10/18/2014

Confianza

               La preocupación de Dios es que su pueblo está siendo sacudido en su fe y que éste no confiará en Él en su tiempo de crisis. Hermanos, amigos, nuestro peor pecado es nuestra falta de voluntad para creer que Él va a hacer lo que prometió.
               Y eso le ofende más que el adulterio, la fornicación, las drogas y el abuso del alcohol o cualquier otro pecado de la carne. Su Palabra dice: El Señor sabe librar de tentación a los piadosos (2 Pedro 2:9). - Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir. (1 Corintios 10:13).
               Estos versos o son parte del evangelio o son mentiras. Si son parte del evangelio entonces debemos posicionarnos en ellos. Dios quiere que seamos capaces de decir: "Señor, si me muero permaneciendo y confiando en que tú me ves en medio de cualquier circunstancia, entonces déjame morir en la fe. Vivo o muerto, soy tuyo".
               No te preocupes por los vientos y las olas del infierno que apuntan hacia ti. No importa todo lo que venga contra ti. Nuestro Dios dice que Él es capaz de liberarte, y sabe cómo liberarte. Dios tiene el propósito de que tú y yo tengamos toda la alegría, la paz, la victoria y el descanso en nuestro caminar.
                Él está buscando hombres y mujeres que se levanten en contra de lo que vendrá en esta época oscura, siervos que se levantarán con calma y paz porque Cristo mora en ellos. Dios desea que tú puedas entrar en ese lugar de confianza.
               Él quiere que tú nunca más sientas miedo, sino que verdaderamente descanses en su poder y capacidad. Él sabe cómo te librará de todas las trampas, pruebas y tentaciones, si tú así lo deseas, si solamente confía en Él.


 












10/15/2014

Guerra

               Que hace cesar las guerras… (Salmo 46:9). ¡Qué buenas noticias para el hijo de Dios que se encuentra destrozado por una guerra que lleva en el alma! La batalla en tu alma es la batalla de Dios y sólo Él puede finalizarla. El Padre amoroso no permitirá que la carne ni el diablo te intimiden para ser derrotado.
               Tú guerra está definida claramente por Santiago, el cual escribió: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones las cuales combaten en vuestros miembros? (Santiago 4:1). Estas pasiones incluyen codicia, orgullo y envidia. A través del tiempo, hombres santos de Dios se han hecho la misma pregunta, “¿Mientras esté vivo se acabará esta guerra de pasiones que hay en mí?”
               ¿No es esta la misma pregunta que le preguntan al Señor aquellos que lo aman completamente? La respuesta por supuesto es que la guerra debe terminar y terminará, y ésta será inevitablemente seguida por la paz más grande que tú hayas conocido. Pero ¿cómo termina la guerra y quién la finaliza? Si es tu batalla y tu obligación es terminarla, Dios deberá de mostrarte cómo hacerlo.
               Si es verdaderamente la batalla de Dios, entonces Él debe terminarla en su tiempo y a su manera – mientras tanto Él te dará paciencia en medio de la batalla, sabiendo que te ama a través de todo. La palabra griega usada por Santiago es stratenomai la cual se refiere a una batalla contra las tendencias carnales, un soldado en guerra. Esta palabra se deriva a su vez de stratia que significa ejército, una armada acampada.
               ¿No habló David de ejércitos acampados contra nosotros? Nuestras inclinaciones carnales vienen contra nosotros como un ejército, una armada demoniaca determinada a hacernos daño ocultamente y a mantenernos agitados, con la esperanza de hacer naufragar nuestra fe, atacando nuestras mentes con miedo e incredulidad. Si tú estudias la palabra hebrea que David usa como guerra en el Salmo 46:9, te causará un gran regocijo.
                Esta palabra es milchamah la cual significa alimentarse, consumir, devorar. Por tanto, aquí la Palabra nos está diciendo algo simplemente maravilloso: Dios va a detener al enemigo impidiendo que nos consuma o devore. Él no permitirá que las pasiones continúen alimentándose de nosotros ni que nos derroten. ¡Ten ánimo! Dios hará cesar nuestra guerra de pasiones. Esta batalla es de Dios – y Él nunca pierde.








