6/14/2013

Ser

Hay una porción de la Escritura que me ha tocado y afectado profundamente. Jesús dijo: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo quitará; Y cada rama que lleva fruto, la limpiará, para que lleve más fruto... El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego. (Juan 15:2, 6). 
He leído y releído estas poderosas palabras de Cristo, y no puedo de ninguna manera escapar a su poder de convicción. El Espíritu Santo, con su infinita bondad fue quien me insistió en la importancia de comprender estas palabras: "Mi Padre es el labrador... Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo quitará". 
Este asunto de dar fruto como cristianos no es opcional con Dios. Él cuida de su vid y todas las ramas injertadas con gran celo y preocupación, esperando pacientemente a que las ramas den fruto. Se pone de pie junto a ellas con el cuchillo de podar en la mano, mirando con amor a la menor evidencia de corrupción, plaga o enfermedad que podría obstaculizar el crecimiento. Dios espera fruto de todas las ramas. 
Sin fruto, es imposible honrar y glorificar a Dios o ser un verdadero discípulo de Cristo. Jesús dijo: En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos (Juan 15:8). Llevar fruto tiene mucho que ver con agradar a Dios y cumplir con nuestra misión en Cristo; también tiene mucho que ver con nuestras oraciones y peticiones contestadas. 
Jesús dijo: Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes, y los he puesto para que vayan y lleven fruto, y su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo conceda (versículo 16). En realidad, el fruto se refiere a lo que nos estamos convirtiendo, en lugar de limitarse a lo que estamos haciendo. Estoy dando fruto cuando nada obstaculiza el flujo de la vida de Cristo en mí. 
Eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado (Juan 15:3). Él está diciendo, "Porque usted creen que mi palabra: temblando ante ella, dejando que se revelen todos los secretos ocultos, sacando a la luz todo lo oscuro, permitiendo a la Palabra de Dios purgarle, ¡todos los estorbos se han ido!" 
Por tanto, si hoy estás en plena decisión de dar buenos frutos, no tienes que salir corriendo a buscar actividades eclesiásticas o ponerte a organizar campañas evangelísticas dentro o fuera de las organizaciones; lo que debes hacer es empezar a dejar que Cristo fluya en ti y vivir una vida que sea verdaderamente sal y luz para este mundo en tinieblas. Eso es dar fruto. Recuerda que Dios es Yo Soy. Y eso quiere decir que para Él, es mucho más importante el SER que el HACER.






6/12/2013

Conocer

Una de las declaraciones más impactantes que escuché en los últimos tiempos, vino de labios de un antiguo pastor, de los considerados más importantes. Él, simplemente dijo: ¡Yo realmente no conozco a Dios! Quiso decir que no lo conocía de la manera que Él quiere que se lo conozca. La pregunta personal para cualquiera de nosotros, entonces, es: ¿Cómo sé esto? El Espíritu Santo nos lo dice. El susurra amorosamente, “Hijo, tú realmente no conoces a Dios en la manera que él quiere que lo conozcas. Tú realmente no le permites a él ser Dios para ti.” En el Antiguo Testamento, Dios tomó un pueblo para sí – personas que no eran más ricas ni más inteligentes que otras – sólo para ser su Dios: Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios (Éxodo 6:7). Dios estaba diciendo, en otras palabras, “¡Voy a enseñarles a ser mi pueblo – para poder ser Dios para ustedes!” Verdaderamente, Dios se reveló y manifestó a su pueblo una y otra vez. Él envió ángeles. Les habló audiblemente. Cumplió cada promesa librándolos grandemente. Pero después de cuarenta años de milagros y señales asombrosas, la opinión de Dios sobre su pueblo fue: “¡No me conocéis – no conocéis mis caminos!” Cuarenta años estuve disgustado con la nación y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos (Salmo 95:10). Dios dijo “¡En todo esto, ustedes nunca realmente dejaron que yo fuese vuestro Dios! ¡En los cuarenta años que quise enseñarles, ustedes todavía no me conocen – todavía no saben cómo trabajo!” ¡Dios está todavía buscando a personas que le dejen ser Dios para ellos – al punto que ellos verdaderamente lo conozcan y aprendan sus caminos! Las Escrituras dicen de Israel Y volvían y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel (Salmo 78:41). Israel se apartó de Dios en su incredulidad. Y de igual manera, yo creo que nosotros limitamos a Dios hoy día con nuestra duda e incredulidad. Confiamos en Dios en la mayoría de las áreas de nuestra vida – pero nuestra fe siempre tiene límites y fronteras. Tenemos por lo menos una pequeña área que marcamos como nula, donde no creemos que Dios realmente hará algo por nosotros. Muchos, por ejemplo, limitan a Dios mayormente en el área de la sanidad. Han orado por la sanidad física de muchos, y han visto a Dios hacer milagro tras milagro. Pero cuando se trata de sus propios cuerpos, ¡Ellos limitan a Dios! Tienen temor de dejar que él sea Dios para ellos. ¡Se llenan de medicamentos o corren a ver al médico aun antes de orar por sí mismos! No estoy diciendo que está mal ver al médico. Pero algunas veces se los puede describir como aquél que en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos (2 Crónicas 16:12). Yo te pregunto: ¿Oras tú para que Dios derribe las murallas de Asia o África  – pero cuando se trata de la salvación de tu propia familia, tú no tienes ni una onza de fe? Tú piensas, “Dios no debe querer hacer esto. Mi ser querido es un caso tan duro. Parece que Dios no me escucha sobre esto.” ¡Si esto es cierto, tú no ves a Dios como Dios! ¡Tú eres ignorante de los caminos de Dios! El deseo de Dios es hacer todas las cosas más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros (Efesios 3:20). Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la mismísima presencia de Dios en la montaña. Pero el Señor dijo de ellos, “¡Ustedes nunca llegaron a conocerme ni a mis caminos!” Los discípulos pasaron tres años en la presencia de Dios – con Cristo, el cual era Dios en la carne. Ellos se sentaron escuchar sus enseñanzas y estuvieron con él día y noche. ¡Pero al final, ellos lo abandonaron y huyeron – porque no conocieron sus caminos! Jesús dice que Dios no escucha nuestras oraciones y alabanzas simplemente porque las repetimos una y otra vez, durante horas. Es posible orar, ayunar y hacer cosas justas, y aun así no alcanzar el lugar donde tenemos hambre de conocerlo y de comenzar a entender sus caminos. No aprendemos sus caminos en nuestro lugar de oración solamente, aunque todo aquél que verdaderamente conoce al Señor, es muy íntimo con él. Tú no puedes conocer los caminos de Dios sin estar mucho tiempo con él en oración. Pero la oración debe de incluir tiempo de calidad en el cual le permitimos a Dios ser Dios para nosotros – colocando cada necesidad y petición en sus manos y dejándolas allí.

