9/27/2014

Debilidades

               Muchas veces me he formulado una pregunta que tal vez tú también te habrás hecho a ti mismo, a ti misma: ¿Qué hay en nosotros que atrae la maravillosa gracia, misericordia y perdón de nuestro Salvador? ¿Es que hay alguna clase de belleza, bondad, o fortaleza en nosotros? ¿Tenemos algún potencial? La respuesta, es: ¡No! Es nuestra gran necesidad y absoluta impotencia lo que atrae Su gracia.
               Es nuestra debilidad la que atrae Su fuerza. Nuestra condición de impotencia se encuentra ilustrada en el hombre paralítico en Marcos, capítulo dos: Entonces vinieron a él unos trayendo a un paralítico… (Marcos 2:3). Este es un cuadro de absoluta impotencia, de un hombre sin ninguna gota de fuerza ni poder. Es más, este hombre ni siquiera podía ir ante Cristo por sí mismo.
               Observa nuevamente a esta criatura impotente, débil y temblorosa prisionero de su propio lecho. Ese eres tú y soy yo antes de poder conocer del poder de Cristo. Al estar Jesús ante este hombre discapacitado y a quien habían bajado por el techo, Jesús no hace mención alguna de su condición física. El Señor eligió traerlo a la presencia del Padre limpio y sin faltas. Él sería aceptado antes de ser sanado.
               Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados (Marcos 2:5). ¡Qué hermoso cuadro del amor de Dios en Jesucristo! Aquí observamos a un hombre discapacitado y tan abrumado por su enfermedad que no puede murmurar un quejido o proferir una débil confesión.
                Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús… (Efesios 2:10). El Fariseo, con todas sus buenas obras, sus alardes, nunca atrajo la gracia del Señor. No por obras, para que nadie se gloríe. Muéstrenme un hijo de Dios que batalla contra un pecado que lo acosa, alguien que se encuentra abatido por el peso de su culpa y desesperación, alguien que se siente impotente y débil – y yo les mostraré aquél que es el objeto de la gracia abundante. Donde el pecado abunda, sobreabunda la gracia  (Romanos 5:20).
               Cuando tú te hayas arrepentido, ¡Apóyate con fe en el trabajo finalizado en la cruz! A través de la fe en Él, tus pecados están cubiertos por la sangre. Ahora tú vives en el otro lado del velo, sentado con Cristo en los lugares celestiales, acepto en el amado, ¡Uno con Cristo y el Padre! La ira de Dios por tus pecados ya ha sido pagada. Tú eres ahora más que un vencedor, moviéndote y viviendo en el Espíritu.
               Tú estás lleno de la plenitud y del poder de Cristo para enfrentar todas las cosas que pertenecen a la vida y a la santidad. ¡Tú eres la niña del ojo de Dios, renovado en tu mente, y hecho heredero de todo lo que le pertenece a Cristo el Señor! 
               ¿Incomprensible, verdad? ¿Es que todavía intentarás comprender a Dios o, por el contrario, te bastará obedecer el mandato de aceptar por fe lo que Él dijo y ser más que vencedor por esa fe y no por entendimiento humano?









9/23/2014

Frescura

               Ellos proclamarán con entusiasmo la memoria de tu mucha bondad, y cantarán con gozo de tu justicia. (Salmo 145:7)

               No podemos negar que Dios pide alabanza por todas sus excelencias, pero somos especialmente llamados a alabarlo por su bondad. Nota que el salmista insiste en grandes alabanzas al recordar la bondad del Padre.

               En hebreo el “proclamar con entusiasmo” se vincula a un gran brote de agua proveniente de una fuente. En el Salmo 107:8-9, David escribe: ¡Oh, que los hombres alaben al Señor por su bondad, y por sus maravillas para con los hijos de los hombres! Porque sacia al alma menesterosa, y llena el alma hambrienta.

               Esta verdad de alabar a Dios por la bondad que ha mostrado en el pasado toca
nuestros corazones y nos conducen a hacer lo mismo que David. Somos llamados a celebrar su bondad. David habla abiertamente de la bondad de Dios:

               Él es proclive a ser misericordioso al simpatizar con nuestra aflicción y miseria. David toma de Éxodo 34:6, cuando Dios habló a Moisés: El Señor pasó por delante de él,
y exclamó: El Señor, El Señor Dios, misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad.