10/11/2014

Meta

               ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Para qué estoy aquí? Preguntas estas que alguna vez, algunos de los hermanos que leen estas cosas, seguramente se habrá formulado en su intimidad. No te preocupes; todos en mayor o menor medida, nos hemos preguntado lo mismo en algún momento de nuestra vida de fe. Estamos injertados como una rama en Cristo, el cual es la vid (Romanos 11:17-19).
               El mismo poder que está en Él, nos habilita. El mismo Espíritu que lo vivifica, nos vivifica. El mismo lugar donde Él se sienta a la diestra de Dios, es el mismo lugar donde estamos por fe en el Espíritu. ¿Cómo sabemos que nuestros pecados son perdonados? ¡Sólo por fe! Debemos creer lo que Dios dice, y cuando lo hacemos, una gran paz en la mente se nos es dada. Igualmente es con su poder.
               Debemos aceptar lo que Dios dice, ¡Que su poder ahora actúa en nosotros, haciendo que queramos y hagamos por su buena voluntad! Y sólo podemos apropiarnos de este poder por fe. No podemos ir en búsqueda de comprobaciones técnicas o científicas. Debemos enfrentar nuestras debilidades con fe en que Él nos ayudará a hacer lo que ha mandado.
               El hombre paralítico que se levantó, caminó y llevó su lecho, es el tipo de creyente que tiene dominio sobre el pecado ¡Qué expresión del poder de Cristo es este hombre! Cuánta esperanza debió haber dado a todos aquellos que se encontraban impotentes y necesitados. ¿No es esto lo que Dios quiere hacer hoy día? ¿No está buscando vencedores que sentarán ejemplo para el mundo, mostrándole a la generación malvada cómo Cristo libera completamente del dominio del pecado?
               Los pecadores deben de ver creyentes que viven por encima de las lujurias y placeres de este mundo. Hombres que aman a sus esposas y son fieles; esposas que no engañan a sus maridos y son buenas madres y amas de casa; jóvenes que practican la pureza y separación de todo lo que contamina. Tenemos suficiente radios y televisión del evangelio, y cristianos afanados sacando provecho para sí mismos. Tenemos suficiente cruzadas, conciertos y reuniones de alcance.
               Tenemos más que suficientes planes, proyectos, programas, seminarios, libros, grabaciones, revistas y sermones. No estoy censurando todos estos trabajos. Sin embargo, de lo que no tenemos suficiente, son cristianos que verdaderamente muestren quién es Jesús. Hay una escasez de aquellos de los cuales se pueda decir, “¡Ahí va un cristiano que realmente expresa lo que Jesucristo es! ¡He ahí uno que no tiene nada qué promocionar, nada qué demostrar – sino a Cristo, resucitado y glorificado!
                ¡Ahí está un hermano, una hermana, que brilla con la belleza y la simpleza de Jesucristo, el Señor! ¡Ahí está uno que tiene lo que yo desearía tener – una realidad que no se puede negar!” ¡Esta debería de ser la única meta en nuestras vidas! Realizar el propósito de Dios – ¡ser un testigo que expresa la plenitud y totalidad de Cristo!


 



10/08/2014

Desánimo

               Cuando estamos heridos, cuando nos sentimos solos, temerosos, y abrumados por las circunstancias que van más allá de nuestro control – rápidamente nos apartamos de la única fuente de paz y victoria, y buscamos maneras y recursos humanos. ¡Qué trágico! Sabemos que Dios está todavía en el trono esperando que lo llamemos.
               Sabemos que la respuesta a todas nuestras necesidades se encuentra sólo en Dios, cuando nos encerramos con él. Aún lo confesamos a nuestros amigos espirituales, “¡Yo sé que tengo que orar! ¡Sé que Dios tiene la respuesta! ¡Sé que necesito derramarlo todo ante su presencia!” La peor clase de desánimo es entregarnos al miedo y desesperación mientras ignoramos la majestuosidad y fidelidad de un amoroso Padre. Dios le dijo a Israel,…
               Os he hablado desde el cielo…en todo lugar donde yo haga que se recuerde mi nombre, vendré a ti y te bendeciré (Éxodo 20:22, 24). Pero Israel respondió, Dios se ha olvidado (de ser misericordioso) (Salmo 10:11).  - Pero Sión ha dicho: Me dejó Jehová, el Señor se olvidó de mí (Isaías 49:14).
               ¿Eres tú un cristiano desanimado? Tú lo eres, si ignora las majestuosas promesas del Señor y dudas que Dios haga lo que Él dice. Él ha prometido, ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? ¡Aunque ella lo olvide, yo nunca me olvidaré de ti! He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros (Isaías 49:15-16)
               Tú estarás deprimido si continúas llevando cargas innecesarias de culpabilidad, temor, soledad, ansiedad, e inquietud, simplemente porque tú rehúsas descansar en las grandes y preciadas promesas del Señor. Dios no se está burlando de sus hijos cuando les promete, Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28).
               Dios no está mintiendo cuando promete, Los ojos de Jehová están sobre los justos y atentos sus oídos al clamor de ellos…Claman los justos y Jehová oye y los libra de todas sus angustias (Salmo 34:15 y 17).
               No nos impacientemos actuando de acuerdo a nuestros sentimientos. Cuando nos metemos en problemas y clamamos a Dios por misericordia y ayuda, todo el cielo se moviliza en beneficio nuestro. Si el Señor nos dejase ver en el mundo espiritual para contemplar las cosas buenas que él está preparando para aquellos que claman a él y confían en él, sería un espectáculo increíble para nuestros ojos.