 


6/08/2013

Triunfo

¿Has escuchado alguna vez la expresión “Christus Victor”? Bien;  es la frase del latín que los padres de la iglesia primitiva usaron para describir a Jesús y Su expiación. Traducido a grandes rasgos, significa: “Nuestra victoria no está en nosotros mismos, sino en Cristo”. 
Si derrotamos a un enemigo cuando las probabilidades son de cincuenta por ciento, nos sentimos tentados a pensar: “yo gané la batalla.” Pero cuando nuestro enemigo tiene tres metros de altura, cuando lo hemos reprendido pero regresa aún más fuerte, cuando hemos agotado todos nuestros recursos, cuando nos damos por vencidos y decimos: “No puedo hacer esto”, entonces Dios dice: “Te tengo justo donde te quería.” 
Por lo general, las historias del Antiguo Testamento son enseñadas a los niños, no como verdades espirituales, sino como enseñanza moral. Por ejemplo, la lección de Jonás se suele presentar como: “No desobedezcas a Dios o te meterás en serios problemas.” A la mayoría de nosotros se nos enseñó la historia de David y Goliat en la escuela dominical y la lección era: “Sé valiente y osado.” El problema con esta interpretación de la historia de David es que les estamos enseñando a nuestros hijos a que hagan algo que ellos no son capaces de hacer. 
No había ni un solo soldado israelita que podría haber sobrevivido a un combate cuerpo a cuerpo con Goliat. Esa batalla estaba por encima incluso del hombre más valiente.  Del mismo modo, cuando estamos en una batalla espiritual, la valentía y la audacia no son suficientes. David sabía que no estaba a la altura Goliat. De hecho, todavía no era ni siquiera un soldado, era demasiado joven. La única cosa con la que David estaba armado cuando se presentó en el frente de batalla era pan y queso para sus hermanos. 
Sin embargo, la diferencia con David era que él sabía que la batalla no era suya, sino de Dios. Cuando escuchó las burlas de Goliat, testificó:  Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza,…y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. (1 Samuel 17:46-47). 
Por esa razón es que, cuando escucho o veo alguna promoción supuestamente cristiana donde se presenta a un ministro con tremendas capacidades para liberación o para sanidad, me estremezco. ¿Sabrá ese hombre o esa mujer que sus ayudantes, muy preocupados en crearle prestigio, lo están enviando directamente a un callejón sin salida, donde si no llega a presentarse el Dios de todo poder, puede quedar tendido para siempre, porque en él, por sí mismo, no hay ningún poder que pueda vencer al mal?















6/04/2013

Preguntas

¿Estás tú al final de tu límite? ¿Cansado, abatido, con ganas de rendirte? Yo te desafío a que respondas con un simple sí o no las siguientes preguntas: 
1 - ¿Promete la Palabra de Dios suplir todas tus necesidades? 
2 - ¿Dijo Jesús que él nunca te dejaría, y que estaría contigo hasta el final? 
3 - ¿Dijo él que te mantendría sin caída y que te presentaría sin mancha delante del trono del Padre? 
4 - ¿Dijo él que supliría todo lo que tú necesites en todo tiempo? 
5 - ¿Prometió él darte toda la semilla que necesites para propagar el evangelio? 
6 - ¿Está él más deseoso de dar, que tú de recibir? 
7 - ¿Es mayor el que está en ti, que aquél que está en el mundo? 
8 - ¿Son buenos los pensamientos que él tiene sobre ti? 
9 - ¿Es él galardonador de todos los que lo buscan diligentemente? 
10 - ¿Está él preparando un lugar en la gloria para ti? 
11 - ¿Está viniendo él en las nubes para reunir a sus hijos y llevarlos a casa? 
12 - ¿Vas a irte tú con él cuando venga? 
Tu respuesta a todo esto debería de ser, “¡Absolutamente, sí!” Ahora – haz un inventario. Pregúntate, ¿Realmente creo que Dios es fiel a su Palabra, o yo flaqueo en mi confianza?
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor (Santiago 1:2-7). 
Tú puedes recibir la sabiduría de Dios, toda la sabiduría necesaria para resolver los problemas de la vida – si tú vas a creer sin dudar, y confías tú misma vida y futuro a esta promesa. Dios da a todos… libremente… sabiduría.


