismo, tú puedes estar atravesando el tiempo más difícil que hayas enfrentado. Tu vida puede estar en juego y todo parece carecer de esperanza. Pareciera no haber escapatoria para ti y cada puerta que tú abres te llena de más tensión, confusión y cansancio. No importa lo que estés pasando. Tu vida puede parecer haber sido devastada por un tornado.
               Tu puedes estar soportando pruebas que hacen que otros te vean como un Job moderno. Pero en medio de tus pruebas, cuando clames al Espíritu Santo para que te bautice en la paz de Cristo, Él lo hará.
               La gente te señalará y dirá: “El mundo de aquel hombre se ha hecho pedazos, sin embargo él ha determinado confiar en la Palabra de Dios, viva o muera. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede continuar? El debiera haberse rendido hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Y a lo largo de todo, no ha cedido ninguno de sus principios. ¡Qué asombrosa paz! Está más allá del entendimiento”.
               Y será muy bueno que el mundo piense eso de ti, pero mucho mejor será que sea real, cierto y agradable.


 




5/21/2015

Milagros

               Tú podrías estar en medio de un milagro en este preciso momento y simplemente, no darte cuenta. Quizás, ahora mismo estés esperando un milagro. Te encuentras desanimado porque las cosas no parecen cambiar en absoluto. No ves ninguna evidencia de la obra sobrenatural de Dios a favor tuyo.
               Considera lo que dice David en el Salmo 18: En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes…Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor…inclinó los cielos, y descendió…Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz…Envió sus saetas…Lanzó relámpagos (Salmos 18:6-9, 13-14).
               Tú debes darte cuenta de que ninguna de estas cosas sucedieron literalmente. Todo se trataba de algo que David vio con sus ojos espirituales. Eso es fe. Es cuando tú crees que Dios ha oído tu clamor, que Él no ha tardado, ni tampoco ha ignorado tu petición. Por el contrario, Él comenzó calladamente su milagro cuando tú apenas oraste. Aún ahora Él está haciendo una obra sobrenatural a favor tuyo.
               Eso es verdaderamente creer en milagros, en su maravillosa obra progresiva en nuestras vidas. David entendió la verdad fundamental detrás de todo esto: Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí (Salmos 18:19). David declaró: “Yo sé por qué Dios está haciendo tanto por mí. Es porque Él se deleita en mí”. De verdad, yo creo en los milagros instantáneos.
               Dios sigue obrando maravillas gloriosas e instantáneas en el mundo de hoy. Pero en estos pasajes del Evangelio (Mateo 16:9-11, Marcos 8:19-21), mientras Jesús les recuerda a los discípulos la milagrosa alimentación de los 5,000 y de los 4,000, Él les pide a ellos y a nosotros tomar nota de sus milagros continuos y de su importancia para nuestras vidas en el día de hoy. No importan lo que digan ocurrentes doctrinas de hombres; Dios sigue siendo Dios y su poder no sólo es indiscutible, sino también inamovible.






5/14/2015

Misericordia

               En la antigua Israel, el arca del pacto representaba la misericordia de Jehová, una poderosa verdad que posteriormente fue personificada por Jesús. Debemos recibir su misericordia, confiando en la sangre salvadora de dicha misericordia y ser salvos por toda la eternidad. Es decir, tú puedes ridiculizar la ley, burlarte de la santidad de Dios y echar por tierra todo lo que Dios hable. Pero cuando tú te burlas o ridiculizas la misericordia de Dios, el juicio viene, y muy pronto. Si tú pisoteas su sangre misericordiosa, enfrentarás su horrenda ira.
               Eso es exactamente lo que les sucedió a los filisteos cuando robaron el arca. Una destrucción mortal vino sobre ellos hasta que tuvieron que admitir: “Esto no es simple casualidad o coincidencia. La mano de Dios está claramente en contra nuestra”. Considera lo que sucedió cuando fue llevada al templo pagano de Dagón para burlarse y desafiar al Dios de Israel. En medio de la noche, el lugar de misericordia que era el arca, se convirtió en una vara de juicio. Al día siguiente, Dagón, el ídolo, fue hallado derribado rostro a tierra delante del arca, decapitado y cortadas sus manos.
               Así es como debería encontrarse el mundo entero. Hace mucho tiempo que deberíamos haber sido juzgados. A todos los que se burlan y desafían la misericordia de Dios, les digo: Sigan, traten con todas su fuerzas de traer a la iglesia de Cristo bajo el poder del secularismo o el agnosticismo. Pero si se burlan de la misericordia de Cristo, Dios echará todo poder y autoridad que tengan, al suelo. Jeremías dijo: Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias (Lamentaciones 3:22).
               Sin embargo, cuando los hombres hacen burla de tan grande misericordia que es Cristo, el juicio es seguro. Es sólo a causa de la misericordia del Señor que el juicio tarda. Y ahora mismo, el mundo global se está beneficiando de dicha misericordia. Increíblemente, se encuentra en una carrera para eliminar a Dios y a Cristo de la sociedad. No obstante, el Señor no va a ser burlado, sus misericordias son para siempre, y Él ama a ese mundo, porque por su causa dio a su Hijo.
               Yo creo que por ello es que Él sigue derramando sus bendiciones sobre nosotros. Su deseo es que dicha bondad nos lleve al arrepentimiento. No debemos desesperarnos a causa de la situación actual de la sociedad. Nos duele la horrenda corrupción, burla y pecado, pero tenemos esperanza, sabiendo que Dios está en control completo. Sabemos que las misericordias de Dios son para siempre.