 



10/04/2014

CUATRO MILLONES

Tal como habrás podido observar al pie de nuestra página de inicio, hemos superado la barrera de los cuatro millones de visitas desde que estamos en el aire cibernético. Cuatro millones son muchas, sin dudas, pero no necesariamente lo que parece a simple vista, cuidado.
Porque no estamos hablando de cuatro millones de personas que han visitado nuestra Web, estamos hablando de cuatro millones de “clic” de ingresos, lo que implica que se trata de gente que todos los días ingresa una, dos y hasta más veces y queda registrada.
Sin embargo, un análisis estadístico serio de estos cuatro millones de ingresos, nos estaría arrojando una cifra para nada desechable en cuanto a la “población estable” de este sitio Web. Algo así como entre treinta y cinco y cuarenta mil personas serían las que día tras día, una vez unas y otra vez otras, entran, leen, escuchan, estudian, se nutren.
Estaríamos hablando, si lo quieres llevar al terreno de las tradiciones eclesiásticas, de una especie de congregación virtual con treinta y cinco o cuarenta mil miembros. Eso es para dar gloria a Dios y para celebrar, sin dudas.
Y mucho más si son miembros de una iglesia que no tiene un líder que les dice lo que tienen que hacer, que no les demanda nada y que no pretende hacerse dueño de sus vidas privadas, tal el uso y costumbre de las congregaciones tradicionales.
Yo pongo mi nombre y apellido detrás de cada cosa publicada simplemente por responsabilidad o como mero punto de referencia, pero de ninguna manera me hago propietario de todo, ni aspiro a derechos de autor sobre asuntos donde el único autor es el Espíritu Santo.
Y acepto ser ese referente donde los más jóvenes o los más nuevos pueden mirarse, porque me conozco y tengo total certeza que eso no los llevará a ninguna hecatombe. Jamás estuve aquí con la intención de fundar un nuevo movimiento (Que yo lideraría, obviamente), ni tampoco para esmerilar prestigios personales. Y mucho menos para hacer de esto un negocio rentable en dinero, eso ya quedó más que claro.
Aunque siga siendo difícil de creer para las mentes humanizadas, sólo hago lo que mi Señor me ha enviado a hacer. Y no aspiro a otra cosa que no sea su aprobación por ello, todo lo demás me tiene sin cuidado. Tener prestigio dentro del pueblo evangélico o fama en el concierto internacional de los cristianos, no figura en mis planes ni en mis aspiraciones.
Por eso, hoy apenas se me ocurre multiplicar por cuatro millones la misericordia del Señor, por todos aquellos que trajo  a esta Web por motivos que sólo ellos (Dios y cada uno de ustedes), conocen. Y porque si fueron bendecidos, ungidos, alimentados y madurados, nadie está haciendo algo maravilloso o fuera de serie, sino simplemente dando cumplimiento a un principio básico elemental para todo ministerio: perfeccionar (que es madurar) a los santos.
Gracias por estar allí. Gracias por tus oraciones. Hay días de mucha batalla que créeme, las sentimos nítidas y valiosas. Gracias a todos los anónimos intercesores. Gracias a los que en algún momento se han desprendido de algo valioso para compartirlo con el resto del pueblo. Gracias por el apoyo incondicional y en todos los planos en los que a Dios le ha placido usarlos.
Estamos trabajando para cambiarle un poco el rostro a nuestra Web. Hacerla más coqueta, más bonita y más excelente. Pero el sentido profundo y esencial de ella, seguirá intacto e inamovible: predicar el único evangelio posible, el que dice que el Reino de los Cielos se ha acercado. Y para hacer todo lo posible para que cada uno de ustedes, tenga libre acceso a ese Reino de poder y liberación.
Los tengo permanentemente en mis oraciones y en mi corazón. Cuentan con mi afecto humano y la dosis de amor divino que mi Señor pudo poner en mí pese a mis imperfecciones. Gracias por aceptar las verdades, por creer las revelaciones, por disimular amorosamente los errores y por dispensarme lo más sagrado que un hombre puede brindarle a otro: su confianza.
Sólo son cuatro millones en un mundo con muchos, pero muchísimos millones más que todavía no conocen a Jesucristo. ¿Estás orando para que puedan conocerlo? Amén, pero además de orar recuerda que tal vez el Señor quiere que seas uno de los que vaya y se los presente.
Néstor.-