               Hermano/Hermana, mira hacia atrás en el pasado y recuerda lo bueno que el Señor ha sido contigo. Recuerda que, a través de todo, sus misericordias nunca fallaron. Deberás encontrar placer en alabar a Dios por todas las cosas, especialmente por su bondad.

               No sólo por la bondad del pasado, sino por la que ves diariamente, la bondad que ves a tu alrededor ahora, en el presente, pese a todo lo que el mundo secular se empeña en opacarla o disimularla.

               Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor para siempre (Salmo 23:6).




 


9/17/2014

Mediocridades

               En Argentina, hoy, y principalmente en la ciudad donde resido, el índice delictivo es muy alto y alarmante. El miedo ha invadido las vidas de las personas y, sólo con la confianza en el Señor, se puede conseguir una calidad de vida medianamente normal.
               Un suceso ocurrido con Mateo, el hijo de un familiar cercano, que tiene apenas seis años de edad, es elocuente. Mateo va a un colegio y hace unos días se enteraron que falleció la mamá de uno de sus compañeritos. Imagínate, mamá de un niño de seis años, una mujer muy joven. Muerte natural, por enfermedad, pero muerte al fin.
               Mateo volvió ese día del colegio muy impactado y preocupado. Le preguntó a su mamá dónde estaba ahora la madre de su amiguito. La madre trató de explicarle como pudo que la madre de su amigo estaba con Dios en un lugar maravilloso llamado cielo. Al rato, Mateo hablando del tema, le contó a su abuelo que la mamá de su amiguito estaba con Dios en el cielo, y que era un lugar muy hermoso, especialmente porque no había robos ni asaltos… (!!!)  Seis años…
               Esa es la generación que está llegando detrás de nosotros. ¿Qué clase de confianza les estamos dejando? Yo recuerdo que en desesperación, David clamó: Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica (Salmo 130:2). Esto me suena al ruego de un hombre moribundo. Es obvio que David no estaba haciendo “oraciones solo con el pensamiento”. Él estaba con el rostro en tierra, quebrantado, contrito, rogando a Dios desde lo más profundo de su corazón.
               David sabía que su alma necesitaba ser libertada y se volvió sólo a Dios para encontrar esa liberación. Él concluyó: “Estoy en una condición tan desesperada que sólo el Señor puede ayudarme ahora. No puedo depender de consejeros, amigos, o familia. Mi única esperanza está en la oración. ¡Así que voy a clamar día y noche hasta que Dios escuche mi súplica!
               Creo que esta es la única salida viable para problemas sociales como los que vive mi país. Y no digo que la propietaria de la oración sea la iglesia, pero sí es mí deber decir que es la que mejor la conoce. Mi pregunta, entonces, es: ¿Está presente la iglesia cuando una nación la necesita en lo espiritual, o sólo se acerca cuando se habla de prebendas o subsidios? 
               Hermanos, necesitamos despertar a nuestra condición. Hemos caído en un hoyo oscuro, lleno de actitudes impías, y esta condición no desaparecerá por sí sola. Si no actuamos, empeorará hasta que finalmente alguno terminará bamboleando en su fe por causa de sus miedos.  ¡Despierta ahora a la voz del Espíritu Santo! Hay pecado en tu ciudad, en tu provincia, en tu nación. Tienen que confrontarlo, o permanecerán en el fondo del pozo oscuro para siempre.
               Así que, ¿A quién estás llevando tus penas? ¿Te estás desahogando con tu mejor amigo? Si es así, ¿Estás simplemente criticando a políticos o funcionarios? No soy político, no me interesa la política partidista ni puedo dar clases de cómo hacerla. Pero tomar algo que tiene raíces netamente espirituales y descenderlo a la pelea barata por acceder a un cargo o una función pública me parece, por lo menos, de una entidad más que mediocre. Y no creo que Jesús haya ido a la cruz para fundamentar las bases de un pueblo mediocre.




9/13/2014

¿Santidad?