 








5/31/2013

Provisión

Hay un error que la mayoría de los creyentes hemos cometido alguna vez: el de suponer que somos nosotros los que tenemos la “brillante” idea de hacer tal o cual cosa para el Señor, y que también es nuestro mérito orar para que eso sea posible. A Dios, evidentemente, sólo le dejamos el humilde hecho de haber respondido nuestra oración. Como podrás suponer, esto no fue ni es así en absoluto. Cuando Dios nos llama a un trabajo específico, él ya ha hecho provisión para que tengamos todo lo que necesitemos para llevarlo a cabo. 
Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra (2 Corintios 9:8). 
Este verso no es sólo una esperanza - ¡es una promesa! Comienza diciendo que “Dios es poderoso”. Dios no está interesado sólo en suplir tu necesidad. Él quiere darte siempre más de lo que tú necesitas. Eso es lo que “abunde” significa – ¡un suplir superabundante que va siempre en aumento! 
Y aquél que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros (Efesios 3:20). 
Piensa en lo que se está prometiendo aquí: Cuando tú estás cansado y abatido, y no crees que puedas seguir, Dios es poderoso para vigorizarte para tener todo lo que necesites – en todo tiempo, en cada situación posible. 
Es como si el Señor estuviese diciendo, “¡Escuchen todos ustedes! ¡Escuchen todos ustedes que fielmente trabajan en la oración, alabanza e intercesión! ¡Yo quiero darles una abundancia de fuerza, esperanza, gozo, paz, descanso, finanzas, ánimo, sabiduría! ¡En realidad, yo quiero que tengan una sobreabundancia de todo lo que necesiten – en todo tiempo!” 
Dios nunca tuvo la intención de que fuésemos pordioseros espirituales, pobres en las cosas del Señor. Por lo contrario, ¡el siervo rico en todo es el que disfruta una revelación de todas las grandes provisiones que Dios ha preparado para él! ¡Y él va tras de esta revelación por fe! 
Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios (1 Corintios 2:9-10). 
Parafraseando, “¡Las personas del Antiguo Testamento no podían ni comenzar a entender todas las grandes provisiones que Dios había preparado! Nunca entró en su visión, nunca lo escucharon ni lo imaginaron. Pero no hay razón para que nosotros seamos ciegos a estas cosas, y que estemos sin saber lo que es nuestro. Nuestros ojos deben ver, nuestros oídos deben escuchar, debe de entrar en nuestras mentes y corazón – ¡porque somos las personas para las cuales Dios ha preparado todo esto! ¡El Espíritu Santo nos lo ha revelado a nosotros!” 
Ciertamente, la Biblia dice que debemos buscar que él nos revele esto. Pablo escribió, (Hemos recibido) el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido…las que enseña el Espíritu…por qué se han de discernir espiritualmente (versos 12-14). 
Sí, ya lo sé; esto se parece mucho a esos mensajes sobre prosperidad que hoy vemos y oímos en tantos púlpitos, ¿Verdad? Quizás, porque están siendo utilizados los mismos textos que ellos usan, pero con una diferencia que no es menor. Ahora, luego de haberlo leído, tú simplemente lo tienes que aceptar, creer y poner por obra para que te funcione. ¡Y sin tener que venir corriendo donde yo estoy a dejar un billete a mis pies, cosa innecesaria, porque no soy yo el que hará algo en tu favor, sino tu Dios, que es también el mío!











5/28/2013

Alegría

El hombre, -creyente él-, fue al Señor en oración con un corazón muy cargado, agobiado con muchos asuntos. Y empezó a suplicar su caso delante de Él: “Oh Señor, nunca he estado tan fatigado en toda mi vida. ¡No tengo fuerzas para continuar! Entonces comenzó a llorar. Estaba tan cansado que las lágrimas literalmente salieron a raudales. 
Mientras estaba postrado llorando, él pensó, “¡Seguro que mis lágrimas moverán el corazón de Dios!” El Espíritu Santo vino y lo ministró – ¡Pero no de la manera que él había pensado que lo haría! Porque ese hombre quería compasión, ánimo, comprensión. Y él le dio todo eso – pero de una manera muy diferente a la que esperaba. El Señor suavemente lo instruyó a que buscase 2 Corintios 9:6-11 añadiéndole que  todo lo que necesitaba estaba contenido en este pasaje: 
Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra; “(Como está escrito: Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia;) para que seáis ricos en todo para toda generosidad, la cual produce, por medio de nosotros, acción de gracias a Dios. 
El hombre leyó este pasaje y volvió a leerlo – pero no recibió nada. Finalmente, cerró su Biblia y oró, “Señor, estoy confundido. Yo no veo nada aquí que me ayude o me anime. Lo único que veo es un texto que muchas veces oí como respaldo bíblico antes de levantar la ofrenda.”  
Finalmente, el Espíritu le habló fuertemente pero con amor a su hombre interior: “Hijo, -le susurró amorosamente-, esto tiene que ver con todo lo que estás atravesando. ¡Últimamente me has estado sirviendo sin un espíritu abundante y alegre! ¿Dónde está tu alegría y felicidad en tu servicio a mí? Mi Palabra no solo habla de dar dinero para ayudar a los pobres o sostener “la obra”, como tantas veces has oído. ¡Está hablando de ministrarme a mí y a mi cuerpo! “Te he llamado a distintos lugares, y en cada ocasión no te he enviado nunca sin ayuda ni recursos abundantes. Todo lo que necesitas está a tu disposición – fuerzas, descanso, poder, habilidad, alegría y ánimo. No hay motivo para que trabajes con tristeza, ni que estés sobrecargado. ¡Tú tienes acceso a toda la fuerza y alegría!” 
¿No es tu caso? ¡Gloria a Dios! ¿Sí lo es? Ahora ya lo sabes. Si lo que estás haciendo para el Señor (O por lo menos suponiendo que es para Él), te está pesando, cargando y paralizando, ten presente algo que quizás jamás pensaste: es muy probable que en realidad no estés trabajando para Dios, sino para alguno de sus hombres u organizaciones que dicen representarlo.