10/01/2014

Lecho

               El hombre paralítico ilustrado en Marcos 2 fue perdonado y declarado sin faltas a los ojos de Dios, pero él todavía era un prisionero de su aflicción. Él fue librado de todos sus pecados, pero seguía todavía imposibilitado. ¡Él había conocido a Cristo como un liberador pero no como un proveedor!
               No es suficiente ser un paralítico perdonado, un prisionero liberado. Hay algo que debemos hacer. ¡La parte de Cristo es limpiarnos para estar ante Dios y nuestra parte es levantarnos y caminar! Debemos de ir más allá del alivio de los pecados y entrar a la libertad que trae su provisión.
               ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu camilla y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, -dijo al paralítico-: A ti te digo: Levántate, toma tu cama y vete a tu casa (Marcos 2:9-11).
               El hombre no se levantó en sus propias fuerzas; Cristo le impartió su fuerza a él. Sin Cristo, no podemos hacer nada. ¡Sólo podemos vencer a través de su fuerza y del poder del Espíritu Santo! Cristo le estaba diciendo a este hombre, “¡Voy a hacer de ti un ejemplo de mi poder sobre el pecado! En lo que tú eras más débil, yo te voy a hacer más fuerte. La cosa que te tenía prisionero, ahora la vas a levantar y te la llevarás. Tú vencerás a aquello que te tenía sometido.”
               Un paralítico espiritual no puede ser la verdadera expresión de Jesucristo. Debemos vivir en el total poder y victoria de una vida libre de las ataduras del pecado. Todos nosotros conocemos nuestras debilidades y las áreas donde somos vulnerables.
               Aunado a ello, Satanás nos dice que siempre seremos débiles en esos aspectos y que algún día sucumbiremos. ¡No es así! Por medio de su glorioso poder, Dios puede hacernos los más fuertes en nuestro punto más débil.
               Eso es lo que la Escritura quiere decir cuando habla de que su poder se perfecciona en nuestra debilidad. ¿Cuál es tu impedimento? ¿Un pecado que te acosa, una debilidad, una controversia interior que no ha sido resuelta? ¡Sea lo que sea, debes salir!
               Tú no puedes seguir encadenado a un lecho de fracaso. Todo esto se logra por fe en las promesas de Dios. ¡El Señor quiere que tú te levantes de ese lecho! ¡Él te dará todo el poder que necesitas para vencer y caminar en completa liberación!


 