               Me escuchas al menos una o dos veces por día, ya sea en escritos o en audios, hablar de la obligación de confiar en Cristo, pero tal vez no me has escuchado tanto explicar en qué consiste esa confianza. Cuando hablo de una confianza total en Cristo, significa no sólo confiar en su poder para salvarnos sino también en su poder para guardarnos. Tenemos que confiar en que su Espíritu nos guarda y nos conforma a la semejanza de Jesús.
               Piensa en tu propio testimonio. Hubo un tiempo en que tú eras un extraño, separado de Dios, haciendo malas obras. ¿Qué buenas obras hiciste para hacer las cosas bien con Él? ¡Ninguna! Nadie ha sido capaz de salvarse a sí mismo. Del mismo modo, nadie ha sido capaz de hacer o mantener su santidad. Somos traídos diariamente en la santidad de Cristo solamente por fe, tanto como confiemos en lo que la Palabra de Dios dice: "Si tú estás en Cristo, eres santo como Él es santo"
                En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe… (Colosenses 1:21-23).
               Nota la frase: "con tal de que se mantengan firmes en la fe", Jesús está diciendo "permanece confiando en mí, vive por fe; voy a presentarte lo más limpio, impecable, irreprensible y santo ante el Padre". Hermanos, amigos,, esta es la obra santificadora del Espíritu Santo. A medida que el Espíritu te da poder para morir a las obras de la carne, él te llevará por su convicción y su conforte. Solo hay una santidad: ¡la de Cristo! Por lo tanto, ningún creyente es "más santo que tú". No hay grados de santidad, sólo grados de madurez en Cristo. Tú puedes ser un cristiano nuevo y aun así ser absolutamente santo frente a Jesús.
               Así que es absurdo que te midas con alguien a quien consideras "santo". Todos somos medidos por una norma: la santidad de Cristo; si estamos en Él, su santidad es la nuestra en igual medida. No vuelvas a mirar a otro cristiano para decir: "Oh, me gustaría ser tan santo como él es". Puede que tú no tengas la disciplina de esa persona o su vida de oración. Puede que a menudo tú tengas más luchas y cometas más errores que él. Pero él no es más acepto por el Padre que tú.
               Con nadie debes compararte, porque ¡Nadie es más querido en los ojos del Padre que tú! Querido hermano, o amigo, o santo, si es que prefieres que te denomine así; quítate los zapatos. Quita toda la dependencia de la carne. Esta es la base sobre la cual puedes vivir: "Yo reclamo mi santidad, que es en Cristo Jesús. Yo soy parte de su cuerpo. Mi Padre me ve como santo, porque yo permanezco en Él".
                Santidad no es una palabra religiosa, es un estilo de vida de gente de Reino. Santidad no es un lugar al que los creyentes debemos llegar, es un punto de partida para todo lo que Dios desea que hagamos. Dios no se impacta ni se asombra por tu santidad, Él simplemente dice: “¡Por fin! ¡Era hora! Ahora podré comenzar a hacer algo con este hombre. ¿Por qué? Simple: Porque sin santidad…nadie verá al Señor.






9/09/2014

Servicio

               David el Salmista dijo, Has abierto [perforado] mis oídos (ver Salmo 40:6). Esto podría muy bien interpretarse como, “Me has aceptado como tu siervo” aludiendo a la costumbre de que los amos perforasen la oreja del esclavo que declinase la oferta de libertad (ver Éxodo 21:6). En otras palabras, “Tengo un agujero en mi oreja como señal de que he sido marcado para el Señor, por toda la vida y la eternidad.” ¿Le has permitido al Espíritu Santo perforar tu oreja?
               Lo que marcaba al siervo era que se comprometía a dar totalmente su tiempo en servicio a su amo. No hay nada místico acerca de ese estilo de vida. Comienza con el compromiso de darle al Señor lo mejor de nuestro tiempo. Dicho compromiso se ejerce en nuestro diario vivir. Esto no significa que todos deberíamos dejar nuestros trabajos y nuestras carreras profesionales para comenzar un ministerio de tiempo completo. Muchos hoy en día se están apartando de la voluntad de Dios al caminar presuntuosamente por la vida, al hacer a un lado su responsabilidad de criar una familia y al desarraigarse del “andar por fe”.
               La cosa más grandiosa es quedarse quieto y darle al Señor más tiempo de calidad en el lugar donde usted se encuentra. Se trata de poner a Cristo en el centro de todo para que su familia, trabajo, y todas las cosas giren en torno a él. De tal manera, Cristo llega a ser el enfoque de nuestros pensamientos y pasamos tiempo en su presencia, escuchando su voz y obedeciendo sus mandatos. El siervo es más un dador que un receptor. Junto con Pablo, él puede decir, “pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.”
               Este siervo no está interesado en servir por recompensa ni por ganancia personal. Su salario es la gloria y el honor que él otorga a su amo. El verdadero siervo que está comprometido a un servicio de por vida, es marcado por el Señor de alguna manera especial. Este siervo no pasa desapercibido porque lleva en su cuerpo las marcas de su amo. ¿Qué marca al siervo en este día y época? Está claramente revelado en la Palabra como la marca de un espíritu contrito y quebrantado que llora por las abominaciones que se le hacen a su amo. Nuestro amo no nos perfora la oreja con un punzón, sino que rompe el corazón con su martillo.
                Y llamó Jehová al hombre vestido de lino que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella (Ezequiel 9:3-4).
               Otra marca de este esclavo es la de una circuncisión hecha no por manos. Esto habla de una separación total del mundo y una entrega a Cristo. Significa que todos los planes, esquemas y sueños personales son abandonados, y las preocupaciones y cargas del Señor se vuelven supremas.