5/26/2013

Fuerza

Hay algo que en este tiempo presente ya resulta poco menos que indispensable e irreemplazable, y es que tú tienes que aprender a pelear tus propias batallas. ¡Tú no puedes, -definitivamente-,  depender de otros para que te liberen! 
Tal vez tú tienes un amigo de oración al que puedes llamar y decirle, “Estoy en una batalla. ¿Puedes orar por mí? ¡Yo sé que tienes poder con Dios!” Eso está de acuerdo con las Escrituras – ¡Pero no es la voluntad completa de Dios para ti! ¡Dios quiere que tú seas un guerrero! Él quiere que tú puedas hacerle frente al diablo. 
Dios le prometió a Gedeón, Ciertamente yo estaré contigo, y tú derrotarás a los madianitas como a un solo hombre (Jueces 6:16) Dios le dijo, “¡Yo te he mandado – yo estaré contigo!” Pero entonces la gente del pueblo vinieron buscando al que había derribado sus ídolos (ver Jueces 6:28-30). ¿Dónde estaba Gedeón? Él estaba escondido – todavía inseguro de las promesas de Dios, todavía preguntándose si Dios estaba con él. 
Gedeón dijo: Si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nuestros padres nos han contado…? (verso 13). ¡Y así es con muchos de nosotros! Jesús nos ha prometido, Yo estoy con vosotros todos los días (Mateo 28:20). 
¡Y todavía no hemos aprendido a confiar en su Palabra y pelear! Las cosas comenzarán a cambiar – en el momento que tú estés completamente persuadido que Dios está contigo. ¡Que él te habla y te mostrará todo lo que necesitas saber! ¡Tú eres más fuerte de lo que piensas! 
Como Gedeón, tú puedes preguntarte, “¿Cómo puedo pelear? Soy tan débil, tan inexperto”. Pero Dios le dijo a Gedeón, Ve con esta tu fuerza (6:14). “¿Qué fuerza?” puedes  preguntar. La fuerza de Gedeón estaba amarrada en la palabra que Dios le dio: “Ciertamente yo estaré contigo”. 
Amados hermanos y hermanas, ¡La misma palabra – “Yo estoy contigo” – es tu fuerza! ¡Y tú recibirás esa fuerza creyendo que esa palabra es verdad – y actuando en ella!


 


5/22/2013

¡Reacciona!


Los que como quien esto escribe, han pasado algunos años dentro de las paredes de distintos templos, saben algo que es ineludible: a pesar de todo lo que se habla en la iglesia sobre la guerra espiritual, los cristianos todavía no han aprendido a resistir al enemigo. ¡Seguimos siendo una presa demasiado fácil para el diablo! 
Ahora bien; ten cuidado de no sobredimensionar las cosas. Yo no creo que cada desgracia que le sucede a un cristiano venga del diablo. Nosotros lo acusamos equivocadamente por muchos de nuestros descuidos, desobediencias y flojeras. ¡He oído a supuestos cristianos acusar al diablo de obrar en su contra por no ganar con un número de la lotería! Te despierta una sonrisa, lo sé, pero créeme que es cierto.  Es fácil culpar al diablo por nuestras insensateces. Así, no tenemos que corregirlas. ¡Pero hay también un verdadero diablo presente en el mundo hoy día – y él está ocupado trabajando! 
Déjame decirte algo de las estrategias de Satanás. ¡Si él no puede quitar al Altísimo de su trono, él tratará de rasgar la imagen de Dios en ti! Él quiere transformar a los adoradores en murmuradores y blasfemos. Satanás no puede atacarte a voluntad propia. Dios ha puesto un cerco de fuego alrededor de cada uno de sus hijos, y Satanás no puede atravesar ese cerco sin el permiso de Dios. Satanás no puede leer la mente del cristiano. ¡Algunas personas están temerosas de orar porque piensan que el diablo los está escuchando! Otros piensan que el diablo puede leer sus pensamientos. ¡No es así! Sólo Dios es omnipresente y omnisciente. Sólo procura que cuando le presentas al Señor tus debilidades o puntos vulnerables, hazlo en tu mente; Dios te oirá, pero Satanás y sus demonios, no. 
Las Escrituras nos ordenan a ponernos de pié, ser fuertes y batallar contra la carne y el diablo: Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos (1 Corintios 16:13). -  Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10). ¡Tú tienes que llegar al punto en que te sientas harto de ser derrotado por el diablo – vivir sin ánimo, deprimido, sin gozo, vacío, molestado! El libro de Jueces nos dice, Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel (Jueces 6:1-2). 
Los Israelitas estaban en su punto más bajo. Fueron dispersados y vivían en cavernas oscuras y húmedas, hambrientos, con miedo e indefensos. Entonces algo sucedió. Comenzó con Gedeón, y se esparció por todo el campamento: ¡Israel se hartó de estar escondidos en esas cuevas oscuras! Gedeón se dijo a sí mismo, “¿Cuánto tiempo vamos a seguir soportando esto? ¡Ellos vienen a nuestras tierras sin que haya oposición. Nadie se pone firme ni hace nada al respecto! Nos han dicho que tenemos un Dios que actuó por nuestros padres. Pero mírennos ahora – estamos despojados, indefensos. ¡Vivimos continuamente con miedo!” Algo se levantó en el interior de Gedeón. Y él dijo lo que Dios estaba esperando escuchar: “¡Esto ya ha ido demasiado lejos! Nosotros servimos a un Dios poderoso, victorioso. ¿Por qué seguimos día tras día soportando este abuso?” 
Dios no hará nada hasta que tú estés completamente harto – hasta que tú estés cansado de estar abatido y derrotado. Ahora ya lo sabes; deja de lado tu pasividad y comienza a pelear la buena batalla. Dios ya derrotó al diablo, ahora espera que tú también lo hagas en Su nombre.