9/27/2014

Debilidades

               Muchas veces me he formulado una pregunta que tal vez tú también te habrás hecho a ti mismo, a ti misma: ¿Qué hay en nosotros que atrae la maravillosa gracia, misericordia y perdón de nuestro Salvador? ¿Es que hay alguna clase de belleza, bondad, o fortaleza en nosotros? ¿Tenemos algún potencial? La respuesta, es: ¡No! Es nuestra gran necesidad y absoluta impotencia lo que atrae Su gracia.
               Es nuestra debilidad la que atrae Su fuerza. Nuestra condición de impotencia se encuentra ilustrada en el hombre paralítico en Marcos, capítulo dos: Entonces vinieron a él unos trayendo a un paralítico… (Marcos 2:3). Este es un cuadro de absoluta impotencia, de un hombre sin ninguna gota de fuerza ni poder. Es más, este hombre ni siquiera podía ir ante Cristo por sí mismo.
               Observa nuevamente a esta criatura impotente, débil y temblorosa prisionero de su propio lecho. Ese eres tú y soy yo antes de poder conocer del poder de Cristo. Al estar Jesús ante este hombre discapacitado y a quien habían bajado por el techo, Jesús no hace mención alguna de su condición física. El Señor eligió traerlo a la presencia del Padre limpio y sin faltas. Él sería aceptado antes de ser sanado.
               Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados (Marcos 2:5). ¡Qué hermoso cuadro del amor de Dios en Jesucristo! Aquí observamos a un hombre discapacitado y tan abrumado por su enfermedad que no puede murmurar un quejido o proferir una débil confesión.
                Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús… (Efesios 2:10). El Fariseo, con todas sus buenas obras, sus alardes, nunca atrajo la gracia del Señor. No por obras, para que nadie se gloríe. Muéstrenme un hijo de Dios que batalla contra un pecado que lo acosa, alguien que se encuentra abatido por el peso de su culpa y desesperación, alguien que se siente impotente y débil – y yo les mostraré aquél que es el objeto de la gracia abundante. Donde el pecado abunda, sobreabunda la gracia  (Romanos 5:20).
               Cuando tú te hayas arrepentido, ¡Apóyate con fe en el trabajo finalizado en la cruz! A través de la fe en Él, tus pecados están cubiertos por la sangre. Ahora tú vives en el otro lado del velo, sentado con Cristo en los lugares celestiales, acepto en el amado, ¡Uno con Cristo y el Padre! La ira de Dios por tus pecados ya ha sido pagada. Tú eres ahora más que un vencedor, moviéndote y viviendo en el Espíritu.
               Tú estás lleno de la plenitud y del poder de Cristo para enfrentar todas las cosas que pertenecen a la vida y a la santidad. ¡Tú eres la niña del ojo de Dios, renovado en tu mente, y hecho heredero de todo lo que le pertenece a Cristo el Señor! 
               ¿Incomprensible, verdad? ¿Es que todavía intentarás comprender a Dios o, por el contrario, te bastará obedecer el mandato de aceptar por fe lo que Él dijo y ser más que vencedor por esa fe y no por entendimiento humano?









9/23/2014

Frescura

               Ellos proclamarán con entusiasmo la memoria de tu mucha bondad, y cantarán con gozo de tu justicia. (Salmo 145:7)

               No podemos negar que Dios pide alabanza por todas sus excelencias, pero somos especialmente llamados a alabarlo por su bondad. Nota que el salmista insiste en grandes alabanzas al recordar la bondad del Padre.

               En hebreo el “proclamar con entusiasmo” se vincula a un gran brote de agua proveniente de una fuente. En el Salmo 107:8-9, David escribe: ¡Oh, que los hombres alaben al Señor por su bondad, y por sus maravillas para con los hijos de los hombres! Porque sacia al alma menesterosa, y llena el alma hambrienta.

               Esta verdad de alabar a Dios por la bondad que ha mostrado en el pasado toca
nuestros corazones y nos conducen a hacer lo mismo que David. Somos llamados a celebrar su bondad. David habla abiertamente de la bondad de Dios:

               Él es proclive a ser misericordioso al simpatizar con nuestra aflicción y miseria. David toma de Éxodo 34:6, cuando Dios habló a Moisés: El Señor pasó por delante de él,
y exclamó: El Señor, El Señor Dios, misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad.

               Hermano/Hermana, mira hacia atrás en el pasado y recuerda lo bueno que el Señor ha sido contigo. Recuerda que, a través de todo, sus misericordias nunca fallaron. Deberás encontrar placer en alabar a Dios por todas las cosas, especialmente por su bondad.

               No sólo por la bondad del pasado, sino por la que ves diariamente, la bondad que ves a tu alrededor ahora, en el presente, pese a todo lo que el mundo secular se empeña en opacarla o disimularla.

               Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor para siempre (Salmo 23:6).




 