 





9/06/2014

Presencia

               Para ser un miembro de la verdadera iglesia de Dios, tú debes de ser conocido por el nombre de Jehová SamaEl Señor está allí (Ezequiel 48:35). Otros deberían poder decir de ti “Está claro para mí que el Señor está con esta persona. Cada vez que lo veo, yo siento la presencia de Jesús. Su vida verdaderamente refleja la gloria de Dios.”
               Si somos honestos, tenemos que admitir que no sentimos la dulce presencia del Señor entre los cristianos muy a menudo. ¿Por qué? Los cristianos gastan su tiempo envueltos en buenas actividades religiosas – grupos de oración, estudios bíblicos, ministerios de alcance – y todo esto es muy elogiable. Pero muchos de estos mismos cristianos pasan poco o nada de tiempo  ministrando al Señor, en el aposento secreto de oración.
               La presencia del Señor simplemente no puede ser falsificada. Esto es cierto ya sea que se aplique a la vida de un individuo o al cuerpo de una iglesia. Cuando me refiero a la presencia de Dios, no estoy hablando de algún aura espiritual que envuelve místicamente a una persona, o que desciende sobre un culto en la iglesia. En lugar de eso, yo estoy hablando del resultado de un caminar de fe simple pero poderoso.
               Ya sea que se manifiesta en la vida de un cristiano o en una congregación entera, causa que las personas lo noten. Se dicen a sí mismos, “Esta persona ha estado con Jesús”, o “Esta congregación verdaderamente cree en lo que predican.” Se necesita mucho más que un pastor justo para producir una iglesia Jehová Sama.
               Se necesita gente justa, personas de Dios que se encierren a solas con él. Si una persona extraña al terminar el culto dice, “Yo sentí la presencia de Jesús ahí adentro”, tú puedes estar seguro que no fue por la prédica o por la alabanza. Fue porque una congregación justa entró a la casa de Dios, y la gloria de Dios estaba en medio de ellos.
               Aprende de una vez por todas: tú no puedes subirte a una plataforma y ponerte a vociferar con apariencia de hombre con poder exigiendo que descienda la gloria de Dios, ¿Sabes por qué? Porque si la genuina gloria de Dios desciende sobre ese lugar y no encuentra a los asistentes como deben estar delante de Su Presencia, esa gloria los mata, los extermina. ¿Entiendes ahora por qué en los lugares santos lo mejor que tú puedes hacer para ministrar al Señor es silencio, y apenas permitir que Él hable?


