Tal como
habrás podido observar al pie de nuestra página de inicio, hemos superado la
barrera de los cuatro millones de visitas desde que estamos en el aire
cibernético. Cuatro millones son muchas, sin dudas, pero no necesariamente lo
que parece a simple vista, cuidado.
Porque no
estamos hablando de cuatro millones de personas que han visitado nuestra Web,
estamos hablando de cuatro millones de “clic” de ingresos, lo que implica que
se trata de gente que todos los días ingresa una, dos y hasta más veces y queda
registrada.
Sin embargo,
un análisis estadístico serio de estos cuatro millones de ingresos, nos estaría
arrojando una cifra para nada desechable en cuanto a la “población estable” de
este sitio Web. Algo así como entre treinta y cinco y cuarenta mil personas
serían las que día tras día, una vez unas y otra vez otras, entran, leen,
escuchan, estudian, se nutren.
Estaríamos
hablando, si lo quieres llevar al terreno de las tradiciones eclesiásticas, de
una especie de congregación virtual con treinta y cinco o cuarenta mil
miembros. Eso es para dar gloria a Dios y para celebrar, sin dudas.
Y mucho más
si son miembros de una iglesia que no tiene un líder que les dice lo que tienen
que hacer, que no les demanda nada y que no pretende hacerse dueño de sus vidas
privadas, tal el uso y costumbre de las congregaciones tradicionales.
Yo pongo mi
nombre y apellido detrás de cada cosa publicada simplemente por responsabilidad
o como mero punto de referencia, pero de ninguna manera me hago propietario de
todo, ni aspiro a derechos de autor sobre asuntos donde el único autor es el
Espíritu Santo.
Y acepto ser
ese referente donde los más jóvenes o los más nuevos pueden mirarse, porque me
conozco y tengo total certeza que eso no los llevará a ninguna hecatombe. Jamás
estuve aquí con la intención de fundar un nuevo movimiento (Que yo lideraría,
obviamente), ni tampoco para esmerilar prestigios personales. Y mucho menos
para hacer de esto un negocio rentable en dinero, eso ya quedó más que claro.
Aunque siga
siendo difícil de creer para las mentes humanizadas, sólo hago lo que mi Señor
me ha enviado a hacer. Y no aspiro a otra cosa que no sea su aprobación por
ello, todo lo demás me tiene sin cuidado. Tener prestigio dentro del pueblo
evangélico o fama en el concierto internacional de los cristianos, no figura en
mis planes ni en mis aspiraciones.
Por eso, hoy
apenas se me ocurre multiplicar por cuatro millones la misericordia del Señor,
por todos aquellos que trajo a esta Web
por motivos que sólo ellos (Dios y cada uno de ustedes), conocen. Y porque si
fueron bendecidos, ungidos, alimentados y madurados, nadie está haciendo algo
maravilloso o fuera de serie, sino simplemente dando cumplimiento a un
principio básico elemental para todo ministerio: perfeccionar (que es madurar) a
los santos.
Gracias por
estar allí. Gracias por tus oraciones. Hay días de mucha batalla que créeme,
las sentimos nítidas y valiosas. Gracias a todos los anónimos intercesores.
Gracias a los que en algún momento se han desprendido de algo valioso para
compartirlo con el resto del pueblo. Gracias por el apoyo incondicional y en
todos los planos en los que a Dios le ha placido usarlos.
Estamos
trabajando para cambiarle un poco el rostro a nuestra Web. Hacerla más coqueta,
más bonita y más excelente. Pero el sentido profundo y esencial de ella,
seguirá intacto e inamovible: predicar el único evangelio posible, el que dice
que el Reino de los Cielos se ha acercado. Y para hacer todo lo posible para
que cada uno de ustedes, tenga libre acceso a ese Reino de poder y liberación.
Los tengo
permanentemente en mis oraciones y en mi corazón. Cuentan con mi afecto humano
y la dosis de amor divino que mi Señor pudo poner en mí pese a mis
imperfecciones. Gracias por aceptar las verdades, por creer las revelaciones, por
disimular amorosamente los errores y por dispensarme lo más sagrado que un
hombre puede brindarle a otro: su
confianza.
Sólo son
cuatro millones en un mundo con muchos, pero muchísimos millones más que
todavía no conocen a Jesucristo. ¿Estás orando para que puedan conocerlo? Amén,
pero además de orar recuerda que tal vez el Señor quiere que seas uno de los
que vaya y se los presente.
Néstor.-