9/17/2014

Mediocridades

               En Argentina, hoy, y principalmente en la ciudad donde resido, el índice delictivo es muy alto y alarmante. El miedo ha invadido las vidas de las personas y, sólo con la confianza en el Señor, se puede conseguir una calidad de vida medianamente normal.
               Un suceso ocurrido con Mateo, el hijo de un familiar cercano, que tiene apenas seis años de edad, es elocuente. Mateo va a un colegio y hace unos días se enteraron que falleció la mamá de uno de sus compañeritos. Imagínate, mamá de un niño de seis años, una mujer muy joven. Muerte natural, por enfermedad, pero muerte al fin.
               Mateo volvió ese día del colegio muy impactado y preocupado. Le preguntó a su mamá dónde estaba ahora la madre de su amiguito. La madre trató de explicarle como pudo que la madre de su amigo estaba con Dios en un lugar maravilloso llamado cielo. Al rato, Mateo hablando del tema, le contó a su abuelo que la mamá de su amiguito estaba con Dios en el cielo, y que era un lugar muy hermoso, especialmente porque no había robos ni asaltos… (!!!)  Seis años…
               Esa es la generación que está llegando detrás de nosotros. ¿Qué clase de confianza les estamos dejando? Yo recuerdo que en desesperación, David clamó: Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica (Salmo 130:2). Esto me suena al ruego de un hombre moribundo. Es obvio que David no estaba haciendo “oraciones solo con el pensamiento”. Él estaba con el rostro en tierra, quebrantado, contrito, rogando a Dios desde lo más profundo de su corazón.
               David sabía que su alma necesitaba ser libertada y se volvió sólo a Dios para encontrar esa liberación. Él concluyó: “Estoy en una condición tan desesperada que sólo el Señor puede ayudarme ahora. No puedo depender de consejeros, amigos, o familia. Mi única esperanza está en la oración. ¡Así que voy a clamar día y noche hasta que Dios escuche mi súplica!
               Creo que esta es la única salida viable para problemas sociales como los que vive mi país. Y no digo que la propietaria de la oración sea la iglesia, pero sí es mí deber decir que es la que mejor la conoce. Mi pregunta, entonces, es: ¿Está presente la iglesia cuando una nación la necesita en lo espiritual, o sólo se acerca cuando se habla de prebendas o subsidios? 
               Hermanos, necesitamos despertar a nuestra condición. Hemos caído en un hoyo oscuro, lleno de actitudes impías, y esta condición no desaparecerá por sí sola. Si no actuamos, empeorará hasta que finalmente alguno terminará bamboleando en su fe por causa de sus miedos.  ¡Despierta ahora a la voz del Espíritu Santo! Hay pecado en tu ciudad, en tu provincia, en tu nación. Tienen que confrontarlo, o permanecerán en el fondo del pozo oscuro para siempre.
               Así que, ¿A quién estás llevando tus penas? ¿Te estás desahogando con tu mejor amigo? Si es así, ¿Estás simplemente criticando a políticos o funcionarios? No soy político, no me interesa la política partidista ni puedo dar clases de cómo hacerla. Pero tomar algo que tiene raíces netamente espirituales y descenderlo a la pelea barata por acceder a un cargo o una función pública me parece, por lo menos, de una entidad más que mediocre. Y no creo que Jesús haya ido a la cruz para fundamentar las bases de un pueblo mediocre.




9/13/2014

¿Santidad?

               Me escuchas al menos una o dos veces por día, ya sea en escritos o en audios, hablar de la obligación de confiar en Cristo, pero tal vez no me has escuchado tanto explicar en qué consiste esa confianza. Cuando hablo de una confianza total en Cristo, significa no sólo confiar en su poder para salvarnos sino también en su poder para guardarnos. Tenemos que confiar en que su Espíritu nos guarda y nos conforma a la semejanza de Jesús.
               Piensa en tu propio testimonio. Hubo un tiempo en que tú eras un extraño, separado de Dios, haciendo malas obras. ¿Qué buenas obras hiciste para hacer las cosas bien con Él? ¡Ninguna! Nadie ha sido capaz de salvarse a sí mismo. Del mismo modo, nadie ha sido capaz de hacer o mantener su santidad. Somos traídos diariamente en la santidad de Cristo solamente por fe, tanto como confiemos en lo que la Palabra de Dios dice: "Si tú estás en Cristo, eres santo como Él es santo"
                En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe… (Colosenses 1:21-23).
               Nota la frase: "con tal de que se mantengan firmes en la fe", Jesús está diciendo "permanece confiando en mí, vive por fe; voy a presentarte lo más limpio, impecable, irreprensible y santo ante el Padre". Hermanos, amigos,, esta es la obra santificadora del Espíritu Santo. A medida que el Espíritu te da poder para morir a las obras de la carne, él te llevará por su convicción y su conforte. Solo hay una santidad: ¡la de Cristo! Por lo tanto, ningún creyente es "más santo que tú". No hay grados de santidad, sólo grados de madurez en Cristo. Tú puedes ser un cristiano nuevo y aun así ser absolutamente santo frente a Jesús.
               Así que es absurdo que te midas con alguien a quien consideras "santo". Todos somos medidos por una norma: la santidad de Cristo; si estamos en Él, su santidad es la nuestra en igual medida. No vuelvas a mirar a otro cristiano para decir: "Oh, me gustaría ser tan santo como él es". Puede que tú no tengas la disciplina de esa persona o su vida de oración. Puede que a menudo tú tengas más luchas y cometas más errores que él. Pero él no es más acepto por el Padre que tú.
               Con nadie debes compararte, porque ¡Nadie es más querido en los ojos del Padre que tú! Querido hermano, o amigo, o santo, si es que prefieres que te denomine así; quítate los zapatos. Quita toda la dependencia de la carne. Esta es la base sobre la cual puedes vivir: "Yo reclamo mi santidad, que es en Cristo Jesús. Yo soy parte de su cuerpo. Mi Padre me ve como santo, porque yo permanezco en Él".
                Santidad no es una palabra religiosa, es un estilo de vida de gente de Reino. Santidad no es un lugar al que los creyentes debemos llegar, es un punto de partida para todo lo que Dios desea que hagamos. Dios no se impacta ni se asombra por tu santidad, Él simplemente dice: “¡Por fin! ¡Era hora! Ahora podré comenzar a hacer algo con este hombre. ¿Por qué? Simple: Porque sin santidad…nadie verá al Señor.