 




9/03/2014

Siervos

              Pero si el siervo dice: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre (Éxodo 21:5). Para este siervo no hay dilema, no hay qué elegir. Su decisión nunca estuvo en duda. Su amo era su mundo. El siervo estaba atado a él con cadenas eternas de amor. A él no le sería posible dejar a su amo o su casa. La vida del siervo giraba en torno al amor que sentía por su amo, y al igual que Pablo, él consideraba todo lo demás como “estiércol” con tal de ganar a su amo.
               Él era la clase de persona dispuesta a ser despreciada con tal de que otros pudieran llegar a conocer el amor de su Señor. Este siervo valoraba la intimidad con su amo sobre cualquier otra bendición terrenal. ¿A quién le podría importar los rebaños, los sembradíos, o el vino y el aceite, cuando se puede tener una comunión e intimidad sin fin con el amo? Su corazón rebozaba de cariño por su amo y él lo dijo claramente: “Yo amo a mi señor, no quiero ser libre.”
               Lo que este siervo nos está diciendo es simplemente esto: ¡Cristo es suficiente! Nada en este mundo tiene el valor suficiente como para perder el sentir de su presencia. Toda la riqueza y prosperidad de toda la tierra no se puede comparar a tener un día con él. Los placeres que están a su diestra exceden inmensamente cualquier éxtasis conocido por los hombres. Conocerlo a él, estar donde él está, sentarse juntos en los lugares celestiales, es más que la misma vida.
               Servirlo, ser guiado por él, ir y venir de acuerdo a su mandato, es vivir la vida en su plano más alto. ¿Me recordarías tú que eres un hijo y no un siervo? Entonces yo asimismo te recordaría gentilmente que Jesús era un Hijo, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres (Filipenses 2:6-7).
               Él pudo haber venido como poderoso Príncipe del Altísimo, arrasando a todo enemigo, sin embargo, Cristo eligió venir como siervo, totalmente comprometido con los negocios de su Padre. Este siervo dedicado del cual leemos en Éxodo, creía tener una sola misión en su vida, y ésta era la de servir a su amo. Él no estaba buscando la herencia, aunque está escrito, El siervo prudente se impondrá al hijo indigno, y con los hermanos compartirá la herencia (Proverbios 17:2).
               El amor que tenía le hacía obedecer con facilidad desde la mañana hasta la noche, cada momento que estaba despierto, él vivía en servidumbre voluntaria a su amo. Él era impulsado sólo por el amor – no por culpabilidad, ni por sentido de obligación. No es de asombrarse que Jesús podía decir, “Si me amas, me obedecerás.” 
               De todos modos y teniendo muy en cuenta lo dicho, deberás recordar siempre los tres estados por los que los creyentes deberíamos transitar para arribar a la estatura requerida del varón perfecto: Siervo, Amigo e Hijo. Este último es esencial en amor porque son los hijos los que reciben la herencia, no los siervos o los amigos. Transita el camino; comienza desde el principio. Sé buen siervo y excelente amigo, serás hijo dilecto y amado de quien tu Padre tendrá complacencia.









8/30/2014

Justicia

               Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA (Jeremías 23:5-6).
               Dios le dio al profeta Jeremías una revelación de JEHOVA TSIDKENU en un tiempo de crisis similar al que estamos enfrentando hoy. Así que, ¿qué significa esto para nosotros, en términos prácticos? ¿Qué es esta justicia de la cual él es Señor – y cómo debemos de conocer y entender a Jesús en este rol? Pablo nos da algunas respuestas sobre la definición de justicia de Dios en varios pasajes.
               Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia (Romanos 4:3). --  
               A Abraham le fue contada la fe por justicia (Romanos 4:9). --  
               Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).
               Cada uno de estos versos se refiere a una cosa que Abraham hizo para obtener la verdadera justicia: él creyó. Finalmente, Pablo nos da del Señor la definición de justicia:
               (Abraham) tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia (Romanos 4:20-22).
               La Biblia no podría hacer este tema más claro. Justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadidos que él mantendrá su palabra.
               Listo. No es necesario utilizar metros de papel o espacio cibernético para referirnos a la justicia divina. Es tan simple, tan concreto y tan ejecutivo que con un breve sitio es más que suficiente para que se la entienda.