 




5/09/2015

Planificación

               Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer (Juan 6:5-6).
               Jesús se puso a un lado a Felipe y le dijo: “Felipe, acá hay miles de personas. Todas tienen hambre. ¿Dónde vamos a comprar suficiente pan para alimentarlos? ¿Qué crees que deberíamos hacer? ¡Qué amor tan increíble el de Cristo! El versículo arriba citado nos dice que Jesús siempre supo lo que iba a hacer. Sin embargo, el Señor estaba tratando de enseñarle algo a Felipe y la lección que le estaba dando se aplica a nosotros el día de hoy.
               Medita al respecto: ¿Cuántas personas en el cuerpo de Cristo se quedan despiertas hasta la medianoche intentando hallar solución a sus problemas? Pensamos: “Quizás esto funcione. No, no, quizás aquéllo lo solucione. No…” Felipe y los apóstoles no sólo tenían un problema de falta de panes. Tenían un problema de falta de panaderías…y un problema económico…y un problema de distribución…y un problema de transporte…y un problema de tiempo. Júntalos todos y verás que tenían más problemas de los que pudieran incluso imaginar. Su situación era absolutamente imposible.
               En todo momento, Jesús sabía exactamente lo que iba a hacer. Él tenía un plan. Y lo mismo es cierto para tus problemas y dificultades hoy. Existe un problema, pero Jesús ya conoce la situación completa. Y Él viene a ti preguntando: “¿Qué piensas hacer respecto a esto?”.
               La respuesta correcta por parte de Felipe, hubiera sido: “Jesús, Tú eres Dios. Para ti no hay nada imposible. Así que te entrego este problema a ti. Ya no es mío, sino tuyo”. Eso es exactamente lo que debemos decirle a nuestro Señor hoy, en medio de nuestra crisis: “Señor, Tú eres el hacedor de maravillas y yo voy a rendirte todas mis dudas y temores. Te encomiendo toda esta situación, mi vida entera, a tu cuidado. Sé que no permitirías que desmaye. De hecho, Tú ya sabes lo que vas a hacer respecto a mi problema. Confío en tu poder.
               Suena tan simple que parece formar parte de una enseñanza de escuelita dominical para niños, ¿Verdad? Sin embargo es lo que está escrito, lo que siempre estuvo escrito y lo mismo que más de media iglesia parece haber olvidado. ¿Podrás recordarlo tú, hoy, específicamente para tu problema?







