9/13/2014

¿Santidad?

               Me escuchas al menos una o dos veces por día, ya sea en escritos o en audios, hablar de la obligación de confiar en Cristo, pero tal vez no me has escuchado tanto explicar en qué consiste esa confianza. Cuando hablo de una confianza total en Cristo, significa no sólo confiar en su poder para salvarnos sino también en su poder para guardarnos. Tenemos que confiar en que su Espíritu nos guarda y nos conforma a la semejanza de Jesús.
               Piensa en tu propio testimonio. Hubo un tiempo en que tú eras un extraño, separado de Dios, haciendo malas obras. ¿Qué buenas obras hiciste para hacer las cosas bien con Él? ¡Ninguna! Nadie ha sido capaz de salvarse a sí mismo. Del mismo modo, nadie ha sido capaz de hacer o mantener su santidad. Somos traídos diariamente en la santidad de Cristo solamente por fe, tanto como confiemos en lo que la Palabra de Dios dice: "Si tú estás en Cristo, eres santo como Él es santo"
                En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe… (Colosenses 1:21-23).
               Nota la frase: "con tal de que se mantengan firmes en la fe", Jesús está diciendo "permanece confiando en mí, vive por fe; voy a presentarte lo más limpio, impecable, irreprensible y santo ante el Padre". Hermanos, amigos,, esta es la obra santificadora del Espíritu Santo. A medida que el Espíritu te da poder para morir a las obras de la carne, él te llevará por su convicción y su conforte. Solo hay una santidad: ¡la de Cristo! Por lo tanto, ningún creyente es "más santo que tú". No hay grados de santidad, sólo grados de madurez en Cristo. Tú puedes ser un cristiano nuevo y aun así ser absolutamente santo frente a Jesús.
               Así que es absurdo que te midas con alguien a quien consideras "santo". Todos somos medidos por una norma: la santidad de Cristo; si estamos en Él, su santidad es la nuestra en igual medida. No vuelvas a mirar a otro cristiano para decir: "Oh, me gustaría ser tan santo como él es". Puede que tú no tengas la disciplina de esa persona o su vida de oración. Puede que a menudo tú tengas más luchas y cometas más errores que él. Pero él no es más acepto por el Padre que tú.
               Con nadie debes compararte, porque ¡Nadie es más querido en los ojos del Padre que tú! Querido hermano, o amigo, o santo, si es que prefieres que te denomine así; quítate los zapatos. Quita toda la dependencia de la carne. Esta es la base sobre la cual puedes vivir: "Yo reclamo mi santidad, que es en Cristo Jesús. Yo soy parte de su cuerpo. Mi Padre me ve como santo, porque yo permanezco en Él".
                Santidad no es una palabra religiosa, es un estilo de vida de gente de Reino. Santidad no es un lugar al que los creyentes debemos llegar, es un punto de partida para todo lo que Dios desea que hagamos. Dios no se impacta ni se asombra por tu santidad, Él simplemente dice: “¡Por fin! ¡Era hora! Ahora podré comenzar a hacer algo con este hombre. ¿Por qué? Simple: Porque sin santidad…nadie verá al Señor.






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