9/09/2014

Servicio

               David el Salmista dijo, Has abierto [perforado] mis oídos (ver Salmo 40:6). Esto podría muy bien interpretarse como, “Me has aceptado como tu siervo” aludiendo a la costumbre de que los amos perforasen la oreja del esclavo que declinase la oferta de libertad (ver Éxodo 21:6). En otras palabras, “Tengo un agujero en mi oreja como señal de que he sido marcado para el Señor, por toda la vida y la eternidad.” ¿Le has permitido al Espíritu Santo perforar tu oreja?
               Lo que marcaba al siervo era que se comprometía a dar totalmente su tiempo en servicio a su amo. No hay nada místico acerca de ese estilo de vida. Comienza con el compromiso de darle al Señor lo mejor de nuestro tiempo. Dicho compromiso se ejerce en nuestro diario vivir. Esto no significa que todos deberíamos dejar nuestros trabajos y nuestras carreras profesionales para comenzar un ministerio de tiempo completo. Muchos hoy en día se están apartando de la voluntad de Dios al caminar presuntuosamente por la vida, al hacer a un lado su responsabilidad de criar una familia y al desarraigarse del “andar por fe”.
               La cosa más grandiosa es quedarse quieto y darle al Señor más tiempo de calidad en el lugar donde usted se encuentra. Se trata de poner a Cristo en el centro de todo para que su familia, trabajo, y todas las cosas giren en torno a él. De tal manera, Cristo llega a ser el enfoque de nuestros pensamientos y pasamos tiempo en su presencia, escuchando su voz y obedeciendo sus mandatos. El siervo es más un dador que un receptor. Junto con Pablo, él puede decir, “pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.”
               Este siervo no está interesado en servir por recompensa ni por ganancia personal. Su salario es la gloria y el honor que él otorga a su amo. El verdadero siervo que está comprometido a un servicio de por vida, es marcado por el Señor de alguna manera especial. Este siervo no pasa desapercibido porque lleva en su cuerpo las marcas de su amo. ¿Qué marca al siervo en este día y época? Está claramente revelado en la Palabra como la marca de un espíritu contrito y quebrantado que llora por las abominaciones que se le hacen a su amo. Nuestro amo no nos perfora la oreja con un punzón, sino que rompe el corazón con su martillo.
                Y llamó Jehová al hombre vestido de lino que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella (Ezequiel 9:3-4).
               Otra marca de este esclavo es la de una circuncisión hecha no por manos. Esto habla de una separación total del mundo y una entrega a Cristo. Significa que todos los planes, esquemas y sueños personales son abandonados, y las preocupaciones y cargas del Señor se vuelven supremas.


 