5/20/2013

Berrinche


Seguramente tú has escuchado hablar de la oración de fe. Yo creo que existe como la imagen opuesta de un espejo de esta oración, una oración que está basada en la carne. Yo llamo a esto la oración de incredulidad. Yo quiero presentarte una pregunta. ¿Has escuchado alguna vez al Señor decir, “Deja de orar – deja de estar de rodillas”? Alguna vez su Espíritu te ha ordenado, “Deja de llorar, y seca tus ojos. ¿Por qué estás postrado delante de mí?” El Señor le dijo estas palabras a Moisés: Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? (Éxodo 14:15). 
Lo que literalmente dice en el hebreo es, “¿Por qué me estás chillando? ¿Por qué todo ese ruidoso pedir en mis oídos?” ¿Por qué diría Dios esto a Moisés? Este era un hombre devoto, que oraba, y que estaba en la mayor crisis de su vida. Los Israelitas estaban siendo perseguidos por el Faraón y no había escape. La mayoría de los cristianos probablemente reaccionarían como lo hizo Moisés. Él se apartó a un lugar desolado para estar solo con el Señor. Entonces vació su corazón en oración. Cuando Dios escuchó a Moisés chillando, dijo “Basta”. Las Escrituras no son explícitas sobre lo que continuó. 
Pero en algún momento Dios pudo haber dicho, “Tú no tienes derecho a agonizar delante de mí, Moisés. Tu llanto es una afrenta a mi fidelidad. Yo ya te he dado mi promesa solemne de liberación. Y te he instruido específicamente en lo que tienes que hacer. Ahora, deja de llorar.” Cuando enfrentamos nuestras crisis, podemos convencernos, “la oración es lo más importante que puedo hacer ahora mismo.” Pero llega el tiempo en que Dios nos llama a actuar, a obedecer su Palabra en fe. Cuando ese tiempo llega, él no nos permitirá apartarnos a un desierto para orar. Eso sería desobediencia y cualquier oración sería ofrecida en incredulidad. 
La oración de incredulidad toma en consideración solamente la bondad de Dios. Ignora la severidad de sus juicios santos. Pablo escribe, Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios (Romanos 11:22). El apóstol menciona a propósito la bondad y la severidad de Dios juntos aquí. Él está diciendo que una no puede estar separada de la otra. En el Antiguo Testamento, Isaías lo dice de esta manera: He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Porque vuestras manos están contaminadas de sangre (Isaías 59:1-3). 
Hermanos, amigos; Dios no ha cambiado entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. Él es un Dios de amor y misericordia, como Isaías lo indica. Pero él todavía odia el pecado porque él es santo y justo. Por eso él le dijo a Israel, “No puedo escucharte por tu pecado”. Considera las palabras del salmista David: A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Más ciertamente me escuchó Dios; atendió la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, que no echó de sí [ignoró] mi oración (Salmo 66:17-20). El salmista está diciendo, “Yo vi que había iniquidad en mi corazón, y rehusé vivir con ella. Así que fui al Señor para ser limpiado. Entonces él escuchó mi oración. Pero si no hubiese soltado mi pecado, Dios no hubiera escuchado mi clamor”. 
Aprende: tu oración siempre es oída por el Señor y siempre es respondida. Lo que puede ocurrir es que, por causa de alguna clase de impedimento legal, esa oración parezca rebotar contra el techo o que el silencio es toda la respuesta recibida. Sólo tendrás que buscar ese impedimento legal y cancelarlo.




5/17/2013

Miedos


Israel había caído en la idolatría. ¡Pero la raíz de su pecado continuaba siendo la incredulidad, lo cual resultaba en toda clase de temores! Y Dios les envió un profeta para exponer la raíz de su pecado. El profeta les dijo en pocas palabras, “Mírense – son un grupo de miedosos, escondidos, temerosos de ponerse de pié y pelear. Ya se han acobardado. ¡Pero ustedes tienen una historia de la liberación de Dios! El dio a sus antepasados grandes victorias cuando confiaron en él. Y él ha prometido librarlos a ustedes también – ¡pero ustedes no le creen!” (Ver Jueces 6:7-10). 
Muchos cristianos están aterrorizados de que el diablo los va a destruir. Tienen temor de que cometerán un error o que volverán a su pecado, y el diablo los tendrá en sus manos. ¡Pero esa es una mentira del infierno! ¡La Biblia dice que tú no tienes que estar aterrorizado mientras caminas a través de esta vida! Cuando tú te agarras del temor, este se vuelve contagioso. ¡Todos a tu alrededor empiezan a tenerlo! Cuando Gedeón juntó a su ejército, Dios le dijo que envíe a casa a todo soldado miedoso: Quien tema y se estremezca, que madrugue y regrese a su casa…Regresaron de los del pueblo veintidós mil (Jueces 7:3) 
Dios está diciendo las mismas palabras a su iglesia hoy día. Él está preguntando, “¿Por qué tienen miedo? ¿Por qué pecan al no confiar que yo traigo victoria a sus vidas? ¡Yo he prometido que derrotaré cada poder demoníaco que venga contra vosotros!” Joás, el padre de Gedeón había edificado estatuas de Baal y de la diosa Asera con piedras grandes. Su manera de pensar era, “Baal le ha dado poder a Madián sobre nosotros, así que tal vez si nosotros adoramos a su dios, él nos dará poder a nosotros”. Las personas venían desde muy lejos para adorar allí, incluyendo los Madianitas y los Moabitas; ¡era una fortaleza demoníaca poderosa en Israel! 
Dios le dijo a Gedeón, “Yo no voy a liberar a Israel hasta que tú quites a este ídolo que se interpone entre nosotros. ¡Derríbalo – córtalo! Así que durante la noche Gedeón tomó diez hombres de entre sus siervos e hizo como Jehová le dijo (Jueces 6:27). ¡Él tomó un toro y usó unas cuerdas para derribar a Baal y a Asera! Dios le está dando a su iglesia el mismo mensaje que le dio a Gedeón: “Quiero ayudarlos – pero no puedo hacerlo cuando no confían en mí. Ustedes están llenos de temores. ¡Y antes de que yo traiga liberación, tendrán que derribar esta fortaleza, este pecado que los asedia!” Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia (Hebreos 12:1). 
¡Tenemos que derribar todas las fortalezas de miedos y de pecado! Gedeón derribó las fortalezas demoníacas usando un toro fuerte. Pero a nosotros se nos han dado armas mucho más poderosas que las de Gedeón (ver 2 Corintios 10:4-5) La victoria viene cuando oramos en fe. Esto no significa una oración fría y vacía, sino una oración en el Espíritu, una oración que cree en que Dios contestará: Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu (Efesios 6:18).