 




8/23/2014

Límites

               Hace poco hablábamos de la enorme diferencia entre un pastor tipo de nuestro tiempo y ambiente cristiano, y el que la Biblia llama el único Buen Pastor. Bien; ese, nuestro gran pastor ama cada oveja que se ha descarriado debido a las pruebas, problemas, heridas o dolores. Nunca nos animaríamos a acusar a nuestro pastor de abandonarnos.
               Él todavía camina a nuestro lado y nos cuida todo el tiempo. Ahora mismo, tal vez tú estás perdiendo la guerra contra alguna clase de tentación. Cualquiera que sea tu lucha, tú te has propuesto no apartarte del Señor. Tú rehúsas entregarte a las garras del pecado. En lugar de eso, tú te has tomado a pecho la Palabra de Dios. Pero, al igual que David, tú te has desanimado. Y ahora has llegado al punto en que te sientes absolutamente impotente. El enemigo te está llenando de desesperación, miedo y mentiras.
               Tu prueba puede volverse más desconcertante e inexplicable. Pero yo quiero que tú sepas que – no importa por lo que estés pasando, el Espíritu Santo quiere revelar en ti a Jehová Rohi (Ra’ah), el Señor tu pastor. Tú tienes un pastor que quiere imprimir su amor en tu corazón. Jesús nos asegura, Nunca te dejaré ni te desampararé. Y nuestro Padre celestial – Jehová Rohi, el Señor nuestro pastor – se ha revelado a nosotros en el Salmo 23.
               Él nos dice, “Te conozco por tu nombre, y sé por lo que estás pasando. Ven, recuéstate en mi gracia y en mi amor. No trates de entenderlo todo. Sólo acepta mi amor por ti. Y descansa en mis amorosos brazos. Sí, yo soy el Señor de los ejércitos. Soy el Dios majestuoso y santo. Yo quiero que conozcas todas estas revelaciones de mí. Pero la revelación que yo quiero que tengas ahora es la revelación de Jehová Rohi. Quiero que me conozcas como tu pastor que te ama y te cuida. Quiero que descanses seguro de que pasarás todas tus pruebas, en mi ternura y mi amor.”
               Escucha: no suelo repetir temas porque considero que mis lectores son personas maduras, inteligentes, aplicadas y fieles al Señor, por lo que con una sola mención será más que suficiente. Sin embargo, en este asunto, “algo” me dice que debo complementarlo con esto porque es precisa y exactamente lo que tú necesitas hoy. Y cuando digo “tú”, no es un “tú” al aire o por las dudas, es con la mente y el corazón fijos en alguien determinado, a quien tal vez yo no puedo definir con su nombre y apellido en este momento, pero alguien a quien el Señor, nuestro Gran Pastor, conoce perfectamente y sabe que necesitas estas palabras de ministración, consuelo y fortaleza.
               No me escribas a mí para agradecer nada si eres tú ese objeto de amor divino, porque yo soy apenas el vehículo utilizado para bendecirte y ministrarte. Sólo postra tu cuerpo y agradécele a Él y, si quieres extender esa bendición, hazlo saber a tus hermanos que acuden habitualmente a este refugio de amor y fortaleza.


 