9/06/2014

Presencia

               Para ser un miembro de la verdadera iglesia de Dios, tú debes de ser conocido por el nombre de Jehová SamaEl Señor está allí (Ezequiel 48:35). Otros deberían poder decir de ti “Está claro para mí que el Señor está con esta persona. Cada vez que lo veo, yo siento la presencia de Jesús. Su vida verdaderamente refleja la gloria de Dios.”
               Si somos honestos, tenemos que admitir que no sentimos la dulce presencia del Señor entre los cristianos muy a menudo. ¿Por qué? Los cristianos gastan su tiempo envueltos en buenas actividades religiosas – grupos de oración, estudios bíblicos, ministerios de alcance – y todo esto es muy elogiable. Pero muchos de estos mismos cristianos pasan poco o nada de tiempo  ministrando al Señor, en el aposento secreto de oración.
               La presencia del Señor simplemente no puede ser falsificada. Esto es cierto ya sea que se aplique a la vida de un individuo o al cuerpo de una iglesia. Cuando me refiero a la presencia de Dios, no estoy hablando de algún aura espiritual que envuelve místicamente a una persona, o que desciende sobre un culto en la iglesia. En lugar de eso, yo estoy hablando del resultado de un caminar de fe simple pero poderoso.
               Ya sea que se manifiesta en la vida de un cristiano o en una congregación entera, causa que las personas lo noten. Se dicen a sí mismos, “Esta persona ha estado con Jesús”, o “Esta congregación verdaderamente cree en lo que predican.” Se necesita mucho más que un pastor justo para producir una iglesia Jehová Sama.
               Se necesita gente justa, personas de Dios que se encierren a solas con él. Si una persona extraña al terminar el culto dice, “Yo sentí la presencia de Jesús ahí adentro”, tú puedes estar seguro que no fue por la prédica o por la alabanza. Fue porque una congregación justa entró a la casa de Dios, y la gloria de Dios estaba en medio de ellos.
               Aprende de una vez por todas: tú no puedes subirte a una plataforma y ponerte a vociferar con apariencia de hombre con poder exigiendo que descienda la gloria de Dios, ¿Sabes por qué? Porque si la genuina gloria de Dios desciende sobre ese lugar y no encuentra a los asistentes como deben estar delante de Su Presencia, esa gloria los mata, los extermina. ¿Entiendes ahora por qué en los lugares santos lo mejor que tú puedes hacer para ministrar al Señor es silencio, y apenas permitir que Él hable?


 




9/03/2014

Siervos

              Pero si el siervo dice: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre (Éxodo 21:5). Para este siervo no hay dilema, no hay qué elegir. Su decisión nunca estuvo en duda. Su amo era su mundo. El siervo estaba atado a él con cadenas eternas de amor. A él no le sería posible dejar a su amo o su casa. La vida del siervo giraba en torno al amor que sentía por su amo, y al igual que Pablo, él consideraba todo lo demás como “estiércol” con tal de ganar a su amo.
               Él era la clase de persona dispuesta a ser despreciada con tal de que otros pudieran llegar a conocer el amor de su Señor. Este siervo valoraba la intimidad con su amo sobre cualquier otra bendición terrenal. ¿A quién le podría importar los rebaños, los sembradíos, o el vino y el aceite, cuando se puede tener una comunión e intimidad sin fin con el amo? Su corazón rebozaba de cariño por su amo y él lo dijo claramente: “Yo amo a mi señor, no quiero ser libre.”
               Lo que este siervo nos está diciendo es simplemente esto: ¡Cristo es suficiente! Nada en este mundo tiene el valor suficiente como para perder el sentir de su presencia. Toda la riqueza y prosperidad de toda la tierra no se puede comparar a tener un día con él. Los placeres que están a su diestra exceden inmensamente cualquier éxtasis conocido por los hombres. Conocerlo a él, estar donde él está, sentarse juntos en los lugares celestiales, es más que la misma vida.
               Servirlo, ser guiado por él, ir y venir de acuerdo a su mandato, es vivir la vida en su plano más alto. ¿Me recordarías tú que eres un hijo y no un siervo? Entonces yo asimismo te recordaría gentilmente que Jesús era un Hijo, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres (Filipenses 2:6-7).
               Él pudo haber venido como poderoso Príncipe del Altísimo, arrasando a todo enemigo, sin embargo, Cristo eligió venir como siervo, totalmente comprometido con los negocios de su Padre. Este siervo dedicado del cual leemos en Éxodo, creía tener una sola misión en su vida, y ésta era la de servir a su amo. Él no estaba buscando la herencia, aunque está escrito, El siervo prudente se impondrá al hijo indigno, y con los hermanos compartirá la herencia (Proverbios 17:2).
               El amor que tenía le hacía obedecer con facilidad desde la mañana hasta la noche, cada momento que estaba despierto, él vivía en servidumbre voluntaria a su amo. Él era impulsado sólo por el amor – no por culpabilidad, ni por sentido de obligación. No es de asombrarse que Jesús podía decir, “Si me amas, me obedecerás.” 
               De todos modos y teniendo muy en cuenta lo dicho, deberás recordar siempre los tres estados por los que los creyentes deberíamos transitar para arribar a la estatura requerida del varón perfecto: Siervo, Amigo e Hijo. Este último es esencial en amor porque son los hijos los que reciben la herencia, no los siervos o los amigos. Transita el camino; comienza desde el principio. Sé buen siervo y excelente amigo, serás hijo dilecto y amado de quien tu Padre tendrá complacencia.