 

5/14/2013

Comunión


Días atrás escuchaba un trabajo de un hombre de Dios donde hablaba de la necesidad que tenemos de alinearnos con el Señor con la finalidad de poder ejercer su autoridad y manifestar su poder, y eso me hacía reflexionar sobre algo muy notorio: Multitudes de los hijos de Dios conocen poco o nada de una vida de comunión con Él. ¿Por qué es esto? Yo creo que aquellos cristianos tienen un concepto triste, torcido del Padre celestial. Me recuerdo de la parábola del siervo que escondió su talento porque tenía una imagen torcida de su amo. Ese siervo dijo, Señor, te conocía que eres hombre duro (Mateo 25:24). 
De igual manera, muchos creyentes hoy día piensan, “No es posible que Dios se agrade de mí, regocijándose y cantando enamorado. Le he fallado miserablemente a veces, trayendo reproche a su nombre. ¿Cómo podría él amarme, especialmente en los problemas que estoy enfrentando ahora?” Yo creo que esta es una razón poderosa por la que muchos cristianos no se acercan a su Padre celestial. Temen acercarse a Dios porque sienten que le han fallado de alguna manera. Todo lo que ellos conciben de Dios es que él es un fuego consumidor, listo para juzgarlos y condenarlos. La pregunta para todos nosotros hoy día es, ¿Cómo no vamos a querer estar cerca de un Padre que nos escribe cartas de amor, que nos dice que anhela estar con nosotros, que está listo siempre para abrazarnos, y dice que sólo tiene buenos pensamientos sobre nosotros? 
A pesar de nuestras tonterías, al nos asegura que, “Satanás puede decirte que no sirves para nada, ¡pero yo te digo que tú eres mi alegría!” Tú puedes estar pensando, “Seguro que el señor no se regocija sobre alguien que está en pecado. No puedo esperar que él me ame si continúo en mis caminos pecaminosos.” Esta manera de pensar se acerca mucho a la blasfemia. Sí; Dios ama a sus hijos, pero no ama al pecado. La Biblia dice que él reprende a cada hijo que continúa en iniquidad, pero él siempre lo hace con mucha pena. Después que él nos reprende, su Espíritu nos llena con un sentimiento de su indignación sobre el pecado. A través de todo esto, el amor de Dios permanece sin cambiar. 
La Palabra dice, Yo Jehová no cambio (Malaquías 3:6).  - del Padre…en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Santiago 1:17). - Dios soy, y no hombre (Oseas 11:9). El amor de Dios nunca fluye y luego decae como nuestro amor por él lo hace. Nuestro amor varía casi cada día, fluctuando de caliente y ferviente a tibio o aún frío. Al igual que los discípulos, podemos estar listos a morir por Jesús un día y luego abandonarlo y huir el próximo día. Yo debo preguntarte si puedes decir, “¡Mi Padre celestial está enamorado de mí! Él dice que soy dulce y amado a sus ojos, y yo le creo. Yo sé que no importa por lo que yo atraviese, o cuánto sea tentado o probado, él me rescatará. El me cubrirá a través de todo, nunca permitiendo que sea aplastado. ¡El siempre será amable y tierno conmigo!” 
Así es como la verdadera comunión comienza. Debemos estar convencidos cada día del inalterable amor de Dios por nosotros. Y tenemos que mostrarle que creemos lo que nos ha revelado de su persona. Juan escribe, Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él (1 Juan 4:16). Finalmente, algo que hemos repetido hasta el cansancio en sesiones de sanidad interior: Dios ya te perdonó, ahora hazlo tú o lo harás mentiroso a Él.

5/10/2013

Porcentajes


Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás (2 Tesalonicenses 1:3). ¡Qué gran cumplido dio Pablo a los cristianos tesalonicenses! Acá tenemos la esencia completa de lo que estaba diciendo: “Es increíble ver cuánto han crecido, tanto en su fe en Cristo como en su amor los unos por los otros. Dondequiera que vaya, me enorgullezco de su crecimiento espiritual, delante de todos. ¡Cuán agradecido estoy a Dios por ustedes!”. 
En este corto pasaje, Pablo nos da una figura asombrosa de un cuerpo de creyentes que estaba creciendo en unidad y amor. La frase griega que usa Pablo para “va creciendo” significa “crecer sobre, por encima y más allá de los demás”. Tanto individual como colectivamente, la fe y el amor de los tesalonicenses opacaban al resto de iglesias. Obviamente, estos cristianos tesalonicenses no estaban tan sólo tratando de agarrarse de su fe hasta que Jesús retornara. Estaban aprendiendo, moviéndose, creciendo, y sus vidas mostraban evidencia de tal hecho. Según Pablo, ellos estaban en boca de todas las iglesias en Asia. Aparentemente, la predicación que este pueblo oyó les estaba provocando a tener un caminar más profundo con Cristo. 
Estaba derritiendo sus ambiciones carnales y convenciendo de pecados habituales. Y el Espíritu Santo en ellos estaba derribando toda pared étnica y toda línea de color. Estaban descubriendo cómo abrazar a una persona, sea rica o pobre, educada o no. Y prestaban gran atención el uno al otro, prefiriéndose unos a otros en amor. Si tú estás siendo regado y alimentado por la Palabra de Dios, tú deberías tener un continuo crecimiento espiritual en tu vida. Esto debería estar sucediendo automáticamente. Yo no sé si alguien en nuestra congregación virtual “va creciendo”, como Pablo vio en la iglesia de Tesalónica. 
Pero, creo que sí es verdad para muchos de los nuestros. ¿Por qué? La predicación ungida de la Palabra pura de Dios siempre produce crecimiento. Y el apóstol Pedro dice que todos los que desean la leche pura de la Palabra, van a crecer. Pablo define el crecimiento espiritual como una obra del Espíritu Santo. Dice que el Espíritu está siempre obrando, cambiándonos de gloria en gloria. Renovando constantemente nuestras mentes, haciendo morir nuestra carne y sacando a luz pureza desde nuestro hombre interior. Él obra en nuestros corazones para sacar la ira, la amargura, el resentimiento y la maldad de todo tipo. Y produce en nosotros bondad, ternura y perdón hacia los demás. 
Él nos está haciendo crecer en Cristo, enseñándonos que todo lo que digamos y hagamos ¡debe ser digno de nuestro Señor! Más adelante, Pablo nos insta: Pruébese cada uno a sí mismo (1 Corintios 11:28). La palabra griega “pruébese” significa “escudríñese, examínese”. El apóstol está diciendo: “Examínate, mira si estás andando según la Palabra de Dios”. Debemos constantemente preguntarnos: “¿Estoy cambiando? ¿Me estoy volviendo más amoroso y tierno de corazón? ¿Estoy tratando a mi familia y amigos con respeto piadoso? ¿Mi conversación está volviéndose más justa?”.
 Recibo unos cien correos diarios-promedio. Un porcentaje me demuestra que han crecido, otro que todavía les falta. No te diré cuanto de cada uno; sólo que me acompañes a orar por los que todavía andan en semi – tinieblas.