8/19/2014

Pastor

               Todos estamos más o menos familiarizados con el Salmo 23. Su mensaje de consuelo es muy conocido aun entre los incrédulos. Este Salmo célebre fue escrito por el Rey David, y su pasaje más famoso está en el verso de entrada: Jehová es mi pastor; nada me faltará. La palabra hebrea que David usa para faltará en este verso indica un significado de no tener. David está diciendo, en otras palabras, “No me faltará nada.” Cuando combinamos este significado con la primera parte del verso, David está diciendo, “El Señor me dirige, me guía y me nutre. Y por eso, nada me falta.”
               En este verso breve, David nos da todavía otro reflejo del carácter y la naturaleza del Señor. La traducción literal en hebreo de la primera parte de este verso es Jehová Rohi (Ra’ah). Significa “El Señor mi pastor.” Jehová Rohi no es un pastor benigno y pasivo. Él no es como un asalariado – alguien que sólo provee comida y guía. El no solamente apunta hacia los pastos y las lagunas de agua y nos dice, “Ahí está lo que necesitas. Ve y come.” Ni tampoco se hace el ciego a nuestras necesidades. El no corre hacia el lado opuesto cuando escucha nuestros gritos de ayuda ni cuando ve que estamos en problemas.
               No, él conoce cada dolor que soportamos, cada lágrima que derramamos, cada herida que sentimos. El conoce cuando estamos demasiado cansados para dar otro paso hacia adelante. Él sabe cuánto podemos soportar. Más que nada, él sabe cómo rescatarnos y llevarnos a un lugar para sanarnos. Una y otra vez, nuestro pastor viene a nosotros, nos trae y nos lleva a un lugar de descanso. Él continuamente nos hace descansar para tener un tiempo de sanidad y restauración. Jehová Rohi - el Señor nuestro pastor – nos insta a que lo sigamos para ir a su descanso, para que él pueda “sekinah” en medio de nosotros.
               El Señor dice en Éxodo 29:45, algo Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. La palabra hebrea para habitaré aquí es Sekinah, que significa “permanecer por”, o “asentarse junto a.” Esta palabra no significa una presencia pasajera, sino una presencia permanente – una presencia que nunca nos deja. En corto, la gloria sekinah de Dios no es una marca que desaparece de nuestros corazones como una tinta invisible. No, es algo que Dios implanta permanentemente en nuestra alma. Es su eterna y muy cercana presencia. Este cuadro aquí es glorioso: Nuestro pastor ofrece venir a nosotros en medio de nuestro dolor y de nuestra condición de depresión, y sentarse junto a nosotros. Él promete curar nuestras heridas y enderezar las partes nuestras que han quedado enfermas y malogradas.
               Esa es la gloria sekinah de Dios. La presencia del Señor que permanece y que dura para siempre. Y muy a menudo la experimentamos cuando estamos en apuros. Nuestro gran pastor nos dice, “Yo quiero restaurarte. Y lo voy a hacer estando presente contigo, aún en el valle y en las sombras de muerte. Mi presencia estará contigo a través de todo lo que el enemigo lance contra ti. Aún si tratas de alejarte de mí, yo voy a correr tras de ti. Y cuando te alcance, te tomaré en mis brazos y te llevaré a mi descanso. Entonces vendaré tus heridas y sanaré todas tus enfermedades” 
               Déjame decirte con total y absoluta certeza, que eso es un pastor conforme a Efesios 4:11. Todo lo demás que puedas conocer con ese nombre (O título) es simple imitación o, en el peor de los casos, total oposición.








8/14/2014

Respuestas

               Hay algo que debo decirte y que seguramente se opone a lo que habrás escuchado en los últimos tiempos en más de un sitio auto denominado como cristiano: Dios no quiere tu casa, tu automóvil, tus muebles, tus ahorros, tus posesiones. Todo lo que él quiere es tu fe – la confianza fuerte de ti en la Palabra de Dios. Y tal vez esa sea la cosa que más le falta a las personas que parecen ser espirituales.
               Tú puedes pensar que otra persona sea más espiritual que ti. Pero esa persona puede estar luchando arduamente para mantener una apariencia de justicia. Pero cuando Dios te mira a ti, él declara, “He aquí un hombre o una mujer justa.” ¿Por qué? Tú has admitido tu incapacidad de llegar a ser justo. Y tú has confiado en que el Señor te da su justicia. Pablo nos dice que somos contados como justos en los ojos de Dios, por la misma razón que Abraham fue contado.
               Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro (Romanos 4:22-24).
               Puede que tú declares, “Yo creo esto. Yo tengo fe en que Dios resucitó a Jesús.” Pero, la pregunta para ti es, ¿Crees que el Señor puede resucitar tu matrimonio cuando está lleno de problemas? ¿Crees que él puede traerle vida a un familiar que está muerto espiritualmente? ¿Crees que él puede sacarte del hoyo de un hábito que te está debilitando? ¿Crees que él puede borrar tu pasado maldecido y restaurarte todos los años que el gusano se ha comido?
               Cuando todo parece sin esperanza – cuando tú estás en una situación imposible, sin recursos, y sin ninguna esperanza por delante - ¿Crees que Dios será tu Jehová Jireh, y proveerá para tu necesidad? ¿Tú crees que él está comprometido a cumplir sus promesas contigo – y que si aún una de sus palabras fallara, los cielos se derretirían y el universo colapsaría?
               En el simple ejercicio de una fe diaria normal, sin estridencias ni espectacularidades, está tu respuesta. Es mi oración que esa respuesta sea la que necesitas para ser más que vencedor o más que vencedora.