5/06/2015

Perdonados

               Una gran bendición llega a nosotros cuando se nos hace sentarnos en lugares celestiales. ¿Cuál es esta bendición? Es el privilegio de la aceptación: Nos hizo aceptos en el Amado [Cristo] (Efesios 1:6). La palabra griega “acepto” significa: “altamente favorecido”. Es diferente al uso de esta palabra en nuestro idioma, la cual representa: “recibido como aceptable”, lo que implica algo que puede ser soportado, dando a entender una actitud de: “puedo vivir con esto”. Sin embargo éste no es el uso que Pablo le da a dicha palabra.
               La aplicación que Pablo le da a la palabra “aceptos” se traduce así: “Dios nos ha favorecido altamente. Somos muy especiales para Él porque estamos en nuestro lugar en Cristo”. A causa de que Dios aceptó el sacrificio de Cristo, ahora Él ve solamente un hombre corporal: Cristo y aquéllos que están unidos a Él por la fe. Nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús se deshizo de nuestra vieja naturaleza en la cruz. De tal manera que ahora, cuando Dios nos mira, Él sólo ve a Cristo.
               A cambio, nosotros necesitamos aprender a vernos a nosotros mismos como Dios nos ve. Eso significa no enfocarnos únicamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó por nosotros en la cruz. La parábola del hijo pródigo nos provee de una poderosa ilustración de la aceptación que viene cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Tú conoces la historia: Un joven le pidió a su padre la herencia que le correspondía y la derrochó al llevar una vida pecaminosa. Luego, una vez que se fue moral, emocional y físicamente a la quiebra, pensó en su padre.
               El estaba convencido de que había perdido todo su favor. Y temía que su padre estuviera lleno de ira y odio hacia él. Las Escrituras nos dicen que este joven quebrantado estaba lleno de dolor por su pecado y clamó: No soy digno. He pecado contra el cielo. Esto representa a aquéllos que proceden al arrepentimiento a través de una gran pena. El hijo pródigo se dijo a sí mismo: Me levantaré e iré a mi padre (Lucas 15:18). Él estaba ejercitando la bendición de tener acceso, su privilegio de poder acceder al padre. ¿Estás comprendiendo esta escena?
               El hijo pródigo se había tornado de su pecado, había dejado al mundo atrás y ahora ingresaría por la puerta abierta que su padre le había prometido. Estaba caminando en arrepentimiento y estaba apropiándose de dicho acceso. Entonces, ¿Qué pasó con el hijo pródigo? Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó (Lucas 15:20). ¡Qué escena tan hermosa! El hijo pecador fue perdonado, abrazado y amado por su padre, sin ira ni condenación alguna. Cuando recibió el beso de su padre, él supo que había sido aceptado.


 


5/02/2015

¿Paganos?

               No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? (Porque los gentiles buscan todas estas cosas) (Mateo 6:31-32). Jesús nos dice que no nos preocupemos – del futuro o de nuestra familia, de nuestros trabajos, o de cómo vamos a sobrevivir – porque ese es un estilo de vida pagano.
Jesús está hablando aquí de los que no tienen un Padre celestial. Ellos no conocen a Dios como Dios quiere que lo conozcan, como un Padre celestial cariñoso, proveedor, y amoroso. No os afanéis por el día de mañana (Verso 34).
               Con estas directas palabras, Jesús nos ordena, “No pienses en ello, no te preocupes sobre lo que pueda o no pueda suceder mañana. Tú no puedes cambiar tu situación. Y no ganas nada al preocuparte. Con ello estás haciendo lo mismo que los paganos.” Luego Jesús dice, Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Verso 33).
               En otras palabras, debes continuar amando a Jesús. Debes continuar echando tus cargas sobre él. Debes continuar descansando en su fidelidad. Tu Padre celestial velará para que todas las cosas esenciales sean provistas en tu vida. Me pregunto si los ángeles están desconcertados por todas las preocupaciones y ansiedades de aquellos que profesan confiar en Dios.
               Para ellos ha de ser muy degradante y tan insultante al Señor, que nos preocupemos como si no tuviéramos un Padre cariñoso en el cielo. Qué preguntas perplejas han de hacerse los ángeles entre ellos:
               ¿No tienen ellos un Padre en el cielo? ¿No creen ellos que él los ama? ¿Acaso no les dijo que él sabe lo que necesitan? ¿No creen que aquél que da de comer a las aves y a todo el reino animal, también les dará de comer y de vestir a ellos? ¿Cómo pueden mortificarse y preocuparse si saben que a él le pertenece todo el poder, todas las riquezas, y puede suplir las necesidades de toda la creación? ¿Lo acusarían a su Padre celestial de descuido, como si él no fuera verdadero a su Palabra?
               Tú tienes un Padre celestial. ¡Confía en él! Porque…Ni se me ocurre pensar que no lo hayas terminado de creer o aceptar, ¿Verdad? Asumo que sí, entonces, pregunto: ¿Qué más necesitas que Dios te prometa?