5/08/2013

Ignorancia


Algunos creyentes te pueden contar todos los días algo sobre su crecimiento espiritual. Y tú puedes, claramente, ver los cambios en sus vidas. Ellos te testifican  acerca de cómo es que el Espíritu Santo ha derrotado, por ellos, al enemigo. Y tú te regocijas juntamente con ellos en su victoria. Sin embargo, este tipo de cristianos son la excepción. La mayoría de los creyentes son totalmente inconscientes de cualquier progreso espiritual en sus vidas. Oran, leen la Biblia y buscan al Señor con todo el corazón. No hay en ellos ninguna obstrucción para el crecimiento espiritual. Pero ellos no pueden discernir ningún crecimiento en sus vidas. 
Yo soy un ejemplo de este tipo de creyente. Sé que camino en la justicia de Cristo, aun así nunca siento que estoy progresando. De hecho, ocasionalmente me decepciono de mí mismo, cuando hago o digo algo que no sea de Cristo. Esto hace que me diga: "He sido cristiano durante años, ¿por qué no aprendo nunca?"  Pienso que los cristianos tesalonicenses quedaron perplejos al oír la impecable evaluación de Pablo respecto a ellos (2 Tesalonicenses 1:3). Probablemente, ellos pensaron: "Yo, ¿creciendo en abundancia? Pablo debe estar bromeando". Pero Pablo sabía que el crecimiento espiritual es un secreto, algo oculto. 
La Escritura lo compara al crecimiento invisible de las flores y los árboles: Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano (Oseas 14:5–6). Dios nos está diciendo: "¡Vayan a los lirios! Sólo traten de verlos crecer. Les digo que al final del día no verán cambio alguno. Pero sepan esto: Yo riego al lirio cada mañana con el rocío que envío, y va a crecer". Es lo mismo en el crecimiento espiritual ¡Es imperceptible al ojo humano! Pareciera que algunos creyentes nunca lucharan con un pecado habitual. 
Ellos testifican: "Cuando vine a Jesús, el Señor sacó la tentación de mí. Y desde aquel día, he sido libre". Conozco algunos ex drogadictos que han tenido dicha experiencia. Pero para multitudes de cristianos, la historia es otra. Años después de su conversión, una vieja corrupción se desata en ellos, algo que ellos aborrecían y nunca más querían volver a ver. Sin embargo, no importa cuán dura sea la lucha, dicho deseo simplemente no se va. Con el tiempo se desalientan. 
Su alma clama: "¿Cuánto más, Señor? ¿Cuándo será finalmente rota esta cadena?" Y eventualmente el diablo viene a ellos y les dice: "Nunca lo lograrás. Sabes que no hay manera en la que puedas crecer espiritualmente estando en la condición en la que estás". Anímate, amigo, tengo buenas noticias para ti. ¡Tú estás creciendo en medio de tu lucha! De hecho, quizás estés creciendo a pasos agigantados, a causa de tu lucha. Descansa seguro, si tienes el temor de Dios en tu corazón, tú surgirás de la tormenta con mayor fortaleza en tu vida. 
Mira, cuando tú batallas contra el enemigo, estás ejerciendo e invocando toda la gracia y el poder de Dios. Y aunque te sientas débil, dicha gracia y poder te están fortaleciendo. Primeramente, la oración en tu vida se vuelve más urgente. Y, en segundo lugar, tú estás siendo despojado de todo orgullo. Así que, la tormenta te está poniendo "en guardia espiritual" en todas las áreas de tu vida. Ya no le creas más al mentiroso de cada mañana. Eres un creyente en pie y en pie de guerra. Deja ya de lamentarte como una ancianita desvalida y empieza ya mismo a pelear la buena batalla.