 






























8/05/2014

Justicia

               Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA (Jeremías 23:5-6).
               Dios le dio al profeta Jeremías una revelación de JEHOVA TSIDKENU en un tiempo de crisis similar al que estamos enfrentando hoy. Así que, ¿qué significa esto para nosotros, en términos prácticos? ¿Qué es esta justicia de la cual él es Señor – y cómo debemos de conocer y entender a Jesús en este rol? Pablo nos da algunas respuestas sobre la definición de justicia de Dios en varios pasajes.
               Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia (Romanos 4:3)  
               A Abraham le fue contada la fe por justicia (Romanos 4:9)  
               Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).
               Cada uno de estos versos se refiere a una cosa que Abraham hizo para obtener la verdadera justicia: él creyó. Finalmente, Pablo nos da del Señor la definición de justicia:
                [Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia (Romanos 4:20-22).
               La Biblia no podría hacer este tema más claro. Justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadidos que él mantendrá su palabra. ¡Ah! ¡Mira qué novedad! ¡A eso lo sabe cualquiera! Cierto, lo sabe cualquiera que alguna vez haya tomado una Biblia en sus manos, pero… ¿Lo creerá, también, cualquiera?






8/02/2014

¿Incredulidades?

               Si tú eres, -como creo-, un creyente fiel y maduro, ya te habrás percatado que Dios ha incrustado en nosotros un sano temor por la incredulidad. Este temor es el resultado de escudriñar las Escrituras para ver ejemplos de las nefastas consecuencias de la incredulidad. Debemos dar  gracias a Dios con todo nuestro ser por habernos revelado el daño y la ruina causados por la incredulidad.
               Nosotros los creyentes hemos tomado este asunto muy a la ligera, suponiendo que Dios pasa por alto las dudas de aquellos que están afrontando gran aflicción y tiempos difíciles. Algunas veces seguramente hemos pensado que el Señor debería dar cierta holgura a aquellos que afrontan situaciones aparentemente desesperanzadoras. Por ejemplo, los discípulos en medio de una tormenta en un barco que se hunde.
                Nuestro pensamiento era: "Señor, no son más que humanos. Ellos se vieron abrumados por todo. Parecía no haber esperanza. Fue simplemente una respuesta humana.” Sin embargo, Jesús reprendió su poca fe. Sí, hay un tiempo para llorar, cuando Jesús susurra con cariño: "Adelante, llora, yo guardo en mi redoma cada una de tus lágrimas." Hay momentos de duelo, hay momentos en los que nos sentimos abrumados y exclamamos: "¿Señor, dónde estás?”
               Servimos a un Padre amoroso que es tocado por nuestros sentimientos. Nuestra fe se eclipsa cuando permitimos que los temores nos abrumen. No podemos permanecer en temor ni dar lugar a la duda. Debemos levantarnos y estar "confiados a la sombra de sus alas." Dios no tiene piedad de la incredulidad y toda la Escritura lo evidencia. Puede sonar duro, pero Dios no aceptará ninguna excusa; Él no concede otra opción que la fe. El pueblo de Israel tuvo diez oportunidades de confiar en Dios en circunstancias extremas; toda la crisis fue obra del Señor. La consecuencia de su incredulidad fue cuarenta años de desesperanza, confusión y dolor.
               Ellos perdieron la bendición de Dios, y Él dijo que no podían entrar en una vida de descanso, paz e inmensa bondad de Dios a causa de su incredulidad. Y llamó Dios a la incredulidad maligna: Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad Hebreos 3:12). La incredulidad es causada sobre todo por negar la Palabra de Dios. La fe es imposible sin el constante alimento de la Escritura y el aferrarse a sus promesas. Nosotros elegimos confiar en Dios. No queremos "nuestro cadáver muerto en un desierto" como les sucedió a los israelitas.
                Dios nos dijo que "ciñe tus lomos... echa tus cargas sobre mí... deja de mirar a las circunstancias... no preguntes por qué nunca más. Aliméntate diario de mi Palabra... memoriza las promesas. Ora con confianza... cree con todo tu corazón que Dios te ama... Él no te ha abandonado. Por una noche será el llanto… Por una noche durará el lloro pero gozo vendrá en la mañana.” Cualquier situación que tú estés atravesando, aun si estás caminando por el valle de sombra de muerte, Dios promete estar contigo. Hoy, levántate y decide empezar a confiar en Él.
               Tu incredulidad no cambia nada, pero la fe abre la puerta a la liberación. ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas. (Salmo 31:19-20).