5/06/2013

Gozo


Recuerdo que en una ocasión, un afamado pastor reconvenía y exhortaba a uno de los miembros de su iglesia, censurándolo de no andar en gozo por la vida como debía hacerlo un creyente fiel. El hombre lo miró con cierta congoja y simplemente le respondió: “Entiendo…usted puede hablar de gozo. Vive bien, en una hermosa casa que pagamos entre todos nosotros, viaja a distintas partes del mundo con todo pago por la iglesia, sus hijos estudian en los mejores colegios, come lo que quiere y cuando quiere. Yo no puedo sentir esa clase de gozo. No tengo trabajo, mi esposa está enferma, mis hijos sin educación y vivo en una pocilga que se cae a pedazos. Lo único que tengo es a Jesucristo, pero el gozo no me sale.” Claro, el pobre hombre confundía gozo espiritual con alegría humana, pero…no es el único, creo entender. Cualquiera puede mantener su gozo cuando está en las alturas del Espíritu Santo, sin ser probado ni tentado. Pero Dios quiere que nos mantengamos en su amor en todo tiempo, especialmente en nuestras tentaciones. El apóstol Juan nos dice de manera muy simple, cómo es que podemos mantenernos en el amor de Dios: Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él (1 Juan 4:16). 
En resumen, si nosotros "permanecemos en el amor de Dios", nos mantendremos en Dios. Acá, la palabra "permanecer", significa "quedarse en un estado de expectación". Es decir, Dios desea que nosotros estemos expectantes de que su amor se renueve en nosotros cada día. Debemos vivir cada día en el conocimiento de que Dios siempre nos amó, y siempre nos amará. En realidad, muchos de nosotros entramos y salimos del amor de Dios, según nuestro estado de ánimo. Nos sentimos a salvo en su amor sólo si nos hemos portado bien. Pero no estamos seguros de su amor cuando somos tentados o probados, o cuando le hemos fallado. Ése es justamente el momento en el que debemos confiar en su amor. Él nos está diciendo en estos pasajes: "No importa la prueba que enfrentes, nunca debes dudar de mi amor por ti. Si estás constantemente confiando en mi amor, entonces estás viviendo como yo quiero que vivas". Jeremías 31 ofrece una maravillosa ilustración del amor de Dios. Israel estaba en un momento de caída. El pueblo había engordado y prosperado, y consentían en toda clase de impiedades. Repentinamente, sus deseos se tornaron amargos. Perdieron todo placer en satisfacer sus apetitos sensuales. 
En seguida, clamaron: "Señor, estamos perdidos. Necesitamos que nos vuelvas a ti". Dios oyó su clamor de arrepentimiento, y Su amoroso corazón se dirigió hacia ellos. Él castigó a su pueblo con su vara de corrección, e Israel clamó: Me azotaste…conviérteme, y seré convertido…después que me aparté tuve arrepentimiento (Jeremías 31:18-19). Oye las palabras de Dios en este punto: Desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia (v. 20).  - Con amor eterno te he amado (v. 3). Esto es lo que tú debes saber del amor de Dios: Dios le decía a su pueblo: "He tenido que castigarles y hablarles duras palabras de verdad. Aun así, pecaron contra mí, a pesar de la gracia y la misericordia que les extendí. Se apartaron de mi amor, y me rechazaron. Sin embargo, mis entrañas de compasión se movían profundamente para con ustedes, los recordaba en sus luchas; ciertamente tendré misericordia de ustedes Los perdonaré y restauraré de pura gracia". Eso es todo. Y nada menos. No podemos confundir gozo espiritual con alegría humana, es verdad. Y eso es válido parea aquel pobre hombre del relato inicial, pero también para su pastor.






5/03/2013

Gloria


Más de un cristiano fiel y sincero, en estos tiempos, no ha podido resistirse a preguntarse: ¿Cómo haremos para sobrellevar lo que el mundo nos está proponiendo? La respuesta es conocida, aunque bien vale la pena repetirla: Lo que nos puede guardar en los duros tiempos venideros es el conocimiento de la gloria de Dios. Ahora bien, esto puede sonarte como un concepto alto, elevado, como para dejárselo a los teólogos. Pero estoy convencido de que el asunto de la gloria de Dios tiene un valor muy real y práctico para cada creyente genuino. 
Al captarlo, ¡abrimos la puerta hacia una vida victoriosa! La gloria de Dios es una revelación del ser y la naturaleza de nuestro Señor. Quizás recuerde que en el Antiguo Testamento que Moisés tuvo un vistazo literal de la gloria de Dios. Antes de ello, el Señor había enviado a Moisés sin explicación alguna, fuera de estas palabras: "YO SOY". Pero Moisés quería conocer algo más sobre Dios. Así que le rogó: "Señor, muéstrame tu gloria". Dios le respondió apartándolo y poniéndolo en la hendidura de una roca. 
Luego, la Escritura dice que Él se reveló a sí mismo a Moisés en toda su gloria. La manera en la que Dios quiere que conozcamos su gloria es a través de la revelación de su gran amor hacia la humanidad. Y eso es sólo lo que Dios le reveló a Moisés. Este texto, creo, es absolutamente esencial para nuestro entendimiento de quién es nuestro Señor. A menudo, al pensar en la gloria de Dios, pensamos en su majestad, esplendor, poder, dominio, o alguna manifestación de su pueblo. 
Todas estas cosas pueden ser el resultado de ver la gloria de Dios. Pero ésta no es la gloria por la que Él quiere ser conocido. El Señor está siempre esperando para mostrarnos su amor, perdonarnos, regarnos con su misericordia y restaurarnos a sí mismo. La revelación de la gloria de Dios tiene efectos poderosos en aquéllos que la reciben y oran para tener entendimiento de ello. Hasta este punto, Moisés había visto al Señor como un Dios de ley e ira. Él temblaba con terror en la presencia del Señor, pidiéndole, clamándole, rogándole a favor de Israel. Ésta había sido la base de su relación "cara a cara" con el Señor. Pero ahora, al primer vistazo de la gloria de Dios, Moisés ya no estaba temeroso del Señor.
 Por el contrario, fue movido a adorar: Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró (Éxodo 34:8). Él vio que Dios no era sólo el trueno, los rayos y la estridente trompeta que lo hubiera hecho a él petrificarse de miedo. Por el contrario, ¡Dios fue amor y su naturaleza fue más bien de bondad y de tierna misericordia! ¿Ves la increíble verdad que nos muestra la Escritura? La verdadera adoración viene de esos corazones que han vencido a causa de una visión del amor inmerecido de Dios hacia nosotros. Se basa en la revelación de que Dios nos da de sí mismo, de su bondad, misericordia y rapidez para perdonar. 
Así que, si vamos a adorar a Dios en espíritu y en verdad, nuestra adoración debe estar basada en esta asombrosa verdad acerca de Él. Una vez que recibimos una revelación de la gloria de Dios, nuestra adoración no puede evitar cambiar. ¿Por qué? ¡Ver su gloria cambia la manera en la que vivimos! Afecta nuestro semblante y conducta, cambiándonos de "gloria en gloria", haciéndonos más como Él. Cada revelación nueva de su amor y misericordia trae un cambio sobrenatural.